Una gran multitud se agolpa en el muelle Southampton (Inglaterra) para ver partir al inmenso buque Titanic que hace su viaje inaugural con destino a Cherburgo, Queenstown y finalmente a Nueva York. Es el 10 de abril de 1912. Pocas personas podían pensar que el barco más grande del mundo de aquel entonces sería derribado por un iceberg tan solo cinco días después. Más de 1500 personas perdieron la vida. (Quién quiera ver en este suceso una metáfora de nuestra economía o nuestro estado del bienestar está en su derecho).
Cien años después Alfredo Martirena nos deja su particular visión sobre el hundimiento del mítico barco.
Como nos gusta mucho el cine os dejamos este vídeo con la famosa escena de la película Titanic de James Cameron interpretada por Kate Winslet’s y Leonardo Di Caprio. De fondo podemos escuchar la canción interpretada de por Celine Dion que lleva por título My Heart Will Go On de 1997.
También os dejo esto otro vídeo de cuando se dio la noticia en TVE en 1987 del hallazgo de los primeros restos del Titanic.
«El último día, el primero». Nueva novela de Salvador Robles.
«El amor verdadero es un mito, o peor, una falacia», concluyó Adrián para zanjar el asunto. El poeta tiene razón: resulta imposible conjugar el verbo amar; el pasado no es perfecto, el presente no es indicativo y el futuro es condicional.
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«El último día, el primero»
Salvador Robles
A quien más o quién menos, en alguna ocasión, nos ha venido a la mente la incertidumbre de qué es lo que haríamos si supiéramos que nos queda un tiempo, corto, de vida. Todos nos iremos “para el otro barrio” eso es ineludible. Pero si sabemos que mañana, tal vez, pueda ser el último día de nuestra existencia: ¿Qué haríamos?, ¿cómo nos enfrentaríamos a esa situación?, ¿cómo cambiaría nuestra vida a partir de entonces?
Haría… me iría… te llevaría… Nos daríamos un homenaje en… ¡Chorradas! Se nos escapan los días entre las manos sin darnos cuenta. Apenas somos conscientes de que esta es la vida que tenemos, es la que vivimos en este mundo frenético y no tenemos otra para llevar a cabo nuestros sueños. Eso es lo que trata Salvador Robles en su nueva novela, de alertarnos de que esta es la vida que tenemos, la única.
Salvador Robles Miras afronta como encarar la vida ante la circunstancia de que tal vez sean esos, los que vive a partir del conocimiento de un tumor que le come no solo el cerebro sino la vida, los últimos momentos de ella, en su nueva novela «El último día, el primero» que acaba de publicar la editorial Paréntesis.
Salvador, además de periodista es pedagogo, nos explica que «si sabes que puedes morir, el tiempo se paraliza y la percepción se agudiza; comienzas a pensar en muchas cosas en las que no te habías parado a pensar y te percibes mejor».
El protagonista de la novela es Adrián Valle Rubio, un hombre cincuentón, profesor de Literatura de un instituto y divorciado. Su única hija murió en un accidente de tráfico cuando era una adolescente. Se siente un fracasado y su vida da un vuelco cuando el médico le diagnostica un tumor en el cerebro del cual debe ser operado a vida o muerte. A raíz de esa noticia todo cambia. A Adrián se le abren los poros de la piel para empezar a experimentar nuevas sensaciones. Son viejos sentimientos, amistades o detalles nimios que antes no tenían importancia al estar relativizados por la cotidianeidad y que ahora adquieren otra dimensión ante el duelo a vida o muerte que se le presenta a la mañana siguiente en el quirófano. Adrián creía estar solo en esta vida, pululando en ella o más bien alrededor de ella, hasta que el temor a la cercana muerte le da un bofetón que le espabila.
Cuando la muerte frecuenta nuestros pagos, la gente reblandecida, se escurre en las natillas de la sensiblería más sensiblera. Adrián está convencido de que si el tumor no la hubiese tomado con él, Ángela habría mantenido las distancias sécula secuórum. Hecha esta reflexión, nuestro hombre hurga en su memoria a la búsqueda y captura de algún episodio protagonizado por su colega. Nada por aquí, nada por allí. Sólo se tropieza con alguna escena en la que Ángela representa un papel secundario, casi de figurante. Y es que las relaciones que se establecen en el centro de trabajo, se quedan casi siempre varadas entre los escollos de la superficialidad, por falta de tiempo, de ganas y de actitud. Ante las relaciones no elegidas, tendemos a jugar a la defensiva; y a la contra, probablemente no perderemos, pero casi nunca ganaremos.
