La Colección Abelló. El gusto del mecenazgo bien entendido

LA COLECCIÓN ABELLÓ

El gusto del mecenazgo bien entendido

«Colección: conjunto de objetos que, mantenido temporal o permanentemente fuera de la actividad económica, se encuentra sujeto a una protección especial con la finalidad de ser expuesto a la mirada de los hombres»

Definición de “colección” según la Real Academia Española de la Lengua

El coleccionismo se ha desarrollado a lo largo de todas las etapas históricas. Faraones, Emperadores, Monarquías e Iglesias reflejan sus diversas motivaciones de orden político, religioso o de prestigio social a la hora de reunir sus colecciones. Francisca Hernández, Profesora Titular del Departamento de Prehistoria de la Universidad Complutense de Madrid, apunta las causas que han llevado al coleccionismo, y que son las siguientes: el respeto al pasado y a las cosas antiguas; el instinto de propiedad, el verdadero amor al arte y el coleccionismo puro.

El primer mecenazgo en España lo encontramos en la nobleza castellana de finales del siglo XV, destacando las familias Mendoza, Fonseca, y en Valencia los Borja, que patrocinaron las primeras obras italianizantes en la Península Ibérica. En el caso del Cardenal Mendoza, su colección abarcaba desde medallas, monedas y camafeos hasta objetos exóticos y naturalia, apareciendo por primera vez en este siglo la fascinación por lo raro, lo exótico y lo precioso. También es reseñable la figura de Don Rodrigo Alonso Pimentel, Duque de Benavente, que organizó para sí mismo un jardín botánico en su residencia castellana, con animales salvajes y exóticos, con fines lúdicos y de prestigio social.

Salvator Mundi entre San Pedro y San Juan, Fernando Yáñez de la Almedina, 1506-1507 Óleo sobre tabla, 75 x 62 cm.
Salvator Mundi entre San Pedro y San Juan, Fernando Yáñez de la Almedina, 1506-1507
Óleo sobre tabla, 75 x 62 cm.

Muy lejos de estas excentricidades que quedan como meras anécdotas curiosas para la posteridad, en la actualidad, la labor del mecenas artístico muestra su cara más amable, generosa y culta en el matrimonio Abelló y su espléndida colección de Arte.

Es una de las colecciones privadas más importantes del mundo. Se presentan por primera vez al público cerca de 160 piezas que nunca antes se habían exibido de forma conjunta. El comisario de la muestra, Felipe Garín Llombart, exdirector del Museo del Prado, destaca de la pasión por el arte y la historia que sienten sus propietarios, así como el excelente trabajo que realizan compartiendo con el público su entusiasmo coleccionista. El buen gusto, y su acierto a la hora de incrementar los fondos -que continúa-, su conservación, catalogación y estudio, hacen que la visita valga la pena.

Una de las principales características de la Colección Abelló es la abundancia de talleres y estilos que abarca. Personalmente, y como historiadora del Arte, destaco la selección de «aves raras» como Yáñez de la Almedina con su Salvator Mundi entre San Pedro y San Juan. Esta obra está llena de influencias de Leonardo y Rafael, con un esmerado estudio de las telas y los dorados en las ricas vestimentas, que por otra parte son típicamente hispanoflamencas, pero con un colorido rafaelesco. Es de una belleza exquisita y delicada que sabe aunar ambas tendencias en un delicioso equilibrio.

Otra particularidad que posee la Colección son los grandes «vedutistas» italianos. Una espectacular «rareza» que la engrandece. Las espléndidas vistas de Venecia y la Catedral de San Marcos de Canaletto, se suman a las que realizó Guardi o a las napolitanas que pintó el modenés Antonio Joli. Este estilo llegó a España y se puso de moda de la mano de Carlos III, debido a las obras de Joli que pudo apreciar en Nápoles.

Como última singularidad de la exposición, destaca la importancia que se concede al dibujo, considerado un arte menor hasta época reciente. Garín Llombart explica que «desde Francisco Pacheco, Pedro de Campaña o Bartolomé Murillo, con la adquisición del llamado Álbum Alcubierre, hasta el importante conjunto de Picasso, Van Gogh, Schiele o Bacon, entre otros, la exposición permite un recorrido singular de los dibujos paralelo al de las pinturas».

El Centro nos recibe con un homenaje al protagonista del año en el cuarto centenario de su muerte, El Greco. La Estigmatización de San Francisco se encuentra en lugar preferente para ser admirada por el visitante. Y nos adelanta que lo que vamos a contemplar es de un valor singular.

