Crítica Perdiendo el norte de Nacho G. Velilla

Perdiendo el norte
Cumplir con el cometido

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Ficha
Película: Perdiendo el norte.
Dirección: Nacho G. Velilla.
Interpretación: Yon González (Hugo), Blanca Suárez (Carla), Julián López (Braulio), José Sacristán (Andrés), Miki Esparbé (Rafa), Úrsula Corberó (Nadia), Malena Alterio (Marisol), Javier Cámara (Próspero), Carmen Machi (Beni), Younes Bachir (Hakan).
País: España. Año: 2015. Duración: 102 min.
Género: Comedia.
Guion: Oriol Capel, David S. Olivas, Antonio Sánchez y Nacho G. Velilla.
Producción: Mercedes Gamero, Mikel Lejarza, Ignacio Fernández Vega y Nacho G. Velilla.
Música: Juanjo Javierre. Fotografía: Isaac Vila.
Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.
Estreno en España: 6 Marzo 2015. No recomendada para menores de 7 años.

Sinopsis
Hugo y Braulio, dos jóvenes con formación universitaria, hartos de una España incapaz de darles trabajo y un futuro, deciden emigrar a Alemania siguiendo los cantos de sirena de un programa de televisión tipo «Españoles por el mundo». Pero su encuentro con Carla, una chica española que lleva varios años sobreviviendo en Berlín, y con la que Hugo compartirá algo más que piso; con su hermano Rafa, un colgado que bascula entre la psicopatía y el infantilismo; y con Andrés, un emigrante de los sesenta que ve, con asombro, cómo la historia se repite cuarenta años después; les hará replantearse su idea sobre lo que supone ser emigrante, y que sobrar en un sitio no significa ser necesario en otro. Pero, sobre todo, les hará darse cuenta de que perseguir el sueño alemán puede tener mucho de pesadilla.

Comentario
Hugo (Yon González) y Braulio (Julián López) son dos de jóvenes que ejemplarizan lo que se ha denominado la generación mejor preparada que ha alumbrado España. Hugo con dos carreras y un máster en económicas no encuentra trabajo. Llega a pensar que su apellido es yalellamaremos («muchas gracias Hugo, ya le llamaremos»). Para Braulio los recortes acaban con su sueño de acudir a Estocolmo a recibir el Nobel por su investigación en biología molecular. La crisis se lleva por delante las becas de investigación. Un buen día cuando la desesperación ya se había instalado en sus vidas, en un programa televisivo (¡qué daño ha hecho!) que recoge las experiencias de españoles por distintas partes del mundo, ven la solución a sus males: emigrar a Alemania; trabajar en lo que han invertido años de sus vidas; hacerse ricos y volver a España como triunfadores. Pero la realidad es otra y si hace 40/50 años en Alemania no ataban los perros con longaniza, ahora tampoco por mucha moneda en común que tengamos.

Pelicula PERDIENDO EL NORTE de Nacho G.Vililla Produccion Aparte

Perdiendo el norte se centra en las aventuras de estos dos jóvenes que emprender el viaje ante las malas perspectivas que tienen en la España actual. Es un reflejo de lo que muchos de nuestros jóvenes están viviendo en la actualidad. Al igual que sucede con el paro, que todos tenemos a alguien en esa situación, también tenemos muy cerca de nosotros a amigos que tienen a sus hijos en esta maldita situación socio-laboral: tener que emigrar en busca de trabajo.
Es una comedia, pero que ahonda en un drama cotidiano que maldita gracia nos hace. Y eso es lo bueno que tiene el cine que Perdiendo el norte no es un documental (eso ya lo tenemos fuera, en las aulas llenas de estudiantes, o en las largas colas del paro) es una comedia que se inspira en la realidad para darla una vuelta de tuerca y hacernos reír un poco.
¿Hay un humor marca España? ¿Hay un tipo de película que define ese humor o esa marca? Pues no lo sé. No tengo los conocimientos suficientes para responder a estas cuestiones. Lo que sí que tengo bien claro es que aquello de esta película es una españolada ha quedado muy, pero que muy atrás. Perdiendo el norte no es, por lo tanto, un producto evolucionado de Vente a Alemania, Pepe (Pedro Lazaga, 1971, en la que trabajó el propio José sacristán, por cierto) sino una revolución de producto. Hacer reír no es nada fácil, pero Nacho García Velilla (director, guionista y productor de cine) parece tener las claves para alcanzar el éxito. Nacho G. Velilla ha producido para televisión de 7 vidas y Aida y ha sido director de Fuera de carta (2008) y Que se mueran los feos (2010).

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En esta nueva entrega del director zaragozano, hay un buen número de actores. La actuación de cada da, en su conjunto, un producto con bastantes altibajos. Los papeles de Yon González (Hugo), Julián López (Braulio) o Blanca Suárez (Carla) están resuelto de forma creíbles. Están bien construidos desde el papel y se muestran coherentes en la pantalla. A José Sacristán (Andrés) le pongas el papel que le pongas, lo solventa con maestría. En este caso es la veteranía, la experiencia, el recuerdo de que hubo un tiempo en que la situación en España era más acorde con el pan negro, con el hambre. Y también los guionistas han sabido caracterizarlo con otras de las lacras que vivimos y que tiene que ver con un tema de salud y con los olvidos. Por el contrario, los otros papeles secundarios (que los hay y bastantes) son apenas pequeños esbozos pero claro, están al servicio de ilustres actores/actrices como Javier Cámara, Carmen Machi o Malena Alterio. Sirven de contrapunto y aunque con algún que otro cliché hacen funcionar muy bien las tramas. Quizás los cameos (Arturo Valls y Alberto Chicote) sobran o poco aportan más allá de alguna risa gratuita.

No es un retrato social ni mucho menos podemos entenderla en clave costumbrista pero ojala dentro de unas decenas de años, al volver a verla, nos podamos reír de frases como «la generación más preparada de la historia» o «haber vivido por encima de nuestras posibilidades» o de las situaciones a la que nos han llevado las medidas de austeridad del clan de Ángela Merkel. Ojala solo sea un mal recuerdo de una situación que no se debió de producir nunca: la fuga de cerebros. Por lo tanto, sí que hay una crítica social a las políticas (del gobierno actual) tanto en educación, como trabajo o sanidad, pero con una buena dosis de humor para «desengrasar», para aliviar esa leve crítica.
De lo mejor de la película son esos líos y malos entendidos que dicen una cosa y es otra y que tienen como protagonistas (sobre todo) a Hakan y Braulio. Protagonizan las típicas situaciones de enredo con asunto de faldas de por medio con muy buenos diálogos. Hay ahí mucho ingenio y mucho oficio.

Los más puristas pondrán muchos peros a esta película. Que si lugares comunes, que si muchos clichés, que ni chicha ni limoná, que si un humor muy trillado, etc. Pero, a pesar de contar con alguna flaqueza, es una película que merece la pena ver. Contiene unos muy buenos diálogos, algunas solventes interpretaciones que dan como resultado un producto solido. Desde luego que no va a estar en mi lista de las 100 mejores películas del cine español. Perdiendo el norte cumple con el principal cometido: entretener y hacer pasar al público un rato agradable.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

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