Debrigode y el galante aventurero 2/2

Debrigode y el galante aventurero por Vicente Álvarez

Un repaso muy superfi cial por algunas de las series que Debrigode escribió nos permite vislumbrar el torrencial e inagotable ingenio de nuestro autor. “Red Colt, el ametrallador” apareció en seis números publicados por Bruguera en 1945 dentro de la colección “Superhombres”, y en ellos nos encontramos con las aventuras de Red Colt, un hombre que dedica su vida a vengar el asesinato de su esposa alcanzada por el fuego cruzado de dos bandas de gánsteres rivales. “El Fantasma”, igualmente dentro de la colección “Superhombres”, se publicó en el año 1946 a lo largo de cuatro novelas, constituyendo una revisión muy lograda, desenfadada, hiperbólica y algo irreverente del archifamoso personaje de “La Sombra”. “Audax” apareció protagonizando seis números durante el año 1946 y con esta serie nos adentramos en las aventuras de Lord King, un ladrón de guante blanco que actúa contra el mundo del hampa en Nueva York. “El Pirata Negro” es la serie más larga y la que más fama proporcionó a Debrigode, incluso fuera de nuestras fronteras, convirtiéndose en una de las mejores colecciones de aventuras que jamás se haya escrito y que durante muchos años encendió la imaginación de cientos de miles de lectores. Hablamos de una monumental saga de novelas (85 entregas publicadas entre 1946 y 1949, aunque posteriormente, dentro de la colección Iris, aparecieran cuatro números más relatando los orígenes del protagonista) llena de personajes memorables que gravitan alrededor de la fi gura de Carlos Lezama, el Pirata Negro. Un escenario magnético (el del mar Caribe repleto de piratas) servía de punto de partida a unas aventuras escritas, a pesar del frenético ritmo de entrega, con una prosa muy cuidada: un lenguaje entre shakesperiano y valleinclanesco pasado, eso sí, por la túrmix del Stevenson más burlón y aventurero. Subirnos a bordo del Aquilón y experimentar de nuevo el escalofrío de una lectura magnética, el torrencial placer que sólo se siente en las lecturas de juventud, no tiene precio. La culpa es de un pirata arrogante, valeroso, apuesto, adulador y con una verborrea y un sentido de la justicia superlativos. También un sentimental al que la mordedura de la pasión convierte, por culpa de la hermosa aristócrata y corsaria Jacqueline de Brest, en un hombre con debilidades. Aquellas aventuras las firmó Debrigode con el seudónimo de Arnaldo Visconti, rescatado de un personaje de una de sus primeras novelas (“El visitante nocturno”), y que acabaría por convertirse en su divisa más reconocible y recordada en el terreno de la novela de aventuras.

Ambientadas en los peligrosos mares de Indonesia, China y Java, aparecieron durante el año 1948 las aventuras del “Capitán Pantera” (editorial Lux) a lo largo de 10 números narrando las hazañas de Ross Maloney, un joven americano capitán de la nave Furia, que se dedica al comercio y al contrabando. Una mezcla vertiginosa y entretenidísima de aventuras de piratas, cosacos del Volga, indios hurones y cazadores de Canadá caracterizó la serie “Pabellón Negro” (1950), que apareció en ediciones Toray a lo largo de ocho novelas completamente independientes unas de otras. “El Halcón” es otra serie formada por diez novelas (más cuatro suplementarias aparecidas en la colección Iris) que nos regalaba las aventuras de Rock Gambler, un aventurero amante del póker y el boxeo, a principios de la guerra de Secesión norteamericana. “Diego Montes”, descendiente directo de Carlos Lezama, el Pirata Negro, es otra de las series más renombradas de Debrigode. Se publicaron seis novelas durante el año 1946 más otras cuatro en la colección Iris en el año 1952, relatando las aventuras de Diego de Ferblanc y Alfaro, hijo de un noble cordobés, convertido en bandolero contra los invasores napoleónicos durante la Guerra de la Independencia. Y, por fi n, antes de adentrarnos con “El galante aventurero”, recordar la fantástica serie de “El Aguilucho” (1952) que apareció también en forma de cuatro novelas en la colección Iris. Ambientada en el siglo XVIII en exóticos parajes asiáticos, y protagonizada por Dick Mendoza, un problemático español criado en la India, esta serie apareció en un momento en el que Debrigode había alcanzado la perfección de sus habilidades narrativas.

