Crítica Altamira de Hugh Hudson con Antonio Banderas

Altamira de Hugh Hudson

¡Cosas maravillosas, bajo la tierra!

Ficha

Wposter_altamiraPelícula: Altamira.

Dirección: Hugh Hudson.

Reparto: Antonio Banderas, Golshifteh Farahani, Nicholas Farrell, Henry Goodman, Pierre Niney, Clément Sibony, Rupert Everett, Allegra Allen.

Países: España y Francia. Año: 2016. Género: Drama.

Guion: José Luis López Linares y Olivia Hetreed.

Música: Mark Knopfler y Evelyn Glennie.

Estreno en España: 1 Abril 2016.

 

Sinopsis

Año 1879. Entre las verdes colinas y los picos rocosos de la costa de Santander, María Sautuola (Allegra Allen), una niña de 9 años, y su padre, Marcelino (Antonio Banderas), un arqueólogo aficionado, descubren algo extraordinario que cambiará la historia de la humanidad para siempre: las primeras pinturas prehistóricas encontradas hasta entonces: unos impresionantes bisontes al galope trazados con gran detalle. Pero la madre de María, la dulce y devota Conchita (Golshifteh Farahani), no es la única perturbada por este descubrimiento. La iglesia Católica considera que la afirmación de que las pinturas sean obra de prehistóricos “salvajes” es un ataque a la verdad bíblica. Y, sorprendentemente, la comunidad científica liderada por el prehistoriador Émile Cartailhac (Clément Sibony) también acusa de fraude a Marcelino y a su descubrimiento. El mundo idílico de María se derrumba y sus intentos por ayudar sólo empeoran las cosas. La familia entra en una fuerte crisis y cierra la cueva. Será necesario todo el amor que se tienen para encontrar el camino hacia la redención y el reconocimiento.

Comentario

Acabamos de leer en la prensa el descubrimiento de una pintura que se atribuye a Caravaggio. Y unos días antes, se anunciaba que se seguirá investigando para ver que misterios esconde la tumba de Tutankamon. Ambas noticias suscitan muchos recelos. Muchos más produjo el hallazgo de las pinturas rupestres en la denominada cueva de Altamira. Marcelino Sanz de Sautuola sabía que había encontrado «algo gordo» que, seguramente, revolucionaría lo hasta ahora establecido en el campo de la prehistoria. Altamira, la película, nos narra las vicisitudes por las que tuvo que pasar tanto él como su familia tras dar a conocer el descubrimiento de lo que se ha denominado como la capilla Sixtina del arte rupestre: la cueva de Altamira.

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Estos hechos están contados como si de un documental se tratara a cargo del director, Hugh Hudson (dirigió Carros de fuego allá por el año 1981 -después no se ha prodigado mucho en las tareas de dirección-). Fue un momento clave en la historia del arte y que vino a zaherir a una Iglesia que ya estaba un tanto tocada con la teoría de la evolución de Darwin que rechaza de forma categórica el creacionismo (el hombre creado a imagen y semejanza de Dios y este como creador del mundo con una población humana a partir de Adán y Eva). Pero también Sanz de Sautuola encontró detractores en el propio campo de la ciencia, en la antropología, y también en la arqueología. Sobre todo personificados en la persona de Émile Cartailhac (un arqueólogo francés considerado como una eminencia en el campo de la prehistoria). Cartailhac tenía establecida su línea temporal y no aceptaba que esas pinturas «tan modernas» fueran obras de un ser humano que estaba sobre la tierra algo más de 10.000 años (posteriormente las pinturas de Altamira se han datado con equipos modernos y señalan una antigüedad cercana a los 15.000 años). Cartailhac tachó a Sanz de Sautuola de farsante, de haber realizado un montaje para darse notoriedad –fue un investigador autodidacta alejado de los círculos de eruditos universitarios-. Como bien expresa Almudena Martínez Martín en su artículo Los bisontes de Altamira (publicado en Revista Atticus 28, páginas 51-58), no hay que olvidar que: «En la Península Ibérica, el descubrimiento de la Cueva de Altamira en 1879 representó la apertura de un nuevo aspecto en la concepción de la evolución humana y obligó a dar una nueva orientación a la visión que hasta ese momento se tenía de la vida y costumbres de los grupos humanos prehistóricos». Iglesia (religión católica) y ciencia enfrentadas. Y el asombroso hallazgo enterrado de nuevo. Fueron necesarios nuevos descubrimientos que arrojaran algo de luz sobre la autoría de las pinturas. Algo más de veinte años después, en 1902, el propio Émile Cartailhac (que se negó tan siquiera a viajar a Altamira) reconoció su error y rectificó públicamente con el artículo La grotte d’Altamira, Espagne. «Mea culpa» d’un sceptique, después de que se encontraran en Francia otros restos artísticos del Paleolítico. Demasiado tarde para Marcelino Sanz de Sautuola que falleció sin obtener el reconocimiento de haber sido un visionario al creer en la autenticidad y la importancia de los hallazgos de «los bueyes» de su hija María.

