La cocina de los libros-Luciladas

Luciladas por Noemí Valiente Sánchez

«La cocina de los libros» de Noemí Valiente nos presenta una novela publicada bajo el sello “Atticus”, Varios Disparates y un Capricho, de Clara Martín Muñoz. Una novela que da origen a una nueva palabra en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Una historia para leer y releer; para vivirla.

Solicitud de nueva palabra en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española

Esta misma mañana he enviado un correo electrónico a los señores de la RAE en el que los sugería, con una líquida vehemencia, que la palabra “lucilada” quedase aceptada e incluida en el diccionario.

Además, siguiendo con mi atrevimiento, y por si había algún despistado, yo misma les indicaba cuál debía ser la descripción, así como todo el texto que deberían incluir en el diccionario académico: Lucilada; en palabra u obra: interpretar hechos o actuar fuera de convenciones sociales o patrones preestablecidos. Se sigue una lógica propia, no siempre racional ni “políticamente correcta”, basada en percepciones que van más allá de los cinco sentidos. Las luciladas están dirigidas por un inconsciente poderoso. Se sustentan en un rico y complejo mundo interior que no se comparte con apenas nadie, por lo que no se ha constituido aún en conciencia colectiva.

Sinónimos: no existen, por la propia definición de palabra.
(No confundir con la palabra “excentricidad” ni con ningún sinónimo de ésta).
Antónimos: aburrimiento, monotonía, incolora cotidianidad.

La palabra lucilada tiene su origen en la novela Varios Disparates y un Capricho de Clara Martín Muñoz publicada por Revista Atticus y su raíz deriva del nombre de su protagonista y narradora, Lucila Camfora, cuya fuerza aguijonea a todo el que lee esta obra.

He hecho llegar un ejemplar de esta novela a cada uno de los académicos de la Real Academia de la Lengua Española. No sería fácil que leyesen, así como así, una primera obra publicada al margen de un gran grupo editorial. Pero sé que cuando todos sus asientos con letra grabada en oro, estén invadidos por esa capa azul que aparece en la portada, alguno de ellos decidirá comenzar a leer. A partir de ese momento, todos quedarán atrapados por Lucila Camfora. Por tanto, asumo que, desde la próxima semana, la palabra habrá quedado ya aceptada y podrá ser usada en público sin sonrojos.

Lucilada se usa con minúscula y eso contribuye a su grandeza. Caleidoscopio de poesía. Escalera de literatura Hay clasificaciones que dividen a la literatura en policíaca, de fantasía, de sentimientos o de reflexión. También de miedo, bélica o de aventuras. Hay ensayos sobre arte y sobre la relación del hombre con el mundo animal.

Podríamos decir que Varios Disparates y un Capricho es todo esto. En realidad, es mucho más. Pero lo único que podemos aseverar sin titubeos es que estamos hablando de LITERATURA. No se puede contener una obra literaria de esta calidad entre las paredes de clasificaciones. Alberga dentro una capa mágica; encontraría el modo de escapar.

Esa capa mágica espera al lector que se haya dejado atrapar por sus páginas. Una capa que da a ese lector la potestad de leer la obra “como le dé la gana”. Varios disparates y un capricho es una novela caleidoscopio. Un caleidoscopio que, entre estallidos de color, borra las fronteras de prosa y poesía. Caleidoscopio donde se entremezclan crímenes, pistas que ponen a prueba al detective más avispado, pero también reflexiones, símbolos y personajes inolvidables.

En ese caleidoscopio de destellos poéticos, en esos giros de tramas y reflexiones, los lectores podríamos tener la sensación de que se nos está escapando algo. Es una sensación verdadera; pero no importa, porque esta magnífica obra está concebida para que se vuelva a ella y para que en cada retorno se logre un disfrute cada vez mayor. Un caleidoscopio con destellos que nunca nos cansaremos de mirar.

Además, no importa que haya cosas que se nos escapen, porque Varios Disparates y un Capricho se puede leer más deprisa, más despacio. Podemos fijarnos en los detalles o dejarlos pasar por alto. Una vez que nos ponemos su capa, podemos leerla “como nos dé la gana”. Porque la vamos a disfrutar de igual modo. Esta obra es también una “escalera de literatura”. Se trata de libros tan valiosos que tienen la capacidad de elevar nuestra capacidad lectora. La “escalera de literatura o cultura” es un concepto que ya he usado más veces en esta sección de «La cocina de los libros». Pero la repetiré en honor de los nuevos adscritos a nuestra querida revista. “Escalera de literatura” es un concepto que sintetiza la idea de que cuando un niño aprende a leer no puede leer a Joyce o a Proust al día siguiente. Necesita un entrenamiento previo. Llamaremos a eso subir una escalera. En el primer peldaño están los álbumes ilustrados, después los libros de aventuras, tal vez los de fantasía. Se gana en complejidad hasta, en el mejor de los casos, llegar a ser un lector que entiende y disfruta a James Joyce, el paradigma de la complejidad literaria de toda Europa.

Varios Disparates y un Capricho constituye una escalera en sí misma. El primer disparate es el peldaño de iniciación. Durante la primera parte, las tramas son rápidas y las reflexiones ligeras. Se plantean los misterios y Lucila nos conduce con paso ágil. Además, en el primer disparate conocemos al Comisario Frank Andiem, mucho más que un personaje secundario y que consigue mantenerse a la altura de nuestra heroína.
En la segunda parte, las tramas se complican y se entrelazan mediante signos y guiños que nos exigen cierta atención. Hay muchos personajes e intrincadas relaciones entre ellos. ¡Pero qué hermoso juego nos ofrece esta segunda parte! ¡Qué estimulante y divertido! ¿Quién no disfrutaría si consigue superar los luci- retos, luci-juegos, luci-despistes? En esta segunda parte se incrementan las referencias literarias y nos encontramos a una Lucila más reflexiva que, a través de preguntas, nos invita a reflexionar para que podamos interpretar el mundo de nuevo. Leer esta novela es aprender a hacernos preguntas, a escribir nuestros propios cimientos. Lucila nos invita a desaprender lo que todos se empeñan en enseñarnos.

Avanzo en esta lectura y mi mundo crece, se sale de los límites de “lo lógico”, “lo sensato”, “lo que tiene explicación lógica”. Camfora me abrió el ojo de la intuición y me aguzó las orejas. Ahora creo en la magia, pero no como algo ajeno, si no como algo que puede estar a nuestro alcance. Si sabes mirar, si cierras los ojos y ves a través de la piel. Si escuchas desde tu centro de gravedad, junto al estómago. Si acaricias también con la mirada. Llámalo intuición, tercer ojo. Llámalo instinto animal. Son percepciones que exceden los sentidos. Se tratar de dejar crecer al inconsciente, creer en él, potenciarle. Abrazo este cambio, es una evolución vital.

No he hablado de arte, del arte que inspira esta obra y voy a confesar por qué. Los “Disparates”, los grabados de Francisco de Goya en los que se inspira esta historia, me dan miedo. Aún no me he atrevido a mirarlos en detalle. La primera página de cada capítulo la paso con los ojos cerrados.

Este relato de La cocina de los libros está publico en Revista Atticus 41.

Puedes leer el artículo completo en este enlace:

La cocina de los libros: Luciladas

Noemí Valiente Sánchez

Revista Atticus

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