 

Esta obra del maestro griego seguramente se hizo para una capillita de devoción privada, ya que la figura de San Francisco fue especialmente venerada en la ciudad de Toledo, y hubo muchos conventos franciscanos en la zona. Se puede fechar en torno a 1580, y es una de las primeras hagiografías de San Francisco que pinta el de Candía. El tratamiento de la figura es sencillo y la imagen está provista de elementos simples, como la calavera -símbolo de la fugacidad de la vida y la proximidad de la muerte- o el cielo rasgado. El rostro del Santo se repetirá en multitud de ocasiones en su pintura y creará una tipología: los ojos que se elevan al cielo implorantes, los labios carnosos, y nariz y pómulos marcados. Tuvieron muchísimo éxito en la época y le fueron encargados más de un centenar de Santos de estas características. Muchos de ellos, como la de la Colección Abelló, son de Doménikos Theotokopoulis (el cuadro está firmado bajo la calavera en caracteres griegos en minúscula), pero otros pertenecen a alumnos del taller o son copias del maestro.

El muelle de Venecia próximo a la plaza de San Marcos, ca. 1729. Giovanni Antonio Canal, Canaletto Óleo sobre lienzo, 48,5 x 80,5 cm
El muelle de Venecia próximo a la plaza de San Marcos, ca. 1729. Giovanni Antonio Canal, Canaletto
Óleo sobre lienzo, 48,5 x 80,5 cm

El primer apartado de la exposición está dedicado a Madrid, bajo el título «Madrid, Villa y Corte». Destacan las inimitables pinturas de la Escuela Madrileña del siglo XVII, como la Vista del Manzanares en la fiesta de San Juan, todo un despliegue de folclore castellano de la época. Su autor no es parco en detalles. La indumentaria de los personajes -especialmente la de las damas- está representada con minuciosidad; también los carruajes, y los edificios. Junto a ello, la ausencia de una perspectiva “clásica” cobrará importancia en el estilo imperante de la pintura de este período.

La muestra prosigue, y «Del Gótico al Humanismo» nos lleva al ya citado Salvator Mundi de Yáñez de la Almedina, una de las perlas de la exposición. Junto a él, Berruguete, Cranach -uno de los pintores preferidos de los Abelló-, Juan de Flandes o Jacomart completan la elevada calidad de la sala dos.

El siglo XVII se alarga con los grandes. Así, las «naturalezas muertas» o bodegones, cobran sentido en la próxima sala. Sobresale un bellísimo florero de Antonio Ponce y un bodegón de Miguel de Pret, que raramente firmaba sus obras.

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La estigmatización de san Francisco, 1580. Óleo sobre lienzo, 108 x 83 cm Domenicos Theotocopoulos, el Greco

Los siglos XVIII y XIX están representados de manera poderosa con los «vedutistas» italianos, y los retratos que hizo Goya de sus consuegros, Don Martín Miguel de Goicoechea y Doña Juana Galarza, así como un dibujo de la esposa del aragonés, Josefa Bayeu. El siglo XIX no termina con Goya, sino que la pintura moderna consigue hacerse un hueco en la Colección Abelló. Fortuny, Ramón Casas o Sorolla se exponen junto a sus contemporáneos extranjeros Van Gogh, Modigliani o Toulouse-Lautrec.

Un apartado especial de la sexta sala está dedicado al genio Picasso. Sus “obras menores”, como aguatintas, grabados o lápices sobre papel, están presididos por el gran Desnudo sentado. Y casi eclipsan a los dibujos que realizó Salvador Dalí de su familia, o a las pinturas de los franceses Braque, Léger o Matisse. Incluso al mismísimo Juan Gris.

El final del itinerario expositivo es un festival que reúne a los mejores artistas internacionales de vanguardia. Rothko y Miró junto a Klimt y Kandinsky. Un verdadero deleite para los sentidos.

La Colección se alojará en el Palacio de Cibeles, en el CentroCentro Cibeles de Cultura y Ciudadanía de Madrid, hasta el 1 de marzo de 2015. El matrimonio Abelló ha cedido sus obras sin interés económico alguno, y destinará los beneficios que le correspondan a Caritas Madrid. La muestra está patrocinada por Mastercard Priceless Madrid, y se enmarca dentro de la serie «Mecenazgo al servicio del Arte» que desde 2012 se viene desarrollando, como previamente se hizo con las Colecciones de la Casa de Alba, de Helga de Alvear, o la Colección Masaveu.

El CentroCentro Cibeles de Cultura y Ciudadanía se consolida, de este modo, como uno de los principales puntos de referencia del innovador «Paseo del Arte» madrileño, junto con el Museo del Prado, el Thyssen-Bornemisza o la Fundación Mapfre. Y añade actividades complementarias a la exposición: visitas guiadas, visitas infantiles y descuentos para grupos. Una iniciativa cultural para tener muy, muy en cuenta.

Nota de la redacción. Este artículo forma parte de Revista Atticus 27 que estará disponible para su descarga a mediados de diciembre.

Almudena Martínez Martín

Revista Atticus

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