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Lex Barker

Lex Barker A los 100 años de su nacimiento Galán del cine europeo de género por Àngel Comas

Lex Barker fue uno de los galanes por excelencia del cine de género tan popular en Europa en los años 50 y 60, un galán del cine de serie B, aunque en la vida real fuese un indiscutible galán de la serie A, un galán de primera división. Se casó con bellezas como Constanze Thrlow, Arlene Dahl, Lana Turner, Irene Lahbart y Carmen Cervera y compartió cama sin pasar por la vicaría con muchas de las mujeres más atractivas de Estados Unidos, Alemania, Italia y España. Sex Barker le llamaban.

Se le conoce como el actor que hizo de Tarzán después que Johnny Weissmuller tuviese que abandonarlo por cuestiones de edad, pero se olvidan sus westerns, o sus filmes de acción y de aventuras y que fue uno de los actores más populares de la República Federal Alemana por protagonizar los westerns adaptados de las novelas de Karl May, convirtiendo en antológico su personaje de Old Shatterhand

Actor mediocre, pero de fi gura espectacular es el símbolo de un tipo de cine popular y barato, muchas veces de programa doble y de barrio, hecho en Europa sin pretensiones artísticas, imitando los géneros clásicos de Hollywood y protagonizado por viejas glorias del cine americano o actores (hay muy pocas actrices) que solo tenían en su haber que eran norteamericanos y si no se americanizaban los apellidos.

No supo aprovechar la oportunidad que le brindó Fellini en La dolce vita (1960) y siguió haciendo cine popular, aunque intentara cambiar de etiqueta de galán atlético con carisma para ciertos públicos, pero con limitaciones como actor. Hollywood le dio la espalda.

Su nombre real era Alexander Crichlow Barker Jr. (1919 – 1973). Y se le añadía el Jr porque era hijo de su padre, descendiente directo de Roger Williams, fundador de la ciudad de Providence en Rhode Island y de sir William Henry Chichlow, un gobernador histórico de Barbados, en la época de los piratas. Alexander nació el 8 de mayo de 1919 en Rye (curiosamente el mismo año en que Elmo Lincoln protagonizó el primer Tarzán del cine), una zona tan exclusiva —a unos 50 kilómetros al norte de New York City— que entonces no llegaba a los seis mil habitantes, ahora tiene quince mil y sigue siendo exclusiva. Su padre era un acaudalado constructor y exitoso bróker y su familia lo tenía todo, tradición, prestigio y riqueza. Después de darle la buena educación que le correspondía por su clase social (en Princeton), Alexander les salió rebelde, no quiso ser abogado y decidió ser actor. Resultado: el clan familiar le repudió y le expulsó de su seno, desheredándole por supuesto. Pero un cierto toque de nobleza y distinción —norteamericana, claro— le acompañó durante toda su vida, tanto en el cine como en la sociedad en que se movía. Resultó herido en Europa en la segunda guerra mundial y regresó a Estados Unidos decidido a seguir su vocación.

La suerte de ser Tarzán

Después unos inicios en que hizo de todo en el cine y en el teatro y de un pequeño papel en el film noir Encrucijada de odios (1947 – Crossfire – Edward Dmytrick), le llegó la oferta de su vida que le convirtió en el décimo Tarzán de la historia del cine substituyendo a Johnny Weissmuller, demasiado fondón para el personaje. Físicamente, Lex Barker estaba en plena forma y a sus ciento noventa y cinco centímetros de estatura unía una impresionante fi gura atlética natural construida sin excesos de gimnasio y sin la llamada tensión dinámica de Charles Atlas que arrasaba entonces. Para un actor limitado como Lex, Tarzán era el personaje ideal, ya que pronunciaba muy pocas palabras y se le exigía únicamente el lucimiento de su cuerpo, aunque se obviase el lógico erotismo latente que había sido aniquilado años antes por la censura, el código Hays. El autor de la saga de Tarzán, Edgar Rice Burroughs había publicado la primera novela en 1912 y llegó a publicar un total de veinticuatro, todas ellas llevadas al cine, a la televisión (con personajes reales y animación), al teatro y a los comics… y con sus inevitables parodias. Es tal vez el personaje más popular del audiovisual y hay Tarzanes tan exóticos como el indio o el chino. Precisamente en 2019 se cumple también el centenario del primer Tarzán cinematográfico, Tarzán de los monos (Tarzan of the Apes) interpretada por Elmo Lincoln, tal vez la versión más fi el al libro de Burroughs, en la que lógicamente no se escuchaba el famoso grito de Tarzán porque el cine todavía no había aprendido a hablar. Burroughs dio el visto bueno para que Lex encarnara a su personaje. Y el público lo aceptó con entusiasmo. Era una tarea difícil porque Weismuller había creado un modelo, pero Lex impuso el suyo.

