Vicente Ballester. El barítono valenciano que reinó en América

Vicente Ballester. El barítono valenciano que reinó en América

Foto de Vicente Ballester fechada el 16 de abril de 1914. Milán.
Foto de Vicente Ballester fechada el 16 de abril de 1914. Milán.

La reciente creación de una web por su nieta Ondina Ballester ha puesto de actualidad la figura del barítono valenciano, Vicente Ballester (1887 – 1927) que triunfó en toda América a principios del siglo pasado, un cantante de primera línea todavía recordado en los ambientes operísticos de Estados Unidos y un perfecto desconocido en España. Visitar la web representa el sorprendente descubrimiento de una de las grandes figuras del bel canto de este país, que tuvo la inmensa desgracia de morir joven, a los 40 años, después de una intensa y exitosa carrera en los principales teatros americanos. Además de ofrecer un completo texto sobre su vida y su trayectoria, con un detalle exhaustivo de sus actuaciones, la web permite visionar videos, recortes de prensa y fotografías y escuchar las canciones que registró (se negó siempre a grabar óperas enteras porque no creía en la calidad de la técnica existente), que demuestran el porqué llegó al estrellato en la época dorada de la ópera

Orígenes y años de aprendizaje

«¡Su voz! Es la del verdadero barítono en su más exacta impostación. Tiene los tres registros necesarios: clara, limpia; pastosa cuando el caso lo requiere en el pentagrama, varonil o delicada, lo mismo entusiasma en el tono leve que en el segundo hasta el ‘la’, llegando ese entusiasmo al delirio, cuando a plena voz rasgada, abierta, en su registro central sin rival da tales notas que la concurrencia electrizada le ovaciona frenéticamente».

Esta es una muestra de lo que se escribía sobre Vicente Ballester. Pero antes de merecer esos elogios que le rindió un periodista cubano, tuvo que trabajar muy duro. Su intensa vida podría ser una novela o un biopic, de superación personal tan caros al cine de Hollywood.
Nace en Valencia a principios de 1887. Deja su taller de pintor de abanicos, de palmiter, decidido a ser cantante. Vive en Barcelona, se casa y se establece en París. Entra en el mundo de la bohemia en los últimos suspiros de la belle èpoque. Conoce a Pepe Iturbi y a Anita Delgado, la maharani de Kapurtala quien viendo sus facultades líricas, le paga unas clases con el gran tenor polaco Jean de Reszké. (Este hecho lo recoge Elisa Vázquez de Gay en su libro, El sueño de la maharaní (Grijalbo, 2005). Canta en el Olympia y en teatros de los bulevares. Y después, Italia y de nuevo en Barcelona donde ya puede vivir como cantante. Para la temporada 1915 – 1916 es contratado por la compañía de Patricio León, del teatro de Zarzuelas Ruzafa en su ciudad natal.

Cuba, la puerta de América

Vicente Ballester en Barcelona
Vicente Ballester en Barcelona, el 4 de mayo de 1915, con motivo de la representación de la zarzuela En Sevilla está el amor.

Ballester acepta un contrato en La Habana con el teatro Martí, que resultará decisivo para su carrera.
Sus actuaciones en La Habana, desde febrero hasta julio de 1916, le abrirán de par en par las puertas de los teatros norteamericanos. En sus seis intensos meses en Cuba, canta en el Martí, el Nacional Galaico y el Payret de la Habana. Su repertorio estaba formado por zarzuelas, óperas españolas, género chico y recitales. Sus mayores éxitos los consigue con Maruxa y Las golondrinas.

Ballester se convirtió en uno de los cantantes más populares, junto a la tiple valenciana Carmen Alfonso, con quien ya había cantado en Barcelona Fuego y cuyos dos temperamentos se fundieron y cuajaron en una de las parejas más atractivas del bel canto en la Habana de aquellos momentos. Utilizando una futura expresión cinematográfica, entre los dos surgió una explosiva química.

En su estancia en Cuba, Ballester se granjeó la simpatía de todo el mundo y tres de ellos, García Vélez, Helguera y el maestro Micelli escribieron su opereta La alegría que vuelve expresamente para él. El 3 de julio, con Maruxa finalizaría sus primeras actuaciones en La Habana, contratado para cantar en Estados Unidos. Regresaría casi un año y medio más tarde. En la Habana coincidió por ver primera con Hipólito Lázaro.

El fulgurante desembarco norteamericano

El 13 de agosto de 1916 llega a New York en el ‘S. S. Morro Castle’, contratado por Mr. S. L. Rothapfel para actuar en el teatro Rialto. El Rialto, situado en la calle 42 con Broadway, era uno de los teatros más populares de Manhattan. Sus sesiones estaban formadas por películas cinematográficas y actuaciones de cantantes, noveles con proyección futura. Era la fórmula –pero de muy alto nivel – de lo que en España se conoció como cine y variedades.

Vicente Ballester en Los Ángeles el 4 de marzo de 1920
Vicente Ballester en Los Ángeles el 4 de marzo de 1920

El prestigio de sus shows era enorme ya que Rothapfel elegía rigurosamente a los cantantes en complicidad con los empresarios de los teatros operísticos, para que el Rialto fuese una plataforma de lanzamiento. Ballester actúa en sesiones de films de Norma Talmadge, William S. Hart, Charles Chaplin y Douglas Fairbanks.

