Crítica de la película El secuestro de Michel Houellebecq

El secuestro de Michel Houellebecq

Ficha

Wafiche_esdmh_68x98_6283Película: El secuestro de Michel Houellebecq
Interpretación: Michel Houellebecq (Michel Houellebecq), Mathieu (Mathieu Nicourt), Max (Maxime Lefrançois), Françoise (Françoise Lebrun), Luc (Luc Shwarz), Ginette (Ginette Suchotzky), Dédé (André Suchotzky), Fatima (Marie Bourjala)
Dirección y guion: Guillaume Nicloux País: Francia. Año: 2014.
Duración: 93 min.
Género: Comedia-Drama
Producción: Sylvie Pialat, Benoît Quanion
Fotografía:Christophe Offenstein
Montaje: Guy Lecorne
Diseño de producción: Didier Abot, Olivier Radot. Vestuario: Anaïs Romand.
Distribuidora: Caramel Films.
Estreno en Francia: 27 Agosto 2014. Estreno en España: 29 Agosto 2014.
Calificación por edades: Pendiente por calificar

Sinopsis
Michel Houellebecq, ganador del premio Goncourt de 2010, es secuestrado mientras se encuentra en la gira de presentación de su novela El mapa y el territorio. Trasladado a una casa a las afueras de París, el escritor acabará creando una relación amistosa con sus captores, provocando situaciones y conversaciones cómicamente absurdas.

Comentario
Los medios se hacen eco de la desaparición de Michel Houellebecq. En mayo de 2011, el controvertido escritor francés, conocido por sus opiniones políticamente incorrectas y tachado por medios nacionales de misógino e islamófobo, se encuentra en paradero desconocido. Varias semanas transcurren sin señales de vida, y las teorías se suceden, llegando a especularse incluso un secuestro por parte de Al-Qaeda.

Guillaume Nicloux nos explica una posible razón de esta desaparición temporal en su nueva película, El secuestro de Michel Houellebecq, en la que el escritor se interpreta a sí mismo. Esta historia, entre documental y ficción, nos presenta al célebre francés viviendo una situación dramática convertida en una entrañable visión de lo cotidiano y llevada al extremo cómico, con humor constante y acentuadamente ácido.

Su relación con sus secuestradores termina siendo más cercana que la que tiene con sus allegados en su vida diaria. Siente incluso libertad para exponer sus argumentos, para llevar al extremo sus opiniones. Así, abarca en sus discusiones temas como la democracia, la literatura, Auschwitz o el genocidio en Armenia. Gracias al excelente trabajo de Nicloux, Houellebecq se ríe de sí mismo, de su propia controversia, y nos invita a reírnos con él.

Los acontecimientos de la trama se suceden unos en función de otros, pero siempre en contra de lo previsto; el viaje que comenzó forzado termina siendo agradecido por Houellebecq. Sus secuestradores padecen una especie de Síndrome de Estocolmo a la inversa; los mismos hombres cuyas acciones lo han privado de su libertad, se comportan con educación y honesta bondad: Te secuestramos, pero hacemos lo posible para que disfrutes de tu estancia con nosotros. Así, acceden a sus peticiones de vinos caros, e incluso a contratar una prostituta, lo que da lugar a un esperpéntico y superficial romance.

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A pesar de lo descabellado del contexto, las interpretaciones impecables aportan la credibilidad necesaria a la película. Desde el propio escritor, que en su caricatura resulta tierno, en eterno contraste sus conocimientos literarios y culturales con sus torpes habilidades sociales, hasta los secuestradores, que, al igual que Houellebecq, se interpretan a sí mismos (el culturista Maxime o el luchador profesional de Artes Marciales Mixtas, Mathieu Nicourt). La cámara al hombro aporta asimismo cercanía y veracidad a la historia. Estamos siempre, de algún modo, junto a Michel, «encerrados» en un espacio, pero disfrutando de nuestra estancia allí. Y es que Nicloux consigue, de la mano de Houellebecq, que la energía cómica se mantenga durante los 93 minutos del metraje.

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El humor es exquisito, inteligente, capaz de conseguir carcajadas de los espectadores, y, en un momento dado, hasta del propio escritor. El único problema que sufre Houellebecq es la imposibilidad de adueñarse de un mechero, para poder así fumar tranquilo. Se trata del único inconveniente real que encuentra durante su estancia en la casa de sus secuestradores, y su deseo se centra más bien en conseguir el mechero que en escapar de su encierro: este tipo de situaciones absurdas implican que no podamos evitar en ningún momento sentir la comicidad constante de la situación dramática.

Nicloux no explica la naturaleza del secuestro más allá del encierro en sí. No sabemos quién ha ideado el secuestro, y, mucho menos, quién planea pagar el rescate. En un momento, Luc, uno de los tres raptores, con el que el escritor choca constantemente, le sugiere que el responsable de haber pagado su rescate ha sido el mismísimo François Hollande. Este secretismo invita al espectador a especular que tal vez haya sido el mismo escritor el que se encuentre detrás de su propio secuestro.

Existe cierta ternura que emana de todos los personajes, y la película parece erigirse no sólo como una crítica a los detractores del ganador del prestigioso premio de literatura Goncourt o como una autocrítica a su excéntrica personalidad, sino como un brindis a la vida sencilla en la apreciación de la compañía ajena. El protagonista, a pesar de sus peculiaridades, aprende de aquellos con los que se encuentra y evoluciona: desde el comienzo, con una vida aburrida y tranquila, cuando confiesa que no le importaría morir, hasta el final, cuando ha creado lazos con las personas que lo habían retenido, ya no en contra de su voluntad.
Este falso documental resultará hilarante a aquellos amantes de la etapa clásica de Woody Allen, una sorpresa para los seguidores del director Nicloux, acostumbrados a sus thrillers y películas de acción, y un guiño cómico a los simpatizantes del escritor francés; serán estos últimos los que más aprecien el film, pues las alusiones a sus polémicas y a sus propias novelas no pasarán para ellos desapercibidas.

Os dejo un tráiler:

Bernarda Parodi
Revista Atticus

 

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