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Salvador Robles Miras nació en Águilas (Murcia), aunque reside en Bilbao desde los diez años. Está casado y tiene un hijo. Es periodista y pedagogo, y ha publicado hasta la fecha 20 libros: cinco novelas («Noche clara», «La vida en la distancia», «La luz del silencio», «Contra el cielo» y la presente), cinco volúmenes de microrrelatos («Los abuelos también van a la escuela», «La escuela sin edad«, «Los ojos de la vida», «Mirar es encontrar» y «Pequeñas palabras») y once libros de ensayo, de psicopedagogía y literatura divulgativas. Es colaborador en diversas cadenas de radio, y ha sido ampliamente galardonado a nivel internacional.
Le tengo gran cariño a Salvador, ya lo manifesté con su anterior libro «Contra el cielo» (puedes leer aquí una reseña), desde que nos apoyó con su presencia en Revista Atticus. Pero al afrontar una reseña de este libro dejo a un lado los sentimientos personales para que afloren las emociones que transmite su literatura. Salvador escribe con delicadeza, sin florituras ni ornatos innecesarios. Salvador escribe como Adrián tiene que vivir su vida ante la fatal noticia. Me gusta leer a Salvador porque me gusta la literatura. Es un placer leer cada uno de sus párrafos. Para muestra los que he elegido para ilustrar esta reseña, pero no son los únicos.
Les recomiendo la lectura de la novela. Casi seguro que no les va a cambiar la vida. Pero no esperemos a recibir una mala notica para empezar a vivir la vida como si el último día fuera el primero.
-Si amas, siempre serás amado, Adrián; a veces, no serás amado de la forma en que quieres que te amen, pero es un riesgo que, como buen amador, deberás correr. La vida de los amadores es así de arriesgada. Además, ser amado no depende de ti, amar sí.
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Título: El último día, el primero
Autor: ROBLES, SALVADOR
ISBN: 978-84-9919-228-4
EAN: 9788499192284
Editorial: PARENTESIS
Idioma: Castellano
Año de edición: 2012
P.V.P.:16,00 €
Aprovecho la ocasión para dejaros un vídeo que nos ha hecho David Moscoso (¡muchas gracias!). Se puede decir que es el sumario de Revista Atticus 17 que ya hemos acabado y que en un par de días esperamos esté colgado en la WEB. Si alguno tiene mucha prisa y lo quiere recibir ya en su formato pdf y al correo electrónico que nos mande un email al admin@revistaatticus.es
Atticus, un proyecto cultural «made in» Valladolid
Atticus Finch es el nombre del personaje de la novela ‘Matar un ruiseñor’ de Harper Lee. Luis José Cuadrado escogía junto con un grupo de amigos un libro, del que hubiera una adaptación a la gran pantalla, y se reunían después de haberlo leído para ver la película y comentarlo. Así nació Atticus, fruto de una serie de propósitos que fueron canalizados por Cuadrado. Este proyecto comenzó como una simple afición de volcar en Internet artículos de arte en pdf gracias a la plataforma que creó Rubén García Gamarra.
A punto de cumplir tres años sigue creciendo como la espuma. Tiene una media de 1.400 visitas diarias a la web (cuando nació se conectaban 10 personas por día) y suma un total de 600.000 visitas.
La revista Atticus es un producto vallisoletano, creado con pequeñas aportaciones de escritores y profesionales de todo el mundo. En la capital del Pisuerga se organiza, se maqueta y se imprime. Luis José Cuadrado, salmantino de nacimiento y vallisoletano de adopción, es el creador y responsable de la misma. Tras una serie de promesas rotas de amigos que nunca enviaron sus textos para enriquecer la web con sus artículos, Cuadrado decidió dar un paso más y comenzó a pedir su colaboración a expertos blogueros del arte. Reconoce haber recibido algún portazo pero, en general, está muy contento de la gran familia, de más de cincuenta personas, que se ha creado alrededor de Atticus. No solo en España, al otro lado del charco, en Latinoamérica, también hay blogueros que comparten sus artículos en la web vallisoletana.
