Crítica La familia Bélier. Cuando se mezclan Intocable y Los chicos del coro

La familia Bélier

Cuando se mezclan Intocable y Los chicos del coro

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Título original: La famille Bélier
Director: Eric Lartigau
Interpretación: Louane Emera, Karin Viard, François Damiens, Roxane Duran, Mar Sodupe, Eric Elmosnino, Ilian Bergala, Luca Gelberg, Clémence Lassalas
Guión: Victoria Bedos, Thomas Bidegain, Eric Lartigau
Año: 2014. Duración: 105 min. País: Francia, Bélgica
Música: Evgueni Galperine, Sacha Galperine
Fotografía: Romain Winding
Productora: Jerico / Mars Films / France 2 Cinéma
Género: Comedia | Familia

Sinopsis
En la peculiar familia Bélier, todos son sordos menos Paula, que tiene 16 años. Ella es indispensable para sus padres en el día a día, sobre todo en la explotación de la granja familiar.
Animada por su profesor de música que ha descubierto en ella un sorprendente don para el canto, decide preparar la prueba para un concurso de radio nacional. Una elección vital que podría significar alejarse de su familia y un paso inevitable hacia la edad adulta.
¿Podrán los Bélier sobrevivir sin quien ha sido siempre sus labios y sus oídos… o triunfará el espíritu de una familia que haría cualquier cosa por seguir unida?

Comentario
Una nueva película francesa llega a nuestras carteleras. En esta ocasión viene con la vitola de ser la número uno en las primeras tres semanas con más de siete millones de espectadores en Francia. La familia Bélier es la sexta película del director francés Eric Lartigau y es la primera que traspasa nuestra frontera con éxito.
La familia Bélier está compuesta por cuatro miembros. El padre, Rodolphe (François Damiens), la madre, Gigi (Karian Viard), el hijo pequeño, Quentin (Luca Gelberg) y la hija, adolescente, Paula (Louane Emera) que es la única de la familia que no es sorda. A pesar de su corta edad, esta condición la convierte en una pieza indispensable dentro del engranaje de la familia cuya dedicación es la explotación de una granja (vaca, gansos, elaboración de quesos, etc.). Antes de ir al colegio atiende al teléfono a los proveedores con los que tiene que gestionar las financias.
Al comienzo del curso, Paula se apuntará al coro escolar más atraída por un compañero que por la propia música. Pero un peculiar profesor, Fabien Thomasson (Eric Elmosnino), descubrirá que Paula posee un don: tiene una voz prodigiosa. Se ofrece a darle clases particulares para que se presente a una prueba para entrar en una academia en París y seguir con cursos especializados en canto.
Y ya tenemos el conflicto planteado. Paula tiene que tomar la difícil decisión de seguir sus sueños, de vivir su vida, de echar a volar fuera del nido, o dedicarse a la atención que requiere la granja en constante contacto con su familia para ponerles la voz y ser así, el vínculo con el exterior, con «los otros». Un conflicto habitual (abandonar el hogar) en cualquier seno familiar pero que en la familia Bélier adquiere un punto dramático por la condición de sordos. Paula tiene que soportar un excesivo peso sobre sus hombros y tendrá que decidirse por un camino.

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Antes de seguir con la crítica en sí me gustaría aclarar algún término que todavía hoy, lamentablemente se sigue utilizando de forma incorrecta. «Quien mucho habla mucho yerra» es un dicho muy popular. Pero quienes escriben (o escribimos) deben/debemos de cuidar nuestra herramienta: el lenguaje. He leído un comentario sobre esta película que resumo: «Los padres son sordomudos, el hijo igualmente sordomudo y la joven hija Paula, que no solamente es normal, está dotada de una voz bellísima». Para echarse a temblar. Quien expresa esto es, por desgana o desidia, un ignorante. Los sordos se comunican perfectamente con su propio lenguaje, pero no son mudos. Y tacharles de anormales, es una aberración. Me quedo a gusto diciendo esto. Sigamos con nuestra familia.

