Exposición Pierre Bonnard en la Fundación Mapfre, Madrid

Exposición Pierre Bonnard en la Fundación Mapfre, Madrid
La pintura sin tropiezos

«Al cubrir una superficie con colores uno debe poder renovar indefinidamente su juego, hallar incesantemente nuevas combinaciones de formas y colores que respondan a las exigencias de la emoción».
Pierre Bonnard

Desde el 19 de septiembre de 2015 al 10 de enero de 2016 la Fundación Mapfre, en su sede madrileña (Paseo de Recoletos, 23) acoge en sus salas la exposición Pierre Bonnard que ofrece una mirada sobre la obra de este artista francés considerado como una de las principales figuras relacionadas con el nacimiento del arte moderno.

Mujer con vestido de lunares blancos, 160,3 × 48 cm.  Temple sobre papel encolado a lienzo, 160,5 × 48 cm cada panel París, Musée d’Orsay © Rmn-Grand Palais (musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski  © Pierre Bonnard, VEGAP, Madrid, 2015
Mujer con vestido de lunares blancos, 160,3 × 48 cm.
Temple sobre papel encolado a lienzo, 160,5 × 48 cm cada panel
París, Musée d’Orsay
© Rmn-Grand Palais (musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski
© Pierre Bonnard, VEGAP, Madrid, 2015

Han pasado más de treinta años desde que se pudo contemplar en las salas de la Fundación Juan March de Madrid la última retrospectiva dedicada al artista francés, allá por el año 1983. Esta muestra está organizada por el Musée d’Osay de París y los Fine Art Museums de San Francisco. Se presentan cerca de ochenta pinturas junto con una docena de dibujo, así como medio centenar de fotografías que han sido cedidas por más de treinta colecciones tanto públicas como privadas.

El artista: Pierre Bonnard (1867 – 1947)

Pierre Bonnard fue un polifacético artista: pintor, fotógrafo, ilustrador y litógrafo. Su producción artística es muy personal y difícil de clasificar. Fue miembro de los nabis (profetas) un grupo de artistas influidos por la figura de Gauguin y la estampa japonesa que se aglutinaron en torno a Paul Sérusier. Entre sus miembros destacan Odilon Redon, Pauvis de Chavannes, Paul Ranson, Maurice Denis, ÉdouradVuillard, Xavier Roussel o Félix Valloton junto con el escultor Aristide Maillol. Una de las mayores preocupaciones que tenía este grupo era el uso del color así como un gran interés por lo exótico y oriental. Desarrollaron su actividad en el París artístico de finales del siglo XX no teniendo demasiada difusión en el resto de Europa.

La aportación de Bonnard es fundamental para comprender la transición entre el postimpresionismo y el simbolismo, un momento convulso en el mundo del arte, ya que la pintura estaba sufriendo una revolución a través del color.
Practicó un arte bajo múltiples formas. Bonnard defendió un arte con una estética esencialmente decorativa, llena de detalles debido a su gran capacidad observadora y con mucho humor. Abarcó cuadros de pequeño formato hasta el formato grande; del retrato al bodegón; del paisaje urbano a la decoración inspirada en la Antigüedad Clásica. El artista francés se revela como sensible, instintivo, con un estilo propio, vivaz, y verdaderamente original con una paleta de colores llamativos y muy luminosos.

La exposición

La Fundación Mapfre como viene siendo habitual nos propone un recorrido por la obra de Pierre Bonnard. Son cerca de 80 obras repartidas entre las dos plantas que la institución madrileña tiene en el céntrico Paseo de Recoletos. El hilo conductor son los diferentes temas que marcaron la obra del creador francés y que afloran en los variados géneros y técnicas que el artista desarrolló a lo largo de su vida. Más que una estricta división cronológica, lo que la muestra nos transmite es la unidad de la obra en una visión completa de su abundante producción a lo largo de su dilata carrera.
La exposición se divide en ocho apartados:
I. Un nabi muy japonista
II. Interior
III. Intimidad
IV. Retratos elegidos
V. Ultravioleta
VI. Et in Arcadia Ego. Las grandes decoraciones
VII. Obra gráfica
VIII. Click, clack, Kodak
Nuestro recorrido

