Crítica La adopción de Daniela Fejerman

Crítica La adopción de Daniela Fejerman
La búsqueda de un deseo

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Dirección: Daniela Fejerman
Reparto: Nora Navas, Francesc Garrido, Larisa Kalpokaité y Sarunas Puidokas
Nacionalidades: España y Lituania Año: 2015 Fecha de estreno: 13-11-2015
Duración: 96 min.
Género: Drama
Color o en B/N: Color
Guión: Daniela Fejerman y Alejo Flah
Fotografía: Juan Carlos Gómez
Música: Xavier Capellas

Sinopsis
Una pareja española llega a un país del Este a adoptar a un niño. Pero las cosas no van a ser como esperaban. Inmersos en un entorno progresivamente hostil, salen a relucir los conflictos latentes entre ellos. El sueño con el que llegaron amenaza con convertirse en pesadilla.

Comentario
Tras su paso por la 60 edición de la SEMINCI, llega a nuestras carteleras el segundo largometraje de Daniela Fejerman (A mi madre le gustan las mujeres, 2002; Semen, una historia de amor, 2005, ambas codirigidas con Inés Paris; debutó en solitario con 7 minutos, 2009).

La cinta está protagonizada por Nora Varas (Natalia) y Francesc Garrido (Daniel) en el papel de una pareja catalana que decide adoptar un hijo ante la imposibilidad de tenerlo de forma biológica. Una historia que está basada en unos hechos reales y que está ambientada en un país del este de Europa.

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De una forma genérica sabemos que los pasos que hay que dar para la adopción de un hijo son algo farragosos y que debido a la tremenda burocracia puede constituir un calvario y alargarse en el tiempo. A pesar de estos inconvenientes, nuestra pareja protagonista decide hacerlo en un país a caballo entre el norte de Europa y los países del Este. Tras los pasos iniciales, llegado el momento tienen que emprender el viaje a la antigua república soviética que ha heredado los sobornos y el chantaje como medio de subsistencia. Ya la directora nos deja claro que no va a ser un camino de rosas ni mucho menos. La pérdida de las maletas (de forma intencionada un trabajador del aeropuerto las tira del carro, con la supuesta intención de luego hacérsela llegar a los interesados, eso sí, previo pago de un dinerito) supone una clara declaración de intenciones que se verán subrayadas por los diferentes encuadres que hace en determinadas situaciones que contribuyen a crear un atmósfera asfixiante, claustrofóbica.

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La pareja tiene que pasar un largo viacrucis, con sus distintas estaciones que van desde la ilusión hasta la desesperación pasando por la alegría, el temor, la desconfianza, la amargura, etc. No estaban preparados para esta empresa. Se dice que la llegada de un niño al seno de una familia no es el agua milagrosa que va a solucionar todos los problemas. Eso les pasa un poco a Natalia y Daniel. En su batalla van a saltar las chipas y se reprocharan el descuido que han tenido en su relación. Se quieren, sí, pero… ¿ese amor les bastara para afrontar la adopción? Reirán, llorarán, se pelearán y tendrán que recomponerse tras asomar ese lado oscuro del ser humano. También los padres/suegros tendrán un papel importan en la historia y tendrán que dejar a un lado ciertas rencillas para remar todos en la misma dirección. Cuando todo está a punto de arreglarse una nueva traba les pondrá de nuevo a prueba. Es la desesperación y el desamparado en un sistema corrupto en el que la única luz posible es la que proviene del brillo del vil metal.

Una escena vital que nos habla del miedo, de la inseguridad y por qué no, del sentimiento de culpa que las parejas tienen a la hora de elegir esa criatura. Como si de un catálogo se tratara, la encargada de la adopción les va relatando las fichas de unos niños enfermos, casi casi desahuciados por sus graves malformaciones o enfermedades. Es una prueba más, pero también es una de las trampas a las que someten al matrimonio. Es su juego que tiene unos fines claros.

La puesta en escena está muy cuidada. Los interiores son oscuros, así como la luz para transmitirnos esa sensación de zozobra. Hay escenas que están remarcadas con cuadros para acentuar esta sensación de agobio (os dejo un muestras). Por el contrario, los exteriores son gélidos, vastos y desolados, también para hacer hincapié en la soledad que tiene que afrontar estas parejas a la hora de enfrentarse a todos los trámites burocráticos.

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El rodaje en tierras gélidas es una manera de complicarse la vida la directora. Bien se podía haber ambientado en verano. Pero el niño parece ser una bendición de Papa Noel y es así como sitúan la acción en la fría estación invernal. Pero esas dificultades ayudan a darle esa autenticidad que rezuma toda la cinta.

Gran actuación de los protagonistas con una siempre convincente y camaleónica Nora Varas. Ambos tienen mucho peso y soportan muy bien la carga dramática. Y un gran acierto en el casting a la hora de elegir ese angelito rubio adorable a simple vista. Nos dejó un gran sabor de boca tras su paso por la SEMINCI. Ese regusto me ha llevado en volandas a realizar este apresurado comentario.

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Una película no apta para todos aquellos que se encuentren en la situación esperanzada de poder adoptar a una criatura que llega al mundo con el pecado de no ser deseado del todo, ya sea por unas cuestiones u otras. Pero es una película necesaria por su alto contenido de denuncia social sobre la corrupción de determinados estamentos que no tiene vergüenza ni escrúpulos de comercializar, por un lado, con los sentimientos de una pareja que busca un hijo en adopción, y, por otro lado, con el futuro de un crío que tiene la posibilidad de poder desarrollarse con una familia que lo quiere. La adopción narra este duro proceso sin caer en sentimentalismos. Es necesario una reglamentación, seria y eficaz, para poder canalizar esta demanda. Vivimos en un mundo sobreexplotado y cada vez más deshumanizado. Allí donde se puede sacar algo de dinero acuden desalmados, ya sea en forma armadores de pateras o intermediarios en adopciones. Esperamos que la solidaridad se haga, poco a poco, más presente en nuestras vidas. Vayan al cine.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado
Revista Atticus

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