El bello y sensual mundo de los prerrafaelitas (1/2)

El bello y sensual mundo de los prerrafaelitas por Luis José Cuadrado Gutiérrez

El movimiento artístico conocido como prerrafaelismo nació en Londres en el seno de la sociedad victoriana de finales de la década de los años 40 del siglo XIX. Sus integrantes son conocidos como «prerrafaelitas» o «prerrafaelistas». Tres estudiantes de la Royal Academy están considerados como sus iniciadores: William Holman Hunt (1827 – 1910), John Everett Millais (1829 – 1896) y Dante Gabriel Rossetti (1828 – 1882). En esta época, mitad del siglo XIX, la pintura británica se hallaba estancada, sin evolución, encorsetada en las duras convenciones académicas. Se encontraba en una vía muerta de la línea férrea de la creación. Estos tres jóvenes formaron una asociación para poner en común una serie de puntos de vistas artísticos. Es lo que se conoce como la Hermandad o Asociación Prerrafaelita (Pre-Raphaelite Brotherhood), fundada en 1848. Su nueva pintura se retrotraía, no ya al Renacimiento, sino al arte medieval anterior a Rafael Sanzio (1483 – 1520). La Asociación centraba sus críticos en presidente y uno de los fundadores de la Royal Academy of Arts, Sir Joshua Reynolds (1723 – 1792) que perpetuaba el manierismo de la pintura posterior a los grandes maestros del Renacimiento, como Leonardo, Rafael o Miguel Ángel, con composiciones elegantes pero vacías. A los estudiantes les gustaba más el uso luminoso del color y el manejo primoroso en el detalle de los primitivos italianos y flamencos (como Jan van Eyck, 1390 – 1441) todos ellos anteriores a Rafael. Apostaban por esa pintura porque se ajustaba más a la nueva pintura que ellos pretendían crear, más colorista, con una mayor carga simbólica, mayor sensibilidad de la naturaleza y con referencias literarias.

La Asociación tendrá una corta duración. Tras cinco años de vida, se disolvió, pero su impacto e influencia siguió nutriendo a las vanguardias inglesas hasta mediados del siglo XX. Los principios de este movimiento alcanzarían a otras disciplinas artísticas como la decoración, el mobiliario o la ilustración de libros.

Inicios de la Hermandad Prerrafaelita John Everett Millais, Dante Gabriel Rosetti y William Holman Hunt celebraron la primera sesión, de lo que ellos mismo autodenominaron Hermandad Prerrafaelitas, en 1848. Eran jóvenes, entre diecinueve y veintitrés años y tenían ansias de cambiar la manera de entender la pintura. Estaba sucediendo algo parecido en Francia. Entendían que los criterios que regían a la hora de colgar los cuadros en las salas de exposiciones se habían quedado obsoletos en su continua referencia a los maestros italianos del Renacimiento y sobre todo en su relación con el artista Rafael Sanzio. Ellos invocaban una vuelta al arte de la Edad Media, más sincero y puro.


A la hora de estudiar cualquier hecho del pasado no hay que olvidar situarlo en su contexto histórico. Los estudiantes reaccionaron a la enseñanza académica aleccionados por los movimientos sociales que se estaban produciendo, en 1848, en toda Europa (algo así como el mayo del 68). El crítico de arte y teórico John Ruskin (1819 – 1900) ejerció una gran influencia sobre el grupo en el cual depositó su confianza con la esperanza
artística de Inglaterra. Entendía las obras con una gran carga moral y con un gran protagonismo social. Predominio de la artesanía, lo artesanal, frente a la industrialización a las obras sin sensibilidad artística, con un concepto poético y místico de la Naturaleza. Ruskin fue uno de los grandes maestros de la prosa inglesa, influyendo en personalidades como Mahatma Gandhi.

Los jóvenes centraron sus iras en uno de los máximos exponentes de la Academia Real de Londres (embrión de la actual National Gallery), Sir Joshua Reynolds. Eran amigos, estaban todos los días juntos y tenían el descaro de cuestionar los cánones imperantes hasta ese momento, con unas estrictas convicciones en los gustos de la clientela. Pretendía hacer que ese arte que ellos consideran vulgar, a través de su rebeldía, se volviera un motivo de reflexión para la gente. Hunt y Millais eran estudiantes en la propia Royal Academy of Arts, mientras que Rosetti era alumno de Ford Madox Brown (1821 – 1893), pintor inglés que compartía los preceptos de la Hermandad (su rechazo a la pintura académica y su interés por el arte medieval) pero no llegó a formar parte de ella.

