Crítica película Lolo de de Julie Delpy

Crítica película Lolo de Julie Delpy

La maldición de Lolo

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Título original: Lolo

Dirección: Julie Delpy

Reparto: Julie Delpy, Dany Boon, Vincent Lacoste, Karin Viard, Georges Corraface, Christophe Vandevelde, Julie Tristant

Guion: Julie Delpy, Eugénie Grandval.

Año: 2015. Duración: 99 min. País: Francia.

Productora: The Film / France 2 Cinéma / Mars Films
Sinopsis

Violette, parisina y profesional de la moda de 45 años, pasa unos días en un spa de Biarritz con su mejor amiga cuando conoce a Jean-René, un modesto informático recién divorciado. Después de años de soledad, se deja seducir. Jean-René se traslada a París e intenta adaptarse al microcosmos en el que ella se mueve. Pero no había contado con Lolo, el adorado hijo de Violette, dispuesto a todo con tal de destruir a la pareja en ciernes y conservar su puesto de favorito absoluto.

 

Comentario

Entre ji, ji, ji y ja, ja, ja hay mucha tela. Bajo la piel de una comedia francesa con tirón, que visita nuestras carteleras, se esconde algo más que unas risas bien entrelazadas con un sólido guion.

¿Qué podemos encontrarnos al ir a ver Lolo? Violette (Julie Delpy), parisina, es una mujer de mediana edad (cuarenta y tantos), divorciada, que goza de una buena situación económica (diseñadora de moda dedicada a montar eventos para los más afamados modistos y otros artistas de diverso pelaje). Su triunfo en el campo laboral no le acompaña en lo sentimental. Tras varias relaciones infructuosas y cuando se estaba resignando a su suerte, aparece en su vida un hombre. Violette y su amiga del alma, Ariane (Karin Viard) están disfrutando de unos días de descanso en un balneario en Biarritz. En una fiesta local es donde conocen al poco primoroso Jean-René (Dany Boon), un informático «de provincias». Está muy lejos del nivel al que está acostumbrada la refinada parisina Violette, pero ya habrá tiempo de moldearle. Jean-René se traslada por motivos de trabajo a la capital francesa y, poco a poco, la relación tomará su rumbo y el viento de popa les favorecerá, porque demuestra estar bien dotado para las artes amatorias. Hasta que en su vida aparece, Lolo (Vincent Lacoste), el hijo de Violette (la primera escena con la cama de su madre ocupada no deja lugar a dudas). Desde la llegada de Jean-René a la vida de Violette, Lolo hará todo lo posible para ridiculizar al «paleto» del nuevo novio de su madre. Sibilinamente le irá encaminando al desastre. Su objetivo es que su madre descubra «por sí misma» que ese hombre no le conviene en absoluto. Y la madre, ingenua, terminará por lamentarse de la mala suerte que tiene con los hombres, que es que no le sale uno bien.

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Julie Delpy es una mujer todo terreno. Es polifacética: actriz, directora, guionista, cantante. Es conocida sobre todo por su participación en la trilogía Antes de… protagonizada, como Celine, junto a Etham Hawke, y dirigida por Richar Linklater. Tiene una buena base actoral. Se estrenó como actriz de la mano de Jean-Luc Godard y participó en la trilogía de Kzysztof Kielowski (Azul, Blanco y Rojo). Su primer largometraje como directora fue Dos días en París (2007). En estas mismas páginas ya hemos hablado mucho de ella. Su faceta como directora la abordamos en la fresca comedia Skylab (2011, una reunión familiar campestre a finales de los setenta –en la que actuaba el joven Vincent Lacoste-). De ella dije en su momento que como directora sabe transmitirnos todo lo que rodea a las relaciones humanas, con sus grandezas y sus miserias. Aquí, como actriz, se centra en la relación de una madre con su hijo, fruto de una relación anterior, y cómo ambos se relacionan con un nuevo compañero. A esto hay que sumar su faceta de directora de la película y coguionista. Ha sabido construir una buena historia cuya pilar central son los diálogos (son brillantes los que mantienen Violette y Ariane burlándose de su propia situación, así como, de manera general, de las mujeres que rondan los cuarenta y cinco años hablando de sexo sin tapujos). Juega con las situaciones absurdas que provocan la hilaridad sin caer en lo grotesco. Tiene detalles significativos que pueden pasar desapercibidos, como el rótulo Hell (infierno) que decora una habitación de la casa y que sale muchas de las veces que Lolo se encuentra en ella.