Eran películas de serie B, producidas por Sol Lester para la RKO Radio, que dieron a Barker una enorme popularidad. A sus fans hasta le gustaba su peinado tan de urbanita. Las novelas originales se habían modificado, como ocurriría con todos los films de Tarzán, y los argumentos se actualizaron a la época en que se rodaron, aunque el Tarzán de Barker, de hecho, se pareciese más conceptualmente a la idea fundamental de Bourrougs que no el de los films de Weismuller. Por su forma de ser, abierta y amigable, Barker tenía mucha más empatía con el público y su físico no tenía nada que envidiar al del antiguo campeón de natación. Para ser justos, hay que calificarlos como diferentes.

Pero Lex vio que allí no tenía porvenir como actor, aunque tuviese excelentes críticas como estrella emergente. Por eso trató de hacer otro tipo de cine, protagonizando entre otros el western Battles of the Chief Pontiac (1952 – Felix Fiest), insólito para la época porque ofrecía una visión inteligente de la situación del indio americano y apareciendo en otros filmes, aunque como secundario. A decir verdad, estaba aprendiendo a actuar, pero en Hollywood no se dieron cuenta por lo que su porvenir era incierto, aunque brillase, y mucho, en su sociedad. Su apostura, su don de gentes y su cuidada educación le hicieron irresistible e imprescindible. La sociedad de Hollywood no era la de su Costa Este. Le conocían como Sex Barker, pero él solía ser hombre de una sola mujer… al mismo tiempo.

Europa, Europa

Igual que otras viejas (y jóvenes) estrellas de aquel Hollywood, decidió irse a Europa, donde le pagaban menos, pero tenía trabajo asegurado. Volvió ocasionalmente a Hollywood en películas de escaso relieve, pero triunfó en España, Italia y muy especialmente en Alemania protagonizando filmes de todos los géneros. Su complexión atlética le abrió las puertas para hacer de héroe de cine de aventuras y cualquier otro género de acción, incluso de espadachín y hasta hizo de Robin Hood (por cierto, uno de los peores Robin Hood del cine y no por culpa de Lex). Hablaba con soltura italiano, francés y español, pero donde triunfó plenamente fue en Alemania como protagonista de adaptaciones de novelas del Oeste de Karl May. Fue entonces cuando tuvo la oportunidad de su vida haciendo de viejo y borracho actor (que precisamente había interpretado a Tarzán) en La dolce vita (1959 – Federico Fellini), donde resulta ser el amante de Anita Ekberg. Le dio prestigio, tuvo buenas críticas, pero no hubo continuidad.

En Alemania, y de la mano del productor Artur Brauner, empezó haciendo tres películas del mítico doctor Mabuse, el célebre personaje símbolo de la maldad creado por Fritz Lang en el cine mudo, en las que protagonizaba a sus incansables perseguidores. Después le convirtieron en una estrella de culto haciendo de hombre de la frontera de los westerns sobre novelas de la serie Winnetou de Karl May. Fue un proyecto perfectamente calculado cuyo éxito superó todas las expectativas y amortizó de largo los siete millones de marcos alemanes que costaba cada película. Lex Barker fue el gran artífice de su popularidad y, según se dice, esta serie de filmes animó a Sergio Leone a hacer sus ahora míticos westerns. En Europa, Lex era más popular que John Wayne mientras que en Hollywood le habían olvidado lo cual debió pensar que era paradójico ya que él luchó contra Alemania, el país donde le hirieron gravemente y que ahora le había convertido en un héroe. En total fueron doce westerns que se rodaron en la parte de Croacia de la entonces Yugoslavia y, lógicamente en España.

El leit motiv musical, la canción Old Shatterhand, nombre de su personaje antológico en siete filmes de la serie, animó a Lex a cantar y grabó incluso dos baladas, pero lo suyo no era cantar.

Esta publicación sobre Lex Barker por Àngel Comas esta publicado en Revista Atticus 38

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