Crítica película El clan de Pablo Trapero

Crítica película El clan de Pablo Trapero

La fascinación por el mal

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Película: El clan.
Dirección: Pablo Trapero.
Reparto: Guillermo Francella, Antonia Bengoechea, Gastón Cocchiarale, Stefanía Koessl, Peter Lanzani.
Países: Argentina y España. Año: 2015.
Duración: 110 min.
Género: Drama. Música: Julián Apezteguia.
Estreno en España: 13 Noviembre 2015.
Producción de Kramer & Sigman Films, Matanza Cine y la española El Deseo, con coproducción de Telefe y Telefónica Studios, y distribución de Fox.

Sinopsis
Argentina, comienzos de los años 80. Detrás de la fachada de una típica familia del distinguido barrio de San Isidro se oculta un siniestro clan dedicado al secuestro y asesinato como modo de vida. Basada en la historia real de la familia Puccio.

Comentario
Animo a todos –tanto los que han visto la película como los que no-a que dediquen unos minutos a mirar en Internet la historia de esta singular familia, los Puccio, en la que está basada la cinta de Pablo Trapero (Mundo grúa, 1999; Familia rodante, 2004; Leonera, 2008, Carancho 2010; Elefante blanco, 2012). Tras leer algunas cuantas reseñas, rápidamente nos damos cuenta del porqué se ha llevado a la gran pantalla esta historia. Se cumple aquel dicho, tan manido, de que la realidad supera (con creces) la ficción.

El clan está basada en una historia real. Una familia numerosa, de apariencia normalita y corriente. que guarda en su bodega un terrible secreto que la convierte en un clan mafioso y criminal. El 24 de marzo de 1976 Argentina sufrió un golpe de estado que derrocó el gobierno peronista de Maria Estela Martínez de Perón. Una junta militar encabezada por tres comandantes de las Fuerzas Armadas se autoproclamó como Proceso de Reorganización Nacional. No fue otra cosa que un terrorismo de estado con una constante violación de los derechos humanos que se tradujo en un montón de «desaparecidos», un eufemismo para denominar a todo aquel sospechoso de este nuevo régimen que era asesinado. El 10 de diciembre de 1983 Raúl Alfonsín asumió un gobierno mediante sufragio.

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La familia de los Puccio aparentaba adaptarse a la transición argentina en una sociedad que vivía bajo el miedo, llena de violencia, corrupción e inmoralidad. Arquímedes como antiguo miembro de la inteligencia argentina todavía campaba a sus anchas por los ministerios (en la vida real llegó a ser vicecónsul en Madrid, aunque una denuncia por tráfico de armas le apartó del cargo). Ahora, a principios de los 80, era un contable; su esposa Epifanía, trabajaba como profesora. Tenían cinco hijos: Alejandro, Silvia, Daniel (Maguila), Guillermo y Adriana. Alejandro es un brillante jugador de rugby que llega hasta la selección nacional y tiene ante sí un futuro prometedor en el deporte del balón ovalado. Con el botín de las extorsiones mantiene una tienda de deportes y material náutico. El cabeza de familia elegía a aquellos sujetos cuyo secuestro pudiera suponer un ingreso extra a la familia. Actuaban en nombre de un grupo o banda, de extrema derecha y anticomunista, con un frío y cerebral modus operandi. A la salida del cine discutí con mis amigos sobre si Arquímedes estaba amparado por el Estado e incluso si recibía los encargos de las altas esferas. Pero creo que no. Era un lobo solitario que, junto a dos antiguos compañeros, disfrutan haciendo el mal, eso sí, amparándose de la posible vista gorda que pudiera hacer sus antiguos jefes pues en realidad eliminaban a «enemigos» de la patria. Arquímedes Puccio era un tipo que, simplemente, estaba fascinado por el mal.

Trapero se centra en este microcosmos –la unidad familiar- como un fiel reflejo del estado argentino que atemorizó a toda la sociedad. La mujer, complacida, hacía la vista gorda y, por lo tanto, era cómplice como lo fueron los militares que acataron las órdenes o todos aquellos que pudiendo influir miraban hacia otro lado. Algo de eso les pasa a los distintos miembros del clan. Aquel que no está de acuerdo pone tierra de por medio; otro regresa porque echa en falta, muy posiblemente, ese oscuro objeto del deseo que es el dinero. La familia como un reflejo a pequeña escala de la dictadura argentina.

