Crítica La dama de oro. El triste consuelo de la restitución

La dama de oro
El triste consuelo de la restitución

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Película: La dama de oro.
Título original: Woman in gold.
Dirección: Simon Curtis.
Interpretación: Helen Mirren (Maria Altmann), Ryan Reynolds (Randol Schoenberg), Daniel Brühl (Hubertus Czernin), Katie Holmes (Pam), Tatiana Maslany (Maria Altmann de joven), Max Irons (Fritz), Charles Dance (Sherman), Elizabeth McGovern (jueza Florence-Marie Cooper), Jonathan Pryce (William Rehnquist), Moritz Bleibtreu (Klimt).
Países: USA y Reino Unido. Año: 2015.
Duración: 109 min. Género: Drama.
Guion: Alexi Kaye Campbell. Producción: David M. Thompson y Kris Thykier.
Música: Martin Phipps y Hans Zimmer.
Distribuidora: DeAPlaneta. Estreno en España: 10 Abril 2015.
No recomendada para menores de 7 años.

Sinopsis
La dama de oro narra la historia real de una mujer que lucha por recuperar lo que es suyo y resarcir a su familia. Tras huir de Viena sesenta años atrás durante la Segunda Guerra Mundial, una mujer judía llamada Maria Altmann (Helen Mirren) emprende un viaje para reclamar las posesiones que los nazis confiscaron a su familia, entre ellas la célebre obra de Gustav Klimt Retrato de Adele Bloch-Bauer I. El joven abogado Randy Schoenberg (Ryan Reynolds) echará mano de su valor para suplir su falta de experiencia al acompañarla en esta lucha que les llevará hasta el corazón del gobierno austriaco y la Corte Suprema de Estados Unidos. Por el camino, Maria deberá enfrentarse a las terribles verdades de su pasado.

Comentario
Tras la muerte de su hermana, Maria Altmann (Helen Mirren) descubre entre sus pertenencias una carta en la que hacía referencia a los intentos infructuosos para recuperar la emblemática obra de Gustav Klimt, Retrato de Adele Bloch-Bauer I y otros cuatro paisajes del artista austriaco. El retrato de Adele, es el retrato de su tía con la que había convivido en la misma casa desde su infancia. Fue modelo de Klimt para esta obra que es considerada por los austriacos como su Mona Lisa y que se podía ver en la Galería Belvedere de Viena bajo el nombre de La dama de oro.
No es cuestión de contar toda la película, pero lo que sí que interesa es que esa obra, junto con otras, más cayó en posesión de los nazis, y posteriormente del gobierno austriaco, al tener que abandonar la familia Bloch-Bauer su vivienda.

WOMAN IN GOLD
En 1998 volvió a cobrar actualizar la restitución de los bienes robados por los nazis a las familias judías. Maria Altman se pone en contacto con un joven abogado Randol Schoenberg, también un emigrante judío, nieto del compositor, (Ryan Reynolds) quien acaba de ser padre y entrar en un bufete de abogados. Las primeras reticencias dejan paso al deseo de recuperar el retrato de su tía. Para ello tienen que emprender una carrera de obstáculos contra el orgullo y soberbia del gobierno austriaco empleando más la tenacidad que la experiencia. La obra Retrato de Adele Bloch-Bauer I de Gustav Klimt estaba considerada como un tesoro nacional, la joya de la corona, el orgullo patrio.

 

Maria y Randy emprenden una dura batalla judicial ante el gobierno austriaco y ante el Tribunal Supremo de los EE. UU. Para Maria será un viaje emocional que le llevará a los recuerdos de la familia que dejó en Viena.
El británico director Simon Curits (Mi semana con Marilyn, 2011) nos ofrece esta película basada en una historia real. Alterna secuencias de la vida contemporánea (hacia los primeros años del siglo XXI –en 2006 se produce el último juicio-) con los sucesos que tuvieron en Viena con la entrada de las tropas en marzo de 1938 y las vicisitudes que tuvieron que pasar esta rica familia filantrópica (su casa se convirtió en un centro cultural de primer orden, allí acudía, entre otros: los músicos Gustav Mahler y Richard Strauss, el arquitecto Otto Wagner, el escritor Stefan Zweig y el propio Gust Klimt).
La música de uno de los grandes, Hans Zimmer, en colaboración con Martin Phipps, ayuda a la hora de crear una tensión dramática en diferentes momentos.

