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" /> Exposición Georgia O’Keeffe: la madre del modernismo norteamericano | Revista Atticus

Exposición Georgia O’Keeffe: la madre del modernismo norteamericano

Georgia O’Keeffe en el Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

2014.35 Georgia O’Keeffe Jimson Weed/White Flower No. 1, 1932 Oil on canvas 48 × 40 in. (121.9 × 101.6 cm) Framed: 53 in. × 44 3/4 in. × 2 1/2 in.

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza acogerá hasta el próximo 8 de agosto de 2021 una exposición sobre la artista norteamericana Georgia O’Keeffe. Se trata de la primera retrospectiva que se realiza en España. O’Keeffe es una de las máximas exponentes del arte norteamericano del siglo XX. La colección del propio museo dispone de un buen número de obras que el barón adquirió en sus viajes y que aporta mucha luz sobre el arte norteamericano del siglo XX. La nómina de artistas es muy numerosa, pero destacan cuadros de Edward Hopper, John Singer Sargent, James McNeil William Whistler, Richard Estes o la propia Georgia O’Keeffe. Fue el barón Han Heinrich Thyssen el que introdujo las obras de la artista en Europa ya que la consideraba la mejor artista norteamericana del siglo XX. No es de extrañar, por lo tanto, que el Museo Thyssen albergue cinco obras de O’Keeffe y que ese haya podido ser uno de los motivos para organizar la exposición. A las cuestiones inherentes a la organización y montaje de una exposición de este tipo en la que hay una previa planificación y unos arduos trabajos de gestión ha habido que añadir los derivados de la maldita pandemia. El virus ha estado a punto de que la obra de la artista americana no aterrizara en nuestras tierras. En palabras del director gerente del museo Evelio Acevedo: «llevábamos muchos años queriendo hacer esta retrospectiva y desde el 2000 estaba en nuestra lista de deseos. La pandemia hizo que hubiera mucha incertidumbre para sacarla adelante y es casi un milagro haberla hecho». La apertura estaba prevista para el pasado mes de marzo y no fue hasta el 20 de abril cuando se inauguró. La muestra se mantendrá en las salas del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza hasta el 8 de agosto de 2021.

¿Qué es una retrospectiva? Una retrospectiva es aquella exposición que muestra la obras de un artista o escuela de las épocas anteriores. Hay que recordar y reconocer el mérito (una vez más) de la Fundación Juan March que en el año 2002 organizó una extensa muestra de Georgia O’Keeffe en donde reunió treinta y cuatro óleos realizados entre 1919 y 1972 aglutinados bajo el tema de la naturaleza en tres apartados: Paisajes, Flores y Hojas y Abstracciones. Por lo tanto, no se trata de la «primera» pero si de una magna (grande, que supera lo común) exposición en la que la institución madrileña ha conseguido reunir cerca de noventas obras. Por lo tanto, es mucho más completa que la que organizó la Tate Modern de Londres allá por el 2016.

Esta exposición ha sido posible gracias al apoyo y colaboración de más de treinta y cinco museos y colecciones internacionales de procedencia, principalmente norteamericana, entre los que sobresale el Georgia O’Keeffe Museum de Santa Fe, por su generoso préstamo y su apoyo incondicional.

Tras su paso por Madrid, la muestra viajará al Centre Pompidou de París y, posteriormente, a la Fondation Beyeler de Basilea. Cuenta además con el patrocinio de la Terra Foundation for American Art y de JTI.

Georgia O’Keeffe. Black Mesa Landscape, New Mexico / Out Back of Marie’s II, 1930. Oil on canvas, 24 1/4 x 36 1/4 inches. Georgia O’Keeffe Museum. Gift of The Burnett Foundation. © Georgia O’Keeffe Museum. [1997.6.15]

Gergia O’Keeffe, la artista

La madre del modernismo norteamericano. Con este sobrenombre se le conoce a la artista norteamericana Georgia O’Keeffe (Sun Prairie –Wisconsin-, 15 de noviembre de 1887 – Santa Fe –Nuevo México-, 6 de marzo de 1986). Es conocida fundamentalmente por sus pinturas de flores, rascacielos, sobre todo de Nueva York, y de los paisajes de Nuevo México. Y es una de las pocas mujeres artistas asociadas a las corrientes artísticas de vanguardia de la primera mitad del siglo XX en los Estados Unidos.

