Crítica película Noticias del gran mundo de Paul Greengrass

Crítica película Noticias del gran mundo (News of the World)

Ficha

Noticias del gran mundo (News of the World)

Año: 2020.

Duración: 118 min.

País: EE.UU.

Dirección: Paul Greengrass.

Guion: Luke Davies, Paul Greengrass (sobre una novela de Paulette Jiles).

Fotografía: Dariusz Wolski.

Música: James Newton Howard

Reparto: Tom Hanks, Helena Zengel, Neil Sandilands, Elizabeth Marvel, Ray McKinnon, Mare Winningham, Chukwudi Iwuji, Thomas Francis Murphy, Michael Angelo Covino, Fred Hechinger, Annacheska Brown, Christopher Hagen, Michelle Campbell, Stafford Douglas, Stephanie Hill, Clint Obenchain, Winsome Brown, J. Nathan Simmons, Cynthia Casaus, Francheska Bardacke, William Sterchi, David Hight, Brenden Wedner, Randy Ritsema, Bob Knowlton, Cheo Tapia

Productora: Playtone, Pretty Pictures, Universal Pictures, Perfec World Pictures Co (Distribuidora: Universal Pictures, Netflix).

Género: Oeste.

Sinopsis

En 1870, cinco años después del fin de la Guerra Civil, el excapitán Kyle Kidd (Tom Hanks), es un lector ambulante, que viaja de poblado en poblado de Texas, leyendo las noticias de los periódicos a colonos muy “ocupados” en sus trabajos y sin tiempo para leer (en realidad, analfabetos en su mayoría) por diez centavos. Es su forma de vida. Antes de la guerra fue propietario de un periódico en San Antonio. Pero esa es otra historia. En uno de los viajes entre poblachón y poblachón, Kidd se encuentra con Johanna (Helena Zengel), una niña de unos diez años, rubia, extraviada, huidiza, que solo habla la lengua de los kiowas y que ha sido educada según sus costumbres. A su acompañante (negro), le han linchado, colgándole un cartel que dice que “Texas es solo para los blancos”. Johanna fue raptada cuando tenía seis por los indios kiowa, y su familia fue asesinada. La niña rescatada iba a ser devuelta al poblado donde viven unos familiares suyos de origen alemán, en Castroville. El lector ambulante, Kidd, ante la pasividad del ejército ocupante yanqui, acepta entregar (por su cuenta) a la niña a sus parientes más cercanos. En el viaje, ambos no solo recorrerán muchas millas a través de un territorio poco explorado, sino que tendrán que enfrentarse a los peligros de hombres que solo conocen la ley de sus armas y de su poder. En tantos días, y compartiendo tantos peligros, entre Kyle Kidd y Johanna irá surgiendo el afecto que da el mutuo conocimiento, las experiencias comunes y los sufrimientos compartidos.

Crítica

Vaya por delante que es un western que me ha gustado. Que espero siempre, con ilusión, que se sigan rodando westerns y que sean buenos, para renovar las experiencias que asocio a mi afición a este género y que forman parte de mi iniciación en el cine y en la vida.

Vaya por delante, también, que esta película se ha realizado para un público como yo. No para mí (of course), pero sí para ese tipo de público (de ciudadano) del que creo formar parte.

Toda obra de arte está hecha desde el presente, aunque hable del pasado. Esta no iba a ser una excepción. Paul Greengrass, el director, y Luke Davis, el coguionista (y supongo que la novela original), así lo hacen. Hacen una relectura de ese pasado desde el presente y desde la defensa, en este presente, de unos principios y no de otros. Para ser claros, la defensa y vindicación de lo que puede ser la opción democrática que lucha contra el nacionalpopulismo, y que se enfrenta en Estados Unidos a lo que representa el “trumpismo”. Sí, todo eso está ahí: no es casual el linchamiento de un negro y el cartel que le cuelgan, el respeto a unos indios, los kiowas, que estaban siendo exterminados (entre episodios de matanzas mutuas), o que el protagonista esté o estuviera casado con alguien llamada María Luisa Betancourt (mexicana y católica). Es la pugna entre la “América” o Texas solo blanca contra indios nativos, mexicanos y negros, frente a otros Estados Unidos posibles que entonces solo estaban en potencia.

Pero, cuidado, esto es un western. Y un western realizado para un público amplio. A los productores no se les ha ido la cabeza. Es cierto que optan por una política y por un público, pero también quieren hacer una buena película del Oeste, con una historia que emocione, que cierre un círculo virtuoso para que salgamos del cine (en este caso) con un mensaje de esperanza tras la lucha. Paul Greengrass (El mito de Bourne o United 93) no es un director que me entusiasme precisamente, pero aquí ese ritmo frenético de sus películas de acción, se ralentiza y se centra en los detalles (solventando con su oficio característico las escenas de violencia).