WGustav_Klimt_046 Wikipedia
El tema del saqueo de obras de arte de los judíos por parte de los nazis, ya llamó la atención a algún que otro director. La película Monumets mens (George Clooney, 2014) se centró en el rescate (y búsqueda, así como la protección) de todos los tesoros que habían desaparecido bajo la rapiña del ejército alemán. Mataron a judíos pero también expoliaron sus obras de arte, algunas para quedarse con ellas, y otras que no cuadraban en la estética aria las utilizaban para financiar sus campañas. Así lo expuse en un artículo publicado en el número Cinco de Revista Atticus. Pero aquí el director va un poquito más allá.

 
En marzo de 1938, Hitler decidió anexionar Austria a sus territorios como una provincia más de su imperio. Su ejército entró triunfante ante 250.000 simpatizantes en Viena sin apenas tiros. Para muchos historiadores este fue realmente el comienzo de la II Guerra Mundial ya que los jefes de gobierno de las potencias vencedoras de la I Guerra Mundial no dijeron ni hicieron nada contra esta invasión. En la película se recoge como hay una cierta connivencia de los austriacos con los nazis que se traduce en señalar al perseguido, que no es otro que el judío. Hoy seguimos poniendo el grito en el cielo. ¿Cómo pudo suceder el holocausto? ¿Cómo hubo millones de muertos/asesinatos? ¿Cómo no se hizo nada? Ahora nos echamos las manos a la cabeza y nos horrorizamos pensando cómo pudo suceder el exterminio judío. Pero ¿y qué está pasando ahora en nuestras costas mediterráneas? Hoy es inevitable hace una referencia a los miles de muertos que se están quedando en el fondo de mar Mediterráneo. Las noticias hablan de un naufragio, de más de 700 subsaharianos, frente a las costas de Libia. Pero seguimos mirando para otro lado y tal vez solo se preocupan nuestros dirigente en levantar una valla más alta o sencillamente destruir todo aquello que pueda navegar para así evitar que muchos sigan soñando con alcanzar Europa huyendo de la barbarie y muerte en suelo africano.

En cuanto a la restitución de las obras de arte a los familiares de los judíos hoy sigue habiendo mucha controversia. De afrontar con interés, con verdadero interés el tema algunas salas de algunos museos sufrirían alguna considerable pérdida, por no hablar de las miles de obras que continúan en paradero desconocido. Hace apenas un año una noticia aparecida en la prensa, volvió a poner el tema sobre la mesa. «El octogenario alemán Cornelius Gurlitt, detentor de más de 1.400 obras de arte robadas, varios cientos de ellas a judíos durante el nazismo, falleció el martes, sin que, por el momento, se conozcan los herederos de su «tesoro»». Publicada por El País el 7 de mayo de 2014. El legado ha pasado al Museo de Arte de Berna que se tiene que encargar de ver realmente la procedencia de esas obras. Entre estas obras hay cuadros de Picasso, Chagall, Matisse, etc. Nadie duda del valor de estas obras de arte, pero realmente de lo que se trata con las restituciones es que se reconozcan las atrocidades sufridas durante la guerra por estas familias. Así en La dama de oro se cuestiona si el estado fue el legítimo heredero de eso cuadros de Klimt. Si se quedaba con ellos, si había una sombra de duda de la legalidad de sus actos, se estaría perpetuando la barbarie del nazismo.

 

Tal vez La dama de oro funciona como un documental, con un buen guion con su buena dosis de suspense. El reparto es de lujo, tanto a nivel de los actores principales (Helen Mirren y Ryan Reynolds) como secundarios. Entre estos últimos destaca Daniel Brühl quien interpreta a un periodista de investigación, Hubertus Czernin, que tuvo un papel importante en la resolución de la historia.

WOMAN IN GOLD
La dama de oro es una película que resulta interesante. Por medio de esas dos líneas argumentales que se simultanean consigue atrapar al espectador e involucrarnos en ese largo proceso. La historia de Maria Altmann ha sido llevada con acierto a la pantalla, y tuvo, en la vida real, una resolución que supuso una pequeña restitución de algunos de los bienes confiscados, y por lo tanto, compensar aquella desgracias que, entre otras cosas, supuso la emigración a California de la sobrina de Adele. Pero es solo un caso, quizás el más llamativo de todos ellos por la envergadura de las obras. Hay muchas heridas abiertas y no sanadas. En este caso sí que es cierto que el tiempo todo lo cura. Los descendientes van muriendo y las obras se van perpetuando en las manos de unos dueños que no son los legítimos.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

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