Crítica Mi familia italiana de Cristina Comencini

Mi familia italiana
Añoranza del gran cine italiano

WMi-familia-italianaFicha ténica
Dirección: Cristina Comencini.
Producción: Lionello Cerri.
Guion: Cristina Comencini, Giulia Calenda.
Fotografía: Italo Petriccione.
Montaje: Andrea Farri.
Distribuidora: Wanda Visión.
Estreno en España: 17 Julio 2015

Ficha artística
Madres: Virna Lisi (Rita), Marisa Paredes (Ramona). Hijas: Angela Finocchiaro (Susanna), Valeria Bruni-Tedeschi (Sthepanie), Candela Peña (Segunda), Phila Vitala (Solveig) Nadeah Miranda (Shelley) y Cecilia Zingaro (Saveria). El gran galán del cine italiano: Francesco Scianna (Saverio). El especialista: Lluis Homar (Pedro). El montador (Neri Marcorè. El periodista: Claudio Gioè (Marco Serra). El crítico: (Toni Bertorelli (Picci). Y como único marido: Jordi Molla (Alfonso).

Sinopsis
En un pueblo de la región de Puglia se celebra el décimo aniversario de la muerte de Saverio Crispo, el gran galán del cine italiano. A la ceremonia llegan sus cinco hijas, desperdigadas por el mundo, y dos ex-mujeres, una italiana (Virna Lisi) y la otra española (Marisa Paredes). Y en medio de las celebraciones irrumpe Pedro del Río (Lluis Homar), el actor especialista que parece conocer al actor mejor que nadie. Entre ruedas de prensa, proyecciones y nocturnas revelaciones de secretos, las mujeres del gran divo se enfrentan en un torbellino de emociones y situaciones tragicómicas.

Comentario
Os amplio un poco más esa sinopsis con unas notas del dossier de prensa que creo que resumen muy bien la línea argumental de Mi familia italiana. Saverio Crispo, el gran actor del cine italiano, un genio, como lo define el crítico Picci, murió hace diez años. Sus cinco hijas, de diferentes madres y desperdigadas por el mundo, se reúnen en la gran casa del pueblo natal de actor, en la región de Puglia. La hija italiana con el compañero del que es la novia clandestina. La hija francesa, con el menor de los tres hijos que ha tenido de tres padres diferentes. La hija española, la única casada, con un marido que es un infiel incorregible. Y la última hija, sueca, a la que al padre casi no conoció. También están presentes las dos viudas, la primera mujer, una italiana que le cuidó en la vejez, y la actriz española que se casó con él en la época de los spaghetti western. Ninguna de las hijas conoció realmente al padre de familia (un latin lover en toda regla –así es el título original-) pero todas lo han mitificado y amado en diferentes épocas de su triunfal carrera de actor. Y en medio de las celebraciones, cuando todavía esperan a la quinta hija, la norteamericana reconocida gracias a una prueba de ADN, irrumpe Pedro del Río, el actor especialista que parece conocer al actor mejor que nadie.

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Uno de los grandes méritos que tiene Mi familia italiana es que ofrece un producto muy trabajado, digno, honesto, en dónde han sabido montar tres películas en una sola. Por un lado tenemos la recreación de la vida del galán italiano de los años 60/70 que recoge sus etapas bien diferenciadas por el tipo de películas que hacía. Desde sus comienzos en comedietas y obras de teatro llevadas a la gran pantalla (con magníficos escenas al estilo del cine de aquellos años, por supuesto que en blanco y negro y con una textura especial), pasando por thrillers, por el spaguetti western (rodados en Almería), hasta dramas intensos típicos de Suecia (cine de autor) o el cine de la nouvelle vague francesa, hasta desembarcar en Hollywood («el peor cine que hizo»). Otra película sería todo lo que rodea a los actos que se organizan para agasajar a la gran figura con motivo del décimo aniversario de su muerte. El punto fuerte lo tiene la llegada de las diferentes hijas, fruto de las distintas uniones con distintas mujeres. Y la otra película es una comedia de enredo familiar. Quizás esta última ofrece algunos puntos tragicómicos muy interesantes provocando una serie de intrigas, de situaciones incómodas con alguna que otra decepción y el desvelo de más de un secreto. Estas reuniones de sobremesa o sofá «al amor de la lumbre» (en realidad, al calor de la residencia familiar) son un cóctel explosivo. Las relaciones entre las hijas son de lo más complejo. Algunas ni se han visto. Otras han tenido que compartir un padre a tiempo parcial, más preocupado por su imagen que por ejercer como tal. Rencillas, recelos, celos y envidias. En fin, «mujeres al borde de un ataque de nervios» (Pedro Almodóvar le habría dado una buena vuelta a este guion).

