La viñeta de Alfredo Martirena. Indignada
La viñeta de Alfredo Martirena. Indignada.
Esperemos que no sea un secuestro.
Alfredo Martirena
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Esperemos que no sea un secuestro.
Hemos elegido esta canción, muy conocida, para felicitar la Navidad y el Año Nuevo porque consideramos que es un bello canto a la esperanza. Podemos poner un poco de color a nuestra vida basta con desearlo. Y la esperanza nunca hay que perderla. Los malos tiempos pasarán. Esas frases y otras contiene esta bella canción.
Os dejamos la letra de la canción y el vÃdeo en youtube. Y también os dejamos la viñeta de un incondicional, Alfredo Martirena, que quiere felicitarnos la Navidad.
En mi nombre y en el de todos los que hacemos posible Revista Atticus agradecemos el siguimiento y la buena acogida que está teniendo nuestro proyecto. Desde aquà queremos aprovechar la ocasión para desear a todos una muy FELIZ NAVIDAD. Que el nuevo año que asoma por la puerta traiga paz y nos llene de esperanza para que nuestra vida se tinte de color.
En los mapas del cielo el sol siempre es amarillo
y la lluvia o las nubes no pueden velar tanto brillo
ni los árboles nunca podrán ocultar el camino
de su luz hacia el bosque profundo de nuestro destino.
Esa hierba tan verde se ve como un manto lejano
que no puede escapar, que se puede alcanzar con sólo volar.
Siete mares he surcado
siete mares color azul.
Yo soy nave, voy navegando
y mi vela eres tú.
Bajo el agua veo peces de colores
van donde quieren, no los mandas tú.
Por el cielo va cruzando,
por el cielo color azul,
un avión que vuela alto
diez mil metros de altitud
desde tierra lo saludan con la mano
se va alejando, no sé donde va,
no sé dónde va.
Sobre un tramo de vÃa, cruzando un paisaje de ensueño
en un tren que me lleva de nuevo a ser tan pequeño,
de una América a otra tan sólo es cuestión de un segundo,
basta con desearlo y podrás recorrer todo el mundo,
un muchacho que trepa, que trepa a lo alto de un muro
si se siente seguro verá su futuro con claridad.
Y el futuro es una nave
que por el tiempo volará
a Saturno, después de Marte,
nadie sabe dónde llegará,
si le ves venir, si te trae amores
no te los roben sin apurar
aprovecha los mejores
que después no volverán,
la esperanza jamás se pierde,
los malos tiempos pasarán,
pienso que el futuro es una acuarela
y tu vida un lienzo que colorear.
En los mapas del cielo el sol siempre es amarillo
(tú lo pintarás)
y la lluvia o las nubes no pueden velar tanto brillo
(tú lo pintarás)
basta un desearlo y podrá recorrer todo el mundo
(tú lo pintarás)
Acuarela
Toquinho & Vinicius De Moraes
Alfredo Martirena
Luis José Cuadrado
Revista Atticus
Las calles del casco antiguo de Metrópoli, engalanadas con luces de colores y algún que otro árbol de Navidad salpicado de campanitas, bolas de espuma, monigotes de nieve y estrellas brillantes, estaban atestadas de transeúntes. Faltaban diez dÃas para que terminara el año, y el tiempo, tibio y seco, invitaba a caminar por el centro de la capital, eso sÃ, vigilando con el rabillo del ojo los variados productos que se exponÃan en los escaparates de las numerosas tiendas que jalonaban el recorrido. Donde menos se piensa, salta la liebre. Y, como es sabido, en tiempos navideños el disfrute que reportan los paseos por las calles comerciales de las grandes urbes suele estar proporcionalmente correlacionado con el peso de la compra que se traslada: cuanto mayor es el número de bolsas que el consumidor de turno acarrea, mayor es el gozo que le embarga, y a la inversa. Se han conocido casos de ciudadanos que, ante el luctuoso panorama que les ofrecÃan sus manos desnudas, han perdido la verticalidad al tropezarse con su propio ánimo, el cual reptaba por los suelos, noqueado por la pobreza consumidora.
En la calle comercial de más abolengo de Metrópoli, estaba plantado un mendigo fuera de lo común, por su avanzada edad: ochenta años o más; por su aspecto: enjuto, alto y tocado con una gorra de capitán de la Marina Mercante; y por su novedoso proceder: ni imploraba misericordia ni pedÃa limosna a la buena de Dios, sino que dirigÃa unas escuetas palabras a los potenciales donantes que seleccionaba con esmero, ya que sus depauperadas energÃas le obligaban a rentabilizar al máximo sus horas de trabajo, dos diarias.
A unos cinco metros, entre las decenas de personas que se le aproximaban, el anciano pedigüeño se fijó exclusivamente en un hombre trajeado que llevaba un portafolio bajo el brazo. Lo que le habÃa llamado la atención del desconocido no era su apostura ni su pulcro aspecto, sino su semblante, en el que campeaba una mirada limpia y serena. De esas que traslucen parte de lo que se cuece entre bambalinas.
