Exposición Vogue Like a painting en el Museo Thyssen-Bornemisza

VOGUE LIKE A PAINTING
LA PINTURA CONVERTIDA EN FOTOGRAFÍA

Hablar de Vogue es hablar de moda con mayúsculas; de cosmopolitismo; de calidad; de tendencia; de vanguardia; de clase y estilo; de élite; de modernidad y de «tradición». Existen infinitos adjetivos para definir a la mundialmente conocida -y reconocida- publicación, pero lo cierto es que ninguno de ellos le hace justicia. Porque es el referente en moda para el resto de revistas de la gama, y para infinidad de diseñadores, artistas, lectores ávidos de novedades, amantes de «lo que se lleva ahora», inspiración para modelos, actrices, bloggers, gente de a pie, adolescentes, hombres y mujeres que siempre quieren «algo más». Ese toque inalcanzable de allure. La magia de lo que nunca llegaremos a tener.

Gemma - Paolo Roversi, 2003
Gemma – Paolo Roversi, 2003

Con la exposición presentada el 29 de junio a los medios en las Salas Moneo del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, por Ediciones Condé Nast y la misma entidad museística, y bajo el título Vogue like a painting, la pintura es apreciada, escrutada, parangonada y vista a través del objetivo de una cámara fotográfica. Patrocinada por la firma Bulgari, el mundo de la moda baja a la tierra y se postra ante los mortales para compartir con todos nosotros un pedacito de selecta y elegante ambrosía.

La muestra se compone de sesenta y siete fotografías de los mejores colaboradores fotográficos del magazine, y de un audiovisual de apenas dos minutos de duración. Todos ellos recogen la relación directa entre las dos artes desde el nacimiento de Vogue hasta el año actual.

El estrecho vínculo entre pintura y fotografía comienza en los orígenes de ésta última. Y desde los inicios del movimiento Impresionista se prefigura lo que llegará a ser la técnica y la creación fotográfica. La captura del momento, del instante, de lo efímero, para convertirlo en eterno. Para que el espectador pueda recrearse en ese preciso segundo y que no quede tan solo impreso en la memoria, sino que resulte también tangible de algún modo.

Los primeros fotógrafos, los denominados «pictorialistas», entre los que se encuentran Julia Margaret Cameron y David Octavius Hill, trataron de recrear también un mundo ideal, un mundo mágico, muy femenino, en ocasiones rayando lo cursi. Retocaban los resultados, dando importancia a «lo bello» aunque muchas veces resultara artificial. Fueron los primeros pasos. El exponente más curioso y bizarro lo encontramos en Inglaterra, a principios del siglo XX. La fiebre por la fotografía y por el retrato, lleva incluso a «fotografíar hadas». Un fenómeno del que fueron pioneras las primas Wright y Griffith. Este episodio es conocido como «las Hadas de Cottingley» y son una serie de cinco instantáneas en las que las dos adolescentes juegan con los diminutos seres alados. Con el tiempo se fue demostrando que no fueron más que un retoque que llevaron a cabo las dos niñas, muy propensas a la creatividad y a la experimentación. ¿Se pueden también establecer los orígenes primitivos del photoshop? No lo creo, pero sí comenzaron los primeros intentos para mejorar la fotografía.

Estas originales aproximaciones fotográficas han influido mucho en gran parte de la obra expuesta en la muestra que se expone actualmente en el Thyssen.

Lucy Davies, redactora de Arte y Fotografía para The Telegraph, apostilla que todas las fotografías seleccionadas para la exposición de Vogue, lo han sido porque «tienen las características que tradicionalmente se atribuyen a la pintura y la dotan de un valor especial».

El recorrido expositivo se divide en tres apartados diversos. Los grandes géneros pictóricos. El retrato, el paisaje y los interiores (escenas de género).

Los retratos

De grupo, individuales, autorretratos. Todos los que han sido seleccionados completan el primer pasillo de la muestra. Iconográficamente observamos muchas Ofelias engullidas por las aguas; románticas Alicias perdidas en sus propios laberintos; muchachas de la perla; languideces; suspiros; y meriendas de algodón de azúcar, pasteles (como postre y como colores) y los emblemáticos macarrons franceses.

De esta primera parte, hay que destacar los retratos de Annie Leibovitz, tan icónicos como ella. A su mirada debemos el retrato grupal y cartel oficial de la película de Sofia Coppola María Antonieta. Una Kirsten Dunst protagonista de una conversation piece, nombre con el que se conocía a los retratos de grupo británicos en el siglo XVIII, avanza lo que serán una serie de retratos cuyos protagonistas serán los colores pálidos, los cruces de miradas, las manos entrelazadas que perfilan secretos y mentiras. ¿Alguien reconoce al protagonista de la trilogía de las Cincuenta Sombras entre tanto peluquín y almidón? Sofia Coppola también será protagonista al influenciar los retratos que varios artistas realizan inspirándose en su primer film como debutante, Las Vírgenes Suicidas.

Annie Leibovitzm 2006 A N N I E L E I B O V I T Z 2 0 0 6
María Antonieta – Annie Leibovitzm 2006

 

Peter Lindbergh y Mario Testino nos introducen en Una tarde encantada y en el retrato de Tanga Moreau, Carly Hanger, Shanna Shank & Jayne Windsor, respectivamente, en un universo femenino decadente, frágil, fracturado, delicado y virgen. Los personajes se sitúan en paisajes de jardines frondosos, se funden con los árboles, repletos de frutas prohibidas, en bailes inocentes y gestos perversos. A veces son cisnes, a veces mujeres aladas, otras veces sirenas varadas con melenas de colores ahogadas.

