Critica pelicula Sin hijos, con Maribel Verdú y Diego Peretti

Sin hijos

Cuestión de prioridades

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Película: Sin hijos.
Dirección: Ariel Winograd.
Reparto: Diego Peretti, Maribel Verdú, Guadalupe Manent.
Países: Argentina y España. Año: 2015. Duración: 100 min.
Género: Comedia romántica.
Guion: Mariano Vera; basada en un argumento de Pablo Solarz.
Música: Darío Eskenazi.
Distribuidora: Syldavia Cinema.
Estreno en España: 14 Agosto 2015.
Calificación por edades: Apta para todos los públicos.

Sinopsis
Gabriel (Diego Peretti) es un hombre separado desde hace cuatro años que tiene como centro de su vida el cuidado de Sofía, su hija de 8 años. La aparición de Vicky (Maribel Verdú), un antiguo amor adolescente de Gabriel hace que esta entrega total se tambaleé ya que, cuando comienzan a verse Vicky le explica que jamás saldrá con un hombre con hijos.
Esto provoca que Gabriel se vea envuelto en una divertida sucesión de mentiras para ocultar cualquier rastro de la existencia de Sofía. Cada vez que su novia llega a su casa debe hacer desaparecer juguetes, ropa y todo lo que revele que hay una niña en casa.

Comentario
Quien más o quien menos (soltero, casado, divorciado, con hijos o sin ellos) habrá tenido que asistir a la escena en la que un niño anda a sus anchas haciendo lo que le da la gana y sin tener en cuenta ni donde está, ni la gente que tiene a su alrededor. Con lo cual surge la inevitable pregunta ¿pero ese niño no tiene padres? El grado de tolerancia hacia los niños me imagino que formará parte del ADN de cada uno, aunque este se ve alterado, lógicamente, en la medida que te relaciones con los críos. Si encima eres padres, pues tu visión queda mediatizada, porque admitámoslo, nuestros hijos son los mejores del mundo, y por supuesto, los más educados. Faltaría más.
Esta parece ser la premisa que nos plantea Sin hijos. Una mujer, Vicky (Marible Verdú), se encuentra en con un antiguo amigo, Gabriel (Diego Peretti), mientras se hacen el carnet de identidad en Buenos Aires. Así a la ligera, ella, guapa, extrovertida, le confiesa que siempre le gustó. Él, algo patoso, melenudo, desgarbado, le pregunta por su hermana (siempre le gustó). Vicky le invita a realizar un viaje por Salta y los alrededores. Le da su teléfono y le dice que se lo piense. Gabriel no le dice nada. No le dice ni que tiene una mujer que le está esperando en la sala de espera preñada y a punto de dar a luz. Este hecho será crucial en el devenir de la historia. Ya nos está marcando un personaje.
Nueve años después, Gabriel, de profesión casi arquitecto (lleva diez años repitiendo que le quedan tres asignaturas para acabar) ha tomado las riendas del negocio familiar: una tienda de instrumentos musicales que heredó de su abuelo. Fruto de aquel embarazo nació Sofía y fruto del desamor surgió el divorcio: su mujer se enamoró del profesor de taekwondo de su hija. Gabriel está volcado con la niña de sus ojos. Sofía pasa la mayor parte del tiene en casa de su papá.

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Gabriel se encuentra tratando de rehacer su vida afectiva (no tiene pareja y no lo pone nada fácil a posibles pretendientes pues Sofía le ocupa casi todo su corazón) cuando vuelve a aparecer en escena una deslumbrante Vicky. Sigue tal cual. Un espíritu libre que se dedica a organizar viajes y actividades para los demás.
Vicky le vuelve a invitar a Gabriel, en esta ocasión a una fiesta privada. Gabriel ha tomado nota de sus anteriores escarceos y sabe que no tiene que hablar de Sofía, ya que actúa como desinhibidor de la libido femenina (por lo menos en la primera cita). Y lo cumple a rajatabla. Cuando quiere contar la verdad es demasiado tarde. Están a punto de darse un buen homenaje y no es cuestión de echar todo a perder. Así que una pequeña mentira lleva a la otra y ya se sabe, la trola se ha hecho una gigantesca bola, con el agravante de que Vicky tiene una manifiesta intolerancia a los niños.