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La familia vive en total armonía en un pueblecito en la campiña francesa (3/4 horas en coche hasta la capital parisina). Están integrados dentro de la comunidad. Es así hasta el punto que Rodolphe no duda en presentarse a la alcaldía del pueblo para plantar batalla al mediocre alcalde actual. Paula está entregada a su familia en cuerpo y alma, sin reservas. Pero su pasión por la música le pondrá su vida patas arriba. Cuando Paula comenta a sus padres que está ensayando con Thomasson casi a escondidas y que se está planteando la posibilidad de marcharse a París, surge el recelo de Rodolphe y Gigi. Tienen miedo de perder a su niña.
Hay una secuencia magistral que la quiero destacar porque resume un poco esa desazón que experimenta la familia. Se trata de ese típico acto de final de curso cuando los chavales salen a la palestra a realizar esa obra que llevan ensayando durante todo el año. En el caso de Paula es la actuación en el coro, pero también un dúo con el chico al que ha estado «persiguiendo» durante el curso. Allí, entre el público, están sus padres y su hermano. Al principio asisten divertidos al acto, bromean entre ellos, más pendientes de la reacción del público que de sus sentimientos. No les llega nada. No oyen. Incluso Gigi se muestra un tanto aburrida contemplándose la uñas. Un silencio abrumador llena la pantalla. A nosotros tampoco nos llega nada, es una actuación escolar más con unas bonitas voces y unos bonitos rostros, pero nada más. No me conmovía. Pero con ese silencio todo cambio y de ahí hasta la resolución final con una clara implicación hacia y de los padres. Magnífico.
Rodeando al conflicto de Paula con su familia, el director toca otros temas. El mundo rural frente a la capital; el despertar de la sexualidad en los jóvenes; las pandillas de amigos y el valor de la amistad; la relación con nuestros políticos; los problemas de comunicación, son algunos de ellos que hacen de esta propuesta una película de comedia ligera, con tintes dramáticos, para todos los públicos. Es un trabajo con mucho riesgo pues tiene que acoplar los gestos del cuerpo con lo que dicen, tanto con el habla como con el lenguaje de signos. La cinta está llena de gags visuales que proporcionan unos instantes cómicos y no tan habituales como es el caso de la visita al ginecólogo en el que Paula, horrorizada, se ve inmersa en una conversación sobre los problemas sexuales de sus padres algo impensable si no fuera por esa discapacidad.

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La actriz que interpreta a Paula, Lourane Emera, tiene la particularidad que es una estrella emergente que ha salido del programa La voz, una franquicia en busca de talentos musicales. Y acaba de lanzar su primer álbum en solitario (donde se incluye, por cierto, el tema que canta al final de la película Je vole de Michel Sardou). Además de interpretación ha tenido que aprender el lenguaje de signos de los sordos (su hermano de ficción es el único personaje que es sordo). Todo ello lo solventa con maestría a pesar de su corta edad (18 añitos). Su actuación le valió el premio César en la pasada edición como actriz revelación. El resto del plantel no desentona. Karin Viard la hemos visto recientemente en Skylab (Julie Delpy, 2011) y François Damiens, actor portentoso, son dos habituales en la escena francesa. Con algo más de peso, por sus ricos matices, es destacable el papel del profesor Fabien Thomasson. Un peculiar personaje muy exigente que trata de sacar lo mejor de los muchachos llenos de hormonas incontrolables. Entre los tres rodean amorosamente a la frágil Paula.
La banda sonora con varios temas de Michel Sardou encaja de forma perfecta como si hubieran sido encargados para tal propósito y que ayuda en el cometido final de la La familia Bélier: explotar y llenar la pantalla con su emotividad de la mano de una joven promesa, bella y dulce, que ha despuntado tanto en el canto como en la interpretación. Una película, con gran dosis de humor, que ha sabido conjugar Los chicos del coro (Christophe Barratier, 2004) con Intocable (Eric Toledano, Olivier Nakache, 2011) logrando una fórmula de éxito comercial para un gran público, pero sin olvidarse de una buena realización.

Os dejo un tráiler:

Y aquí el tema de Je vole de Michel Sardou

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

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