El Zorro: el primer superhéroe de la cultura norteamerica cumple 100 años

El Zorro: el primer superhéroe de la cultura norteamerica cumple 100 años por Àngel Comas

El 9 de agosto de 1919, el escritor norteamericano Johnston McCulley empezó a construir la leyenda del Zorro, un personaje referencial que ha reinado durante muchas décadas en todos los medios culturales pero que ha perdido protagonismo ante la competencia de superhéroes más actualizados, aunque resucite de vez en cuando. Como justiciero animó a la sociedad norteamericana a superar la depresión de a primera gran guerra que hacía pocos meses que había concluido pero que había dejado secuelas incurables. El Zorro ha sido una de las grandes leyendas culturales del mundo occidental. Estos han sido a grandes rasgos sus cien años de historia.

Todo empezó con un pulp

Johnson McCulley tenía treinta y cinco años y había nacido en Ottawa, Illinois, comenzando su carrera como periodista en la célebre The Police Gazzette, referente ideal de la prensa amarilla de la época, participando en la Gran Guerra como oficial de Relaciones Públicas. Publicó la primera novela del Zorro en la revista All story Weekly la más prestigiosa de todas las pulps, a las que Tarantino rindió homenaje en su film Pulp Fiction (1994), aunque ya se sabe cómo son los homenajes del discutido director, haciendo una gran película, pero el homenaje quizá no fuera tan significativo. Las revistas y los libros pulp son de creación cien por cien norteamericana, aunque luego se exportara su concepto. Están hechas con papel de calidad muy pobre y encuaderna-das en rústica. Pero su audiencia e influencia han sido tremendas, solían venderse tiradas de más de un millón de ejemplares, una barbaridad. Se especializaron en la literatura popular, westerns, ciencia ficción, detectives, terror, romances, etc. y sus especiales características les dieron un estilo propio, diferenciado ya que los autores tenían que adaptarse a las condiciones de producción y al tipo de público. Las revistas seguían el modelo de los seriales británicos y franceses por entregas y, por ejemplo, en All Story Weekly apareció la serie de Tarzán de los Monos de Edgar Rice Burroughs mientras que autores luego famosos publicaron en pulp sus primeros libros: Horace McCoy, Dashell Hammet, Erle Stanley Gardner, H. P. Lovecraft, Robert E. Howard (Conan el bárbaro), Charles Bukowski, Zane Grey, Isaac Asimov, Raymond Chandler… y un largo etcétera forman una lista impresionante de escritores famosos que alguna vez publicaron en algún pulp, revista o libro.

La novela inicial del Zorro

The Curse of Caparistano (La maldición de Capristano) fue la segunda novela de McCulley y la escribió en California. Se publicó en cinco entregas en la revista pulp All-story weekly. Transcurre en Los Angeles cuando la ciudad formaba parte de México controlado todavía por España, tenía unos 100.000 habitantes y vivía especialmente del ganado. Mc Culley no precisa la fecha exacta de la acción, pero todo hace suponer que esté situada hacia 1820, aunque la fidelidad histórica no sea demasiado creíble ya que en aquella época dominaban las misiones y no existían grandes terratenientes. El hijo de don Diego de la Vega, cabeza de una rica familia californiana vive una doble vida: de día hasta parece afeminado, pero de noche se transforma en el Zorro que combate a los opresores, las autoridades locales. El personaje pudo inspirarse en Joaquín Murrieta o en Robin Hood pero se parece mucho más a Pimpinela Escarlata, creado en 1905 por la escritora húngara la Baronesa Emmuska d’Orcy. Pimpinela tiene un trasfondo como mínimo reaccionario, lucha a favor de la aristocracia en la revolución francesa, como queda patente en las once novelas publicadas, en tres obras teatrales y en once filmes. El Zorro es una mezcla de todos ellos con toques de personajes reales como el general Andrés Pico o José María Avila. Sus características físicas principales fueron su máscara, vestir completamente de negro, su caballo y su habilidad para marcar a sus enemigos con una Zeta en la frente, un estigma difícil de ocultar. McCulley era historiador y transformó para sus novelas personajes y hechos reales, aunque su propósito fuese la creación de relatos de aventuras. Publicó más de setenta relatos del Zorro (los últimos, una colección de historias cortas en 1959) y fue alternándolos con otros personajes (véase despiece). Su imaginación era desbordante y escribió incansablemente en todos los géneros de ficción.

El Zorro de McCulley

La idea del escritor era que aquella fuese la primera y última aventura de su personaje por lo que incluso se revela su identidad al fi n del relato, pero por su éxito no pudo resistir escribir secuelas y aún más después que Hollywood lo aumentara. Tres años más tarde, apareció The Further Adventures of Zorro (Otras aventuras del Zorro) en seis entregas en Argosy, y nueve años más tarde Zorro Rides Again (El Zorro cabalga de nuevo), cuatro entregas también para Argosy… y así hasta setenta y siete historias.