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En cuanto al resto de actores, destaca en la pantalla Dany Boon. Particularmente, cada vez que le veo me viene a la mente aquella acción de repetir la palabra «pichula» en su celebérrima actuación en Bienvenidos al norte (2008), de la que él era el director, así como guionista. Su actuación como Jean-René es más comedida, menos histriónica que en aquella, pero resulta muy convincente. Karin Viard actúa como amiga de Violette, chisposa, audaz, sarcástica y astuta. Es la que incita a su amiga a que se relacione con hombres y abandone sus tranquilas y sosas vacaciones en Biarritz. El papel de Vincent Lacoste resulta clave. Ese punto de mitad hijo, mitad amiguete de buen rollo pero con una mala baba y cara angelical es muy acertado. El muchacho lo borda y pasa por ser una prometedora estrella del cine francés.

Lolo, es una actualización del complejo de Edipo. Al deseo inconsciente de mantener una relación sexual (incestuosa) con su madre (latente en todo adolescente, según las teorías del sicoanálisis de Freud), se le une el deseo de eliminar al padre (parricidio). Al no estar el progenitor conviviendo, Lolo, extiende esta pulsión a todo aquel que se acerca a su madre con la sana intención de convivir en pareja. Peligra su reino y su posición se ve comprometida.

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Ese destete (hay un plano de inserto que actúa a modo de breve flashback cuando a un bebe le quitan la teta que lo alimenta y se queda llorando) que no se ha producido, es la causa final de los males que tiene Violette con sus parejas. Lo que no supo encauzar en su momento ha convertido a Lolo es un snob repelente, engreído mal criado, que con apenas 20 años no ve más allá de su ombligo. Lolo es caprichoso, pero encima el muy jodido es un mal bicho, taimado de sonrisa cínica que solo vive para putear al compañero de su madre, quien vive ajena a los tejemanejes de su hijo. Lolo quiere a su madre por encima de todas las cosas y la quiere solo para él. Un parásito.

Mordaces diálogos, lugares comunes pero sin caer en clichés, buenas escenas cómicas que hacen de Lolo una comedia de enredos bien elaborada. Pero, sobre todo, la película destaca por el papel de su joven protagonista. Su cinismo, la beatífica sonrisa a cámara, te estremece y hace que te acuerdes de Saturno cuando devoraba a su hijo entre sus fauces.

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A pesar de las bondades de Lolo el resultado global no es del todo redondo, pero constituye una propuesta muy recomendable. Comienza como si fuera una comedia de chicas. Algo gamberra con diálogos directos con el sexo y por ende las relaciones de pareja en boca de las protagonistas (al estilo de La boda de mi mejor amiga, Paul Feig, 2011). Deriva en una comedia romanticona, con algo de amor entre un paleto de provincias y una estirada parisina que a primera vista parece que eso no va a cuajar nunca, con sus encuentros y reencuentros. Y finaliza como si fuera un thriller con un protagonista sociópata. Bajo esa inocente apariencia de comedia ligera francesa con gran dosis de humor se encuentra una película que nos invita a una reflexión sobre la educación que damos a nuestros hijos y el papel que juegan aquellos que tienen que relacionarse con la nueva pareja de mamá o papá.

Os dejo un tráiler, que constituye un buen resumen (quizás con demasiada información, como casi siempre):

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

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