65 SEMINCI – Crítica película There Is No Evil (El mal no existe) de Mohammad Rasoulof

Crítica película El mal no existe de Mohammad Rasoulof

Ficha

Título original: Sheytan vojud nadarad (There Is No Evil)

Año: 2020

Duración: 150 min.

País: Irán

Dirección: Mohammad Rasoulof

Guion: Mohammad Rasoulof

Música: Amir Molookpour

Fotografía: Ashkan Ashkani

Reparto: Ehsan Mirhosseini, Shaghayegh Shourian, Kaveh Ahangar, Alireza Zareparast, Salar Khamseh, Darya Moghbeli, Mahtab Servati, Mohammad Valizadegan, Mohammad Seddighimehr, Jila Shahi, Baran Rasoulof

Productora: Cosmopol-Film, Europe Media Nest, Filminiran

Género: Drama

Sinopsis

Cuatro historias sobre fortaleza moral y pena de muerte que cuestionan hasta qué punto la libertad individual puede expresarse en un régimen despótico.

Crítica

Mohammad Rasoulof nos presenta una película que en español lleva por título El mal no existe. Película que se presentó en la pasada Berlinale (en la competición oficial) y a la cual su director no pudo asistir porque se encontraba arrestado cumpliendo un año de prisión acusado de difundir propaganda en contra del gobierno iraní. Tampoco pudo ir a recoger el máximo galardón, Oso de Oro. Terrible marchamo para una película que denuncia una situación que se produce en el Irán actual.

La película trata el tema de la pena de muerte, pero desde el punto de vista de los verdugos que tienen que ejecutar esa pena. Está divida en cuatro episodios con ese nexo en común de cómo se enfrenta cada uno ante el cadalso.

Lo mejor de todo es ese primer capítulo que lleva por título «El mal». Este año los horarios de la SEMINCI son tan raros como el momento de la vida que vivimos. Cuando apenas uno ha terminado de comer, sale zumbando dejando la taza del cortado en la puerta de la cafetería para llegar a tiempo de ver comenzar esta película. Cuando estás tratando de asentarte, de adecuar la cabeza, zas el final del primer episodio te despabila echando de tu cuerpo ese duermevela que se te empezaba a instalar. Brutal. Fundido a negro que te deja con la boca abierta y enseguida arranca la segunda historia. Pero cómo puede tomarse ese café ese hombre, cómo puede tener esa vida de aparente normalidad. Esa es la cuestión que nos plantea: cómo una persona puede ocasionar daño a otra (hasta la muerte) y tener una vida plena. Si hasta nos muestran que es un hombre amante de los animales que no duda en echar mano a sus pequeños vecinos para salvar la vida de un gatito que había quedado atrapado en una máquina. Se nos muestra como un hombre muy sensible, comprensivo, y hasta da mechas en el pelo a su mujer (un poco maniqueo sí que es). Claro, hay quien eso no lo acepta y ese es el debate que se plantea en los siguientes episodios. Aquellos qué si que tienen el deber (ya que se encuentra en pleno servicio militar) ¿qué hacen ante esta disyuntiva?

El segundo episodio «Ellla dice: puedes hacerlo», muestra cómo hay personas que quieren delegar en una tercera ese cometido. Ah, mientras lo haga otro, está bien, pero si lo hago yo no. Es como comerse un bogavante. Si vamos al restaurante… pues ojos que no ven, corazón que no siente. Pero claro si soy yo el verdugo, como que ya no me gusta tanto el marisco.

El tercer episodio lo narra bajo el punto de vista de aquel que ha tenido que sufrir en sus carnes la toma de decisión con sus consecuencias. El premio es el permiso de tres días. Menudo caramelo. Y el último que lleva por título «Bésame». En este episodio el director se enreda un poco con la cosa cinegética perdiendo un poco la unidad del conjunto. Este capítulo sirve para aclarar que, además de los que han cometido un delito, los disidentes políticos pueden ser condenados a la pena de muerte (por cierto, el adulterio está entre esos delitos).

Por la temática la película se sitúa en «nuestra» magistral El verdugo (1963, Luis García Berlanga). También tienen en común que ambos directores tuvieron que sufrir lo suyo para burlar la censura. El director iraní ha rodado en parajes desolados para evitar a la autoridad.

Una película que cuestiona quien hace la implantación de las leyes y qué sentido tiene su cumplimiento cuando va en sentido contrario a tus propias convenciones. Una cuestión nada baladí, pero que no tiene el mismo significado allí donde impera el Estado de derecho que en aquellos países que no lo tienen. Las elecciones que tenemos que hacer en nuestra vida, muchas de ellas, son difíciles, pero mucho más lo son cuando te enfrentas a un régimen autoritario. En definitiva, su director está proponiendo una desobediencia civil. En ese aspecto merece y mucho ver la película que ha competido hoy en la 65 SEMINCI. Tiene más virtudes, como denuncia por su carácter político (un desafío a las autoridades de su país, Irán), que las cinematográficas. Un lamento: qué gran película hubiéramos disfrutado hoy, con esas dos horas y media, si el conjunto tuviera la contundencia de ese primer capítulo.  

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

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