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Zona hostil de Adolfo Martínez

Nuestro cine bélico está de enhorabuena

Ficha

Dirección: Adolfo Martínez

Reparto: Ariadna Gil, Raúl Mérida, Roberto Álamo, Antonio Garrido, Ingrid García Jonsson, Jacobo Dicenta, Ismael Martínez, Mariam Hernández, Ruth Gabriel y Javier Bódalo

Nacionalidades: España Año: 2017 Fecha de estreno: 10-03-2017

Duración: 93 min.

Género: Bélica

Color o en B/N: Color

Guion: Andrés Koppel y Luis Arranz

Fotografía: Alfredo Mayo

Música: Roque Baños

 

Sinopsis

A un convoy americano escoltado por la Legión española le estalla una mina al norte de Afganistán y el inexperto Teniente Conte (Raúl Mérida) queda al mando de una dotación para proteger a los heridos hasta que los evacuen. La Capitán médico Varela (Ariadna Gil) acude al rescate en un helicóptero medicalizado del Ejército Español, pero el terreno cede durante el aterrizaje y el helicóptero vuelca, dejando a los rescatadores atrapados junto a los legionarios en medio de la nada. El impulsivo Comandante Ledesma (Antonio Garrido) propone un arriesgado plan para rescatarlos a todos y, además, llevarse el aparato siniestrado. Pero con la noche llega el enemigo y el plan sólo será posible si el Teniente y la Capitán logran sobrevivir hasta el amanecer.

 

Comentario

Hecho a la manera americana. O producto «Made in Spain», pero que se asemeja a una producción americana, no parece una película española. Esto es un topicazo que, poco a poco, tenemos que ir desterrando precisamente por la buena labor que hay detrás (y delante) de la cámara. Zona hostil se adentra en un género, el bélico, que no había sido bien resuelto en las propuestas acometidas (como así ha sucedido con otros como el thriller o, incluso, el western –magnífica película Blackthorn de Mateo Gil, 2011-). Recientemente hemos podido disfrutar en la cartelera de 1898, los últimos de Filipinas (Salvador Calvo), interesante, con altibajos, pero que no cuajó como era de esperar. Más atrás en el tiempo, Daniel Calparsoro realizó dos fallidas películas con el tema militar de fondo: Invasor (2012) y Guerreros (2002).

Pero ahora ya la cosa ha cambiado. Las buenas maneras en el cine español, de manera general, tanto en la dirección, como en la producción o como en los propios actores no tienen nada que envidiar, definitivamente, a las del otro lado del océano. La cadena está bien engrasada. Bien es cierto que hay y habrá producciones que todavía tengan ese tufillo de «españolada», pero son las mínimas.

Basado en un hecho real, Zona hostil lleva a la gran pantalla un suceso ocurrido en Afganistán cuyo protagonista fue, fundamentalmente, nuestro ejército español. Un convoy se desplazaba por territorio enemigo. Uno de los vehículos se salió de las rodadas y pisó una mina. El resultado fue de dos militares americanos heridos de gravedad. La capitana Varela, una médico, junto a su pequeño equipo, encargada de atender a las tropas, tenía que acudir en helicóptero a socorrer a los accidentados. Lo que en un principio era una misión casi rutinaria, se convirtió en todo una operación compleja al decidir transportar al campo base los restos del aparato siniestrado para evitar que cayera en manos enemigas, sustrayéndoles la posibilidad de hacerse una foto con un trofeo (y de paso aprovechar el Super Puma como suministrador de piezas para otras aeronaves). Al encontrarse en una zona hostil, nuestros militares tuvieron que esperar cerca de catorce horas al angustioso recate mientras los talibanes no dejaban de acechar.