Desde la propia institución nos recomienda que nos tomemos nuestro tiempo para poder admirar esta muestra. No es una pintura «fácil» de ver, supone el paso del postimpresionismo al simbolismo y marca el camino hacia la abstracción. Desde Revista Atticus recomendamos el uso de la audioguía. Teniendo en cuenta que el acceso es gratuito, este pequeño desembolso es más que recomendable para poder disfrutar de la colección. Puestos a recomendar, es imprescindible la visita virtual de la exposición que la fundación Mapfre realiza de cada una de las que organiza. Constituye una buena herramienta para quien hace este trabajo, así como todos aquellos que no tiene la posibilidad de acercarse a Madrid o simplemente para ver qué es lo que os podemos encontrar al acceder a la exposición. Enhorabuena por esta iniciativa.

Mujeres en el jardín, 1890 – 1891

Cuatro paneles
Temple sobre papel encolado a lienzo, 160,3 x 48 cm
Musée d’Orsay, París.

Casi de frente a la entrada, nos encontramos con cuatro obras que nos remonta a oriente, a esa influencia que tuvo a finales del siglo XIX todo lo que provenía del Japón. Sus parasoles, sus vestidos, el grafismo de su escritura, en definitiva toda su cultura encandiló a los impresionistas y a sus seguidores. La muestra está en estas cuatro mujeres que en un primer momento Bonnard concibió para decorar un biombo, pero que enseguida se dio cuenta de que tenían la suficiente envergadura para mostrarse como un cuadro aislado. Los simbolistas concebían la pintura y la decoración como un todo. Bonnard desarrolló una estética decorativa y estuvo muy implicado en la vida cultural parisina.

Bailarinas, c. 1896
Óleo sobre cartón pegado a madera, 28 x 36 cm
Musée d’Orsay, París.

Un cuadro de pequeño tamaño, pero de muy delicada ejecución. Se puede observar una clara influencia de la obra de Degas. Son como pequeñas bolas de algodón, dispuestas a salir a escena. El blanco de los tules deslumbra.

Crepúsculo. El partido de cróquet , 1892 Óleo sobre lienzo, 130,5 × 162,2 cm París, Musée d’Orsay © Musée d’Orsay / Patrice Schmidt © Pierre Bonnard, VEGAP, Madrid, 2015
Crepúsculo. El partido de cróquet , 1892
Óleo sobre lienzo, 130,5 × 162,2 cm
París, Musée d’Orsay
© Musée d’Orsay / Patrice Schmidt
© Pierre Bonnard, VEGAP, Madrid, 2015

Crepúsculo. El partido de cróquet, 1892
Óleo sobre lienzo, 130,5 x 162,2 cm
Musée d’Orsay, París.

De esta doble escena familiar cabe destacar la importancia que tiene el color para transmitir las sensaciones. Muestra una rica paleta sobre todo en la amplia y variada gama de verdes. El pintor, sabiamente, nos muestra dos escenas. La primera, a nuestra izquierda, en primer plano, miembros de su familia están jugando al criquet. La segunda al fondo, al lado contrario, con apenas unos personajes abocetados que bailan alegremente. Sobre ellos unas nubes reciben la luz crepuscular. Esta última escena es una clara alegoría del paraíso.

El hombre y la mujer, 1900 Óleo sobre lienzo, 115 × 72,3 cm París, Musée d’Orsay © musée d’Orsay, Dist. Rmn-Grand Palais / Patrice Schmidt © Pierre Bonnard, VEGAP, Madrid, 2015
El hombre y la mujer, 1900
Óleo sobre lienzo, 115 × 72,3 cm
París, Musée d’Orsay
© musée d’Orsay, Dist. Rmn-Grand Palais / Patrice Schmidt
© Pierre Bonnard, VEGAP, Madrid, 2015

