Antonio Accame: maestro de arquitecturas efímeras

Antonio Accame: maestro de arquitecturas efímeras por Mª del Carmen Gómez Ventoso

En septiembre de 1868 se produjo en Cádiz, el alzamiento revolucionario conocido popularmente como «La Gloriosa», este acontecimiento causó una complicada situación en la ciudad por las reiteradas protestas y enfrentamientos callejeros que provocaron que algunas familias se fueran a vivir al extramuros de la misma. Es ahí, en la calle del Arrecife nº 55, donde nace Antonio Accame Scasi un año después, el 13 de octubre.

Décimo hijo de una familia acomodada, demostró desde muy joven una gran capacidad para el dibujo y una gran creatividad. A los doce años compagina sus estudios de Segunda Enseñanza con su formación en la Academia de Bellas Artes de Cádiz, donde cursó y aprobó con notas de sobresaliente los estudios superiores, obteniendo varios primeros premios por oposición. Siguió formándose en Sevilla, a donde marcha con dieciséis años para completar sus estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes, aquí recibe en 1887, una mención honorífica en Junta Pública celebrada por la Academia, adjudicádole el primer premio. Con tan solo veintidós años es nombrado profesor ayudante de Dibujo elemental de fi guras en la sección de señoritas en dicha Escuela, elegido por la Diputación Provincial, lo que da medida de su gran aptitud.

Retratista, pintor, destacó principalmente por su creatividad y buen gusto a la hora de diseñar, proyectar y ejecutar los exornos de los festejos que se celebraban en Cádiz. En alguna ocasión fue definido como escenógrafo, lo que da idea de que su hacer iba más allá de lo artístico-artesano de una obra. Podemos decir que no fue un mero constructor de estructuras para conmemoraciones y festejos, sino que tuvo un sentido de la composición integral, una visión global de la ciudad como escenario (podemos atisbar en ello una pervivencia de la idea barroca del deus ex machina), sirviéndole un exorno o motivo principal como prolongación por las calles de una fórmula estética, creando así otros escenarios dentro de una misma dramaturgia.

El final del siglo XIX y comienzo del XX viene marcado por la Guerra de Cuba, que se hace sentir de forma muy particular en la ciudad de Cádiz, base de embarque para la Colonia Americana. La ciudad queda sumida en la pobreza y el decaimiento. Con este panorama llega a la presidencia del Consejo de Ministros en 1906, Segismundo Moret y Prendengrast, gaditano y liberal, quien colabora estrechamente con el alcalde Cayetano del Toro y Quartiellers para, entre ambos, conseguir una activación de la economía gaditana. El derribo de las murallas, la construcción de una nueva barriada obrera, la reducción de los impuestos de consumos, la creación del nuevo Puerto de Cádiz, la Conmemoración del Centenario de la Constitución de 1812, el establecimiento de líneas de tranvía hacia Extramuros y el ensanche de la ciudad por la zona de Puerta Tierra, son sólo los hitos más significativos de este periodo. También ahora se inaugura el Balneario Victoria (1907) con todos los adelantos técnicos y estéticos del momento, uno de los primeros edificios de hierro laminado y hormigón de estilo modernista en España. La ciudad se iba embelleciendo poco a poco con paseos, jardines y estatuas y la sociedad gaditana intentaba retomar sus grandes festejos.

En estos festejos buscará manifestar el gusto de la burguesía liberal heredera del siglo anterior. Antonio Accame vive ese espíritu burgués artístico y social, un ambiente ciudadano culto (es contemporáneo a paisanos universales como Manuel de Falla), y desde el punto de vista artístico ve los encargos que le hace su ciudad como una oportunidad de realizar una gran exposición que exprese sus sensibilidades artísticas.

Durante la segunda mitad del siglo XIX habíamos asistido a las celebraciones de las primeras exposiciones universales como escaparates de los avances de las Revoluciones Industriales. En 1851 se organiza la primera exposición universal en Londres, pensada para estimular el desarrollo económico, que conllevará, un cambio importante en la mentalidad y el carácter de toda una época. Como sostiene Daniel Canogar «En su interior, la ciudad y sus conflictos sociales se desvanecían. El refugio del ciudadano bajo su burbuja cristalina era un retroceso onírico al mundo acogedor del estado fetal, un mundo templado y protegido de las amenazas exteriores». Accame, con dieciocho años, había vivido una exposición nacional en Cádiz (la Exposición Marítima, 1887) y acabará contagiado del espíritu de las exposiciones universales (Barcelona, 1888. París, Torre Eiffel, 1889). No podemos entender a nuestro artista fuera de este contexto, contagiado de lo que ve y de las corrientes artísticas que se movían a su alrededor (neogótico, neomudéjar, modernismo, japonismo, historicismo, eclecticismo). Desarrolló su imaginación en los acontecimientos festivos de la ciudad, con gran éxito sobre todo en el Carnaval, al cual dio un carácter muy personal y artístico, materializando monumentales exornos según las vanguardias de la época: las denominadas arquitecturas efímeras.