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La habilidad del director argentino se manifiesta en ese tono casi documental con que nos ofrece la historia de la familia Puccio. Mete la cámara en el seno de la familia con total naturalidad. Se muestra implacable pero no juzga. Somos testigos y partícipes de la oración en la bendición de la comida, como lo somos cuando «le entregamos» su ración al secuestrado con un meritorio plano secuencia cámara en mano. Incluso casi nos hace cómplices en el reparto del dinero. Ahí el director sí que señala a aquellos que conociendo los desmanes callan. Como calla la esposa, cocinera de día carcelera de noche, o como la hija mayor, que hace la vista gorda porque la va muy bien con ese status económico. Alex es una pura contradicción andante. Reniega constantemente, pero al final siente la opresión de su padre y no puede escapar a su dictadura porque, entre otras cosas, le nubla la razón. Arquímedes bajo la apariencia tranquila esconde un hombre sin escrúpulos. Trata de imponer una férrea disciplina. Pero curiosamente, el trabajo más sucio se lo deja para otros (fundamentalmente dos antiguos compañeros que son los ejecutores). Un frío y calculador criminal que se oculta bajo el disfraz de un padre de familia respetable.

El reparto está algo desequilibrado no la ejecución sino en el planteamiento. Los papeles femeninos están menos desarrollados. La madre es una mera comparsa. Nos gustaría saber más de sus contradicciones si las tiene o su justificación. También le sucede lo mismo a las dos chicas, más en la mayor que en la pequeña. Pero todo esto se solventa con nota con la gran actuación de los dos principales protagonistas. Guillermo Francella (Arquímedes) es muy conocido en argentina por sus papeles cómicos. Una de sus actuaciones la pudimos ver en El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009) como compañero de Ricardo Darín. Representa a un monstruo de ojos claros, un psicópata desalmado que se cree un mártir de la causa nacional. Los actores se definen por sus acciones y una de ellas representa muy bien el papel de Francella: barre la acera con inusitada virulencia como si fuera despejando sus pensamientos a la vez que solapa los gritos del cautivo que se encuentra en el sótano. Grande e impecable, con esa mirada es capaz de desvelarte. A su lado un descubrimiento: Peter Lanzani (Alejandro). No es un desconocido Argentina. Es cantante y actor de series de adolescentes, pero ahora ha dado un paso más significativo en su carrera. Es el encargado de mostrar la contradicción. Su papel no era fácil, pues tenía que reflejar a la perfección esa ambigüedad moral. Lo solventa con una inusitada maestría para su juventud.

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Uno de los grandes aciertos de El clan radica por supuesto en que en el guion es obra del propio director, pero también, y más importante, en el montaje del largometraje. Prácticamente es todo un flashback pues arranca casi con el final de la historia que se vuelve a repetir a lo largo del metraje. Todo ello en busca de un ritmo adecuado a la trama.

Buen acierto en la banda sonora cuyos cortes ayudan y le dan un cierto toque de humor negro. También es muy meritoria la fotografía obra de Julián Apezteguia que ya participó con Trapero en Carancho. La cinta fue galardonada con el premio León de Plata al mejor director del pasado Festival de Venecia y ha sido elegida para representar en los Oscar y los Goya.

La familia Puccio en los años 80. Foto La Nación
La familia Puccio en los años 80. Foto La Nación

El caso de los Puccio conmocionó a la sociedad argentina. Pablo Trapero se ha estado documentando durante mucho tiempo hasta hacer la película. Pero también se ha realizado una serie de trece capítulos y se han escrito muchos artículos sobre esta simpar familia bonaerense.

Una vez más, una película argentina triunfa en las carteleras. No la encuentro tan redonda como por ejemplo la ya mencionada El secreto de su ojos o la última también coproducida por los hermanos Almodóvar (como en este caso) Relatos salvajes. Pero tiene mucho interés. Tanto, que al final quieres saber cómo pudo ser que esta vil familia desarrollara su negra labor sin levantar sospechas. Como es habitual en este tipo de películas basadas en un caso real, al final se nos ofrece una breve reseña de qué es lo que les sucedió a los diferentes miembros de la familia. Acérquense al cine, sin olvidarse de los libros.

Os dejo el tráiler. Arranca con ese plano secuencia mencionado en el comentario.

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

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