Hollywood entra en acción

La futura Meca del cine tenía solo ocho años de existencia y le dio al Zorro el gran espaldarazo que necesitaba gracias a su gran estrella Douglas Fairbanks (quien protagonizaba y producía sus propias películas) capaz de encarnar con éxito todo tipo de héroes: D’Artagnan, Robinson Crusoé, el ladrón de Bagdad, Robin Hood o don Juan. Después de fundar la United Artists en 1919 (véase artículo publicado en Atticus —de próxima publicación en Revista Atticus Diez—) eligió el Zorro para lucir sus habilidades atléticas y de consumado espadachín, su irresistible simpatía y su facilidad para la autoparodia. La marca del Zorro (The Mark of Zorro (1920 – Fred Nibblo), con fi delidad casi absoluta a la novela, defi nió todas las características del personaje para las futuras versiones que se han hecho, tanto su atuendo (de negro, capa, sombrero cordobés, etc.) como su forma de actuar y la combinación de humor y acción, innovando los fi lms de capa y espada y de aventuras. Le siguió Don Q, el hijo del Zorro (Don Q, Son of Zorro (1925- Donald Crisp), que tiene poco que ver con la novela- Los dos fi lmes fueron éxitos detonantes que, haciendo buenas las reglas de la sinergia, propulsaron tanto las películas, como las novelas y convirtieron al personaje en uno de los grandes mitos del cine. Ni que decir tiene es que la personalidad de Douglas Fairbanks infl uyó en la mayoría de los futuros Zorros. Pero resulta curioso que, a pesar de su éxito, se espaciasen tanto sus apariciones en Hollywood. Se tardaron once años para que se estrenase El caballero audaz (1936 – The Bold Caballero – Wells Root), protagonizada por un irrelevante Robert Livingstone pero con el aliciente de que era la primera versión en color. Dejando aparte los spaghetti westerns (que se tratan en otro apartado) o las variantes televisivas, hay que destacar grandes superproduciones de Hollywood. El Signo del Zorro (1940 – The Mark of Zorro – Rouben Mamoulian) es la más espectacular y una verdadera obramaestra, no en balde su director fue uno de los grandes maestros del cine, con un Tyrone Power irresistible —era un gran espadachín en la realidad— y con una pelea final a espadas que ha pasado a la historia entre el Zorro y el malo, un memorable Basil Rathbone. Después de muchos años, en 1998, Steven Spielbrg produjo La Máscara del Zorro (The Mask of Zorro) confiando la dirección a Martin Campbell que partió de un guion muy original (con dos Zorros en danza) y con Antonio Banderas de protagonista, cuya interpretación no desmerece en absoluto a la de los Zorros míticos, gracias a infundir al personaje un gran sentido del humor. Tuvo una secuela, La leyenda del Zorro (2005 – The Legend of Zorro) en su misma línea. Pero si en Hollywood el personaje ha tenido un recorrido muy corto no ha sido así en otros terrenos, en los seriales televisivos y en los westerns europeos.

Los seriales

La gran especialista en cine por episodios, la Republic, lo incorporó a su repertorio en tres tandas: En 1937 (Zorro Rides Again, doce episodios con John Carroll, que fue el primer Zorro que cantaba); en 1939 (Zorro’s Fighting Legion, doce episodios con Reed Hadley); en 1944 (Zorro’s Black Whip, doce episodios, la única vez en que el Zorro era mujer, Linda Sterling); en 1947 (Son of Zorro, trece episodios con George Turner), y en 1949 (Ghost of Zorro, doce episodios con Clayton Moore). La mayoría de los estudios se habían volcado en el cine por episodios, haciendo películas de serie B, baratas y populares, que complementaban las principales en los programas de los cines y que tenían un público adicto. La Fox, la Metro, la Warner o la Columbia metían en ellas a futuras estrellas bajo contrato para que se fogueasen o como banco de prueba. Entre 1929 y 1956, Hollywood produjo nada menos 230 seriales diferentes con personajes como Dick Tracy, Flash Gordon, Superman, el Llanero Solitario, David Crocket, Roy Rogers, etc. inspirados la mayoría en héroes de los comics o de las novelas populares y, que con el tiempo, pasaron al cine con presupuestos supermillonarios. Al acabar la segunda Gran Guerra fueron desapareciendo poco a poco sustituidos por las producciones televisivas, también en forma de serie. Zorro se convirtió en rey de la pequeña pantalla gracias a la Walt Disney Productions que en 1957 lanzó una serie de 78 episodios protagonizada por Guy Williams quien, según millones de televidentes norteamericanos, ha sido el Zorro ideal. Con el tiempo, otros productores siguieron el ejemplo de Disney. En estos productos, las esencias o el trasfondo del personaje se fue diluyendo, tal como sucede en la mayor parte de series, prefiriéndose la parte espectacular pero conservando sus características esenciales