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Otro punto fuerte es la gran elección del casting. Se ha elegido a actores «nativos» para dar una mayor verosimilitud a la trama. Americanas, españolas, francesas, suecas. Saverio «tocó» todos los palos. Las grandes mammas corren a cargo de dos grandes actrices: Marisa Paredes y Virna Lisi. Soberbias. A ésta última está dedicada la película. Falleció a finales del 2014 al poco tiempo de finalizar el rodaje de la película. Un bellezón, una gran actriz y musa italiana que (al igual que sucede en el propio film) empezó su carrera en los años 60. Saltó a Hollywood cuando algún productor quiso que fuera la actriz que sustituyera a la, recientemente, fallecida Marilyn Monroe rodando incluso en los mismos estudios y haciendo el mismo tipo de comedia al lado de Jack Lemmon en Cómo matar a la propia esposa (1965), o Toni Curtis ¡Bromas con mi esposa, no! (1966). Rechazó participar como chica Bond en una entrega del agente 007 (Desde Rusia con amor) y también posar desnuda para la revista Playboy. Pasados unos años abandonó los EE. UU. aunque no los rodajes internacionales para volver a recalar en Europa donde realizó multitud de películas. Participó en las tres últimas de Cristina Comencini. Parece ser que la otra gran actriz, Marisa Paredes, tiene que emigrar para conseguir algún papel decente. Aquí está magnífica. Otro tanto le sucede a Candela Peña. Sin histrionismos, realiza un papel ejemplar, de una mujer, entre otras cosas, que no entiende si es la tercera porque se llama Segunda. Por cierto que es una buena definición de un personaje el hecho de que a todas sus hijas le ponga nombre que empiecen con la S –Saverio, a mayor gloria-. A Valeria Bruni-Tedeschi la acabamos de ver en El capital humano. Vuelve a realizar un papel de mujer atormentada, que se siente relegada a un segundo plano. Y del resto de las mujeres lo que puedo decir es que no desentonan. Hay un par de papeles reservados para dos hombres (hay otro par de ellos, pero sin más relevancia). Uno es el del único marido presente en la reunión, Alfonso (Jordi Molla) uno de nuestro actores más internacionales o aunque con diferente éxito que también hizo su escapada a Hollywood. Aquí ejerce de marido medio macarra, medio chuleta, lleno de tópicos. El otro es Pedro, interpretado por un excelso Luis Homar. Ambos se lucen, pero en especial, Homar. El papel que representa y su actuación de lo mejorcito.

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Es una película que rinde un pequeño homenaje al cine en general, y en particular al cine italiano. Los italianos echan de menos a los grandes mitos: Fellini (1920 – 1993), Passolini (1922 – 1975) o Vittorio de Sica (1901 – 1974). Quizás con muchas notas autobiográficas. La directora es hija de Luigi Comencini, uno de los grandes cineastas de la comedia del país transalpino que trabajó con grandes de la escena como Totó, Alberto Sordi o Vittori Gassman. Hay un crítico que ha llegado a ver también en el personaje de Saverio Crispo a Marcello Mastronianni (1924-1996). Nos es de extrañar pues Mastronianni encarnó a ese típico galán (llamado latín lover) que encandiló a las mujeres más bellas (Sophia Loren o Catherine Deneuve, entre otras). Donjuán con un puntito de canalla (y también con algún hijo/hija de una relación extramatrimonial).

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El resultado final es un poco el reflejo de la propia película. Es decir, es una suma de entidades semejante a la suma de las mujeres en la vida de Saverio, que tienen la particular de ser cada una de un país. Y sucede como en la propia familia, que no acaba de funcionar. No hay una cohesión interna sólida. Durante casi la primera hora me aburrí bastante. Era una sucesión de presentación de personajes que hablaban y hablaban mucho sin mayor interés (salvo el comienzo de esa recreación de su vida). Pero luego la historia avanzó y me ofreció uno de los momentos que se te quedan en la menoría me imagino que (y eso espero) por mucho tiempo. Sin destrozar la película es cuando Pedro (Lluis Homar) sube al escenario y cuenta aspectos de Saverio, desvelando que prácticamente es el que mejor lo conocía. Magnífica secuencia delante de las imágenes proyectadas en la gran pantalla del latín lover.

Os dejo un tráiler en su versión original:

 

Luisjo Cuadrado

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