Película Benedetta de Paul Verhoeven

Benedetta de Paul Verhoeven por Gonzalo Franco Blanco

Ficha

Título original: Benedetta.

Año: 2021. (Se iba a estrenar en 2020)

Duración: 131 min.

País: Francia.

Dirección: Paul Verhoeven.

Idioma original: francés.

Guion: David Birke y Paul Verhoeven. (A partir de un libro de la historiadora Judith C. Brown).

Fotografía: Jeanne Lapoire.

Música: Anne Dudley.

Reparto: Virginie Efira, Charlotte Rampling, Daphné Patakia, Lambert Wilson, Olivier Rabourdin, Louise Chevillotte, Hervé Pierre, Clotilde Courau, David Clavel, Guilaine Londez, Gaëlle Jeantet, Justine Bachelet,

Productora: coproducción Francia-Bélgica-Holanda; SBS Productions, Pathé, France 2 Cinema, France 3 Cinéma, Topkapi Films, Belga Productions.

Género: drama histórico, intriga, superstición religiosa, relaciones lésbicas.

Premios o festivales: Sección oficial de Cannes, 2021.

Sinopsis

Benedetta Carlini, una niña, ingresa en un convento de Pescia (Toscana, Italia) a cambio de una dote. La niña cree poseer ciertos poderes que se manifiestan en milagros, por especial concesión o preferencia de Cristo. En la edad adulta, esa especial relación con la divinidad se manifestará en estigmas, lo que le reportará fama de santidad y la toma del poder del convento. Benedetta es una mujer que conoce los entresijos de la sociedad teocrática y patriarcal de su época y no dudará en manipularlos a su favor, con la intención de conseguir un cierto grado de libertad que le permita, por ejemplo, gozar de su sexualidad. Esto ocurre entre 1590 y 1623, aunque el director diluye el tiempo histórico a conveniencia del tempo requerido por la ficción.

Crítica

¿Es Paul Verhoeven un provocador?: creo que sí.

El tiempo (el paso del tiempo), nos hace compañeros del viaje de la vida de autores o cineastas, como es el caso de Paul Verhoeven, al que descubrí en la adolescencia, y que me ha acompañado desde hace décadas a través de la contemplación de sus películas. Sin pretender ser exhaustivo, esta vinculación empezó con Delicias turcas (Turk Fruit), 1973, que en España se pudo estrenar en 1977.  Y luego de Eric, oficial de la reina (Soldaat van Oranje), 1977, que volví a ver recientemente y me sigue pareciendo una película que aúna rigor histórico con verosimilitud narrativa y un alto grado de entretenimiento, cual si fuera una cinta de acción. Una película que me gusta en especial y que volveré a ver más veces, si el destino lo permite. Con este film conocí a Rutger Hauer, un grandísimo actor, al que he seguido a través de su filmografía todo lo posible: inolvidable replicante Roy en Blade Runner. (Pero esta es otra historia).

Luego, Paul Verhoeven fue captado por Hollywood e inició una etapa con el tipo de cine que los productores esperaban de él: puro cine de entretenimiento, al que el director siempre intentó dar un aire más adulto, más pícaro, con cierto humor, pensado para espectadores que no fueran bobos. Aunque maltratada por la crítica (y por lo productores antes), Los señores del acero (Flesh and Blood), 1985, es una película gamberra, desmitificadora y con ese erotismo marca de la casa al que nos tiene acostumbrados el cineasta.

Hay muchas formas de ver Robocop, 1987, o Desafío total (Total Recall), 1990, pero aparte de películas de ciencia ficción, a la vez que películas de acción y puro entretenimiento, son también filmes con altas dosis de reflexiones sobre el presente y el futuro, y con total consideración al espectador, al que se trata como a un adulto y no como a un adolescente perpetuo.  Luego vino Instinto básico (Basic Instinct), 1992, que es uno de los mejores thrillers de la época, tanto por la intriga, como por la potencia erótica que consiguen las interpretaciones de sus protagonistas, en especial Sharon Stone.

Hay también películas de Verhoeven que no me interesaron en su momento, como Showgirls, 1995, o que me producen bastante rechazo, como la aberrante Starship Troopers: Las brigadas del espacio, 1997. Parecía que el cineasta se perdía, o bien yo como espectador de su cine, hasta que el director regresó cinematográficamente hablando a Europa, retomando el tema de la ocupación nazi de Holanda, y el papel de colaboracionistas y traidores: El libro negro (Zwartboek), 2006. O dos películas mayores como son Elle, 2016, con una inmensa y osada Isabelle Huppert, y esta que comentamos: Benedetta.

Los guionistas de su último film han partido del libro Inmodest Acts: The Life of a Lesbian Nun in Renaissance Italy, 1988, de la historiadora Judith C. Brown, pero han construido una ficción libérrima, fiel a la idiosincrasia del personaje y del sistema de creencias de la época (en mi consideración), pero con licencias temporales y otras referidas a la historia del arte o al idioma utilizado en la película (el francés y no el italiano).

Hay ciertas características que Verhoeven (fiel a sí mismo) va pespunteando desde el inicio de la película: en el primer milagro de la niña Benedetta (Viginie Efira) antes de su ingreso en el convento, interviene sorprendente el excremento de un ave: un detalle de humor negro. O en la entrega de la niña por sus padres, se recalca el regateo por la dote entre el padre y la madre superiora: “esto es un negocio”, resulta ser la segunda lección de Verhoeven, porque en todo caso esa dote es inferior a la de un matrimonio en la clase social de la familia (baja nobleza).

