Critica de Lucy, la nueva entrega de Luc Besson

Lucy
La última heroína

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Película: Lucy.
Interpretación: Lucy (Scarlett Johansson), Profesor Norman (Morgan Freeman), Pierre Del Rio (Amr Waked), Sr. Jang (Choi Min-sik)
Dirección y guion: Luc Besson. País: USA. Año: 2014.
Duración: 89 min.
Género: Acción-Ciencia ficción
Producción: Virginie Besson-Silla, Marc Shmuger
Música:Eric Serra
Fotografía:Thierry Arbogast
Montaje: Julien Rey.
Diseño de producción: Hugues Tissandier. Vestuario:Olivier Beriot.
Distribuidora: Universal Pictures International.
Estreno en USA: 25 Julio 2014. Estreno en España: 22 Agosto 2014.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años

Sinopsis
La historia comienza con Lucy, una joven estudiante en Taiwan a la que su novio obliga a entregar un maletín a un mafioso, el Señor Jang. En este momento, la mafia taiwanesa/koreana la hace prisionera e introducen en su abdomen el paquete de una nueva droga, CPH4. Pero uno de sus captores patea el estómago de la prisionera, abriéndose así el paquete, cuya sustancia empieza a ser absorbida por su cuerpo en grandes cantidades. Este accidente transforma a Lucy, quien comienza a aumentar sus conexiones cerebrales hasta que las ochenta y seis mil millones de neuronas de su cerebro funcionan a la vez; adquiere así capacidades psíquicas y físicas que alcanzan lo sobrenatural. Con la ayuda de un profesor y un policía, Lucy y sus recién adquiridos superpoderes luchan contra la mafia para apoderarse del resto de la sustancia.

Comentario
La primera mujer y la mujer última, el principio y el fin de la evolución englobado en un solo vocablo, conectado por el tiempo. La especie humana tiene un nombre, y no es Adán, sino Lucy.
Siempre se agradece sentarse en el cine y encontrarse con un personaje femenino en el papel de héroe, y, en este aspecto, Besson nunca decepciona. Su amor por las heroínas lo demostró por primera vez con Nikita en La femme Nikita (1990), y continuó con la joven Mathilda en Leon (1994). En ellas, sus protagonistas sufren una transformación hasta convertirse en dueñas de sí mismas. En palabras del director, también Lucy, veinte años más tarde: «En cierto modo, coloniza su propio cerebro».

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El film es un auténtico lío hipnótico, lleno de momentos divertidos pero desprovistos de sentido. Se trata de una película que tontea entre la ciencia ficción y la acción, pero que no termina de decantarse por ninguna, con un resultado que se nos puede antojar torpe. Sin duda entretenida, acumula numerosos gags que pueden recordar a Tarantino: cuando la rubia Scarlett comienza a matar asiáticos sin ningún pudor, se abre un paralelismo con la Uma Thurman de Kill Bill, sólo que en lugar de asesinar con una peculiar katana, se carga a media mafia con su telekinesia y sus balas. Besson parece que deja de tener control sobre su propio film, que pasa de ser una ligera pero muy entretenida película de acción a convertirse en un auténtico delirio.

Durante los primeros minutos del metraje, el director nos sorprende con escenas de documentales de animales, que representan a los depredadores y su presa, como símbolo de la situación de tensión entre la mafia y la inocente estudiante. La comparación se presenta de forma tan obvia que de alguna manera cómica consigue funcionar. Una vez la droga se encuentre en su organismo, Lucy no será ya la presa.

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Los planos caóticos de Besson se interrumpen a lo largo de la película por pantallazos en negro con un porcentaje que no deja de ascender: 10%, 20%, 40%… casi como un videojuego que se va completando a medida que avanza el metraje. Y es que no sorprendería que a partir de Lucy se desarrollase uno. Pero a esta superheroína le falta un supervillano: la droga hace de ella un ser tan poderoso que en ningún momento corre verdadero peligro, lo que complica la capacidad de Besson para sorprender al espectador, o incluso para crear suspense.

El personaje del profesor interpretado por Morgan Freeman es absolutamente plano, sirve de padre simbólico a Scarlett, pero ni siquiera este hecho está bien justificado por la trama. Desde un principio, la inteligencia y el conocimiento sobre el mundo por parte de la protagonista superan al del científico, y no se entiende por qué busca precisamente en él las respuestas que su desarrollado cerebro se plantea.

La interpretación de Johanson es impecable; se adapta cómodamente al universo experimental de Besson, quien declaró: «Supe inmediatamente que debía ser ella”. No es de extrañar; la actriz ya sorprendió este año interpretando un papel excelente como femme fatal que ostenta poder y fuerza sobre los hombres en Under The Skin (Jonathan Glazer, 2013). Nuevamente, se convierte en un personaje que, a pesar de su aspecto, carece de humanidad.

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Besson opta por escenas de acción espectaculares (entre las que no falta una persecución por las calles de París), en lugar de prestar atención al detalle argumental. Si bien el director se niega a explorar la filosofía que implica la trama de su película, sí es cierto que esta crea un hipnotismo importante, nos mantiene fijos en el asiento. Cuando vemos a Scarlett interpretar a Lucy, no soltamos ni un bostezo. Pero es precisamente aquella falta de profundidad la que nos inclina a pensar que hay algo que no funciona. Echamos de menos esa «vuelta de tuerca» que sí podemos ver en otras películas que mezclan el Sci-Fi con la acción, como puede ser Matrix (Los hermanos Wachowski, 1999) o, para poner un ejemplo más cercano en el tiempo, la misma Origen (Christopher Nolan, 2010). Claramente, Besson se interesa más por el impacto visual que por la opción intelectual, a la que podría haber prestado mayor atención teniendo en cuenta las infinitas posibilidades que el argumento le permitía. Pero no sólo la acción ocupa la mente del francés; como es habitual en él, la banda sonora tiene un peso especial: de la mano de Eric Serra, responsable también de la música de otros films del mismo director como El quinto elemento (1997) o Juana de Arco de Luc Besson (1999), Besson consigue crear el ambiente idóneo para sus escenas de acción. Damon Albarn es el encargado de interpretar Sister Rust, una canción creada especialmente para la película, que será un placer añadido para los amantes de Blur.
La utilización de aparatos electrónicos se repite durante los 89 minutos en los que Lucy aumenta su capacidad cerebral. Desde que, cómicamente, pide permiso al médico (quien le está quitando la droga de su organismo a punta de pistola) para llamar a su madre por el móvil, hasta que se plantea verter todo su conocimiento adquirido en un USB: la era digital se encuentra en todo momento presente. Y me planteo si, tal vez, el sinsentido que se nos muestra abiertamente en la película no será precisamente una metáfora del caos que supone la información masiva vertida sin orden ni pausa en la era de Internet.

Os dejo un tráiler:

Bernarda Parodi

Revista Atticus

 

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