Al cabo de un mes le contrata la prestigiosa Boston National Gran Opera Company, con rango de gran figura pero con la incógnita de cómo se desenvolverá en una ópera entera. La compañía hace gala de tener en sus filas a los mejores cantantes internacionales. La gira por Estados Unidos y Canadá durará seis meses.

En los programas de mano de la compañía, su nombre figura al mismo nivel que el de sus prestigiosos compañeros, figuras tan conocidas como Maggie Teyte, Francesca Peralta, Riccardo Martín, Luisa Villani, Romeo Boscacci, así como sus compatriotas, Maria Gay y José Mardones. A Ballester se le presenta en un programa como Vincenzo Ballister y en otro como Vincente Bailester.

Primer contrato con el Metropolitan

Lo firma para la temporada de 1917 – 1918, por un período mínimo de veinte semanas por el que aceptaba cantar determinados personajes en obras como Un ballo in Maschera, Aida, La Traviata, Il Barbiere di Siviglia, Rigoletto Cavalleria Rusticana, Faust, Lohengrin, Pagliaci, La Boheme o Il Trovatore. El salario acordado era de 70 dólares semanales.
Por razones que se ignoran, este contrato no se llevó a cabo, seguramente por causas ajenas a Ballester, ya que éste recibió religiosamente los pagos acordados, según informaciones recabadas para este artículo en el propio Metropolitan.

Conquistando América latina

Los contratos se van sucediendo con otras compañías y en Septiembre de 1917 canta por primera vez en México, en la del empresario Miguel Sigaldi, actuando en el Teatro Arbeu de la capital y la Plaza de Toros “El Toreo” y compartiendo cartel otra vez con María Gay, por primera vez con sus compatriotas Hipólito Lázaro y Andrés Perelló de Segurola y con el tenor y actor de cine mexicano José Mojica.
Vuelve a Cuba, con la compañía de ópera de Adolfo Bracale, desde finales de Diciembre de 1917 hasta finales de Enero de 1918, en el Teatro Nacional de La Habana. En la capital cubana todos le recuerdan y le aprecian.

Pasados unos meses, está en la “Mancini Grand Opera Company” y canta casi a diario en Puerto Rico. Después lo hace en la República Dominicana. Las críticas le sitúan siempre como el héroe en las obras en que aparecía, sobre todo Rigoletto que, según los críticos, era el mejor Rigoletto que se hubiese oído nunca

Es imposible resumir en sólo un artículo la frenética actividad de Ballester en los años en que estuvo en América. Canta en las compañías punteras en las grandes de ciudades de Norteamérica, en Buenos Aires, México, Puerto Rico o la República Dominicana. En la web de su nieta puede encontrarse con todo detalle este aspecto. Sigue compartiendo cartel con las más importantes figuras del momento: Amelita Galli-Curci, Tito Schipa, Graziela Pareto, María Barrientos, Miguel Fleta, Giacomo Lauri-Volpi, Armand Tokatian, Lucrecia Bori, Giovanni Martinelli, José Mardones…

Una reseña en el periódico de 1925
Una reseña en el periódico de 1925

Culminación: El Metropolitan

Después de un segundo contrato fallido por enfermedad, debuta con la compañía del Metropolitan Opera House el 11 de Noviembre, en Philadelphia con un Faust, compartiendo cartel con Feodor Chaliapin y Giovanni Martinelli. Y ya en la sede de Manhattan, actúa desde el 16 del mismo mes hasta el concierto de finalización de temporada, el 19 de Abril de 1925. Es en esta etapa cuando la prensa especializada le considera como uno de los mejores barítonos del mundo.

Fotografía de Vicente Ballester en Valencia en  octubre de 1926
Fotografía de Vicente Ballester en Valencia en
octubre de 1926

Está en su mejor momento de popularidad. Actúa en Los Angeles, en el congreso demócrata, en varios teatros de México en Cuba… en apretadas giras por Norteamérica.
Estaba previsto que estuviera con el Metropolitan para la temporada 1925 – 1926 y así consta en los anales del mismo Metropolitan. Pero ni hay contrato ni volvió a cantar allí. Es posible por su enfermedad, pero allí dónde va, le anuncian siempre como barítono del Metropolitan.

El crepúsculo

Cuando Vicente marcha para España, lleva en el bolsillo un contrato para, a su regreso, cumplir con algunos compromisos en Estados Unidos y acabar como director artístico en el Nacional de la Habana, proyectos que nunca se materializarán. Tiene sólo 39 años, pero una operación que ha sufrido ha debido dejarle secuelas irreparables ya que ahora suelen abundar los conciertos y a penas canta óperas enteras. En Valencia, donde va a ver a su familia y dar a conocer al gran barítono valenciano que ha triunfado en las Américas, tiene que dar dos conciertos en Noviembre de ese año. Pero está tocado. Las críticas no son demasiado favorables. No puede realizar el segundo concierto y fallece el 3 de octubre de 1927, a punto de cumplir los 40 años. Ningún periódico recogió la noticia.

Las fotos que ilustran este reportaje pertecen a la colección de Ondina Ballester.

Este artículo se publicó en Revista Atticus 28

Ángel Comas

Revista Atticus

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