Esta particularidad de Benedette, como es su relación “directa” con Cristo y con los milagros, tendrá su desarrollo y plenitud cuando se hace adulta. Desde luego, es una mujer inteligente, despabilada y con tendencia a arriesgar, como demostrará en el momento que salva del maltrato de su padre y hermanos, en forma de violaciones, a Bartolomea (Daphé Patakia), hija de un pastor. La relación entre Benedette y Bartolomea, tendrá diversas fases desde el principio al fin de su relación, con una característica también verhoenvenviana, como es el intercambio del dominio de una sobre otra: Benedetta capta a Bartolomea, pero será Bartolomea la que incitará a Benedetta a alcanzar las más altas cotas de atrevimiento y de placer sexual. Y quien defienda, al final, una vida en común y en libertad que Benedetta rechazará, pues el poder, las comodidades y convenciones de su clase social le resultan más sugestivas.

El relato de cómo Benedetta va construyendo su personaje milagrero, y como se enfrenta al poder de la madre superiora del convento, forma el núcleo de la película, junto al del descubrimiento de su deseo sexual camuflado en prácticas piadosas y místicas. Benedetta acaba chocando con la abadesa del convento, Felicita (Charlotte Rampling), en la indisimulada pugna por dominar el territorio (la clausura) y a la grey de las monjas. Una lucha donde Benedetta usa y abusa de su “relación” directa con la divinidad y, en particular, con la figura de Cristo que adopta formas variadas y pintorescas. Una manifestación palpable de esa especial relación, son los estigmas de Benedetta, primero puestos en duda por la abadesa y finalmente asumidos a la fuerza, lo que supondrá la entronización como abadesa de la monja estigmatizada. Como característica también de Verhoeven, experto en héroes que son traidores y viceversa (Eric, oficial de la reina, El libro negro), aquí también habrá una inversión de roles, pues quien más intrigará, ya destituida de su cargo, es Felicita, la abadesa destituida, con denuncias ante el nuncio para descubrir la falsedad de los estigmas de Benedetta y sus “corrupciones” sexuales, pero que acabará siendo una de sus defensoras hasta llegar al sacrificio.

Verhoeven no sé si es erotómano, pero el erotismo es un rasgo fundamental en su cine desde sus primera películas: ni la II Guerra Mundial, ni la ciencia ficción (algo mojigata en este asunto) le han impedido ser generoso contando historias de amor, de relaciones sexuales libres, y mostrándonos mujeres (y hombres, aunque menos) desnudas o con poca ropa. En sus últimas películas (Elle o esta comentada), ha ganado en libertad para tratarlo de forma más radical y cruda.

También ha sido un provocador en varios aspectos, y el erótico es solo uno de ellos. En alguna entrevista se queja de la polvareda levantada por Benedetta, pero es un postureo de un viejo zorro del cine que sabe cómo excitar a los críticos y al público que puede ver sus películas. Aquí, para colmo, ha introducido en la trama del film un adminículo bastante curioso que usan las dos monjas amantes, con el consiguiente ruido mediático y de redes. Verhoeven, holandés, y criado en una tradición calvinista, sabe también cómo alterar el pulso a la Iglesia católica y que esta, con sus reacciones, le haga propaganda gratis de la película.

Ya, para finalizar, cabe hablar del ritmo narrativo de la historia donde la acumulación de sucesos, los giros que se producen en el argumento y en el rol de los personajes, consiguen que el espectador esté atento, concentrado y deseando saber cómo continuará la historia. Un verdadero suspense. Desde luego, la ambientación está muy cuidada, aunque no haya una especial exactitud histórica. Fotografía y música (a veces innecesaria, como en tantas películas), realzan con eficacia el relato que estamos viendo. Punto y aparte es la interpretación portentosa de Virginie Efira, y la no menos de Charlotte Rampling y Daphné Patakia. Todas aceptan los retos de un director que expone ante el espectador cuerpos y almas sin componendas ni trucos.

La historia narrada quiere recordarnos una época teocrática y patriarcal donde las mujeres de ciertas clases sociales (las que podían pagar dote), eran encerradas en los conventos. Pero también, cómo esas instituciones eran escenarios de luchas de poder y del empoderamiento de algunas mujeres. Benedetta, en una mezcla de inteligencia y astucia, aprehende cómo son esos mecanismos de dominación religiosa y machista, y los usa para conseguir poder y para satisfacer sus deseos sexuales más allá de lo permitido, camuflado entre toda la parafernalia del cristianismo católico para poder realizarlo.

El primer final es un clímax, con una vuelta de tuerca muy propia del director. Una lectura contemporánea sobre plagas y comportamientos de las masas y del poder. Si bien no tengo objeción desde un punto narrativo a este casi final, es cierto que desde el histórico parece más propio de algún siglo anterior y no de los tiempos de la Contrarreforma. En buena parte, el fracaso del milagrismo de la Benedetta histórica, se produce porque en tiempos de la Contrarreforma estas manifestaciones espontáneas de santidad estaban más controladas por la Iglesia y los poderes temporales, y porque en su proceso pesaron, como es obvio, las declaraciones sobre las relaciones pecaminosas entre Benedetta y Bartolomea. El segundo final, casi como un epílogo, es una conversación entre las amantes huidas sobre la libertad y la vida en común, que concluye con una inesperada renuncia o traición.

Ver esta última película de Verhoeven, que tiene ochenta y tres años, es asistir a la obra de un cineasta que es un maestro, un tanto pillo… pero simpático.

Os dejo un tráiler:

Gonzalo Franco Blanco

Revista Atticus

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