El Zorro mexicano

Tan cercano geográfica e históricamente, México incorporó el Zorro a su cinematografía, produciendo con España algunos filmes y que seguían la misma línea de los films norteamericanos. Luis Aguilar protagonizo tres de ellas, con la particularidad de que el personaje se llamaba el Zorro Escarlata, Zorro Escarlata, La venganza del ahorcado y El Regreso del Monstruo, que se diseñaron para rodarse en color pero que finalmente se hicieron en blanco y negro. Fueron genéricamente típicas películas de aventuras, pero curiosamente, dos de ellas figuran ahora en las antologías del cine de terror mexicano, lo que no es extraño porque se enfrenta a brujas y monstruos, con efectos especiales de estar por casa.

El Zorro llega a Europa

Con el auge del cine de género europeo que hacía versiones baratas y con estrellas de poco relieve de los tradicionales géneros populares de Hollywood, el Zorro se convirtió en un personaje recurrente de muchos spaghetti westerns. Fueron innumerables los filmes y no menos innumerables los actores que lo encarnaron, Spyros Focas, José Suarez, Frank Latimore, Guy Stockwell, Charles Quiney, Gordon Scott, Pierre Brice… Poco tenían que ver con la novela original e, incluso se montaron historias imposibles con los tres mosqueteros, Maciste el coloso, Godzila…; se hicieron parodias o se le metió en aventuras eróticas. Quiero señalar que en El último Zorro (1952) una parodia dirigida por Mario Soldati para lucimiento del cómico Walter Chiari aparecían nada menos que Sophia Loren y Vittorio Gassman. Alain Delon aprovechó también el personaje para hacer una refl exión nostálgica personal en El Zorro (1975 – Duccio Tessari).

Influencia hispana del Zorro: el Coyote

El escritor barcelonés José Mallorquí Figuerola se inspiró en el personaje del Zorro para iniciar en 1943 una serie de novelas protagonizadas por un personaje similar, el Coyote. La publicó con el pseudónimo de Carter Mulford y con notable éxito en una colección de novelas del Oeste de la editorial Molino de Barcelona. Después el Coyote tuvo colección propia y Mallorquí se convirtió en un gran especialista de novelas populares ambientadas en la parte hispana del Oeste americano y del Coyote (en diversas editoriales) publicaron casi doscientas novelas. Las similitudes de su César de Echagüe (alias el Coyote) con el Diego de la Vega (alias el Zorro) de Johnston McCulley son más que evidentes, pero Mallorquí tenía un especial talento como escritor y, documentándose incansablemente, hizo del Coyote un personaje que, al menos en España y países latinoamericanos, hizo olvidar al Zorro. De las novelas, el personaje pasó al comic, ilustrado por Batet, publicándose ciento ochenta y nueve historias. En el spaghetti western siguió los pasos de su modelo con películas como: 1955 El Coyote. Dr.: Joaquín Luis Romero Marchent. 1956 La justicia del Coyote. Dr.: Joaquín Luis Romero Marchent. 1957 El Coyote (TV). Dr.: Ken Murray y Richard Talmadge. 1963 El vengador de California. Dr.: Mario Caiano. 1998 La vuelta de El Coyote. Dr.: Mario Camus (El Coyote/César de Echagüe: José Coronado) Y se hicieron seriales radiofónicos en varios países, en España y varios países hispanoamericanos.

La vigencia del Zorro

Con los años, las esencias del Zorro se han ido diluyendo, convirtiendo al personaje en un producto de consumo, aunque muy rentable. Tebeos, gadgets de todo tipo, más series, teatro, libros, teatro musical (con Rafael Amargo)… Pero también su doble personalidad ha interesado a los estudiosos que le han destacado su carácter de justiciero, de deshacedor de entuertos, en fi n, de superhéroe. Rasgos que por ejemplo posee Batman. Incluso la escritora Isabel Allende le dedicó en 2005 una novela biográfi ca, El Zorro, en la que bucea en su personalidad, en su época y en sus circunstancias, reconstruyendo muy fi elmente aquella época. Otros escritores lo habían hecho antes. Existe ahora una compañía que posee los derechos del personaje y que sigue produciendo películas, obras teatrales, series televisivas y se gana muy bien a vida con el merchandising. Productores mexicanos y argentinos están preparando sendos fi lmes, uno de ellos ambientado en el futuro. Johnson Mc Culley, que murió en 1958, no reconocería a su personaje.

Grandes estrellas que han hecho de Zorro

A lo largo de este centenario, son numerosos los actores que han dado vida a este legendario personaje.

Entre ellos destacan:

º Douglas Fairbanks

º Tyrone Power

º Frank Langella

º Antonio Banderas

º Alain Delon

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