Boldini y la pintura española a finales del siglo XIX

Boldini y la pintura española a finales del siglo XIX por Luisjo Cuadrado Gutiérrez

Giovanni Boldini - Historia Arte (HA!)

Muestra, por primera vez en España, la obra del pintor Giovanni Boldini (Ferrara, 1842 – París, 1931) uno de los artistas italianos más prolíficos e importantes de los que desarrollaron su arte en el París de la segunda mitad del XIX. Los organizadores han querido establecer un diálogo con obras de otros artistas españoles coetáneos que a su vez se dejaron ver por esa capital mundial del arte que era París. Al visitar la muestra no encontraremos con obras de Mariano Fortuny (Reus, 1838 – Roma, 1874), Eduardo Zamacois (Bilbao, 1841 – Madrid, 1871), Raimundo de Madrazo (Roma, 1841 – Versalles, 1920), Ignacio Zuloaga (Éibar, 1870 – Madrid, 1945), Martín Rico (El Escorial, 1833 – Venecia, 1908) o Joaquín Sorolla (Valencia, 1863 – Madrid, 1923). Las obras del ferrarés pretenden establecer un diálogo no solo con las escenas de carácter dieciochesco bajo la influencia de Mariano Fortuny, sino con «el gusto por la pintura de género con escenas amables y anecdóticas; el interés por discurrir de la ciudad moderna; el disfrute del paisaje y, sobre todo, las ideas compartidas sobre la renovación del género del retrato».

En el París de 1870, en Montmartre, se había instalado «una colonia de pintores» y que pronto se convertiría en una residencia de bohemios no solo locales sino venidos de todos los lugares. Es el momento en el que París se está viviendo una revolución cultural. Es cuando se produce lo que se conoce como la Comuna de París (un movimiento insurreccional que gobernó la ciudad desde el 18 de marzo hasta el 28 de marzo de 1871). Este periodo convulso afecta a el arte. Los pintores se alejan de la Academia para salir a la calle con sus pinceles y caballetes. Es la eclosión del impresionismo. Pero también es el momento de las reuniones alrededor del café (y de la absenta) donde distintos personajes se citan para debatir. Escritores, pintores, escultores… tratan de sentar las bases de un nuevo arte donde la libertad es la argamasa. Boldini llegará a este ambiente y no cambiará bajo la influencia del impresionismo. Seguirá con su estilo, único durante toda la vida, de pincelada suelta y rápida, intuitiva, sin perder nunca de vista la figura y la expresión del retratado.

«Boldini es una combinación tal de acabado e inacabado, de falso y de real, que hay que tomarlo como lo que es y no romperse la cabeza con teorías. Y es que, cuando se tiene delante uno de sus cuadros, no se puede evitar mirarlo, porque te fascina, te enreda, te trastorna; uno siente que lo que tiene ante sí es una profanación de nuestra propia divinidad, pero, a pesar de todo, gusta». Diego Martelli, 1878

La exposición

La muestra se divide en seis secciones y reúne cerca de ciento veinte obras que recorren la trayectoria del artista italiano. Un arte bello, elegante, delicado de la Belle Époque, pero también supo captar la decadencia que llegó con el inicio de la Primera Guerra Mundial.

I.- Boldini en Florencia: la invención del retrato macchiaolo (1864 – 1870)

Recoge obras del paso previo a París. Boldini viajó a Florencia entre los años 1864 y 1870. Se reunió en el Caff è Doney, un lugar de tertulia, con artistas y es allí donde tuvo contacto con la alta burguesía y la nobleza
internacional.

También es allí donde conoce al joven pintor Cristiano Banti, integrante del grupo conocido como los macchiaioli (practican una pintura del vero —lo verdadero, lo real— mediante pinceladas agiles y sutiles). Empezaron a subvertir las reglas del género. Hay que recordar que la propia Fundación Mapfre ya les dedico una exposición (año 2013).