Además del ambiente moderno de la época, influyó en su hacer la tradición en Cádiz de adornar las plazas y calles y construir exornos conmemorativos.

Dos fueron los espacios de la ciudad que centraron su creación artística: la Plaza de San Antonio- Calle Ancha y , por otra parte, Plaza de San Juan de Dios-Calle Nueva. Y dos fueron las fiestas de la ciudad en las que participó principalmente con sus construcciones decorativas efímeras: Corpus con su prolongación en las Veladas de Los Ángeles y el Carnaval.

• Los dos espacios urbanos de actuación de Accame

El epicentro de sus actuaciones artísticas fue la Plaza de San Antonio, situada en el centro neurálgico de la ciudad y con una larga tradición de celebración de acontecimientos. En ella se había proclamado la Constitución de 1812 (se le denominó Plaza de la Constitución), el primer sorteo de la Loteria Nacional, fi estas reales, fi estas de toros, escenario de acontecimientos políticos, plaza de armas y lugar principal de residencia a lo largo del s. XIX de la nueva burguesía mercantil, con edificios de relevancia como el Gobierno Militar, la Banca Aramburu, el Café Apolo y el Casino Gaditano. A ella se unía la más importante y elegante arteria de la ciudad, la calle Ancha, cauce principal de entrada a la plaza, para la cual Accame también propició su imaginación artística con elementos decorativos colgantes por tramos de la calle, de fachada a fachada, siempre con motivos relacionados con el exorno principal, a modo de espacio previo que preparaba al espectador para la apoteosis decorativa del centro de la plaza.

El otro lugar de especial atención decorativa donde actuó Accame en Carnaval y Corpus es la que, durante siglos, fue considerada la entrada principal de la ciudad, la antigua Corredera de Águilas, Plaza Real, de Isabel II, de la República o Plaza de San Juan de Dios, según las épocas. Las Puertas del Mar abrían paso a una espaciosa zona presidida al fondo por el Ayuntamiento, era como un gran salón de recepción a los visitantes de la ciudad desde el Puerto de Cádiz, y también a los que lo hacían en ferrocarril. Junto a ella, la calle Nueva contó igualmente con un tratamiento especial, siendo concebida como cabecera de entrada decorativa hacia el centro de la ciudad con idea de conducir cabalgatas, coche de caballos, grupos de máscaras hacia la Plaza de San Antonio como culmen de la concentración de la fiesta.

• Las celebraciones principales donde interviene Accame

Corpus y Velada de los Ángeles

Es a partir de la gestión municipal de Juan Valverde (1861/65 y 1869/71) cuando empiezan a organizarse «las veladas» en 1861 que, surgidas del Corpus, darían origen desde 1871 a la Velada de Nuestra Señora de los Ángeles, celebrándose desde entonces en el mes de agosto. En este sentido fue un adelantado, un visionario de la celebración de actividades extraordinarias coincidiendo con la época veraniega para dar mayor atractivo a la ciudad. Tengamos en cuenta que la idea de «turismo» estaba surgiendo en estos años como fruto de la Revolución Industrial, cuando se consolida la burguesía y esta dispone de recursos económicos y tiempo libre para viajar.

Las Veladas se ubicaron en el Paseo de las Delicias (actual Parque Genovés) conteniendo espectáculos, casetas, cafés, bailes, buñolerías, actuaciones, tiro de salón, cosmoramas, representaciones teatrales. En 1901 el Ayuntamiento recuperó la fiesta y es de la Velada de 1902 el primer boceto que conservamos de nuestro artista.

Aunque el elemento fundamental del Corpus era y es la solemne procesión, a su socaire el Ayuntamiento impulsó el aspecto lúdico engalanando la ciudad.

Accame intervino en la decoración de la fiesta del Corpus de 1907 junto con su amigo y pintor Federico Godoy (primera referencia documental que encontramos), trabajando ambos de manera constante, incluso cuando Godoy es trasladado en el año 1929 a la Escuela de Bellas Artes de Valencia o se instala a vivir en Sevilla.

El Diario de Cádiz, hace una descripción pormenorizada de los exornos de ese año:

«La “Carrera” estaba dispuesta con mucho gusto. Las calles de Cobos y Cristóbal Colón, tienen colocados arcos voltaicos envueltos en grandes coronas ducales de mimbre dorado y flores, con lluvia de estas mismas flores en hilos de mar de dos metros de largo.

