El Palacio de Monterrey La Casa de Alba en Salamanca (2/3)

El Palacio de Monterrey La Casa de Alba en Salamanca por Luis José Cuadrado Gutiérrez

Es el escudo de la Casa tras la unión con la Casa de Fitz-James Stuart, junto a las armas de la Casa de Álvarez de Toledo. Es cuartelado. En el primer cuartel fi gura el antiguo escudo de Inglaterra. En el segundo el de Escocia. En el tercero el de Irlanda (un arpa) en alusión a la Casa de los Estuardos (ya que la isla estuvo bajo la soberanía británica hasta 1949). Y en el cuarto, el escudo de los Álvarez de Toledo (jaquelado o ajedrezado de quince piezas). Lleva acoladas dos mazas de oro en aspa, nueve banderas moras de gules y, en la punta, dos brazos armados de plata con tabardos de gules cargados de cadenas de oro dispuestas en orla, cruz y sotuer, los brazos blandiendo espadas de plata encabadas de oro. Se remata con una corona ducal de oro con piedras preciosas, compuesta de ocho fl orones de hojas de apio. Por encima de esta corona una leyenda en latín «Tu in ea et ego pro ea» (Tú en ella y yo en su favor -que viene a significar «Dios en la patria y yo por la patria»). Por encima asoma un ángel, nimbado de oro, puesto de frente con sus alas extendidas y vestido de levita, la dalmática jaquelada de plata y azur; el ángel sosteniendo en su diestra una espada de plata encabada de oro y, en su siniestra, un mundo de azur con el semimeridiano y el ecuador de oro, sumado de cruz de lo mismo.

En las paredes podemos contemplar una serie de objetos variopintos, desde armaduras (o partes de esa armadura que llevaban los caballeros), hasta unos tapices que conservan los colores y apenas han sido restaurados. Destaca, en el hueco de la escalera una interesante pieza de porcelana. Se trata de un jarro ornamental (ilustración 11) de Talavera de la Reina (1760-1770). Tiene forma de copa con pie y cuello moldurado, cenefa de gallones en la parte superior e inferior del cuerpo y dos asas. Es de clara influencia del rococó francés, un movimiento mundano, sensual y cortesano que se dedicó fundamentalmente a la decoración de los interiores entre los años 1720-1760. Se caracteriza, fundamentalmente, por la presencia de motivos inspirados en la naturaleza, con curvas y contracurvas, con elementos florales. Posiblemente a este jarro le falte la tapa. Presenta una rica decoración policromada de trofeos militares en la base del cuello. En su parte central se encuentra un hermoso escudo de España rematado por un león coronado, con las patas traseras descansando sobre dos globos terráqueos que representan a Europa y el Nuevo Mundo. El pie presenta decoración de rocallas, flores y conchas. Es un bello ejemplar de loza esmaltada policromada de influencia de Alcora. Se ha deducido que se trataría de un regalo al conde de Aranda o bien al noble ilustrado Fernando IV de Silva y Álvarez de Toledo, XII duque de Alba (1714-1776).

Tras subir por la bella escalera con peldaños en piedra de Montemayor (uno de los escasos ejemplares que se pueden conservar en toda España) accedemos a un hall de distribución. A nuestra izquierda se abre un pasillo con dependencias, en la actualidad, de uso privado. Se trata de una serie de dormitorios, para los invitados, así como sus correspondientes baños. En el hall se encuentran un bello brasero, una silla frente a la chimenea que preside la sala. En las paredes destacan cuatro óleos de la escuela de Canaletto, con paisajes de Nápoles, Venecia, los jardines de Tivoli y la abadía de Montecasino. Todos ellos de interesante factura. También podemos disfrutar de un busto de don Jacobo realizado por Mariano Benlliure.

A continuación, se pasa a una pequeña estancia conocida como Sala de visitas (o sala verde). Preside la estancia un cuadro de Jacobo Fitz-James Stuart XVII Duque de Alba (abuelo del actual duque, ilustración 5). Viste el uniforme de la Real Academia de Historia. Pintado por Manuel Benedito Vives. En esta habitación podemos contemplar unas llaves que aluden al sepulcro de Santa Teresa. Existen tres juegos de llaves, cada uno de ellos con otras tres llaves. Uno está en posesión del Reverendo Padre de la Orden en el Vaticano (Roma); otro juego lo tienen las Madre Superiora de las Carmelitas Descalzas que custodian el sepulcro de Santa Teresa en Alba de Tormes. Y el tercer juego lo tiene el duque de Alba. Una décima llave, la que abre un arca de plata la tiene el Rey de España. Estas llaves que se corresponden con los cierres de la reja exterior del camarín del sepulcro se encuentran enmarcados en una pequeña vitrina. También se puede contemplar un documento fechado en 1585 procedente de los fondos del Conde Duque de Olivares titulado «Relación de cómo fue hallada la Madre Teresa de Jesús al tiempo que la trasladaron a la ciudad de Ávila». Este documento se encontraba hasta mayo de 2018 en la Fundación Casa de Alba, en el Palacio de Liria. En él se detalla, con todo lujo de detalles, el estado incorruptible en el que se encontró el cuerpo de la Venerada.

¿Por qué se encuentran estas llaves aquí? Hay que recordar que la relación entre Santa Teresa de Jesús y la Casa de Alba se remonta hacia la segunda mitrad del siglo XVI. La Casa de Alba ayudó a la financiación y creación de diecisiete conventos. Forjó una gran amistad con la que fuera duquesa de Alba (María Enríquez de Toledo, esposa de Fernando Álvarez de Toledo, el Gran Duque). A su fallecimiento fue enterrada en el convento de Alba. Meses después las carmelitas decidieron trasladar su cuerpo a la ciudad de Ávila por la relación que habían tenido. Pero los Alba acudieron a la intercesión del Papa Sixto V para que devolvieran el cuerpo.

Es interesante un bello cuadro anónimo de san Juan Bautista. Realizado en el siglo XVI-XVII, destacando por la perfección ejecutada en la anatomía del joven muchacho.

Nuestra siguiente parada es un hall de acceso al segundo piso. En el se encuentra la noble escalera sin un pilar que la sostenga realizada en madera de roble. Destaca en la estancia el cuadro del III duque de Alba, «el Gran Duque de Alba». Óleo sobre lienzo de Alonso Sánchez Coello realizado en 1567 (ilustración 3). Pintor de gran renombre trabajó a las órdenes de Antonio Moro cuando era aprendiz. Ha conservado una merecida fama como retratista de los reyes. Doña Juana lo presentó a Felipe II, sirvió a éste como retratista de corte durante más de treinta años hasta su muerte. Este cuadro fue adquirido por el XVII duque de Alba Jacobo Fitz-James Stuart en 1945. Aparece sosteniendo en su mano derecha el bastón de mando, la armadura de parada y una banda roja de general que cruz su pecho. Su retrato es de un hombre ya maduro, y trazando su fi gura a partir del prototipo que realizara Tiziano Vecellio. El rostro es de un gran realismo con los rasgos muy marcados, ojos grandes y expresivos, barba larga y cana. Ha sido restaurado recientemente (2017) por lo que se puede contemplar en todo su esplendor.

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Luis José Cuadrado Gutiérrez

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