Arranca la sección y, por lo tanto, la exposición con la obra Autorretrato mientras observa un cuadro. Consigue así sacar al retratado (en este caso él mismo) de ese fondo neutro y plasmarlo en un instante de la vida, en el interior de su casa, constituyendo una pausa del devenir del tiempo contemporáneo. Otro bello ejemplo es La buhardilla de Ferrara. Recoge ese postulado del retratado en su propio ambiente. El cuadro posee una poderosa fuente de luz que emana de la ventana abierta, casi nos obliga a entornar los ojos. Magnífico. Y otro ejemplo más Retrato de la condesa Carlotta.

Museo Giovanni Boldini — Ferrara Terra e Acqua

II.- La primera manera francesa de Boldini (1871 – 1879)

Es en este momento, París 1871, en el que aparecen los retratos de Berthe (amante de Boldini durante diez años y que se convirtió en un pequeño icono de la burguesía). Abandona el retrato para dedicarse, con éxito, al cuadro «a la moda».

Durante este periodo realiza una magnífica obra que constituye un retrato de la vida moderna. Se trata de Place Clichy (adquirida por un influente coleccionista, William H. Stewart). Mantiene una línea baja de horizonte con lo que consigue un gran dramatismo en la plasmación del cielo. Retrata una gran abundancia de detalles de la hermosa plaza. Dotada de múltiples puntos de fuga a lo largo de los cuales se distribuye las acciones de los personajes. Constituye, también un gran documento etnográfico.

Destaco también un delicado retrato que constituye En el salón. Casi rompemos un momento de intimidad cuando la joven se dispone a salir pertrechada con una grácil pamela y lo que parece una sombrilla. Enmarcada en un cortinaje que le da un gran aspecto teatral. Posiblemente esa misma joven (sin duda se trata de su amante Berthe) la vemos en otras dos escenas. Una de ellas sentada en un banco y la otra como siguera la continuación de ese cuadro anterior (En el salón), Se trata de En el jardín y Berthe sale de paseo.

III.- Ecos de Boldini en la pintura española de final de siglo

París se había convertido en un polo de atracción artística. Allí acuden pintores españoles como Eduardo Zamacois, Raimundo de Madrazo (uno de los primeros en llegar) o Mariano Fortuny. Era «la graduación». Acudían para completar su formación y participar de ese bullicio que se había convertido la capital francesa.

Podemos ver obras de carácter costumbrista y también algunos cuadros que recogen la vida nocturna de la capital parisina, con una estética naturalista. De los primeros destaca la magnífica obra La elección de la modelo. Incluso para los que no son muy avezados en la pintura, rápidamente se puede dar uno cuenta de que está ante una obra de Fortuny. Nos recuerda a ese otro gran cuadro que es La vicaría, muy parecidos en cuanto al aspecto formal. Destaca por ese estilo preciosista, con gran cantidad de retoques y de dibujos preparatorios. Fue un encargo del coleccionista W. H. Stewart. La escena presenta a un grupo de académicos que se disponen a dar el visto bueno de la modelo. Los hombres vestidos a la moda dieciochesca. La joven posa desnuda. Esmerado dibujo, exquisita minuciosidad, expresividad en los rostros y colores brillantes. Oportunidad casi única de disfrutar de este maravilloso lienzo, ya que habitualmente se encuentra en la National Gallery of Art de Washington. Curiosamente, en este mismo apartado, podemos contemplar otro cuadro con una modelo como protagonista. Se trata La visita inoportuna de Eduardo Zamacois. Parece que somos nosotros los que importunamos tanto al pintor como a la modelo. En el otro apartado, en el de la vida parisina, podemos contemplar Salida del baile de máscaras de Raimundo de Madrazo. El ambiente nocturno, con el coche de caballos, lo preside todo.

Podemos disfrutar de una de las últimas obras que Fortuny realizó antes de su prematura muerte. Se trata de Playa de Portici, uno de los paisajes más importante del artista. Se acerca tanto a los impresionistas como a los macchiaioli pero con una libertad plena.

IV.- Boldini, pintor de la vida moderna (1880 – 1890)

A partir de 1880, Boldini va a retratar la ciudad de París en todo su esplendor. Calles, plazas, cafés y sus terrazas y el tránsito de los carruajes, todo bajo la paleta de su pintura, con una libertad de estilo que se recoge en la obra Regreso al mercado.