O’Keefe fue una mujer artista de singular personalidad y de fuerte carácter que se convirtió en una de las principales figuras del arte estadounidense creando unas obras intimas estrechamente ligadas a la naturaleza.

Comenzó a pintar desde muy joven ganando una beca que le permitió avanzar en sus estudios. Pero en 1908 se dio cuenta de que la bancarrota de su padre le iba a impedir dedicarse a la pintura profesional y optó por algo más comercial. A partir de ahí alterna esta dedicación con la de ser profesora de arte en un instituto. En los siguientes años se siguió formando y en 1916 expone por primera vez en Nueva York, en la galería 191, que era propiedad del fotógrafo Alfred Stieglitz (quien posteriormente, en 1924, se convertiría en su marido y promotor de su obra). Veinticinco años mayor que ella, Stieglitz proporcionó a la artista una gran estabilidad. En 1918 se trasladaron a Nueva York, alternando los veranos en Lake George y Nuevo México. Allí permanecerían hasta 1949. Se le empieza a conocer por sus pinturas y acuarelas con motivos florales, creando imágenes simplificadas (que pronto se convertirán en icónicas) de cosas naturales tales como hojas, flores y rocas muchas veces realizadas a gran tamaño o primerísimos planos. También experimento con motivos recurrentes como los graneros, las cruces religiosas o los paisajes en general.

Si hubo una clara influencia en la obra de la norteamericana esta la podemos encontrar en la lectura del libro de Kandinsky De lo espiritual en el arte. Las ideas que apuntaba allí el pintor ruso sobre la forma y el color marcaron una influencia definitiva en la pintura de O’Keeffe, quien encuentra en su entorno, en los paisajes, en las flores, en los objetos cercanos la forma de expresar su experiencia personal.

Su relación con Alfred Stieglitz resultó ser algo tormentosa, un quebradero de cabeza que influyó en la realización de sus obras. Años después, con más de sesenta años, comienza sus viajes por Europa y por todo el mundo mostrándose como una incansable viajera. O’Keeffe desembarcó en El Havre en mayo de 1953, cruzando Bretaña para llegar hasta París. Junto con su compañera de aventuras, la escultora Mary Callery quien había residido en la capital francesa durante el periodo de entreguerras y era amiga y mecenas de artistas como Picasso, Matisse o Léger. Callery actúo de anfitriona y desde allí se desplazaron hasta nuestro país cuando contaba con sesenta y seis años. Entraron por el País Vasco llegando hasta el Museo del Prado lugar emblemático por su significación en la carrera de la artista e inolvidable para este primer viaje al continente europeo.

La experiencia de cruzar el Atlántico cambió su rutina para siempre y se aficionó a los viajes llegando a visitar los cinco continentes.

En los años setenta tiene que abandonar su dedicación a la pintura por un problema ocular, centrándose en la escultura y en la cerámica. En 1984 se mudó a Santa Fe donde fallecía dos años más tarde, el 6 de marzo de 1986. Murió a la edad de noventa y ocho años. Dejó una obra de una gran riqueza tanto en lo formal como en lo simbólico gracia a su fértil imaginación y su técnica magistral. Obras caracterizadas por un uso innovador del color y las formas. Sus obras muestran capacidad de abstracción y una gran habilidad en sus composiciones gracias, en gran parte, por ese contacto con la tierra y su particular forma de ver la naturaleza.

Georgia O’Keeffe, la exposición

La muestra sobre la obra y vida de O’Keeffe nos adentran en la faceta viajera. La artista se acercaba hasta sus lugares de culto, a esos espacios abiertos que formaron parte de su rutina creativa. Ella misma decía que caminaba para después pintar. Además de observadora, recogía multitud de objetos que luego le podían inspirar o convertir en protagonistas de sus cuadros. Hojas, flores secas, conchas, trozos de madera o huesos de animales. Todo le valía como si fuera un souvenir de sus paseos.

Cabeza de carnero, malva real blanca. Colinas (Cabeza de carnero y malva real blanca, Nuevo México) / Ram’s Head, White Hollyhock-Hills (Ram’s Head and White Hollyhock, New Mexico), 1935 Óleo sobre lienzo / Oil on canvas. 76,2 x 91,4 cm Brooklyn Museum, legado de Edith y Milton Lowenthal / Brooklyn Museum, Bequest of Edith and Milton Lowenthal
© Georgia O’Keeffe Museum

«Sin entender a Cézanne es imposible aprehender, por vagamente que sea,

gran parte de lo que sucede en el mundo actual del arte».