Hombre y mujer, 1900
Óleo sobre lienzo, 115 x 72,3 cm
Musée d’Orsay, París

Se trata de una escena intimista. Es el propio artista y su mujer muy posiblemente después de «hacer el amor». Cada uno se dedica a lo suyo. Él se ha levantado y se dispone a ponerse alguna prenda por encima. Ella todavía se encuentra en cama, desnuda, jugueteando con un gato. A pesar de ser reconocible la pareja protagonista, se trata más bien de un retrato generalista, de un hombre y una mujer en un momento de la vida cotidiana. Un momento íntimo entre dos personas, pero que en vez de hablarnos de ese encuentro, por el contrario lo que nos habla es de la soledad. Es por esta razón por la que Bonnard ha situado justo en el medio esa división de lo que parece ser una especie de biombo.

La indolente, 1899
Óleo sobre lienzo, 96,4 x 105,2 cm
Musée d’Orsay, París

Se trata de una de las obras claves en la producción de Bonnard. Es uno de sus primeros desnudos. Vemos a una mujer tendida sobre la cama, con las sábanas revueltas. Tiene una gran carga erótica. Hizo muchos preparativos para la ejecución de esta obra , algunos de los cuales se pueden contemplar en esta misma sala. Por un lado, la mujer muestra algo de recato al tapar sus senos con su brazo izquierdo, pero sin embargo, las piernas están totalmente abiertas, mostrando su sexo sin pudor, en una clara muestra de entrega. Lo que parece ser una larga cabellera, es en realidad un gato que está junto a su cabeza (habitual en sus obras que juegue con el sentido del humor).

Almuerzo bajo la lámpara, 1898
Óleo sobre cartón pegado a madera, 23,3 x 38,1 cm
Musée d’Orsay, París.

Otro cuadro de pequeño tamaño pero muy significativo. Nos vuelve a hablar de la soledad pues los miembros de la familia apenas interactúan entre sí.

«Representar, sobre una superficie plana, masas y objetos situados en el espacio: este es el problema del dibujo […]. El ojo del pintor confiere a los objetos un valor humano, y reproduce las cosas tal como las ve un ojo humano. Y esa visión es móvil. Y esa visión es cambiante»
Pierre Bonnard a su sobrino Claude Terrasse

La mesa de trabajo, 1926 – 1927
Óleo sobre lienzo, 121,9 x 91,4 cm
National Gallery of Art, Washington

Un cuadro de gran tamaño. Presenta un gran colorido en distintos tonos cálidos. Nos muestra una mesa de despacho repleta de enseres personales: carpetas, libros, cuadernos y lo que parece ser una partitura musical.

La mesa, 1925 Óleo sobre lienzo, 102,9 × 74,3 cm Londres, Tate  © Tate, Londres © Pierre Bonnard, VEGAP, Madrid, 2015
La mesa, 1925
Óleo sobre lienzo, 102,9 × 74,3 cm
Londres, Tate
© Tate, Londres
© Pierre Bonnard, VEGAP, Madrid, 2015

La mesa, 1925
Óleo sobre lienzo, 102,9 x 74,3 cm
Tate, Londres

En esta ocasión nos presenta otra mesa, esta vez la del comedor familiar. En una forzada perspectiva la tabla ocupa casi todo el lienzo. Una fuerte iluminación cae sobre el cuadro. Lo vemos como si estuviéramos situados casi encima de ella, pero sin embargo, los fruteros se ven de pie, provocando fuertes sombras.
La figura sentada a la mesa es la de la propia Marthe, esposa de Bonnard, que parece estar alimentado a un perro. El cuadro está realizado el año de su boda.

Homenaje a Maillol, 1917
Óleo sobre lienzo, 121,9 x 47 cm
PhiladelphiaMuseum of Art, Filadelfia
En formato vertical. Una obra delicada, que atrae al espectador. Tal vez sea por ese bello ramo lleno de color o por la escultura del fondo.