Llegados a este punto hay que reseñar que el mundo de la novela popular española estaba a punto de sufrir una auténtica revolución. Algunas de estas últimas series de Debrigode, a pesar de la increíble maestría que rezumaban por los cuatro costados y de que el particular e hipnótico estilo Debrigode había alcanzado un punto de perfección pocas veces visto, no tuvieron el éxito esperado. Las editoriales, especialmente Bruguera que estaba comenzando a acaparar el mercado, comprendieron que los gustos de los lectores habían cambiado y que el público no demandaba ya sagas ni personajes repetitivos. Fue a partir de esta época, más o menos, cuando se decidieron todas las editoriales a abandonar el formato pulp (tipo cuadernillo 20×15, con texto a dos columnas y algunas ilustraciones intercaladas) por el formato que se conocería como bolsilibro (15×10) donde se comenzarían a publicar novelas autoconclusivas y completamente independientes. En este nuevo formato y en esta nueva etapa, Debrigode fue también punta de lanza y autor estrella convirtiéndose, sin ir más lejos, en el encargado de inaugurar la, probablemente, más famosa de las colecciones de bolsilibros de Bruguera, “Servicio Secreto”, en la que se llegaron a publicar casi 1.800 novelas, todas ellas policiacas, de suspense y de espías.

En esta nueva época, Debrigode abandonó los largos seriales para publicar novelas independientes: novelas del oeste, alguna novela romántica y muchas novelas policiacas, la mayoría bajo el nuevo seudónimo estrella (Peter Debry). Y fue entonces cuando, gracias a sus memorables aportaciones en el género policiaco y a su gran conocimiento de la novela negra americana, comenzaría a labrarse un prestigio que muchos años más tarde ha conducido a que, por parte de bastantes estudiosos, Debrigode sea considerado el verdadero padre de la novela negra española. Pero ésa es otra historia (que algún día habrá que contar). Y es que aquí hemos venido a hablar de “El galante aventurero”, Luys Gallardo, bandolero y trovador, embustero y bailarín, el héroe de los héroes creado por el genio Debrigode, una obra maestra de la novela popular, dos mil páginas distribuidas en veinte novelas cortas con decenas de personajes inolvidables, damas maravillosas y/o perversas, pícaros indomables, innombrables traidores, asesinos disfrazados de murciélagos, malvados peligrosos, bufones sanguinarios, habilidosos espadachines, tiranos taimados y crueles, diálogos ingeniosísimos, tramas entretenidas, un ritmo frenético de pim, pam, pum, fuego, resurrecciones milagrosas, sociedades secretas, puzles fantasiosos de historias entremezcladas, conspiraciones terribles, tétricas cárceles venecianas que sirven de escenario para reencuentros imposibles, alquimistas y jorobados paseando por los canales en busca de cadáveres, espías de todos los colores y sabores, bebedizos que provocan muertes falsas, venganzas cocinadas a fuego lento, juegos de máscaras, disfraces continuos, secretos inconfesables, damas que conspiran en góndolas rosas, niñas huérfanas que crecen con fama de brujas, bandidos bohemios que envían anillos que preceden a la muerte, banqueros corruptos, nigromantes traidores, historias ejemplares y galantes, suplantación de identidades, islas con sirenas que no son lo que parecen, Córcega, Capri, Sicilia y Venecia pasadas por el filtro de la magia y la aventura, una ópera de capa y espada ambientada en el Renacimiento italiano, el Quijote en clave de quiosco, aventuras, aventuras y más aventuras, el placer de volver a leer con la pasión de los doce años, un folletín por el que habría matado Alejandro Dumas, el universo transformado en una prodigiosa biblioteca, el libro convertido en un paraíso artificial, la isla del tesoro travestida en palabras mágicas, la cueva de Alí Babá, ábrete Sésamo, el galante aventurero al rescate, el aventurero galante on fire, el éxtasis de la aventura…

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Debrigode y el galante aventurero

Vicente Álvarez

Revista Atticus

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