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Rompiendo cadenas: las mujeres artistas

Rompiendo cadenas: las mujeres artistas por Isabel Escalera Fernández

Durante el siglo XX en España se produjeron multitud de avances en todos los ámbitos, incluido el femenino. Al calor de la segunda república las mujeres pudieron gozar de mayor libertad, la cual se vio truncada con el alzamiento franquista. La situación de las mujeres iba a ser radicalmente distinta dependiendo del bando al que apoyasen, de hecho esta circunstancia se puede observar en algunos de los carteles propagandísticos: mientras que en el bando republicano las mujeres solían aparecer portando banderas y exhortando a la lucha, las mujeres del bando franquista agarraban a sus hijos, como si ese fuese su único papel en el conflicto. El arte es el reflejo de las circunstancias sociales del momento, y como tal, nos muestra cómo diferentes personas veían los acontecimientos que se estaban produciendo. Cuando pensamos en el arte español del siglo XX se nos vienen a la cabeza numerosas personalidades como Picasso o Dalí pero ¿es que acaso no hubo mujeres artistas? Pues sí que las hubo pero la victoria franquista las relegó al olvido o las ignoró.

Maria Blanchard (1881-1932) nació en Santander, localidad próxima a los Pirineos. Era una mujer muy inquieta, de hecho se marchó a París a estudiar y allí conoció a muchos artistas de vanguardia, entre ellos a Picasso, de hecho se unirá al nuevo movimiento de vanguardia conocido como cubismo. Las ganas de aprender y de conocer nuevas cosas nos indica que fue una mujer muy activa, sin embargo su obra no ha sido lo suficientemente reconocida en el mundo del arte, aunque hace pocos años el Museo Reina Sofía le dedicó una exposición. En cuanto a sus obras podemos destacar La comulgante, es un escenario íntimo, privado, donde la mujer aparece cobrando importancia, algo que ya habíamos visto en otras pintoras impresionistas como Berthe Morisot o Mari Cassatt.

Maruja Mallo (1902-1995) estuvo estudiando en Madrid y es muy significativa la huella que deja el surrealismo en su pintura. En obras como La verbena vemos a mujeres que bailan y ríen, son independientes. En 1929 hace Canto de las espigas donde aparecen unas mujeres trabajando con sus manos como única herramienta. Durante su paso por Argentina y Uruguay desarrollará obras donde la temática gira en torno a la mujer y en los años 40 pinta a mujeres indígenas porque se siente atraída por la luminosidad de Latinoamérica. Con posterioridad pintará bodegones que se han considerado vinculados a los sexos femeninos. El tema de la sexualidad femenina es algo que también reflejarán Georgia O’Keeff e y Frida Kahlo.

Ángeles Santos (1911-2013) no llegó a exiliarse, durante el franquismo su obra estuvo silenciada y ha sido a partir de los años 90 cuando se ha empezado a recuperar. De pequeña visitaba el Museo del Prado, donde observaba las obras del Bosco con gran detenimiento, en estas aparecían seres deformes, desconocidos y enigmáticos, de esta manera las primeras obras de Ángeles tratarán temas lejanos. En 1929 pinta La tertulia, aparecen tres mujeres leyendo, conversando y fumando, lo que supone una novedad porque ya no están realizando tareas domésticas, si no que aparecen emancipadas. Si nos fi jamos en su vestuario las faldas se han acortado, igual que el cabello. El hecho de que estén fumando nos habla de nuevos cambios donde ellas son las protagonistas.

Remedios Varo (1908-1963) al igual que Maruja Mallo vivirá en el exilio, su vida está marcada por la huida constante de España, de Francia, hasta que finalmente llega a México D.F. donde fallece. Es considerada una de las artistas más importantes, a la altura de Frida Khalo. Remedios ya había entrado en contacto en París con la vanguardia surrealista pero fue al llegar a México cuando la vivacidad de los colores le llevó a practicarla junto con su compañera Leonora Carrington. Al mirar sus obras nos sumergimos en un mundo surreal, donde la magia y el detallismo cobran importancia, las mujeres son las protagonistas, aparecen en habitáculos sorprendentes y misteriosos, donde algunas están tejiendo. En Dolor reumático encontramos semejanzas con la Columna rota de Frida Khalo, alude a la violencia que sufren las mujeres y lo plasma.