Además, ostentan multitud de pabellones de lanilla de colores variados, pendientes de coronas de yedray guirnaldas salpicadas de rosas. La calle Duque de la Victoria está exornada con exquisita elegancia y en estilo modernista… La plaza de Isabel II, aunque su decorado es muy sencillo, resulta asimismo elegantísimo… En la calle de Alonso el Sabio, aparecen los mismos focos voltaicos, coronas y lluvias de flores que en las restantes de la “Carrera”, y además se han colocados tres magníficas alegorías de la festividad que se celebra .”

El trabajo de ambos artistas fue repitiéndose año tras año, con nuevos adornos, nuevas ideas y también reutilizando los motivos decorativos de temporadas anteriores. Don Antonio seguía creando escenarios, corrían nuevos gustos en la decoración y nuestro artista supo recrearlos en su ciudad. Aunque el artículo publicado en el Decenario satírico Don Preciso es un poco extenso vale la pena entresacar la opinión de su autor al respecto de la Velada de ese año:

«Confesemos francamente que aquella Velada de Nuestra Sra. de los Ángeles…es susceptible de imitaciones y mejoras. Si aquello fue arte decorativo, arte moderno hay ahora que supera y enriquece los antiguos moldes. Si artistas hubo entonces, artistas muy notables y muy ilustres tenemos ahora…que separándose de los añejos moldes, crean lo que al modernismo se adapta, lo que el ambiente local exije (sic)… Y, Cádiz, … cuya Velada de agosto no podía morir a manos de munícipes adocenados y faltos de iniciativas tiene…un Antonio Accame, artista de notorio valer, popularísimo, al cual desde hace años le han sido encomendados el exorno y los motivos decorativos de casi todas las fi estas cívicas y religiosas costeadas por nuestro municipio, y todas las particulares que se han celebrado en nuestra población.

Y Accame, repetimos, fue el designado para hacer que renaciera la antigua y tradicional Velada de agosto; ya sin campo donde instalarse, reducida al estrecho límite del paseo de un parque, con pobreza de alumbrado eléctrico, porque el municipio atraviesa por un triste periodo de economías y con escasez de elementos porque la consignación para fi estas es muy limitada.

Y Antonio Accame, nuestro paisano, nuestro artista querido, mide, estudia de una ojeada el gran problema que tiene que resolver; llama a un Godoy, gloria del arte pictórico gaditano, toma de auxiliares a un Somavia y a un Leal que empieza y promete; y con inspiración que todos elogian, que los gaditanos admiran, que los forasteros aplauden, hace renacer, pero modernizada, llena de luz, de poesía y de color, la Velada de Agosto; Velada que ya no tiene aquellos casetones monumentales, todo lona, todo cortinas, todo enrejados, todo colorines; ni aquellos arcos monstruosos de bombillas de gas, ni aquellos grimpolones de feria de aldea; ni aquel curioso alumbrado de vasillos azules y rojos; velada que semeja decoración teatral; que transforma un paseo, en jardín de hadas, que hace brotar fuentes con surtidores mágicos de aguas cristalinas, donde jamás las hubo; que eleva pedestales y arcos de flores, donde había aridez; que simula artísticas estatuas, que hace, en una palabra, llevar la admiración a los labios y el éxtasis a la vista…».

«Destacaba en el trabajo del Sr. Accame la mano de obra primorosa, la perfección geométrica de las diferentes formas a las que somete la caña de bambú, no era un trabajo utilizado para festejos públicos ya que estaba hecho con compás y escuadras como si fuesen a ser vendidos o expuestos, porque el bambú había que trabajarlo con agua muy caliente y él y su equipo conseguían unos aritos perfectamente redondos, era un trabajo chinesco»11. «Su equipo de trabajo era siempre el mismo, se rodeaba de los mejores en su especialidad, Godoy en primer lugar con su labor pictórica, Rafael Louzado con la instalación, Manuel Gil de la Cooperativa Gaditana, Leal, Somavia, Moya con la instalación de palos y toldos, y muchos mas que sería exhaustivo enumerar».

Del modus operandi Ayuntamiento-Accame, son de interés los contratos que firman. Así, en 1921 el contrato que firma, en el punto 3 dice: «… Se facilitarán al Sr. Accame cuanto enseres existen en los almacenes de la ciudad propios de esta clase de instalaciones, a título de depósito, permitiéndosele su reparación y transformación, siempre que sea para el mejoramiento de los referidos enseres…», lo que viene a redundar en la idea de la reutilización de los motivos decorativos. Por curiosidad, hemos de señalar, que por el trabajo de ese año el artista cobró la suma de tres mil cien ptas.