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Esa situación ya la hemos visto en varias películas. Quizás, aquí la novedad la constituye el papel de la niña Sofía (Guadalupe Manent) que ante la inmadurez de su padre tiene que tomar ella las riendas para intentar salvar la propia relación de Gabriel y Vicky.
Sin hijos, es una muy buena comedia coproducida por España y Argentina que ha reventado la taquilla en los cines argentinos. Tiene muy bien marcado los tiempos del género, con una estructura convencional, con el encuentro, desencuentro y reencuentro tan típico de estas películas. La guinda también es muy del estilo hollywoodiense: una canción como actividad escolar de fin de curso protagoniza por Sofía y su padre, en la que han estado trabajando toda la película. Muy previsible. Sin ninguna duda lo mejor de todo en Sin hijos es la gran actuación de la pequeña Sofía que luce un desparpajo impropio de su corta edad (apenas 10 años). La pareja protagonista no tiene chispa. No es que sean la Bella y la Bestia, no. Pero no lucen química; entre ellos se nota una falta de afinidad. La motivación del personaje de Maribel Verdú deja mucho que desear. El punto culminante es cuando descubre el engaño revelando el suyo propio. Lo que revela no parece causar mayor desazón en Gabriel y eso no es entendible. Mejor resuelto está el personaje de Gabriel, que desde ese primer momento en que oculta a su mujer (y su embarazo) nos está desarrollando un personaje. No tenía pensado tener una relación con Vicky y cuando empieza no es de extrañar que la mentira aflore a la par que el sentimiento de culpa.

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A pesar de esas pegas, Sin hijos es una buena comedia, como he dicho antes. Sigue presente en los argentinos esa crítica constante a las terapias que proporciona unos buenos gags. Y sobre todo los proporciona ese intento de camuflar a la niña con esa doble vida impostada. Con un guion ágil, aunque algo plano, se cimienta una historia sencilla, con una cuidada banda sonora y una meritoria fotografía. La dirección corre a cargo de Ariel Winograd (Mi primera boda, 2010 y Vino Para Robar, 2013) del que no tenía referencias. Además de la pequeña, dirige a dos grandes actores que ejercen de reclamo y que son suficientemente conocidos tanto dentro como fuera de nuestras fronteras: Diego Peretti y Maribel Verdú. Diego Peretti (No sos vos, soy yo de Juan Taratuto, 2007, Tiempo de valientes, de Damián Szifron, 2005) es de esos actores que su físico les marca. Hagan lo que hagan la risa te aflora. Maribel Verdú goza de una esplendorosa segunda juventud. Ella aporta mucho más de lo que, sin duda, el guion refleja. Sus gestos con la pequeña y como maneje la vis cómica la delatan como una buena actriz. Muy recientemente la hemos visto en Felices 40 (Gracia Querejeta, 2015) y anteriormente en 15 años y un día (Gracia Querejeta, 2013).

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La película no entra a juzgar a aquellos que sienten fobia por lo niños o que les molestan que sus padres no se preocupen de ellos cuando realmente están dando la lata (que no es una cosa subjetiva). Sin hijos expone que hay personas que optan por un determinado modo de vida, al igual que pudiera hacerlo por aquellos que les gusta más la playa que la montaña a la hora de elegir el lugar de vacaciones. Vicky está convencida de que lo suyo es recíproco, es como se suele decir que pasa con los animales; con aquellos que tienen miedo de los perros (por ejemplo) y al acercarse a éstos, estos huelen el miedo. Los niños huelen la fobia de Vicky, se echan a llorar y, sin quererlo fomentan su tirria. Tal vez esto se le cure con un feliz embarazo, (magnífico gag con el que cierra el film) pero eso será para otra ocasión.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

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