Una mirada a un Zurbarán desconocido. Exposición en el Thyssen-Bornemisza

Una mirada a un Zurbarán desconocido

Es el pintor por excelencia de monjes y santas, el maestro incuestionable de la plasmación del sentimiento religioso en el lienzo.
Sus obras están plagadas de escenas bíblicas, la mayoría de ellas encargos para iglesias y conventos.
El misticismo que desprenden resulta sobrecogedor hasta para los menos piadosos.

San Francisco de pie contemplando una calavera, c.1633‐1635
San Francisco de pie contemplando una
calavera, c.1633‐1635

Pero la figura de Francisco de Zurbarán va mucho más allá de eso.

Es lo que pretende reivindicar la muestra que expone estos días el Museo Thyssen-Bornemisza en Madrid, `Zurbarán, una nueva mirada´, una revisión actualizada de este maestro del Siglo de Oro español, que indaga en sus facetas más desconocidas por el gran público y que se atreve a mostrarlo como un auténtico maestro del color, la luz y la ejecución minuciosa.

La exposición, que reúne un total de 63 obras, algunas de ellas nunca antes vistas en España, busca acercarse a un Zurbarán distinto, incluyendo los descubrimientos y estudios realizados en las últimas décadas, que han enriquecido el conocimiento del artista y su trabajo.
Tras rastrear e investigar la vida y la obra del artista extremeño durante más de 30 años, la experta en su figura y comisaria de la exposición, Odile Delenda, intenta desmontar los mitos creados en torno a la figura de Zurbarán, afirmando que “No es sólo un pintor de monjes, también era un colorista excepcional y un maestro de los detalles”.

La luz, la quietud reflexiva

La pintura de Zurbarán llama la atención en la actualidad por su sobriedad y por la sencillez en la interpretación de los temas y los personajes. En sus obras, las composiciones solemnes le ayudan a crear escenas llenas de espiritualidad contenida, de quietud y con un fuerte sentimiento piadoso, reflexivo, calmado. Como si se creara una atmósfera llena de silencio al contemplarlas.
Respecto a la luz, el uso expresivo que hace Zurbarán de los contraluces poco tiene que ver con el de algunos de sus contemporáneos a los que admiraba, como Caravaggio, aunque la técnica utilizada sea similar.

El maestro español se distingue por su expresividad `callada´ y estática, creando atmósferas más amables. Tal como explica Guillermo Solana, director artístico de Museo Thyssen, “Caravaggio es un pintor lleno de violencia, a veces muy intensa, otras algo contenida, pero está ahí, latente. La sensibilidad de Zurbarán es distinta, es más quietista, más mística, menos trágica”.

Lejos de resultar inexpresiva, esta calma silenciosa consigue despertar en el observador un fuerte sentimiento de recogimiento. Tanto los temas elegidos como la interpretación pausada y reflexiva que Zurbarán imprimió a sus obras están estrechamente relacionados con la época que le tocó vivir.

Nacido en la localidad extremeña de Fuente de Cantos (Badajoz) en 1598, su vida transcurrió inmersa en el espíritu de la Contrarreforma.
Con el objetivo de renovar la Iglesia Católica y evitar el avance del Protestantismo, los artistas de la España de principios del siglo XVII recibieron múltiples encargos de órdenes religiosas, iglesias, conventos y todo tipo de instituciones eclesiásticas.
La imagen religiosa en el Arte debía servir de forma didáctica, siendo amable, cercana y piadosa, comprensible para una sociedad mayoritariamente analfabeta, logrando que lo místico se acercara a lo cotidiano.

Peras en cuenco de porcelana, c. 1645
Peras en cuenco de porcelana, c. 1645

`Maestro´ del detalle y el color

La precisión absoluta en el dibujo, que dota a sus lienzos de un realismo impactante, es uno de los aspectos sobre los que pretende llamar la atención esta nueva retrospectiva del Museo Thyssen. Tal como explica Solana, “Zurbarán es el pintor de lo táctil, del mundo de los volúmenes y las texturas”.

Por su parte, Mar Borobia, jefa del área de Pintura Antigua del Thyssen y también comisaria de la exposición, explica que “Sigue llamando la atención la minuciosidad y el cuidado que ponía en cada uno de los detalles, en las telas y en todos los objetos secundarios de la obra. Hasta en un alfiler pinchado sobre el papel que usa para estampar su firma en la obra”.

Claro ejemplo de ello es la ejecución de las telas en los hábitos de los monjes o en los vestidos de sus santas, ricamente ataviadas y siempre mujeres hermosas, cuya textura casi puede `tocarse con la mirada´ al observarlas, como en su famosa Santa Casilda (1630-1635), en la blancura del manto del martirizado San Serapio (1628), o en sus célebres naturalezas muertas.

San Serapio, 1628
San Serapio, 1628

Zurbarán dota a todos y cada uno de sus objetos de una gran materialidad, logrando convertir “lo cotidiano en religioso”, tal como explica Odile Delenda.
La precisión con la que Zurbarán aborda su representación ha llevado a calificar algunas de sus imágenes de “trampantojos a lo divino”.
Esto queda evidenciado en sus naturalezas muertas, género con el que alcanzó gran reconocimiento en la España del siglo XVII junto a su hijo Juan de Zurbarán, dotando a sus bodegones de una intensa espiritualidad, donde los objetos adquieren un protagonismo casi místico, como en Bodegón con cacharros (1650 – 1655).

A pesar de su sobriedad, propia de los cánones impuestos en la España de la Contrarreforma, y de que siempre fue catalogado como `pintor de lo oscuro´, en algunas de las obras de Zurbarán es posible descubrir a un magnífico colorista.

En La adoración de los Magos (1638-39), el colorido resplandeciente de las vestimentas de los reyes magos, así como la combinación elegante de los tonos, dan fe de un Zurbarán también preocupado por lo cromático y experto en el manejo del color.

Las conexiones con la pintura moderna

Aunque resulte contradictorio, la figura artística y el estilo pictórico de Francisco de Zurbarán podrían considerarse de rabiosa actualidad.
Pintor de lo concreto, sus formas geométricas y sus grandes superficies lisas, junto con el universo solemne y silencioso que transmite su obra, lo conectan con algunas sensibilidades de algunos de los movimientos artísticos más importantes del siglo XX, desde el cubismo a la pintura metafísica, pasando por el hieratismo de Cézanne, poniendo de manifiesto su gran actualidad y el inmenso legado que dejó para la Historia del Arte.

Os dejamos un tráiler

Belén Merino Vallejo

Revista Atticus

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