Crítica El Capital humano. Retrato de una sociedad enferma

El capital humano
Retrato de una sociedad enferma

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Título: El capital humano
Original: Il capitale umano

Intérpretes: Valeria Bruni Tedeschi, Fabrizio Bentivoglio, Valeria Golino, Fabrizio Gifuni, Luigi Lo Cascio, Giovanni Anzaldo, Matilde Gioli, Guglielmo Pinelli

Director: Paolo Virzì

Año: 2014 – Duración: 109 min.
País: Italia
Guion: Paolo Virzì, Francesco Bruni, Francesco Piccolo (Basado en la novela homónima de Stephen Amidon)
Música: Carlo Virzì
Fotografía: Jérôme Alméras, Simon Beaufils

Productora: Coproducción Italia-Francia; Indiana Production Company
Género: Drama | Familia. Crisis económica actual. Historias cruzadas. Drama psicológico

Sinopsis
La víspera del día de Navidad, un ciclista es atropellado de noche por un lujoso todoterreno. El desgraciado accidente cambiará el destino de dos familias: la del millonario Giovanni Bernaschi, un especulador financiero que ha creado un fondo que ofrece un 40 por ciento de interés anual atrayendo y esquilmando a los crédulos inversores, y la de Dino Ossola, un ambicioso agente inmobiliario cuya empresa está al borde de la quiebra.

Comentario
El punto de partida es el final de una cena en vísperas de la Navidad. Asistimos a la recogida de las mesas y cómo la vajilla y los distintos enseres domésticos son depositados en el camión de la empresa de catering. Un camarero monta en su bicicleta y se despide de su jefe sumergiéndose en la fría noche camino de su casa. Unos minutos más tarde, en una solitaria carretera secundaria, un potente todo terreno lo echa de la carretera dejándole mal herido. Los ocupantes del vehículo ni tan siquiera se bajan para ver como se encuentra el ciclista. Desconocemos quién ha sido el causante del atropello. Este suceso será el punto de unión sobre el que bascula El capital humano: un trágico accidente contado desde las distintas ópticas de sus protagonistas (Babel -Alejandro González Iñárritu, 2006- o Crash –Paul Haggis, 2004- son dos ejemplos).

El capital humano es un drama familiar ambientado en 2010 en plena crisis económica y financiera que ya se ha convertido en un lugar común. Finalizada esta introducción damos un salto temporal, seis meses antes, para situarnos en el momento en que las dos familias protagonistas se van a conocer. El punto de conexión es la relación de sus vástagos, que coinciden en el colegio y parecen ser algo más que amigos. La película está dividida en tres capítulos que llevan nombre propio, Dino, Carla y Serena, y un epílogo, El capital humano. Cada una de ellas actúa como una presentación de cada personaje a la vez que nos ofrece su grado de implicación con el accidente o lo que sucede antes o después del mismo. Se trata de puntos de vista egocéntricos, de ahí que de forma acertada lleven el nombre propio de cada uno. Técnicamente es lo que se conoce como efecto o recurso Rashomon.

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Los Bernaschi (Giovanni, Carla y su hijo Massimiliano) son una rica familia que viven en una lujosa mansión a las afueras de la ciudad. Ostentan lujo que se nos materializa, entre otras cosas, en un Maserati (por encima de los 180 mil euros) que parece llevar de serie un servicial chófer. Los Ossola tienen como cabeza de familia a Dino (Fabrizio Bentivoglio), un arribista de cuidado. Regenta una inmobiliaria en un momento en que no le van mal las cosas, pero ansía acercarse más al poder financiero que representa Bernaschi. No dudará en empeñarse para conseguir entra en ese círculo, aún a riesgo del bienestar de su familia. Una familia tipificada en la reactualización de núcleos familiares: él divorciado, cuarentón, con una hija de su anterior matrimonio, Serena (Matilde Gioli) y casado en segundas nupcias con Roberta (Valeria Golino), poco más de treinta años, psicóloga y embarazada de gemelos.