Cuando el viejo mendigo tuvo a unos centÃmetros a su virtual benefactor, se interpuso en su camino con la mano a modo de cuenco y, sin retirar los ojos de los ojos del otro, se limitó a pronunciar con voz cascada tres palabras, sólo tres. Si ante sà tenÃa a un hombre generoso, no necesitaba decir nada más. El resto, todo un mundo, se desprendÃa de lo que acompañaba a tan parco mensaje.
-Feliz Navidad, señor.
El hombre apuesto, conmovido por la mirada franca del anciano, que parecÃa surgir de los abismos de su memoria, tal vez del corazón de la niñez, depositó el portafolio en el suelo y empezó a rebuscar con las dos manos en los bolsillos del pantalón y la chaqueta. Lamentablemente, sólo encontró documentos y tarjetas de crédito.
-Pensaba que llevaba encima algo de dinero en efectivo… Un momento, a lo mejor tengo algunas monedas desperdigadas en el fondo del portafolio.

La mirada del mendigo se intensificó, como iluminada por una luz interior, quizá la luz que irradiaban otras Navidades más venturosas.
La incursión del hombre trajeado resultó baldÃa.
-No se mueva de aquÃ. Voy a buscar un cajero automático. Le doy mi palabra que volveré dentro de unos minutos.
-Me fÃo de su palabra, señor, pero le ruego que no se moleste; me conformo con lo que me ha dado.
-Pero si no le he dado nada.
-¿Está seguro?
-Feliz Navidad -se despidió el hombre trajeado ofreciendo su mano.
-Feliz Navidad –repitió el viejo mendigo estrechándola.
Salvador Robles Miras es el autor de “Contra el cielo”. En febrero presentará otra novela en FNAC Bilbao. Se titula “El último dÃa, el primero”, y narra las andanzas de un hombre cincuentón, Adrián, la vÃspera de ser operado a vida o muerte de un tumor en el cerebro. Está divorciado, su única hija murió en un accidente, trabaja de profesor de Literatura en un instituto. Se siente un fracasado. El último dÃa o el primero se dedicará a dar vueltas por su ciudad natal. En los objetos y en la galerÃa de personajes con los que se encuentra en su odisea peripatética, el hombre descubrirá a otro Adrián, tal vez el verdadero Adrián.
Revista Atticus
La cantante Cesaria Evora ha fallecido a los 70 años en el Hospital Baptista de Sousa, en la isla de San Vicente, en Cabo Verde. La causa del fallecimiento, que ha confirmado el ministro de cultura caboverdiano, Mario Lucio Sousa, ha sido una “insuficiencia cardiorrespiratoria aguda y una tensión cardiaca elevada”, según fuentes del hospital.
Evora, conocida como la ‘diva de los pies descalzos’ -por salir al escenario sin zapatos para denunciar la pobreza de su paÃs- o ‘la reina la morna’ -una sugerente mezcla del fado portugués, la modinha brasileña, el tango argentino y el lamento angoleño-, anunció hace tan solo tres meses, en ParÃs, que se retiraba de los escenarios por motivos de salud.
Aquà os dejamos uno de sus muchos éxitos.
Revista Atticus
Desde el 22 de diciembre hasta el 5 de enero de 2012 se celebrará la VII muestra de Arte Aspace. Aspace es una Asociación de Padres, Tutores y Personas con parálisis cerebral y afines. Una serie de artistas ceden sus trabajos. Estos estarán expuestos de forma conjunta y por un precio asequible (bastante inferior al del mercado) podrás hacerte con alguno de ellos. De esta manera contribuyes al sostenimiento de esta asociación en unos tiempos en que toda ayuda es poca y como bien sabéis existe un gran vacÃo en la sanidad pública para poder atender dignamente a estas personas.
Art Aspace.11 es una nueva cita entre arte y
discapacidad que agrupa la obra de setenta artistas que, de forma altruista,
donan sus obras para crear este hermoso espacio de encuentro: gracias a su
empeño esta aventura, pese a los tiempos oscuros, sigue adelante.
A la perplejidad que provoca el mundo que nos rodea,
Aspace Valladolid responde, como cada año desde hace siete, con un destello
fugaz de extraña cordura, de belleza y equilibrio, de mágica irrealidad,
plasmados en esculturas, pinturas, acuarelas, dibujos, grabados, montajes,
fotografÃas, poesÃas, objetos plásticos que construyen un paisaje amable,
inesperadamente humano.
De manera muy especial, queremos dedicar Art Aspace.11
a los que nos ayudan con su colaboración, llevando a sus casas obras de nuestra
exposición, ellos, nuestros auténticos mecenas, son los protagonistas de esta
séptima edición, y para ellos es todo nuestro agradecimiento.
Ana Isabel Alario Trigueros. Presidenta Aspace
Valladolid. Navidad 2011
Puedes consultar el catálogo de las obras en la siguiente dirección:
http://www.aspacevalladolid.org/