Alfred Stieglitz

La exposición está dividida en una serie de apartados que responden a un criterio cronológico.

1. Obra temprana

El recorrido por las salas comienza con una selección de las obras con las que Georgia O’Keeffe sorprendió a la élite cultural y artística de Nueva York en el año 1916, cuando se mostraron por primera vez en la galería 291.

Obras que realizó mientras alternaba con sus clases como profesora en Carolina del Sur y Texas. En esta etapa sus creaciones deslumbran por la modernidad y la originalidad de las mismas.

También destaca por su dominio de la técnica con la acuarela. Muestra un gran interés por la naturaleza y por el intenso colorido. Se suman algunos desnudos que parecen dialogar con sus paisajes.

2. Abstracciones

En el siguiente apartado se muestran las obras que realizó a partir de 1918 cuando, tras abandonar su puesto como profesora de Texas, se instala en Nueva York para dedicarse por completo al mundo de la pintura.

Son abstracciones orgánicas en las que investiga las relaciones entre el color y la forma que catapultaron a la artista a ser considerada como una pionera en la abstracción pictórica. En este apartado podemos encontrarnos con sus primeras abstracciones florales. Obras que cuando se expusieron en Nueva York provocaron lecturas psicoanalíticas por parte de determinados críticos que suscitaron debates sobre la importancia del género de la artista a la hora de realizar su trabajo. Georgia llegó a manifestar que «la abstracción era, a menudo, la forma más definida de eso intangible que hay dentro de mí y que solo puedo esclarecer mediante la pintura».

Georgia O’Keeffe (American, 1887-1986) Black Door with Red 1954 Oil on canvas Bequest of Walter P. Chrysler, Jr. Copyright: © The Georgia O’Keeffe Museum/ Artists Rights Society (ARS), New York 89.63

3. Nueva York / Lago George

Desde finales de la década de 1910, O’Keeffe dividió su tiempo entre la ciudad y el campo. Un contraste, entre los inviernos y las primaveras en Nueva York y los veranos y otoños en Lake George, que se refleja en su pintura. Es en este momento cuando realiza unas sencillas representaciones arquitectónicas de viejas edificaciones. Son edificios que el paso del tiempo había deteriorado. Los tonos apagados y las formas robustas proporcionan a la pintura un aspecto atemporal. Estos motivos de los graneros hay que situarlos entre las poderosas resonancias que O’Keeffe tenía en buena parte debido al haber nacido y crecido en una granja en Wisconsin, de la que guardaba unos muy buenos recuerdos.

Nueva York de los míticos años 20 empieza a convertirse en su tema principal. No abandona su representación de la naturaleza. La naturaleza forma parte de la ciudad, de esos reconocibles rascacielos.

En contraste con esos graneros alargados y bajos que podemos ver en este mismo apartado de Lake George, nos encontramos con las imágenes de los rascacielos de Manhattan, pintados en esa misma época, que se elevan verticalmente en una elegante celebración de la modernidad urbana de los recién estrenados años 20.

4. Flores y mundo natural

Las célebres pinturas de flores son las protagonistas de este apartado. Fue un tema recurrente a Partir de la década de los años 20. Lirios, amapolas, estramonios o aros comparten espacio con otros objetos naturales, como hojas o conchas, que la artista recolectaba durante sus paseos para después trasladarlos al lienzo.

En estas pinturas su interés radica, a veces, en abstraerse progresivamente de la forma natural, mientras que, en otras ocasiones, el enfoque nítido y el recorte cercano parecen recordar una ampliación fotográfica. Con estas atrevidas composiciones, con las que pretendía que los ajetreados habitantes de la ciudad se pararan a mirar los pequeños detalles, O’Keeffe se convirtió en una de las pintoras estadounidenses más aclamadas por crítica y público.

En este apartado podemos contemplar la obra Flor blanca (1932) que fue subastada en 2014 en Sotheby’s y se convirtió en la obra más cotizada de una mujer artista.

Curiosamente el motivo por el que parece que se dedicó O’Keeffe a pintar las flores a gran tamaño a partir de los años 20 fue al ver los edificios que se levantaban hacia el cielo en Nueva York. En aquella época al contemplar un bodegón de Fantin-Latour con sus flores pequeñas, se percató de que, si ella las iba a pintar igual de pequeñas, nadie se iba a fijar, porque ella era una desconocida. Así que decidió pintarlas como inmensos edificios buscando la sorpresa y que la gente reparara en ellas, y por lo tanto en su pintura.