Rossetti se interesó por la pintura La víspera de Santa Agnes. La consideraba una buena obra y estaba basada en un poema de Keats. Rosetti también era poeta y trataba de crear un vínculo entre la poesía romántica y el arte. Ahí empezaron a sintonizar. Debatían sobre los trabajos teóricos de maestros como John Ruskin cuya primera parte de la obra Modern Painters se publicó en 1843.

En septiembre de 1848 el grupo se amplió. Otros cuatro compañeros acudieron a la cita que se celebró en la casa de la familia Millais que esta tenía en Bloomsbury. James Collinson (1825 – 1881) amigo de Rossetti; Thomas Woolner (1825 – 1892) que propugnaba extender los principios también a la escultura; Willianm Michael Rossetti (1829 – 1919), hermano de Gabriel Dante y que fue nombrado secretario, convirtiéndose posteriormente en cronista de la Hermandad; y Frederick Georges Stephens (1828 – 1907), estudiante en pintura, poco talentoso, que se orientará posteriormente hacia la escritura y la crítica de arte, siendo corresponsal en la revista literaria The Athenaeum. Un grupo muy variopinto que pretendían cambiar las bases del mundo artístico en la época victoriana.

Podemos hacer un inciso. Dentro de la historia del arte, el estilo victoriano es el que define, tanto en la arquitectura como en las otras disciplinas artísticas —moda, artes decorativas o visuales—, por estar caracterizada por ser romántico y gótico. Se impuso durante el reinado de la reina Victoria de Gran Bretaña, abarcando los dos últimos tercios del siglo XIX (la reina Victoria falleció el 22 de enero de 1901). Este reinado trajo consigo un momento de bonanza en el arte y en la literatura que convivían con una supuesta moral rígida e inquebrantable que evitaban el desarrollo de un nuevo estilo en la pintura que dejará atrás los corsés académicos.

Volvamos a nuestro grupo. Sus ideales se podían resumir en cinco puntos esenciales:

  1. Expresar ideas auténticas (¿Quién sabe qué es
    ese concepto?).
  2. Estudiar minuciosamente la Naturaleza y de ahí
    discernir el cómo expresar la idea.
  3. Simpatizar con lo inmediato y qué se siente
    en el corazón, dejando a un lado lo convencional, lo
    autocomplaciente y aquello que se ha aprendido de
    memoria.
  4. Realizar obras buenas tanto en pintura como
    escultura (¿Qué es una obra buena?).
  5. La paleta se aclara con colores más vivos abandonando
    la patina de betún tan característica en las
    obras anteriores.

La denominación «prerrafaelita» fue un término acuñado por ellos mismos (tenían otro que hubiera supuesto más controversia «protocristiano»).

Estos principios no eran verdades innegables, es decir, que no tenían un carácter dogmático pues precisamente ellos lo que propugnaban era la libertad personal a la hora de escoger el tema y la técnica empleada. La fascinación por la Edad Media.

Fuente inspiración

La fuente de inspiración en la que basan sus creaciones este joven grupo radica en el arte de los primitivos italianos, los anteriores a los grandes maestros del Renacimiento. Se interesaron por obras de Fra Angelico, de Duccio di Buoninsegna o del flamenco Jan van Eyck con una gran integridad espiritual y creativa que se perdió en los años posteriores. Haciendo hincapié en ese énfasis por lo medieval se alejaban de uno de los valores que propugnaban que era la observación de la naturaleza. En un primer momento, los prerrafaelistas creyeron que el medievalismo y el realismo eran incompatibles. Años después salieron de ese error mediante 89 una escisión. Por un lado, estaba la corriente realista (Hunt y Millais), mientras que el medievalismo fue de la mano de Rossetti y los seguidores de Edward Burne- Jones (1833 – 1898) y William Morris (1834 – 1896).

Las obras de los grandes maestros anteriores son la influencia directa de este grupo. Se centraban en grabados publicados en 1828 por Carlo Lasinio que recogía frescos de Benozzo Gozzoli (h. 1421 – 1497) del Camposanto de Pisa. Estos trabajos representaban para estos pintores todo lo que del arte se debía de admirar, aún a falta de perspectiva, pero con minuciosidad en los detalles.


Buscando el ideal de la pintura del Quattrocento y con la idea de potenciar el colorido brillante en sus obras, tanto Hunt como Millais desarrollaron una técnica pictórica consistente en aplicar sobre el dibujo trazado previo en el lienzo, una fi na capa de pigmento blanco, dejando visible el dibujo. Sobre esta capa húmeda se aplicaba pintura, mediante pinceles pequeños. Con esta técnica se conseguía que los colores de los cuadros resultaran brillantes y llenos de luminosidad. Esta era una reacción a lo que se venía haciendo en los años anteriores que no era otra cosa que un uso abusivo del
betún confiriendo a la obra zonas oscuras produciendo un efecto indeseado para los prerrafaelistas.

A parte de este uso peculiar en la técnica, los pintores buscan una plasmación más cercana a la realidad, a una reproducción exacta de la naturaleza, pero con una gran libertad en su ejecución. Introduciendo en los cuadros referencias eruditas tanto religiosas como literarias. Para ello pintaban directamente al natural, intentando captar el detalle, lo auténtico. Pintar al aire libre significaba rehusar la utilización de la memoria, liberando así a la mente de esquemas preestablecidos que encorsetaban el libre discurrir del pincel.

En esta plasmación de la Naturaleza, los pintores tenían que echar mano a las teorías sobre el color distinguiendo entre los colores «absolutos» aquellos que poseen los propios objetos vistos de forma aislada y los colores «aparentes» (aquellos que se regulan entre ellos al ser vistos en su conjunto).

Primera exposición

No fue hasta el año siguiente, 1849 cuando los prerrafaelitas expusieron sus obras. Habían acordado que bajo sus firmas añadirían el acrónimo PRB (Pre-Raphaelite Brotherhood). Los primeros cuadros expuestos llegaron de la mano de Millais (Isabella), Hunt (Rienzi —realmente el título es Rienzi vowing to obtain justice for the death of his young brother, slain in a skirmish between the Colonna and the Orsini factions—) que se expusieron en la Royal Academy (por todos los medios de ocultar la existencia y, por lo tanto, pertenencia a la asociación). Mientras que La juventud de la Virgen María (también conocido como La infancia de la Virgen) de Rossetti estuvo expuesta en el Hyde Park Corner.

Los miembros de la Hermandad, espoleados por las buenas críticas, dan un paso más y deciden publicar una revista en la que recojan sus ideas. Se trata de The Germ: Troughts Towards Nature in Poetry, Literature and Art (El germen: Pensamientos sobre la naturaleza en poesía, literatura y arte) que nació con el objetivo de «enunciar las ideas de aquellos que apoyan una estricta adhesión a la sencillez de la Naturaleza tanto en entraron otros miembros como Charles Alsston Colins (1828 – 1873), Walter Howell Deverell (1827 – 1854) o Arthur Hugues (1832 – 1915) pero el grupo comenzó a deshacerse, pero no perdiendo la influencia.

A partir de 1852 la pintura prerrafaelita va a recoger temas contemporáneos sociales. Pero los temas literarios son los que van a proporcionar un verdadero reconocimiento.

Hallan inspiración en obras teatrales de William Shakespeare (Millais con su obra de Ofelia, 1851 – 1852); de los poemas góticos de John Keats (con obras como Isabella —también de Millais— y La víspera de santa Inés —obra de William Holman Hunt—); o la poesía de Alfred Tennyson (obra señera de John Waterhouse, La dama de Shalott). Frente a la gran pintura de historia de sus contemporáneos ellos prefi eren la poesía de lo íntimo, con sencillez en los decorados algo más propio el arte como en la Poesía». Publicaron poemas de los hermanos Rossetti, de Woolner y Collinson junto con ensayos de arte y literatura de simpatizantes de la causa como Coventry Patmore. La revista no tuvo mucho éxito y tuvo una corta vida. Pero dentro del movimiento la «sección» poesía tuvo un muy buen reconocimiento.

Un cuadro de Millais, Cristo en casa de sus padres, fue considerado por varios críticos como blasfemo. Entre ellos destaca Charles Dickens que atacó la obra por su medievalismo retrógrado, por la perspectiva fallida que consideraban como un atentado a los principios básicos del arte y fue tildado de antiestético por el exceso de detallismos resultando ofensivo a la vista.

A pesar de las críticas no solo de esta obra, los prerrafaelitas recibieron el apoyo del crítico John Ruskin que alababa esa dedicación a la contemplación de la naturaleza y, sobre todo, por su rechazo a la estructura compositiva convencional. Ruskin se convirtió en un pequeño mecenas ya que no solo apoyaba con sus críticas sino también económicamente.

Ante estas controversias, James Collinson aprovechó para abandonar la Hermandad. En su sustitución de los primitivos italianos. Estas obras recogen la concepción del arte que invocaban los prerrafaelitas: escenas de Naturaleza y pintadas al natural in situ, colores tornasolados, ejecución minuciosa en los detalles de la ropa y decoración paisajista, símbolos complejos, utilización de temas literarios y una ruptura de los cánones clásicos. Ofelia es un verdadero icono de la pintura de este momento, divulgada hasta la saciedad.

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