Cuando llegó al poder el dictador Francisco Franco, lo primero que quiso hacer fue unificar el territorio y eso pasaba por controlar a las mujeres. En estas fechas se creó la llamada sección femenina, la cual trataba de educarlas en los valores tradicionalistas para que fueran buenas hijas, esposas y madres. Debían hacer las tareas domésticas, saber coser, cuidar a los hijos e hijas… todo ello con el fi n de agradar a su marido. Sin embargo esto no comulgaba con el pensamiento de muchas mujeres de la época, entre ellas Juana Francés (1924-1990). Participó en la fundación del grupo El Paso, inserto en el informalismo, pretendían dar un paso, es decir, un avance con respecto a lo que se estaba haciendo en el arte en esos momentos. Sobresale El silencio, representa a una mujer que se está cubriendo la boca con la mano; no puede expresarse, no habla, está silenciada. El mundo del arte se ha encargado de considerar a las mujeres como objetos pasivos en vez de como sujetos activos y creadores.

El malestar que tenían las mujeres dentro del franquismo se dejará sentir por otra artista como es Esther Boix (1923-2014), pertenecía al grupo Estampa Popular, el cual tenía unas ideas antifranquistas. Hace Donna que frega, nos muestra a una mujer presa del hogar. En otras de sus obras nos muestra a mujeres en cárceles, se sienten encerradas y cansadas. Algo parecido nos muestra Eulalia Grau (1946) en Novia y lavavajillas donde representa a una mujer como objeto. A lo largo de sus obras denuncia la situación de las mujeres, aparecen como maniquís, se las compara con electrodomésticos.

Algo diferente tratará Mari Chordá (1942) en los años 60, sus obras empiezan a hablar de la maternidad. Hasta entonces la maternidad se trataba en el ámbito privado, se consideraba un tabú que pertenecía solo a las mujeres. Sus pinturas insinúan contornos redondos femeninos que recrean vaginas o la menstruación. Isabel Villar (1934) continuará en esta senda y a través de una estética naif representa a una mujer embarazada en un vasto campo verde.

Ha habido multitud de mujeres que han denunciado a través de sus obras lo que hoy se conoce como violencia de género, entre ellas Carmen Calvo (1950). En su obra Sin título refleja a un cazador que lleva como presa a una mujer que no tiene brazos ni piernas, la muestra como un trofeo. Esta era la situación de las mujeres dentro del franquismo, no llegaban a ser ciudadanas.

Con la muerte del dictador en 1975 se abre un nuevo periodo, la transición. Marisa González (1945) reflejará en su obra Descargas los abusos a los que se vieron sometidas las mujeres durante la dictadura. Las que pertenecían al bando republicano fueron humilladas a través de un escarnio público, por eso representan rostros de mujeres que han sufrido actos de violencia. Un año después Fina Miralles (1950) realiza una performance, Standard, donde se representa sujeta de manos en una silla de ruedas y tratará de mostrar imágenes que muestren estereotipos.

Surge en esta etapa la presencia de algo conocido como la ecología dentro del movimiento feminista. Dentro del patriarcado se ha considerado a las mujeres más cercanas a la naturaleza y por ende menos racionales porque somos más animales. La ya citada anteriormente Fina Miralles se va a enterrar como si se tratara de un árbol, de esta manera vemos las relaciones con el cuerpo. Algo similar hizo Ana Mendieta (1948) en El árbol de la vida, donde volvemos a tratar el vínculo de la mujer con la naturaleza.

Amelia Riera (1934) en la década de los 80 realiza una obra con un maniquí y lo titula Dona silenciosa. El maniquí simbolizaba el lienzo donde se mostraban los abusos de las mujeres, está desnuda, tiene la boca tapada y está numerada. Se nos muestra como si se tratase de un producto más que estuviese a la venta.

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