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La película es un rendido homenaje a Sanz de Sautuola. Lucrecia Botín es la productora (Morena Films), es sobrina del fallecido presidente del Banco Santander, Emilio Botín, y también es tataranieta del descubridor Marcelino y bisnieta de María Sanz de Sautuola, aquella niña que con su curiosidad reparó en las pinturas rupestres.

En cuanto a los actores, Antonio Banderas realiza un papel muy creíble. Se muestra muy entusiasta cuando descubre e investiga los hallazgos y se muestra derrotado cuando es acusado de farsante. Me gustó su actuación. También es destacable la presencia de un irreconocible Rupert Everett, caracterizado como un malvado sacerdote rural que adoctrina desde el púlpito (impone y da miedo) y se aprovecha de la inocencia de Conchita, la mujer de Marcelino. Un papel interpretado brillantemente por una bella y exótica Golshifteh Farahani (A propósito de Elly, Asghar Farhadi, 2009 y  Exodus, Ridley Scott, 2014)).

 

W12916714_1124253594275561_3465257176078736221_oLa música nos llega a cargo de un clásico, de Mark Knopfler acompañando de Evelyn Glennie, una compositora y percusionista sorda. Gracias a esta discapacidad la música se muestra extraña en las ensoñaciones con los bisontes y las recreaciones en la cueva. De esta manera nos transmite una cierta profundidad y primitivismo.

El paisaje y las localizaciones cántabras aportan su grano de arena. Los paisajes lucen espléndidos denotando un gran trabajo de fotografía. Santilla del Mar y los acantilados son evocadores.

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El director se apoya en recursos digitales para dar vida a los bisontes. Creo que no era necesario echar mano a ello, pero en las ensoñaciones de la niña cuadran muy bien. Fue casi una obsesión enfermiza para toda la familia Sanz de Sautuola.

Es una película interesante de ver para todos aquellos amantes, sobre todo, de la historia del arte, más que del cine, a pesar de ese guiño a la historia de la industria al presentarnos a los bisontes como si se movieran al incidir la luz sobre ellos. Quizá resulte algo insulsa a causa de un guion anodino. Pero aporta luz (aunque ya es de todos sabidos) al gran hallazgo que supuso toda una revolución al considerar que esa magníficas pinturas rupestres pudieran ser obra de un «hombre primitivo» al que se le asociaba con la carencia de sensibilidad. Atractivo debate el que suscita entre religión y ciencia. Fue un momento clave hasta el punto de que hubo que esperar más de veinte años para que se tuvieran en cuenta los hallazgos de Altamira. No habrá que esperar tanto para saber si lo que se esconde tras la cámara de la tumba de Tuntankamon es una operación de marketing (el turismo en horas bajas en el antiguo Egipto) o realmente alberga, como dijo Howard Carter al descubrir la tumba del joven faraón y al ser preguntado por lord Carnarvon que qué veía: ¡cosas maravillosas!

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

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