Acción trepidante y una gran dosis de tensión logran un producto muy digno. A eso han ayudado un conjunto de actores y actrices del que sobresale una veterana como Ariadna Gil (que se deja ver poco por las pantallas) y un sorprendente Antonio Garrido (desde La playa de los ahogados no lo habíamos vuelto a ver). Gil realiza una actuación muy comedida gracias a un papel bien perfilado en el que no cuenta todo y eso le da una gran verosimilitud. Garrido le da un toque graciosete a su papel, para desengrasar de tanta tensión. Al lado de ambos, el actor de moda: Roberto Álamo. No es papel para lucirse, pero está más que correcto. Junto a ellos, dos promesas: Raúl Mérida e Ingrid García Jonsson. Y con un gran secundario, Jacobo Dicenta en un regalo de papel de veterano militar que se las sabe todas (debería repetir en la gran pantalla).

Jacobo Dicenta / Sargento 1º Aguilar

El director Adolfo Martínez Pérez, reputado ilustrador español, afincado en Los Ángeles, tiene un extenso currículo como responsable artístico (creación de los storyboard) en la industria de EE. UU. en películas como Alien, Terminator, El libro de la selva o Los ángeles de Charlie. Plantea la acción en dos frentes bien diferenciados. Por un lado, la zona donde el helicóptero sufre el accidente. Y por otro, la base española de Qala i Naw, en la provincia afgana de Badghis, a 300 km de la zona de combate. Mientras que en la primera se desarrolla la acción, en la segunda es donde se toman las decisiones de la cúpula militar del ejército.

El ejército español se ha implicado en el proyecto, no solo por el apoyo técnico, con la cesión de material (incluso los helicópteros Super Puma, Tigre y Chinook) sino también con la instrucción militar a los actores. Se mueven con soltura, como si lo hubieran hecho toda la vida. Y eso que tienen que cargar con todo el equipo como si de una auténtica guerra se tratara.

Zona hostil se ha rodado en el desierto de Tabernas (Almería). Desierto que albergó grandes western. Hay alguna referencia más a este género. Las acciones de los talibanes y cómo mediante tretas tratan de engañar a nuestros soldados, me recordó las viejas películas de indios contra el séptimo de caballería, cuando jugaban con la noche, con el cansancio, con el conocimiento del terreno y así –los indios- conseguir desmoralizar y atemorizar a los militares.

Zona hostil, una película «española» coral, que nos habla de una guerra, sin entrar en los juicios morales que la confrontación supone. Nos habla de valores como el coraje, la amistad, la valentía, la solidaridad sin posicionarse moralmente. Ni política belicista ni antibelicista, ni intervencionista, ni gaitas. Es acción, bien rodada, mejor interpretada cuyo resultado es una cinta entretenida al más puro estilo hollywoodiense (si esto es sinónimo de calidad), con buena dosis de tensión y suspense. Una cinta que merece un reconocimiento, lo que me hace reflexionar en lo mal planificado que ha estado su estreno, tan cerca de los pasados premios Goya y tan lejos de los siguientes. Sea como fuera, muy entretenida y realizada con un presupuesto muy ajustado (cerca de 5 millones) que nos hace concebir muchas esperanzas sobre su director, Adolfo Martínez y sus próximos proyectos.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

Gustavo Martín Garzo y Luis Landero en Oletum, Valladolid

Hoy es una de esas tardes en las que olvidas todos los sinsabores que la tarea de editor de una publicación como la nuestra puede tener en algunos momentos. Hoy te olvidas de las horas, de las tardes, de las semanas y de los meses en los que inviertes tu tiempo. Hoy dejas a un lado la amargura de un duro trabajo, solitario muchas de las veces. Hoy todo eso lo dejas de lado. Te reconfortas con la vida, con las pequeñas sorpresas que esta te depara. Gustavo Martín Garzo se implicó en nuestro proyecto, es un colaborador habitual y esta tarde presentaba a uno de sus grandes amigos con motivo de haber escrito una nueva novela: La vida negociable. Se trata de Luis Landero. El acto estaba programado en la Librería Oletum. Hasta allí nos desplazamos, para charlar muy brevemente con ellos y hacerles entrega del último ejemplar. Luis Landero se mostró encantado y sorprendido por la calidad de Revista Atticus. Como muestra de ello, no se separó ni un instante de su ejemplar, de su «Picasso» como así lo definió. Gracias a Luis y gracias a Gustavo por su acogido. Gustavo Martín Garzo presentó recientemente su novela No hay amor en la muerte. Os dejamos una breve reseña de ambos libros.

 

No hay amor en la muerte

Gustavo Martín Garzo

Con No hay amor en la muerte Gustavo Martín Garzo regresa al universo de El lenguaje de las fuentes, que le valió el aplauso de la crítica más exigente y el temprano cariño de los lectores.

En esta ocasión novela el sacrificio de Isaac. Bendecido por Dios con un hijo cuando se había resignado ya a la esterilidad, Abraham recibe la orden de sacrificarlo como demostración de fe y devoción. Abraham se dispone a obedecer y en el último momento Dios le ordena que no mate a su hijo. Sacrificio fundacional para la religión judía y ejemplo supremo del temor a Dios, durante siglos esta parábola ha proyectado sombras inquietantes sobre su naturaleza y sobre las consecuencias en la futura vida de Isaac.

Inquietudes que Martín Garzo recoge ahora para explorarlas con un estilo insólito, un fraseo hipnótico. Una novela emocionante que pone en términos humanos las viejas historias bíblicas con una ambición que recuerda por momentos a la de Thomas Mann.

 

La vida negociable

Luis Landero

La nueva y esperada novela de Luis Landero tras el éxito de El balcón en invierno.

Hugo Bayo, peluquero de profesión y genio incomprendido, les cuenta a sus clientes la historia de sus muchas andanzas, desde su adolescencia en un barrio de Madrid hasta el momento actual, ya al filo de los cuarenta, en que sigue buscándole un sentido a la vida. Y así, recordará la relación tormentosa y amoral con su madre, el descubrimiento ambiguo de la amistad y del amor, sus varios oficios y proyectos, sus éxitos y sus fracasos, y su inagotable capacidad para reinventarse y para negociar ventajosamente con su pasado, con su conciencia, con su porvenir, en un intento de encontrar un lugar en el mundo que lo reconcilie finalmente consigo mismo y con los demás.

 

 

 

Luisjo Cuadrado

fotografías: Chuchi Guerra

Revista Atticus


XV Premio de la Crítica de Castilla y León

José Manuel de la Huerga gana el XV Premio de la Crítica de Castilla y León con su libro Pasos en la Piedra

 

El escritor narra en una novela coral cómo se vivió la histórica Semana Santa de 1977 en Barrio de Piedra, una imaginaria ciudad castellana.

 

El escritor José Manuel de la Huerga (Audanzas del Valle, León, 1967) ha ganado con su novela Pasos en la piedra el XV Premio de la Crítica de Castilla y León 2016, que organiza el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua. El jurado del galardón, reunido hoy en Ávila, decidió premiar entre los diez libros finalistas publicados el pasado año a esta obra editada la pasada primavera por el sello Menoscuarto.

Pasos en la piedra es una novela coral que narra cómo se vivieron en una imaginaria ciudad de la meseta castellana –Barrio de Piedra, creada por José Manuel de la Huerga– los agitados e históricos días de la Semana Santa de 1977. Cinco jornadas marcadas por un ambiente enrarecido y la necesidad de apertura democrática, de libertad, en España y, en concreto, por la legalización del Partido Comunista aquel famoso sábado santo que ha pasado a la historia como sábado santo rojo. Dentro de pocos días será el cuadragésimo aniversario.

Barrio de Piedra aparece ya en la anterior novela del escritor y poeta, Solitarios,  aunque toma protagonismo y dimensión tres años después. José Manuel presentó Pasos en la piedra en Valladolid en abril del pasado año acompañado del historiador Enrique Gavilán y el humorista gráfico Rafael Vega, en el Museo Nacional de Escultura, como no podía ser de otro modo.

 

Cómo empezar, más allá de la nota oficial reproducida a modo de introducción, una reseña sobre una novela de un amigo sin caer en el compadreo, tan poco profesional, o alejándose hasta la profilaxis como un esteta mal entendido. Así que hablaré de las múltiples virtudes de José Manuel de la Huerga como escritor y de su único defecto.

 

Comienzo por el pero. Su fallo es que no aparece en los habituales grupos mediáticos, pretendida y pretenciosamente culturales, sino que publica con una editorial palentina de las que los que escribimos denominamos heroicas y que mantienen alto el pabellón y las picas ante tanto ataque de acción y de omisión.

 

Ahora vamos a las virtudes, que son muchas, de manera que, emulando a Jack el destripador, iremos por partes. Lo primero es que es un poeta, y en Pasos en la Piedra esta faceta queda clara en varios personajes y en muchas de las descripciones sobre la semana santa, tan zamorana, riosecana y vallisoletana que amalgama, como digo, con una poética narrativa tan profunda que nos congela de frío y nos llena de calor al aroma de un cigarro puro fumado por un tallista poliomielítico enamorado de un pino al que desea transustanciar en arte gracias a una visión tan poética como, insisto, el propio autor.

José Manuel, además, nos transmite la sensación de que el arte de escribir es un juego entre ideas y palabras que hace pensar en la literatura como algo sencillo. Nada más lejos de la verdad. Cuando profundizamos en sus obras, se descubre lo intrincado de sus historias provincianas y universales, crudas y tiernas, sensuales y asépticas sin solución de continuidad consiguiendo que el lector, el de verdad no el de hagiografías y otro tipo de fulaneos mediáticos, se convierta en un barriopetrino más.

Recuerdo de mi niñez unos seat seiscientos recorriendo con banderas de la entonces URSS la calle Gabriel y Galán en dirección a la plaza de Rafael Cano, en mi hoy añorado barrio de La Pilarica, y José Manuel de la Huerga me inocula con su magnífico texto aquella sensación de desasosiego que siempre produce lo desconocido. Ésta es otra de sus virtudes, la evocación, que a veces muda en saudade y otras, en sonrisas. Es un mago de la nostalgia sin que sus escritos sean melancólicos.

Y, por último, y así no extenderme para disgusto de  mi editor, aunque podría hacer un ensayo sobre las virtudes de José Manuel, destacar el erotismo como marca indeleble de su literatura. Siempre latente y, a veces, presente. Y en la historia asociado al equinoccio primaveral, desatando vehementes arrebatos y ansias de libertad. Esa atracción carnal por la vida demostrada aquí en el amor a los haikus (o jaikus, como escribe el autor) del poeta anacoreta Pino, en el imaginero contemplando a la muchacha magrebí desnuda junto a una talla de Cristo muerto restaurada en su chiribitil, en la pasión sexual del baño helado en las aguas del Duero de ésta y su joven enamorado, seminarista absorto en la belleza de la mora. Y, cómo no, en Germán y sus recuerdos sobre el ardor del sexo con su novia en Madrid, que parece otro mundo al regresar a aquel lugar anclado en un pretérito imperfecto bautizado por su autor Barrio de Piedra.

 

Sólo me queda dar las gracias a José Manuel por su obra y al jurado por el reconocimiento, repito con orgullo, de un amigo.

 

Carlos Ibañez / Pilar Cañibano

Revista Atticus


III Festival de Flamenco de Valladolid

La Sala Borja fue el escenario de la Tercera Edición del Festival Flamenco del Centro Sentidos de Valladolid, tomando el relevo al auditorium de la Feria de Muestras, en el que se celebraron las dos anteriores.

Con la presentación un año más del hilarante J. J. Vaquero, de nuevo un gran elenco de artistas, reunidos por Rubén Borjas y Elisa Gabarri, “Mimi”, hicieron que el espectáculo fuese de primera categoría.

Si en ediciones anteriores contaron con figuras del baile como Antonio Canales, Paloma Fantova, La Lupi, Gema Moneo o Antonio Losa, en esta edición eran Sergio Aranda e Irene “La Sentío”, junto a los propios Rubén y Mimi. Además destacaba en el cartel Eduardo Serrano “El Güito”, veterano bailaor, toda una leyenda del baile que sin embargo sorprendió en otra faceta, el cante (algo que no se le conocía en público), interpretando un bolero por bulerías. Todos ellos estuvieron acompañados al toque por Yeray Cortés, Jesús Heredia y Maurizio del Río, y al cante por Leo Treviño, Santi “El Moreno” y José Manuel Fernández.

Irene “La Sentío”, conocedora de escenarios de muchos países, puso su garra y su técnica al servicio del espectáculo.

Por su parte Sergio Aranda, no menos internacional pese a su juventud, puso sobre el escenario su genuina personalidad para el baile.

Y Rubén y Mimi demostraron lo aprendido en Amor de Dios, la afamada  academia de baile flamenco en la que se han formado y que ahora trasmiten a sus alumnos en su academia de la calle Delicias.

Entre todos desgranaron seguirillas, alegrías, soleares, tientos-tangos, etc. hasta un “fin de fiesta” todos juntos con las inevitables bulerías.

Con estos festivales, que ya van por la tercera edición, los titulares del Centro Sentidos pretenden presentar en Valladolid “el flamenco duro, el flamenco de calle, el flamenco que se hace en casa, el flamenco de tablao como decimos, que no es el flamenco estilizado que hacen otros artistas; es ese flamenco duro que les da igual las luces del escenario o el vestuario porque lo que hacen es salir a actuar y comerse el escenario; un flamenco que impresiona cuando lo ves, que te entra un shock, y muchos no son conocidos y por eso hemos querido darles a conocer”, en palabras de Elisa Gabarri.

 

CENTRO SENTIDOS

Rubén y Mimi, con la pasión del flamenco en sus venas, abrieron el Centro Sentidos en Valladolid para trasmitir a sus alumnos lo que ellos han aprendido, y siguen aprendiendo, en la academia madrileña Amor de Dios, a la que comenzaron a acudir desde muy jovencitos y a la que Rubén define como una “fábrica de flamenco, por la que han pasado las mejores figuras del baile”.

En Valladolid ensayaban dónde y cómo podían, que no era mucho: en un parque, en una parada de autobús, etc. Era frecuente que el padre de Rubén les proporcionara un palé del mercadillo para que pudieran taconear, en plena calle, lo que provocaba que la gente se quedara mirando con semblante de extrañeza.

Cuando su economía se lo permitía acudían a Madrid a formarse. Su pasión por el flamenco hacía que incluso llegaran a racionarse la comida, para poder estar más días en Madrid.

Y es que para este bailaor vallisoletano, “el flamenco es todo fatiga, es todo dolor, sacrificio, toda una vida que estás ahí luchando mucho, el flamenco verdaderamente bueno es el que duele en el alma”.

Para ellos bailar se ha convertido en una necesidad. Elisa lo explica: “nos levantamos por la mañana y en lo primero que pensamos es en bailar, en mejorar una patada, o plasmar una inspiración del momento; estamos comiendo y damos toquecitos en la mesa; es todo el tiempo, el flamenco una vez que entras te enamora tanto, te entra tan dentro que no ves más allá, te da igual todo lo demás, estoy deseando que lleguen las cuatro de la tarde para venir al estudio y ponerme a sudar. Hace poco nos han denunciado los vecinos porque me levanté a las cuatro de la mañana y no dormía, porque como se te cruce un baile no duermes, estás moviendo la cabeza y los pies y no puedes dormir, así que me levanté me fui al comedor estuve dos horas bailando y los vecinos se quejaron”.

Rubén también indica que afirmar que el flamenco es para ellos un sueño no es solo una frase hecha: “muchas veces por la noche durmiendo se nos mueven los pies sin querer, y luego piensas que puede ser el nuevo paso que es el que va a encajar bien en el espectáculo, y sale una patada buenísima”.