La malograda María Antonieta no nos abandona. Y en el perfil de la modelo Gemma Ward la encontramos reflejada antes de la guillotina. El cuello palpitante, el rostro y los ojos limpios, los cabellos revueltos, la luz fría de la mañana… Este retrato de Paolo Roversi susurra las notas de otra mujer. La Isabel Archer interpretada por Nicole Kidman en Retrato de una dama, adaptación cinematográfica llevada a la gran pantalla por Jane Campion de la novela británica (The Portrait of a Lady) escrita por Henry James en 1881.

He comentado anteriormente que encontramos interesantes alegorías de La joven de la perla de Vermeer. Y es que es un tema tan femenino como misterioso, a la par que sensual. Las perlas, remembranzas de Venus se encuentran por doquier en la exposición. Erwin Olaf, Mariano Vivanco o Erwin Blumenfeld más explícitamente recuperan en sus fotografías este hito de la historia del arte holandés.

Como afirma la comisaria de la exposición, Debra Smith, a lo largo de todo el itinerario y en cada representación, se aprecia «una atemporalidad en la pose de las modelos; una especie de lapso mental en el que todo está muy, muy quieto». E inmersas en esa quietud van apareciendo y desapareciendo las modelos. Las chicas de moda. Desde la it-girl del momento, Karlie Kloss, hasta las que lo fueron en otros momentos. Contradicciones. Quietud en un mundo donde todo se mueve a golpe de temporada. Entre ellas, Lily Cole o Milla Jovovich, el elemento por excelencia, moviéndose en una danza desequilibrada entre el viento y el agua, vista a través del ojo de Peter Lindbergh.

Sí, se detiene el tiempo. Especialmente en el momento en el que el espectador se encuentra delante de la instantánea sin título de Clifford Coffin. Los ecos del Surrealismo pictórico, de los desiertos, de los relojes dalinianos que se derriten; y las misteriosas sombras de De Chirico se manifiestan en esta fotografía atemporal.

Sin título - Clifford Coffin, 1949
Sin título – Clifford Coffin, 1949

El bodegón barroco también ha sido rescatado para la ocasión. Grant Cornett ha sabido interpretar al maestro barroco italiano Caravaggio y ha revivido sus naturalezas muertas en su obra fotográfica. Así como Nick Knight funde en sus floreros la tradición moderna, el espíritu de Renoir y la técnica del grafiti contemporáneo.

Iconos de la vida moderna

Hay una estudiada segunda parte en la exposición, que nos introduce a la mujer moderna. No tan bucólica, no tan inocente, no tan idílica. Las luces de la ciudad, los neones y los rascacielos se ponen en contraste con una nueva protagonista femenina que observa el mundo que le rodea. Aquí también vuelve a aparecer Sofia Coppola y su aclamada Lost in Translation. Una mujer de silencios, cafés y nuevas tecnologías. Una mujer moderna. La pausada Claudia Schiffer, retratada admirablemente por Camilla Akrans en Mujer sola (A single woman, 2010) rememora las mejores obras del pintor estadounidense Edward Hopper. La calma en contraposición a la frenética sociedad actual. El denominado movimiento Slow life (Vida lenta). La sombra de un pensamiento perfecto. La quietud y la melancolía.

Mujer sola - Camilla Akrans, 2010
Mujer sola – Camilla Akrans, 2010

Indudables iconos de la vida actual son los que proponen en sus instantáneas Irving Penn, sumergiéndose en la cultura pop con un retrato de una modelo a lo Minnie Mouse arropada por los encajes blancos de una blusa de Ives Saint Laurent; o Paolo Roversi a través de la mirada punk de Stella Tennant que trae recuerdos del mejor David Bowie, entremezclados con acordes de la paleta impresionista de Monet.

Cate Blanchett y Tilda Swinton -esta última protagonista del audiovisual que se proyecta dentro de la exposición- representan el componente andrógino que ha tenido -ahora ya con menos fuerza- la moda durante las últimas décadas. Ese ángel sin sexo que mira más allá. La asexualidad ligada a la belleza y a la virginidad. Y que es una característica que une tradición -basta recordar los puttis del Quattrocento o del Manierismo Italiano- y modernidad -la mujer en plena lucha con el hombre, que busca igualdad de oportunidades, buscarse a sí misma, y tal vez encontrarse en un cuerpo y una mentalidad distinta a la original.

En definitiva, el Museo Thyssen presenta, como viene siendo habitual y muy en la línea de sus últimas exposiciones, una novedad. Un arriesgar. Un nuevo tipo de exposición. Ya lo hizo con Givenchy y repite con Vogue. La fórmula del éxito. La innovación. En ello, y a mi parecer, ha tenido mucho que ver Guillermo Solana, su director artístico. Su gusto y estilo son innegables. Sabe lo que quiere el público. El público demanda cosas nuevas, diferentes, originales. Y esta exposición lo es. Vogue like a painting mezcla la pintura y la fotografía más artística de la mítica revista femenina. Une tradiciones, crea vínculos. La fotografía de luces y sombras de Cécil Beaton, con La Pasión de Juana de Arco de Dreyer. Sorolla evocado por Patrick Demarchelier. Las bailarinas de Degas resucitadas en los negativos de Tim Walker. Un deleite para los sentidos. Una exposición de obligada visita para los amantes de la Historia del Arte y la fotografía, de las revistas de calidad y de la Belleza, en general.

Almudena Martínez Martín

Revista Atticus

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