Si aceptamos las referencias que leemos en otras críticas, veremos que el tema y el «héroe» nos retrotraen a John Ford: a Centauros del desierto (The Searchers), 1956, Dos cabalgan juntos (Two Rode Togheder), 1961, y hasta al El hombre que mató a Liberty Valance (The Man who Shot Liberty Valance), 1962. El tema es el rapto de niños por parte de los indios y su difícil reincorporación a la sociedad (la blanca) en la que nacieron.

Ahora bien, el tipo de héroe no es el mismo. Los personajes de Ford, tiene en muchas ocasiones pasados oscuros, móviles, a veces, de dudosa moralidad, reacciones poco altruistas en otros casos… Son personajes complejos y, a veces, poco simpáticos. El Tom Hanks de News of the world… no tiene dobleces. Es un lector de gacetillas, de pliegos de cordel que diríamos en nuestro entorno. Tiene un pasado de dolor, pero no arrastra nada dudoso sobre sus acciones en el pasado (salvo el cumplimiento del deber durante la guerra civil). Tampoco, stricto sensu, es un héroe, ni siquiera un antiguo héroe que vuelva de su propio pasado como William Munny en Sin perdón (Unforgiven) de Clint Eastwood. No, no es un pistolero (a pesar de haber sido capitán del ejército confederado), sino más bien un tipo normal, con conocimiento obvio de las armas, al que le tienen que ayudar, en las acciones de violencia irremediable, una niña y un chaval… Es un perdedor, un doble perdedor: de un guerra y de una posquerra, pero siempre decente y sin ánimo de venganza. Por otra parte Tom Hanks está «tomhanks», si puede inventarse este adjetivo. Impecable. Fiel a su creación de sí mismo. Confiable desde el primer momento hasta el último. Es algo que, en mi opinión, le resta credibilidad al personaje. A Helena Zengler la conocimos en Sytem Crasher (Systemsprenger), 2019, y da una réplica perfecta a Tom Hanks. Su personaje se puede permitir ser algo salvaje e incorrecto. La volveremos a ver en el futuro en más películas.

Un western, por otra parte, y como no puede ser de otra manera, naturalista: con una gran fotografía del paisaje, con tomas panorámicas y alguna toma aérea para hacernos sentir pequeños en esa inmensidad casi deshabitada.  El director ha optado por la luz «natural» en los interiores y en la noche, consiguiendo ese sabor nocturno a la luz de quinqués, gracias a un gran trabajo del fotógrafo Dariusz Wolski. Solo un tornado o tormenta “digital” rompe esta pureza. La ambientación, el vestuario, se acerca a la real de los pobladores europeos de mediados del siglo XIX, siguiendo una opción naturalista y nada mítica (la de los clásicos) o crepuscular (influenciada por el spaghetti-western).

A pesar de todo esto, es una película respetuosa con una tradición como es la del cine del Oeste. El mismo antihéroe, el excapitán Kidd, tendrá, al menos, dos episodios de enfrentamientos revolver en mano, rodados con pericia y ritmo. Si el primer episodio está asociado a excombatientes del Sur que compran niños, el segundo tiene especiales característica: Kidd y la niña entran en un condado donde la “ley” la impone con hierro y fuego un cacique no solo sanguinario, sino que impone su verdad a sus súbditos o seudoesclavos. Un cacique dedicado al negocio de matar y despellejar bisontes americanos. Kidd que (como hemos contado) vive de leer noticias de la prensa del país, se niega a leer en ese condado “sin ley” las “noticias” del propio cacique: es decir, sus mentiras. La lectura sobre unos mineros de Pensilvania muertos en un accidente desatará un conato de rebelión en ese matadero al aire libre. Los míseros matarifes de ese lugar no solo quieren conocer lo que ocurre más allá de su pequeño territorio, sino que disfrutan de la lectura en sí.

Un film que está rodado, que quede claro, para emocionar. El héroe que no lo es, herido por un sufrimiento que solo se desvela al final, y la niña, arrancada dos veces de su familia (la biológica y la segunda, la de los kiowas, también asesinada), comparten su soledad, la imposibilidad de retornar a un mundo que ya no reconocen como propio. Si la historia de Don Quijote y Sancho ha sido reinventada tantas veces, esta es una de ellas: en ese largo viaje (estamos ante un film viajero) el excapitán y la niña se van conociendo, salvando la distancia de no compartir una lengua común, o la diferencia de edad, a través de ese afecto que va surgiendo por los hechos compartidos. Si te emociona esta narrativa, esta historia (algo muy reiterado en el guion), lo demás viene dado. Cabe entender, por tanto, una larga cabalgada al final de la película, y la posibilidad de que un adulto y una niña puedan convivir en una semilla protectora, que germinará en un futuro donde haya respeto a las minorías, al medio ambiente, a la infancia…

A veces, esta película parece mecernos como un cuento. No digo que no.

(Por una semanas en algunos cine. Luego en una plataforma).

Os dejo un trailer:

Gonzalo Franco Blanco

Revista Atticus

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