5. Primeras visitas a Nuevo México

La visita a Nuevo México que O`Keeffe realizó en 1929 fue una experiencia que le cambió la vida para siempre. El paisaje, los vestigios de la cultura indígena nativa americana marcaron un nuevo rumbo en el arte.

La espectacular orografía del lugar, la arquitectura vernácula, las cruces perdidas en la naturaleza, o los huesos de animales muertos que encontraba en sus caminatas, poblaron sus pinturas durante los años siguientes. Estas obras suponen el regreso a un paisaje que recuerda su experiencia temprana en Texas y coinciden con un interés creciente por la América rural por parte de la vanguardia artística, que buscaba una visión propia alejada de los cánones europeos.

Pueblo de Taos, 1929/1934 (Taos Pueblo)
Óleo sobre lienzo / Oil on canvas. 61 x 101,6 cm Eiteljorg Museum of American Indians and Western Art, Indianápolis, Indiana, EE.UU. Eiteljorg Museum of American Indians and Western Art, Indianapolis, Indiana, USA
© Georgia O’Keeffe Museum
Image courtesy of the Eiteljorg Museum of American Indians and Western Art, Indianapolis, Indiana, U.S.A.

6. Explorando Nuevo México

Durante las siguientes dos décadas, la artista pasó la mayoría de los veranos en Nuevo México. El paisaje que rodeaba su casa de adobe en Ghost Ranch, una zona en pleno desierto que había descubierto en 1934, se convirtió en protagonista de muchas de sus obras, junto a otros dos enclaves que fueron también con frecuencia objetivo de sus pinceles: el que llamaba ‘White Place’ y otro más alejado, dentro de la nación Navajo, que denominaba ‘Black Place’ y que fue objeto de representaciones especialmente abstractas.

Es en Nuevo México donde se debía de los temas de flores voluptuosas y sugestivas para pasar a pintar paisajes áridos con los montes al fondo, lejanos.

En estos años emprendió también una serie de pinturas de huesos de pelvis, retomando así un tema que le había fascinado desde su primer verano en Nuevo México. A pesar del carácter metafísico de muchas de estas obras, ella siempre negó que tuvieran relación con el surrealismo.

O’Keeffe se sintió atraída por las lejanas altiplanicies y las montañas de Nuevo México. Pero no era un tema fácil de representar. Más que la representación en sí, aquello de la mímesis, de lo que no estaba orgullosa en sus primeras representaciones era de que sus obras primeras obras en Nuevo México no transmitían esa sensación que producía esa gran extensión de las vistas lejanas del desierto que equilibrara la transición fluida de lo cercano a lo lejano.

7. Viajes por el mundo

Una selección de obras de su etapa final se muestra en el siguiente apartado. Podemos encontrar una serie que se dedicó a pintar en el patio de la hacienda que compró en el pequeño pueblo de Abiquiú, en 1945.

Por otro lado, y en contraposición, se muestran algunos lienzos relacionados con los múltiples viajes que realizó en el último tercio de su vida.

Es en este momento cuando viajo a España en 1953. Por primera vez a abandona el continente con sesenta y seis años. Pero a partir de ese momento no dejará de viajar por los cinco continentes. En sus obras se nota una nueva inspiración con los motivos que veía a través de la ventana de un avión. Como son, por ejemplo, los serpenteantes ríos que atraviesan las llanuras. Esa altitud le hizo cambiar la perspectiva al contemplar la tierra a vista de pájaro entroncando con sus obras de abstracción temprana.

8. El taller

Al regresar de sus viajes y paseos, Georgia O’Keeffe entraba en su estudio, un lugar en el que le gustaba trabajar en soledad. Allí, alejada de otras miradas, continuaba un cuidado y meticuloso proceso creativo que se desvela gracias a la investigación de la técnica de los cinco lienzos de las colecciones Thyssen-Bornemisza.

Los resultados del equipo multidisciplinar, formado por restauradores, conservadores y químicos tanto del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza como del Georgia O’Keeffe Museum, se exponen en la última sala de la muestra junto a algunos de los objetos que se conservan de su taller, prestados para la ocasión. Este espacio final permite descubrir a una artista metódica, rigurosa, reservada, fascinada por el color y por las texturas, y preocupada por la conservación de sus cuadros y por garantizar que la intención primigenia de sus obras se mantuviera intacta para el futuro.

Mas información:

Musseo Thyssen-Bornemisza

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

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