Año 1931 (14 de abril, II República) el comité de Iniciativas y Propaganda especifica en el contrato firmado con el Sr. Accame, una serie de condiciones en cuanto a los exornos. En el primer punto se le obliga a sustituir el diseño del motivo de la calle Alonso el Sabio, en el que había ideado un cruz, por el escudo de la ciudad, adjuntándosele desde el Ayuntamiento un modelo determinado. En el siguiente punto del mencionado contrato, se habla de que el exorno de las calles Duque de Ciudad Rodrigo (actual calle Cobos) y Cristóbal Colón, serán confeccionados por Accame utilizando motivos de propiedad municipal, poniendo como condición expresa que «… en los mismos no habrá de figurar motivo religioso alguno…14». La situación política en la que se encontraba la ciudad marcaba el periodo, con un ayuntamiento presidido por el republicano Emilio de Sola y donde a mediados de mayo15, en días próximos a las fiestas del Corpus, hubo saqueos y quema de edificios religiosos. No celebrar una festividad fuertemente arraigada podría provocar más problemas y decidieron adornar la fi esta como siempre pero quitándole todo el sentido religioso.

El Corpus y las Veladas en los años treinta y más con la Guerra Civil y la Dictadura, tomaron un carácter poco expansivo y recreativo, todo era austeridad y religiosidad quasi tridentina.

El carnaval

De todas las actividades artísticas desarrolladas por Antonio Accame Scassi, la que le otorgó más popularidad a su obra es el carnaval.

Junto con las arquitecturas efímeras, exornos y decoraciones colgantes en plazas y calles, también intervino artísticamente en la construcción de carrozas para las cabalgatas y en el exorno central que decoraba el Gran Teatro en los bailes de máscaras que en él se celebraban.

1907 señala el comienzo de la colaboración con el Ayuntamiento. El diseño elaborado para la Plaza de San Antonio consistió en un tablado construido en alto dejando libre el tránsito por debajo y en el centro un gran mástil de 15 m. de altura que sostenía una gran Sombrilla de 8 m. de diámetro. En la sombrilla con fondo rosa, destacaban los encajes imitación de los celebrados valenciennes. El tablado actuaba como pasarela a la que se podía acceder por cuatro escaleras instaladas en las esquinas y decoradas con adornos calados en madera con flores pintadas por los artistas (Accame y Godoy), tan del gusto modernista, contando también con iluminación eléctrica entre el entramado de la sombrilla abierta. Desde dicha pasarela se tenía una vista espléndida a la calle Ancha donde habían proyectado un lujoso salón con magnífico alumbrado modernista, al igual que en las otras calles principales.

La expectación levantada en la población por el exorno de ese año hay que atribuirlo en gran parte al derroche de luz y color que se empleó para la ocasión. Los diseños de Accame estaban compuestos para que fueran espectaculares tanto de día como de noche. De día por su gran tamaño y elaborada decoración, de noche por las numerosas bombillas de colores y arcos voltaicos que dibujaban el motivo y sus detalles, consiguiendo de esta manera dos efectos distintos. El 11 de febrero de ese año, recoge el Diario de Cádiz, que se organizó una manifestación espontánea de simpatía y entusiasmo por los Sres. Godoy y Accame, que habían colocado muy alto el listón del gusto gaditano. Sus exornos con aire de adorno doméstico fascinaban porque conseguía hacer de su ciudad una casa grande, sus calles, pasillos, y sus plazas, patios.

La sombrilla ha sido definida por Mireia Freixa, como una manifestación de la asimilación popular en Cádiz del modernismo como lenguaje decorativo, con un claro antecedente en las nuevas casetas de la Velada de los Ángeles del año anterior. Por su parte, Alberto Villar Movellán, indica de esta obra «que fue una especie de manifiesto vanguardista, en cuanto se aceptaba plenamente el modernismo» y que se debió inspirar en construcciones metálicas, con el precedente de la «Pasarela» de la Feria de Abril de 1896.

Al año siguiente (1908) se volvió a repetir el mismo motivo: la sombrilla en esta ocasión se pintó de lila para darle un aire diferente, y en la calle Ancha se crearon nuevos motivos decorativos en el que destacó un abanico que colgaba a la entrada de la misma y que volvió a entusiasmar al público.

En 1909 se pensó en un principio volver a colocar la sombrilla pero finalmente se diseñó un nuevo motivo: una gran maceta con lirios sobre un tablado que lucía espléndida en la noche a tenor de las 915 luces que la embellecían. En la calle Ancha se volvió a colocar el abanico y ocho radiantes mariposas que provocaban un efecto admirable, sorprendente, ya que cada una de ellas llevaba entre 100 y 120 bombillas de colores.

En 1910, se inauguró el Gran Teatro, de arquitectura neomudéjar, que había tardado 26 años en construirse. La sociedad gaditana experimentaba un renacimiento cultural tras décadas de postración.

Esta publicación sobre Antonio Accame: maestro de arquitecturas efímeras esta publicado en Revista Atticus Nueve

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Mª del Carmen Gómez Ventoso

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