Hay abundancia de figuras de mujer retratadas de medio cuerpo, plenas de color que constituyen un catálogo de rostros de la sociedad parisina. Dos ejemplos lo constituyen Dama elegante con vestido azul y El mantón rojo. Presenta unos rostros de gran belleza y delicada ejecución. También destaco un cuadro atrevidamente moderno, de aspecto inacabado como es el de Alice Regnault.

Un cuadro que también nos llama la atención es la escena callejera que representa a unos caballos en primer término, descansando. lleva por título Ómnibus en la Place Pigalle.

V.- Los pintores españoles y el retrato: el espíritu de una época

El retrato se ha convertido en un vehículo para que el retratado demuestre su nueva condición social. Ese ascenso queda plasmado en unos retratos más libres, sin ese encorsetamiento de etapas anteriores. Un claro ejemplo es, fundamentalmente las obras de Joaquín Sorolla. Pero también lo son las de Zuloaga (otro de nuestros exponentes principales en ese ambiente parisino). Estos artistas trataran de modernizar ese género a mitad camino entre la innovación y la tradición. Tanto uno como otro, se especializaron en un tipo de retratos elegantes tomando como punto de partida la estela dejada por Velázquez. Pero este avance, esta nueva plasmación de esa «Belle Époque» lo será también del mundo decadente que llegará a su fin con el inicio de la Primera Guerra Mundial.

El conde de Montesquiou - Giovanni Boldini - Historia Arte (HA!)

Podemos contemplar dos bellos desnudo de Sorolla (Bacante en reposo, y un reconocible Desnudo de mujer). En cuanto a Zuloaga tenemos un cuadro que hemos visto en más exposiciones (se ubica en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Se trata de Retrato de doña Adela Quintana Moreno.

VI.- Boldini, retratista de la Belle Époque (1890 – 1920)

El contacto que tuvo Boldini con el pintor John Singer Sargent marca este periodo. El pintor estadounidense le abrió paso y así no es de extrañar el éxito alcanzado en su exposición en la Quinta Avenida en 1897.

Ese refinamiento, de la retratística europea, se plasma en el retrato que hizo a James Abbot McNeill Whistler. Identifica al pintor, ya maduro, con un tipo de dandi cosmopolita, con elegante traje oscuro y chistera. Se encuentra sentado en una silla dispuesta en una posición descentrada. Es una obra emblemática.

A su lado podemos encontrar una seria de bellos retratos. Mujeres elegantemente vestidas con seda negra, que las envuelve con un aire sensual, buscando, con la mirada, la complicidad del espectador. Alguno de ellas presenta una pincelada cada vez más libre, muy dinámicas e convulsas ambientaciones, configurando a la obra una exultante modernidad. Señora con guantes o Señora de rosa en un diván son alguno de los ejemplos. Desnudo de joven tumbada y Denudo de mujer joven, participan claramente de esa modernidad. No es la pintura de los impresionistas, de pincelada rápida y yuxtaposición de colores. Son cuadros de aspecto inacabado, por un lado, pero perfectamente delineados los cuerpos de las mujeres que están trabajados con una exquisita elegancia, dinamismo y gran sensualidad Otro ejemplo de esa modernidad es el cuadro Pensamientos. Apenas es un ramo de flore y una estilizada mano que nos recuerda vagamente a El Greco. Un bello ejemplo del estilo libre de Giovani Boldini.

Como complemento a este trabajo sobre la exposición que organiza Fundación Mapfre, en su sede de Recoletos, ofrecemos a nuestros lectores el trabajo de Almudena Martínez sobre la fi gura de Boldini que ya publicamos en Revista Atticus Seis (2016).

Este artículo sobre Boldini y la pintura española a finales del siglo XIX está publicado en Revista Atticus 39

Puedes leer el artículo completo en este enlace:

Boldini y la pintura española a finales del siglo XIX

Luisjo Cuadrado Gutiérrez

Revista Atticus

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