Después de llevar diez números en su formato digital (ahora llevan 16 más 5 monográficos) surgió, en junio de 2011, UNO, la primera edición de Atticus en papel con el empuje y el apoyo de Juan Diego Caballero Oliver, profesor y catedrático de Geografía e Historia, que falleció poco antes de que se publicase. Una apuesta arriesgada que contó con una presentación por todo lo alto en el Museo del Patio Herreriano de Valladolid. A este primer número siguió un segundo (DOS). La TRES tiene prevista su salida al mercado el próximo mes de septiembre pero “la falta de patrocinadores está retrasando su publicación”, advierte Luis José Cuadrado. UNO tuvo una tirada de 750 mientras que para el segundo número se aumentaron las previsiones de ventas hasta llegar a los 1.000. El apoyo económico con el que cuenta este proyecto es bastante limitado. Una serie de amigos de Cuadrado, con empresas importantes a su cargo, confían en su buen criterio y aportan su pequeña ayuda a cambio de publicidad en la web y en las revistas.
El año pasado se anunció y se vendió en el tren transcantábrico, amén de en dos puntos vallisoletanos (un kiosco frente a El Corte Inglés y la Librería Rayuela). A través de la página web también se da la opción de adquirir la revista. Meses después de haberse puesto a la venta, se cuelga íntegra en Internet. Cuadrado hace hincapié en la falta de costumbre de pagar por los contenidos digitales. “Hemos realizado más de 3.000 páginas en menos de tres años y hemos tenido 600.000 usuarios. Si el 10% hubiera pagado un euro por los contenidos habríamos ganado 60.000 euros. Hasta el momento todo se reduce a lo comido por lo servido”.
El arte vallisoletano es el protagonista (y la fotografía de portada) de los dos primeros números de Atticus y, previsiblemente, también lo será del TRES, aunque esto aún es secreto. A pesar de tener reportajes de todo el mundo, intenta subrayar siempre la importancia de Valladolid, concediendo a estos artículos las mejores posiciones de la revista. José Miguel Travieso es el encargado de diseñar las portadas, de ponerle cara a Atticus.
También hay tiempo y espacio para las gratas sorpresas: “El otro día me pidieron el número de cuenta para ingresarme los 10 euros de la revista, pero me pidieron que no se la mandase porque ya se la había descargado de la web” relataba Cuadrado con una sonrisa.
A la pregunta de hasta dónde puede llegar Atticus solo le sigue el silencio y el titubeo. Cuadrado está seguro de una cosa: “es un proyecto que tiene mucha calidad, pero la dificultad de darse a conocer y la crisis ralentizan el camino”.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.
Sinopsis
Philippe millonario, tetrapléjico, vive en un lujoso barrio parisino y busca asistente. A la entrevista de trabajo acude Driss de origen senegalés más preocupado de sellar la cartilla y poder seguir cobrando el subsidio del paro, que de alcanzar el puesto ofertado. Driss no tiene preparación pero Philippe ve algo en él que le “cautiva” y puede que sea la persona que busca para que no le trate con conmiseración.
Comentario
Intocable la película de los directores Eric Toledano y Olivier Nakache nos presenta una historia llena de contrastes. Se mire por donde se mire, a cada cosa o tema o punto de vista tiene su contrario: pobre/rico, hortera/exquisito, negro/blanco, atleta/tetrapléjico. Dos clases, dos culturas. El mayor contraste se da entre los dos protagonistas, pero no es el único.
Philippe (François Cluzet) lo tenía todo. También tenía el dolor de ver como se consumía su mujer. Esto lo llevo a buscar prácticas deportivas de riesgo para soltar toda la adrenalina posible y escapar del sufrimiento ajeno. Al final se ve postrado en una silla de ruedas. Es rico, muy rico, culto, inteligente, exquisito en sus gustos, amante de la ópera, de la música, de los coches de lujo (Maserati Quattroponte), y de los huevos Fabergé (sinónimo del máximo refinamiento, solo se crearon 57 ejemplares y uno de ellos puede alcanzar los 18 millones de dólares en el mercado). La entrevista de trabajo la lleva a cabo en un lujoso salón de su palacio en el centro de París.
Frente a él, Driss (Omar Sy) un negrazo, de origen senegalés, lleno de arrojo, descarado, alegre, algo inculto, gamberro, guasón que rechaza todo tipo de convencionalismo. Su mayor virtud es que ve a Philippe como a una persona, como a una más de las que rodean su vida.
La película funciona casi a la perfección. Es muy fácil hacer una película que triunfe. Una de las recetas (voy a desvelar uno de los mayores secretos de la industria cinematográfica) es la realización de un buen guión bajo el argumento clásico del tipo: «Chico conoce a chica. Chico se enamora de chica. Chico y chica deciden estar/vivir juntos. Surgen problemas y chico y chica se separan. Se añoran y tratarán de volver a estar juntos». Así de sencillo.