Por todo ello siguen yendo a Madrid cuando pueden, aunque solo sea un mes al año, para ponerse al día “porque el flamenco va evolucionando cada día, no tiene fin, para renovar, ver las cosas nuevas, conocer a gente nueva”, señala Elisa.

 

Festival flamenco de Valladolid

De esta pasión surge la idea del organizar el festival. Aunque en realidad la magnitud del mismo, con figuras de talla internacional, les surge de un “corajillo” en expresión de Elisa: se les ocurrió ponerse en contacto con otras escuelas de flamenco de Valladolid y hacer un espectáculo conjunto, actuando los profesores de cada escuela para así dar a conocer estos centros. Se ofrecieron a organizarlo ellos, contratar y pagar ellos a los músicos, etc. De tal manera que el resto fuera ya a mesa puesta y no solamente sin tener que pagar nada por la organización sino que incluso cobrarían por actuar. Sin embargo, sorprendentemente, todos les dijeron que no. Esa negativa generalizada encorajinó a Elisa y pensó “ahora van a ver, en vez de hacer un espectáculo con lo mejor de Valladolid lo vamos a hacer con lo mejor del mundo”. Así que cogió el teléfono y llamó a Amor de Dios para plantear organizar en Valladolid un espectáculo fuera de lo normal, con las mejores figuras del momento.

Y ya van por la tercera edición.

Rubén y Elisa son optimistas respecto al panorama de la danza flamenca: “cada vez hay más gente flamenca, cada vez llega a más sitios, el flamenco está llegando a todos los lugares del mundo”.

Fernando Pastor

fotografías: Chuchi Guerra

Revista Atticus


RAFAEL DEL ZAMBO ABRIÓ UNA NUEVA EDICIÓN DE FLAMENCOS EN RUTA EN LA UNIVERSIDAD DE VALLADOLID

El joven cantaor jerezano Rafael del Zambo abrió la VIII edición de “Flamencos en Ruta”, certamen organizado por la AIE (Sociedad de Artistas Intérpretes o Ejecutantes) con la colaboración de la Universidad de Valladolid, en cuyo paraninfo de la Facultad de Derecho se desarrollan los recitales. Este ciclo también se lleva a cabo en otras ciudades.

El objetivo de estos ciclos de recitales es la promoción de artistas flamencos jóvenes. A pesar de la juventud de los artistas participantes, la calidad todos los años ha sido excelente y han proporcionado un gran espectáculo. Prueba de ello es que por lo general a los pocos minutos de ponerse a la venta las entradas quedan sistemáticamente agotadas y un buen número de personas sin poder entrar.

Rafael del Zambo pertenece a una de las familias de artistas flamencos más conocidas. Y su procedencia de Jerez de la Frontera, una de las cunas del cante flamenco, al igual que artistas de la talla de José Mercé, Tío Borrico, Los Moraos, La Macanita, Capullo, o figuras en ciernes Ezequiel Benitez o Juanillorro, le aporta un plus de “pedigrí” que se nota en su cante y en su trayectoria, ya que pese a su juventud ha recorrido el continente americano (tanto del norte como del sur) y cosechado premios con su cante jondo.

En su actuación en Valladolid comenzó con un martinete, sobrio como es este palo, sin acompañamiento guitarrístico, tal cual se cantaba en las fraguas con el único sonido del martillo en los hierros candentes.

Continuó con soleares y seguiriyas, los cantes más profundos y sentidos.

También hizo una serie de fandangos, cante que prima la letra con mensaje.

Para finalizar, cantes más festeros, propios de su tierra: bulerías de Jerez.

La edición de este año de Flamencos en Ruta en Valladolid contará también, este mes de marzo, con la presencia del flautista y saxofonista Sergio de Lope (día 16) y el guitarrista Paco León (día 29).

Fernando Pastor

fotografías: Chuchi Guerra

Revista Atticus

 

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