 

Uno de los mejores apartados es el de Intimidad

Desnudo a la luz, 1909
Óleo sobre lienzo, 116 x 63 cm
Colección de las Musées d’Art et d’Histoire de la Ville de Genève, Ginebra

Se trata del retrato de una adolescente sin el menor recato. Hoy día sería difícil entender una obra así. Hoy que intentamos proteger a los menores de cualquier mirada ajena, seguro que desde distintos estamentos se llevarían las manos a la cabeza. Y no digamos nada si encima se trata de algún miembro de su familia. Han pasado 100 años pero en algunas cosas hemos vuelto para atrás.

 

Desnudo en la bañera, 1925
Óleo sobre lienzo, 104,8 x 65,4 cm
Tate, Londres
Se trata de una obra de lo más original en cuanto al tratamiento dado a los cuerpos vistos desde una curiosa óptica. Por un lado tenemos un cuerpo sumergido en la bañera (la esposa del pintor por unas dolencias tenía que tomar frecuentemente baños). Solo se le ven las piernas. Es como si estuviera dentro de un ataúd: un estuche contenedor, con la figura inerte. El borde de la bañera corta la escena en dos. A la izquierda el propio pintar se retrata entrando a la estancia. Ambas figuras se encuentran cortadas, no se ven sus rostros. Este cuadro se pone en relación con la obra que hemos visto Hombre y mujer. Aquí ha desaparecido la voluptuosidad de aquel momento tras hacer el amor. Ella está enferma y cada vez más aislada. Han pasado 25 años.

El aseo, 1914 – 1921
Óleo sobre lienzo, 119,5 x 79 cm
Musée d’Orsay, París.
Este cuadro es una muestra de la habilidad del pintor. Un recurso ingenioso para mostrar el cuerpo de una mujer desnuda. El uso del espejo nos ayuda a ver a la mujer de frente, que nos oculta el sexo por medio de otro juego entre la toalla y el brazo; mientras que, en primer término, podemos verla de espaldas. La paleta de colores es cálida como en casi todos los cuadros de esta estancia. Al contemplar estas obras, el curioso viajero tiene la sensación de haber invadido un espacio privado y haberse convertido sin apenas darse cuenta en un observador dela intimidad.

La tarde burguesa/La familia Terrasse, 1900
Óleo sobre lienzo, 139 x 212 cm
Musée d’Orsay, París
Se trata de uno de los retratos colectivos más representativos de la obra de Bonnard y realizado en un momento clave en su vida. Empezaba a abandonar los preceptos estéticos del movimiento nabi. La escena rezuma naturalidad donde preside la tranquilidad y un «aire feliz» flota sobre el ambiente de la vivienda familiar. Cada uno de los miembros parece estar a lo suyo, ensimismado en su tarea: la abuela con la nieta; la hermana mayor con la pequeña; el abuela fumando la pipa; al fondo otra mujer acompaña a una pequeña a entrar en la casa.
El descanso/Muchacha con blusa roja, c. 1920
Óleo sobre lienzo, 38 x 48 cm
Colección Winter
Dentro de los retratos cabe destacar este cuadro de pequeño formato y lleno de colorido. Se trata del retrato de Renée Monchaty, una joven que se convirtió en musa y también en amante. Cinco años después de esta pintura la joven se suicido. No aguantó que una semana antes se hubiera casado con Marthe. La contemplación del rostro, que ocupa buena parte de la superficie del lienzo, nos transmite placidez, tal vez por el uso de color anaranjado tanto para el jersey como para el fondo de la estancia. Tiene un cierto aire melancólico. La postura no es habitual, ese giro de la cabeza crea una atractiva diagonal. En muchos de los cuadros en los que Bonnard pinta a su esposa ésta no tiene definidos los ojos, son como unas cuencas vacías. Sin embargo en esta obra sí que los tiene, sí están bien dibujados.

El boxeador, retrato del artista, 1931
Óleo sobre lienzo, 54 x 74,3 cm
Musée d’Orsay, París
Un autorretrato impactante. Junto a éste se pueden ver otros en diversos momentos de su vida. Con el torso desnudo y los brazos en actitud de lucha, de ejercitarse un simulacro de golpe. Su figura delgada transmite cierta sensación de patetismo, sobre un fondo amarillo. Algunos críticos han visto en este cuadro una metáfora sobre la lucha que tuvo que entablar el pintor con su propia pintura, pero también la de un hombre ahogado en su experiencia vital. Desasosiego. Un gran retrato psicológico y de mucha fuerza.