 

Los seis miembros de las dos familias tienen claro sus objetivos. Giovanni no deja de engrasar la maquinaria de hacer dinero y seguir ostentando la fama que le hace ser el centro de atención. Asistir a sus fiestas está muy cotizado. Hay mucho sinvergüenza que critican a los arribistas pero que esperan la oportunidad de ser uno de ellos. Es magnífico el diálogo hacia el final de la película entre Carla y su marido en el que le viene a decir que aunque el catering fuera de mierda todos los asistentes estarían igual de agradecidos y sonrientes. Massimiliano (Guglielmo Pinelli) es un bala perdida que solo le preocupa elevar su grado hedonista. Se ha encaprichado de Serena, pero ésta lo tiene claro y no se deja engatusar por los oropeles de la fama de su padre. Dino quiere llegar a lo más alto en la escala social mientras va capeando el temporal con la proximidad de un futuro halagüeño. Serena es la típica hija que se tiene que amoldar a la nueva pareja de su padre. Descubre en Luca (Giovanni Anzaldo), un soplo de aire fresco, un chico algo inestable pero que aporta luz en la oscuridad de su vida. He dejado para el final a Carla (Valeria Bruni Tedeschi). Es de esos personajes que resulta una bendición para cualquier actor. Carla se encuentra perdida entre tanta abundancia, tan llena de lujo como vacía de contenido. Lo tiene todo en su mundo de Disney. Una enorme casa; chófer y coche a su servicio; mucho tiempo libre y mucho dinero para sus constantes visitas a sus amigos anticuarios. Pero le falta sentirse útil, hacer algo que le motive más allá de pagar sus caprichos. Y es cuando le sale al paso los problemas de todo un icono en la ciudad: un antiguo teatro que se derrumba al mismo tiempo que la sociedad. Tratará de reflotarlo con el beneplácito de su marido, quién ha visto las muchas posibilidades que tiene ese solar más allá de un fin cultural.

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El capital humano de esta nueva entrega de Paolo Virzi (La prima cosa bella, 2010) tiene mucho peso. Engrana muy bien la veteranía de los adultos con la frescura de los jóvenes (debuta la espléndida Matilde Gioli a la que tendremos que seguir la evolución). Al frente de todos está la soberbiosa Valeria Bruni Tedeschi como Carla. Tiene la fortuna de interpretar un papel bien dibujado. Una mujer atormentada que se siente una inútil figurando como un bello objeto decorativo en la vida de Giovanni. Fabrizio Bentivoglio junto a Fabrizio Gifuni actúan como los cabezas de las dos familias. Convincentes. Uno como un desalmado que es capaz de vender su alma al diablo en pos del dinero y el otro que ya la ha vendido hace tiempo. Sin escrúpulos. Bentivoglio como Dino está sublime. A veces, con sus gracietas para caer bien en la familia Bernaschi lo único que hace es bordar el patetismo más burlesco. Este se acentúa en una escena que tiene lugar en el teatro destartalado cuando Dino con tal de mantener su bienestar no duda en ponerle un precio a Carla que conlleva un beso. Un beso robado para alguien que no es capaz de seducir sino es a golpe de talonario.

La cinta es una adaptación libre de la novela homónima de Stephen Amidon, escrita en 2004, ambientada en un elegante barrio residencial de Connecticut, EE. UU. en la década pasada. Al tener el accidente del ciclista como punto de unión de las historias es inevitable que en algún momento se fuerce la situación, pero el resultado global es una propuesta muy interesante para todos aquellos que gusten de ver en la pantalla la condición humana y como nos relacionamos con lo universal: amor, muerte, ambición, dinero, amistad, etc.

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El capital humano ha recibido varios galardones: David de Donatello (7 premios en diversas categorías, entre ellas la de mejor película); Mejor actriz en el Festival de Tribeca; Premio del Público en el Festival de Sevilla.

El título de la película hace referencia al valor que tiene una vida para una compañía de seguros. Es la indemnización que tienen que pagar a los familiares de un fallecido en accidente teniendo en cuenta unas variables como el estado físico, la esperanza de vida y las relaciones personales así como el arraigo en la sociedad. Es lo que tiene vivir en un mundo capitalista.

 

El capital humano es un retrato de nuestra sociedad en la que la ausencia de los valores más elementales está haciendo mella. No hay escrúpulos a la hora de hacer dinero. Lo mismo da dejar tirada a una familia que arramblar con un teatro. Todo por la pasta. Es «el ansia viva» que dice nuestro gran José Mota. Estamos asistiendo a la degradación de la sociedad por la codicia del vil metal («no es ético, pero es legal»). El único punto de frescura lo aporta una joven que no duda en ver lo que otros con más experiencia no ven y no duda en apostar por su convicción, por el amor. Dudamos de si nuestros jóvenes están preparados. Pero lo que ya nadie duda es que muchos de los más veteranos, algunos de los cuales están al frente de la cosa pública, están corrompidos y solo parece que les mueve la codicia. Si tienen un rato, abran el periódico y lean algunos titulares verán en El capital humano un reflejo de nuestra sociedad; rezuma actualidad.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

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