Teatro: Soy como un árbol… que crece donde lo plantan. Miguel Delibes

Soy como un árbol… que crece donde lo plantan. Compañía La Quimera de Plástico y Ballet Contempooráneo de Burgos

El 18 de septiembre en el Teatro Calderón de Valladolid, Revista Atticus pudo disfrutar del ensayo general Soy como un árbol, que crece donde lo plantan. Ahora llega el momento del muy esperado estreno nacional, que se realizará el próximo día 9 de octubre en el Teatro Ramos Carrión de Zamora.

En este año 2020 hace cien años que nació Miguel Delibes, sus cien años de soledad. Inés Boza crea y dirige un espectáculo en torno a su obra, fusionando teatro y danza contemporánea. Una coproducción de la compañía La Quimera de Plástico y el Ballet Contemporáneo de Burgos.

Es una maravilla como los personajes nos hacen un recorrido de nuestra tierra; su geografía y su historia, pero también nos describen los colores del cielo, del campo, del invierno o del verano, del paisaje que nos rodea, con esos juegos estivales.

Que ternura nos inspira ese abuelo fumando mientras está pensativo en el gallinero, esos atardeceres mientras vemos las cigüeñas. Vivencias de una familia cualquiera que dentro de su escasa educación son capaces de enseñar a sus hijos a leer, o dar consejos a su nieto.

Un espectáculo que nos deja pensativos, reflexiones de vida, de parejas que se enamoran, los mozos que conquistan o las mozas que se dejan conquistar, esos bailes en la plaza del pueblo, los refranes y también agresión, muerte, porque todo puede llegar como un juego… Pero todo en la vida evoluciona y llega el progreso, la televisión, el idioma, las nuevas amistades, y con un lavado de manos volvemos al recuerdo.

Una representación con mucha plasticidad, como hilo conductor la danza, pocas palabras y nos dicen todo, un espectáculo que merece la pena no perderse. Pocas veces se ven en el escenario intérpretes de tres generaciones, de 17 a 67 años, actores y bailarines formando una única familia escénica y creativa. Cuerpos que nos cuentan historias, danzas que nos transmiten susurros, y una interpretación con mucho sentimiento.

Tanto la extensa obra Miguel Delibes, su pensamiento, como su vida están prolijamente estudiadas y documentadas. Así que la directora, Inés Boza se sumerge en una relectura de su obra “de ficción” con una actitud lo más libre y honesta posible para encontrar su propia mirada, ajena a la notoriedad del escritor. La obra de Delibes configura un fresco de personajes singulares y diversos, un retrato lúcido y compasivo de la España que le tocó vivir. Un mundo, su mundo, que ya no es suyo ni es de nadie, pues vive en el imaginario personal de todas y cada una de las personas que un día lo leyeron.

Delibes, como Beckett, como García Márquez, ha creado un universo poético, a partir de unos personajes, paisajes y pasiones que ahora ya pertenecen a nuestro imaginario colectivo. Su Valladolid y su Castilla son una especie de “Macondo”, un lugar imaginario y universal, que vive en cada uno de nosotros.

Soy como un árbol, que crece donde lo plantan nos cuenta un mundo de compasión, lucidez y humor, lleno de pájaros, de gentes que miran al cielo y cuidan la tierra, de páramos inundados de vida, de miradas de niños y palabras de viejos. Un mundo que habla de sumisión y pobreza y también de poder y la libertad de la vida al aire libre; de mujeres oprimidas y dispares que respiran y cantan a pesar de los corsés impuestos; de hombres que aún subyugados aman. El paso del mundo rural al páramo de la ciudad. Un mundo de seres que se mueven entre la niebla y se dejan llevar por el viento o que viven en interiores a la luz de una bombilla.   Aprender a leer, cazar gorriones, liarse un cigarrillo, bailar con la muerte, ver las cigüeñas pasar, sentir el calor o el frío de los otros en espacios urbanos o al cobijo de los árboles. Canciones que curan penas, pájaros disecados, mesas de póquer, silbidos de viento,… todos conviven en sus páramos habitados. Sin perder detalle por esta delicada escenografía de Elisa Sanz y Regue Mateos.

Inés Boza nos dice: “Sin especificar una u otra obra, trabajamos para crear un mundo escénico, a partir del suyo, dejándonos conmover por lo que se nos hace esencial desde la singularidad de nuestra mirada. Una mirada que conecta su mundo cien años después con nuestra actualidad huérfana de naturaleza y de humanidad, en la que florecen la conciencia feminista y ecológica. Todo estaba en la obra de Miguel Delibes, sólo había que mirar”.

Bravo por estos artistas (Juan Manuel Pérez, Selma Sorhegui, Leticia Bernardo, David Para, Esther Pérez, Víctor Cerezo, Alejandra Miñón, Gonzalo Santamaría) que dieron y darán todo en el escenario para que el público salga emocionado y piense en la belleza que nos trasmite el TEATRO y la DANZA.

Luisa Valares

fotografías: Alfred Mauve

Revista Atticus

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