El rapto de Europa, 1919 Óleo sobre lienzo, 117,5 × 153 cm Toledo (Ohio), Toledo Museum of Art © Photo Richard P. Goodbody Inc. © Pierre Bonnard, VEGAP, Madrid, 2015
El rapto de Europa, 1919
Óleo sobre lienzo, 117,5 × 153 cm
Toledo (Ohio), Toledo Museum of Art
© Photo Richard P. Goodbody Inc.
© Pierre Bonnard, VEGAP, Madrid, 2015

El rapto de Europa, 1919
Óleo sobre lienzo, 117,5 x 153 cm
Toledo Museum of Art, Toledo
Lo primero que llama la atención de este cuadro es la luz. Parece desprender una luz potente que emana de Europa, un toro blanco. Al principio me costó descubrir el toro, está confundido como si fuera una roca o la arena de la playa. Contrasta con el blanco, la variada gama de azules del mar que dan lugar al nombre de este apartado: ultravioleta. Un estallido de luz y color y vivacidad.Relata el conocido tema mitológico griego: Zeus convertido en un bello y grácil toro, engatusa a la bella Europa, la hija de Agénor, rey de Tiro.

Vista de Le Cannet, 1927
Óleo sobre lienzo, 242,3 x 242 cm.
Musée Bonard. Le Cannet
El color naranja del otoño, proveniente de los árboles, se mezcla con el rojo de los tejados y sus blancas fachadas. Y todo ello enmarcado por la naturaleza, por la vegetación exuberante y por el cielo. Una gran obra que cierra la exposición.
Este tipo de vistas y casi desde el mismo lugar –su casa-, fue un tema recurrente sobre todo durante la guerra. Un periodo en el que el mayor tiempo lo pasó Bonnard en su residencia en Cannet.

«El cuadro es una serie de manchas que se van entretejiendo hasta formar un objeto sobre el que el ojo pasea sin tropiezo».
Bonnard

La terraza soleada, 1939 – 1945
Óleo sobre lienzo, 72 x 236 cm
Colección particular
Uno de sus últimos cuadros.
«Más certera que nunca» según Matisse, en la carta que le envío al propio Bonnard tras su visita. Constituye una exaltación del color este reflejo del clima cálido del Mediterráneo. También supone la culminación en cuanto a la simplificación de las formas, incluso podemos ver un guiño al puntillismo con esos toques de color como pequeñas formas geométricas. Fue una de sus últimas obras.

Pierre Bonnard (1867 – 1947) fue una figura clave en el nacimiento y desarrollo del arte moderno. Sus obras cabalgan entre un cierto simbolismo y una exaltación del color con un propio estilo, vivo y original, bajo la influencia del japonismo (el gusto por lo exótico que viene de Oriente) y de artistas como Gauguin tan inclasificable como el propio Bonnard. Con el paso de los años, el estudio de su pintura, tranquila, sencilla y alegre, se revela como compleja, rica y llena de matices.

Como viene siendo habitual en la Fundación Mapfre, se ha editado un catálogo sobre la obra de Pierre Bonnard que profundiza en diversos aspectos tratados por reconocidos especialistas como Guy Cogeval, Isabelle Cahn, Ursula Perucchi-Petri, Paul-Henri Bourrelier, Felix Krämer, Philippe Comar, Marina Ferretti-Bocquillon, Nicholas Watkins, Antoine Terrasse, Magali Lesauvage, María López Fernández y Casilda Ybarra. Con abundantes imágenes, así como la correspondiente ficha técnica de cada obra y una completa biografía del artista, así como una extensa bibliografía.

Os dejo el enlace para realizar la visita virtual (ya solo me queda llevaros de la mano -que por otro lado, lo haría con sumo gusto-).

Visita virtual exposición Bonnard en la Fundación Mapfre.

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

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