65 SEMINCI – Crítica película The Disciple de Chaitanya Tamhane

Crítica película The Disciple de Chaitanya Tamhane por Carlos Ibañez

Ficha

Título original: The Disciple

Año: 2020

Duración: 127 min.

País: India

Dirección: Chaitanya Tamhane

Guion: Chaitanya Tamhane

Música: Aneesh Pradhan

Fotografía: Michal Sobocinski

Reparto: Aditya Modak, Arun Dravid, Sumitra Bhave, Deepika Bhide Bhagwat, Kiran Yadnyopavit, Abhishek Kale, Neela Khedkar, Makarand Mukund, Kristy Banerjee, Prasad Vanarse

Productora: Zoo Entertainment Pvt Ltd

Género: Drama | Música

Sinopsis

    Sharad Nerulkar ha dedicado su vida a convertirse en vocalista de música clásica india y estudia con diligencia las tradiciones y las disciplinas de los antiguos maestros, de su gurú y de su padre. Pero pasan los años y Sharad comienza a preguntarse si realmente es posible alcanzar la excelencia que añora. Un recorrido por la devoción, la pasión y la búsqueda de lo absoluto en la Bombay contemporánea.

Crítica

            Infumable, insoportable sarta de ragas de origen védico, hinduista y religioso que si hubiese visto Sananda Maitreya aún seguiría llamándose Terence Tren D’Arby por puro aburrimiento. Sin una historia que ligue o, siquiera, sirva como excusa, entre raga y raga, entre articulación vocal, armonio, tabla y sitar, tan presentes que habrían hecho arrepentirse a George Harrison o Brian Jones de haberlo importado a los sonidos del pop y del rock.

            No sabemos qué nos desea contar, pero sí que nos han hecho gastar dos horas y siete minutos de nuestras vidas con algo tan incoherente como la mayoría de las medidas contra la pandemia. Prescindible desde todas las ópticas del cine, hasta del documental sobre la música ascética del norte de la India. El subcontinente merece más respeto que esta cosa insulsa y más larga que una semana sin pan.

            Un aprendiz de músico, discípulo de un maestro, un gurú del canto, que desea convertirse en un gran cantante espiritual sin poseer, como deja claro en las escenas de masturbación, la mística que exige más allá de la voz, este camino. Nos pretende narrar su aprendizaje, auge y grandeza en cuatro momentos de su vida, tan desubicados como el montaje final de El Año Pasado en Marienbad.

            Anécdotas inconexas que nos van mostrando un paisaje incompleto de una vida sin sentido a la que súbitamente se la da una niña y una esposa que aparecen al final del metraje como si fuesen sendas apariciones mesiánicas en un tren intentando establecer un paralelismo al que nunca llega con otra escena en un ferrocarril años atrás del músico con su padre, una especie de Leopold Mozart de las ragas.

            Francamente… No, por ahí no, SEMINCI.

Carlos Ibañez

Revista Atticus

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