Esta fórmula mágica de guión hay que adaptarla para que el chico se llame Driss, para que la chica sea el personaje de Philippe y para que la relación entre ellos no sea la de un amor físico, sino sea la de un flechazo entre dos personas que se puedan llegar a complementar de tal forma que se vuelva casi inseparables.
Intocable arranca con una secuencia a gran velocidad que rápidamente nos atrapa por su desenlace. Si a esto añadimos una buena banda sonora (de esas que se aprecian pero no molestan) con una buena canción en el punto medio de la película (sublime Boogie wonderland de Earth Wind and Fire) el éxito está casi asegurado al 90%. Es bastante conveniente que uno de los personajes padezca o sufra algún tipo circunstancia que nos toque la fibra de forma directa. Y ya está, eh voilà que diría un francés. Así es como tenemos una película de éxito, casi de culto. Pero no debe de ser fácil esto. Y si no, basta echar un vistazo a nuestra cartelera del año pasado para ver qué película se alzó con la taquilla (una de la saga Torrente). Habrá que preguntarles a los franceses cómo lo hacen para conseguir que Intocable supere los 30 millones de espectadores. Y me da que esto no es cosa de la casualidad. Recientes éxitos avalan el éxito del cine francés con películas como The Artist, La cena de los idiotas, Bienvenidos al norte o, incluso, Pequeñas mentiras sin importancia (en la que trabaja el propio François Cluzet).
La cinta tiene mucho humor negro, irreverente, pero muy sano. Hoy, donde lo políticamente correcto está presente en cada uno de sus actos, hacer una película de este tipo es atrevido, arriesgado. Mezclar negro, inmigrante, tetrapléjico y salir airoso, uf, tiene mucho mérito. Los directores no han recurrido a la sensiblería, a la lágrima fácil, para narrar la fortuna que supone tener a nuestro lado una persona que te cambie por completo y haga posible una vida mejor. Ahí radica el éxito de Intocable: en ser una película que se abre paso al corazón sin que nada la detenga. Hay un planteamiento honesto en el tratamiento de los temas. Los tratan con valentía, sin artificios, sin tapujos. Se ríen de la ópera (magnífica escena: aguantar cuatro horas de función y encima en alemán), se ríen de cómo Driss es capaz de verter té caliente sobre las piernas de Philippe (y, con ello, toda la sala) o hasta hacen un chiste sobre los tetrapléjicos:
— ¿Dónde puedes encontrar un tetrapléjico?
— No lo sé.
— Allí, donde lo dejaste.
El fruto que arroja esa fórmula basada en un guión casi perfecto, muy trabajado con frases ingeniosas y punzantes, es una película divertida, alegre, esperanzadora, llena de vitalidad y de cierto optimismo. Estoy convencido de que esta película dentro de unos años ganará peso y será diseccionada como un modelo de película que conjuga a la perfección (entre otras cosas) el drama y la comedia. Es una película optimista, que nos contagia, vitalista y que nos transmite alegría y esperanza. Por otro lado, no da tanto juego para un coloquio como por ejemplo La cena de los idiotas o la ya también mencionada Pequeñas mentiras sin importancia (reconozco cierta debilidad por esta cinta) por la sencilla razón de que es más fácil identificarnos con los protagonistas de estas dos películas que con el dúo Philippe/Dris.
Algún dato demoledor: más de treinta millones de espectadores; Omar Sy se llevó el César arrebatándoselo al mismísimo Jean Dujardin; la película Intocable ha sido nombrada como mejor evento cultural del año 2011 en Francia.
Por último, la historia está basada en un hecho real. Está recogida en un libro homónimo que salió al mercado hace ahora once años, publicado por Anagrama. Philippe Pozzo di Biorgo un empresario de 63 años es el autor. Se quedó tetrapléjico en 1993 y narra su relación con Abdel Yasmin Sellou, su cuidador senegalés procedente de un arrabal parisino. Dicen aquellos que han leído el libro que es más duro que la película. Curiosamente la relación con su cuidador no tiene tanta importancia en el libro, y apenas ocupa un capítulo. Ya tenemos otro libro/film para la discusión. Vayan al cine. En esta ocasión les invito para que descubran porqué los dos protagonistas son intocables.
Os dejo un tráiler
Y también el enlace a dos películas de las que menciono y que, en su día, comenté: