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Gustavo Martín Garzo y Luis Landero en Oletum, Valladolid

Hoy es una de esas tardes en las que olvidas todos los sinsabores que la tarea de editor de una publicación como la nuestra puede tener en algunos momentos. Hoy te olvidas de las horas, de las tardes, de las semanas y de los meses en los que inviertes tu tiempo. Hoy dejas a un lado la amargura de un duro trabajo, solitario muchas de las veces. Hoy todo eso lo dejas de lado. Te reconfortas con la vida, con las pequeñas sorpresas que esta te depara. Gustavo Martín Garzo se implicó en nuestro proyecto, es un colaborador habitual y esta tarde presentaba a uno de sus grandes amigos con motivo de haber escrito una nueva novela: La vida negociable. Se trata de Luis Landero. El acto estaba programado en la Librería Oletum. Hasta allí nos desplazamos, para charlar muy brevemente con ellos y hacerles entrega del último ejemplar. Luis Landero se mostró encantado y sorprendido por la calidad de Revista Atticus. Como muestra de ello, no se separó ni un instante de su ejemplar, de su «Picasso» como así lo definió. Gracias a Luis y gracias a Gustavo por su acogido. Gustavo Martín Garzo presentó recientemente su novela No hay amor en la muerte. Os dejamos una breve reseña de ambos libros.

 

No hay amor en la muerte

Gustavo Martín Garzo

Con No hay amor en la muerte Gustavo Martín Garzo regresa al universo de El lenguaje de las fuentes, que le valió el aplauso de la crítica más exigente y el temprano cariño de los lectores.

En esta ocasión novela el sacrificio de Isaac. Bendecido por Dios con un hijo cuando se había resignado ya a la esterilidad, Abraham recibe la orden de sacrificarlo como demostración de fe y devoción. Abraham se dispone a obedecer y en el último momento Dios le ordena que no mate a su hijo. Sacrificio fundacional para la religión judía y ejemplo supremo del temor a Dios, durante siglos esta parábola ha proyectado sombras inquietantes sobre su naturaleza y sobre las consecuencias en la futura vida de Isaac.

Inquietudes que Martín Garzo recoge ahora para explorarlas con un estilo insólito, un fraseo hipnótico. Una novela emocionante que pone en términos humanos las viejas historias bíblicas con una ambición que recuerda por momentos a la de Thomas Mann.

 

La vida negociable

Luis Landero

La nueva y esperada novela de Luis Landero tras el éxito de El balcón en invierno.

Hugo Bayo, peluquero de profesión y genio incomprendido, les cuenta a sus clientes la historia de sus muchas andanzas, desde su adolescencia en un barrio de Madrid hasta el momento actual, ya al filo de los cuarenta, en que sigue buscándole un sentido a la vida. Y así, recordará la relación tormentosa y amoral con su madre, el descubrimiento ambiguo de la amistad y del amor, sus varios oficios y proyectos, sus éxitos y sus fracasos, y su inagotable capacidad para reinventarse y para negociar ventajosamente con su pasado, con su conciencia, con su porvenir, en un intento de encontrar un lugar en el mundo que lo reconcilie finalmente consigo mismo y con los demás.

 

 

 

Luisjo Cuadrado

fotografías: Chuchi Guerra

Revista Atticus

XV Premio de la Crítica de Castilla y León

José Manuel de la Huerga gana el XV Premio de la Crítica de Castilla y León con su libro Pasos en la Piedra

 

El escritor narra en una novela coral cómo se vivió la histórica Semana Santa de 1977 en Barrio de Piedra, una imaginaria ciudad castellana.

 

El escritor José Manuel de la Huerga (Audanzas del Valle, León, 1967) ha ganado con su novela Pasos en la piedra el XV Premio de la Crítica de Castilla y León 2016, que organiza el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua. El jurado del galardón, reunido hoy en Ávila, decidió premiar entre los diez libros finalistas publicados el pasado año a esta obra editada la pasada primavera por el sello Menoscuarto.

Pasos en la piedra es una novela coral que narra cómo se vivieron en una imaginaria ciudad de la meseta castellana –Barrio de Piedra, creada por José Manuel de la Huerga– los agitados e históricos días de la Semana Santa de 1977. Cinco jornadas marcadas por un ambiente enrarecido y la necesidad de apertura democrática, de libertad, en España y, en concreto, por la legalización del Partido Comunista aquel famoso sábado santo que ha pasado a la historia como sábado santo rojo. Dentro de pocos días será el cuadragésimo aniversario.

Barrio de Piedra aparece ya en la anterior novela del escritor y poeta, Solitarios,  aunque toma protagonismo y dimensión tres años después. José Manuel presentó Pasos en la piedra en Valladolid en abril del pasado año acompañado del historiador Enrique Gavilán y el humorista gráfico Rafael Vega, en el Museo Nacional de Escultura, como no podía ser de otro modo.

 

Cómo empezar, más allá de la nota oficial reproducida a modo de introducción, una reseña sobre una novela de un amigo sin caer en el compadreo, tan poco profesional, o alejándose hasta la profilaxis como un esteta mal entendido. Así que hablaré de las múltiples virtudes de José Manuel de la Huerga como escritor y de su único defecto.

 

Comienzo por el pero. Su fallo es que no aparece en los habituales grupos mediáticos, pretendida y pretenciosamente culturales, sino que publica con una editorial palentina de las que los que escribimos denominamos heroicas y que mantienen alto el pabellón y las picas ante tanto ataque de acción y de omisión.

 

Ahora vamos a las virtudes, que son muchas, de manera que, emulando a Jack el destripador, iremos por partes. Lo primero es que es un poeta, y en Pasos en la Piedra esta faceta queda clara en varios personajes y en muchas de las descripciones sobre la semana santa, tan zamorana, riosecana y vallisoletana que amalgama, como digo, con una poética narrativa tan profunda que nos congela de frío y nos llena de calor al aroma de un cigarro puro fumado por un tallista poliomielítico enamorado de un pino al que desea transustanciar en arte gracias a una visión tan poética como, insisto, el propio autor.

José Manuel, además, nos transmite la sensación de que el arte de escribir es un juego entre ideas y palabras que hace pensar en la literatura como algo sencillo. Nada más lejos de la verdad. Cuando profundizamos en sus obras, se descubre lo intrincado de sus historias provincianas y universales, crudas y tiernas, sensuales y asépticas sin solución de continuidad consiguiendo que el lector, el de verdad no el de hagiografías y otro tipo de fulaneos mediáticos, se convierta en un barriopetrino más.

Recuerdo de mi niñez unos seat seiscientos recorriendo con banderas de la entonces URSS la calle Gabriel y Galán en dirección a la plaza de Rafael Cano, en mi hoy añorado barrio de La Pilarica, y José Manuel de la Huerga me inocula con su magnífico texto aquella sensación de desasosiego que siempre produce lo desconocido. Ésta es otra de sus virtudes, la evocación, que a veces muda en saudade y otras, en sonrisas. Es un mago de la nostalgia sin que sus escritos sean melancólicos.

Y, por último, y así no extenderme para disgusto de  mi editor, aunque podría hacer un ensayo sobre las virtudes de José Manuel, destacar el erotismo como marca indeleble de su literatura. Siempre latente y, a veces, presente. Y en la historia asociado al equinoccio primaveral, desatando vehementes arrebatos y ansias de libertad. Esa atracción carnal por la vida demostrada aquí en el amor a los haikus (o jaikus, como escribe el autor) del poeta anacoreta Pino, en el imaginero contemplando a la muchacha magrebí desnuda junto a una talla de Cristo muerto restaurada en su chiribitil, en la pasión sexual del baño helado en las aguas del Duero de ésta y su joven enamorado, seminarista absorto en la belleza de la mora. Y, cómo no, en Germán y sus recuerdos sobre el ardor del sexo con su novia en Madrid, que parece otro mundo al regresar a aquel lugar anclado en un pretérito imperfecto bautizado por su autor Barrio de Piedra.

 

Sólo me queda dar las gracias a José Manuel por su obra y al jurado por el reconocimiento, repito con orgullo, de un amigo.

 

Carlos Ibañez / Pilar Cañibano

Revista Atticus

Presentación libro de artista Frágil refugio

Casa Zorrilla, Valladolid

 

El pasado 22 de febrero, cuatro grandes amigos Atticus (Concha Gay, Javier Redondo, Armando Arenillas y José Carlos Sanz) presentaron, de la mano de Javier Dámaso, lo que ellos denominan caja-publicación o libro de artista con el título Frágil refugio. El acto se celebró en la Casa de Zorrilla de Valladolid y os dejamos la información gráfica del mismo gracias a labor de nuestra colaboradora fotógrafa Angy Garrido. Una propuesta de lo más interesante y que os animamos a que conozcáis.

 

 

Revista Atticus

fotografías: Angy Garrido

Crítica película Manchester frente al mar de Kenneth Lonergan

Surcando las mareas de la pena

Ficha

Título original: Manchester by the Sea

Año: 2016

Duración: 135 min.

País: Estados Unidos

Director: Kenneth Lonergan

Guion: Kenneth Lonergan

Música: Lesley Barber

Fotografía: Jody Lee Lipes

Reparto: Casey Affleck, Michelle Williams, Kyle Chandler, Lucas Hedges, Tate Donovan, Erica McDermott, Matthew Broderick, Gretchen Mol, Susan Pourfar, Christian J. Mallen, Frankie Imbergamo, Shawn Fitzgibbon, Richard Donelly, Mark Burzenski, Mary Mallen

Productora: Amazon Studios / K Period Media / B Story / CMP / Pearl Street Films

Género: Drama | Familia. Cine independiente USA

 

Sinopsis

Sinopsis: ’Manchester frente al mar’ cuenta la historia de los Chandler, una familia de la clase obrera afincada en Massachusetts. Después del fallecimiento repentino de Joe, el hermano mayor de Lee, este se convierte en el tutor legal de su sobrino. De pronto, Lee se ve obligado a enfrentarse a un pasado trágico que le llevó a separarse de su esposa Randi y de la comunidad en la que nació y creció.

 

Comentario

Durante los primeros minutos de Manchester frente al mar, el director nos muestra a un personaje, Lee Chandler (Casey Affleck) en su cotidianeidad. Trabaja de «manitas», de «arreglalotodo», en una comunidad de cuatro bloques de vecinos. Acude lo mismo a reparar una avería eléctrica que un desatranque. Es un hombre apuesto que suscita las fantasías sexuales de las mujeres por aquello del fontanero que acude a tu casa. Pero él no está por la labor. Se le ve correcto, pero con mucha desgana. Funcional. Se diría que estamos ante un hombre al que le pasa algo con las relaciones humanas. No demuestra empatía con sus congéneres. No se encuentra a gusto. ¿Qué le pasa a Lee? ¿Cuál es la razón de su comportamiento huraño?

Una terrible noticia va a cambiar su rutinaria vida: Joe, su hermano, ha muerto y tiene que acudir al hospital a la ciudad de Mancheter-by-the-Sea, un pueblecito situado en el condado de Essex en el estado de Massachusetts. En su última voluntad, Joe ha nombrado a su hermano como tutor de su sobrino Patrick, un joven de 16 años. Lee, en su pueblo natal, se tendrá que reencontrar con una vida que dejó atrás hace mucho tiempo por decisión propia.

La información sobre su pasado y el cómo se va a ir desarrollando la relación con su sobrino, nos la irán suministrando el director a través de un hábil montaje. Por medio de saltos en el tiempo iremos conociendo la vida de Lee, el porqué todo el pueblo murmura a sus espaldas y las razones por la que no es bien recibido. Su historia nos irá atrapando.

Como siempre, pero en alguna películas más que en otras (y Manchester frente al mar es de esas) debemos de ir al cine con la mínima información posible acerca de la línea argumental. A esto le añadimos (por lo menos a mí me gusta así) estar muy cerca de la pantalla, si es posible que haya poquita gente delante, la pera limonera sería que no hubiera gente detrás de mí comiendo palomitas, y así me creo un ambiente en el cual parezca que el director me está contando a mí la historia. Una historia intimista, solo para mí (eso no quita que me guste compartir con mis amigos la experiencia). Es la grandeza que tiene la gran pantalla, la sala a oscuras y la buena disposición a disfrutar de la magia del cine. ¿Por qué llegamos a llorar con una historia que no es la nuestra y sin tan siquiera es verdad? Me emocioné al saber la triste historia que hay detrás de la vida de Lee. Su director nos la cuenta, de forma gradual, magistralmente, y la sabe interpretar un genial Casey Affleck. Nos muestra esa cosa que esta difícil que es la introspección del personaje. El cómo sufre en su interior, cómo lo transmite al espectador y cómo busca la violencia para dar desenfreno a toda la ira que lleva encima, a ese afán autodestructivo.

Casey Affleck es el hermano de Ben. Esto parece haber condicionado su carrera como actor. Pero con sus últimos trabajos parece ir quitándose esa pesada carga. Lo vimos en El asesinato de Jesse James por el Robert Ford (Andrew Dominik, 2007) y más recientemente Interstellar (Christopher Nolan, 2014). A las órdenes de su hermano trabajó en una meritoria Adiós pequeña, adiós (Ben Affleck, 2007). Con su trabajo en Manchester disipa todo tipo de dudas. Hace una interpretación contenida que resulta muy sólida. Es un claro favorito a ganar el Oscar a la interpretación masculina. Y algo raro tendría que pasar para que no se alzara con el preciado galardón. Con un corto pero intenso papel, a su lado está Michelle Williams, como Randi. Saltó a la fama a finales de los 90 en la serie Dawson Crece y de ahí su carrera es vertiginosa. Algunas de sus películas: Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005) donde conoció a su ex pareja y padre de su hija, el fallecido actor Heath Ledger; Blue Valentine (Derek Cianfrance, 2010); Mi semana con Marilyn (Simon Curtis, 2011) o Suite francesa (Saul Dibb, 2015). Con este trabajo ha conseguido su tercera nominación al Oscar. Papel fundamental es el que representa el joven Lucas Hedges dando vida al sobrino de Lee. Ambos desprenden una buena sintonía y se comunican con la mirada de forma espléndida. Por este papel ha sido nominado al Oscar como Actor Secundario (con apenas 20 años). Debutó con Moonrise Kingdom (Wes Anderson, 2012) y participó, también con Anderson, en El Gran Hotel Budapest, 2014.

 

Esta es la tercera entrega del director neoyorquino Kenneth Lonergan tras Puedes contar conmigo (2000) y una azarosa Margaret (2011) donde el drama es uno de los protagonistas. Con esta nueva entrega, logra un producto redondo. Pero no nos engañemos, si no es por el buen número de premios y nominaciones que ha obtenido pasaría desapercibida para la gran mayoría del público. La cinta fue estrenada en el Festival de Cine de Sundance y está producida por Matt Damon que en un principio era el encargado de dirigirla y hasta de protagonizarla, pero debido a sus compromiso no pudo llevar a cabo el proyecto, eligiendo él mismo al director neoyorquino. Allí recibió el apoyo de Amazon Studios logrando la distribución en los Estados Unidos.

A las grandes interpretaciones hay que unir un sólido guion y la música a cargo de Lesley Barber, con pasajes de música clásica a cargo de la Filarmónica de Londres que subrayan el drama.

Manchester frente al mar nos habla del dolor, de la dificultad de perdonar y, sobre todo, de saber perdonarse llegado el momento. La tristeza es la moneda común en esta historia. Pero también con una gran dosis de humor para sobrellevar la desventurada vida de nuestros protagonistas. Lo mejor de la película y lo que le hace especial es, por un lado, la gran interpretación de Casey Affleck, y por otro lado, la puesta en escena y la forma narrativa, naturalista, sin grandes alaracas, intimista, con un ritmo pausado, lento y constante. Hay una pequeña escena que resume la forma de narrar de Loregan. Vemos la acción, pero no oímos lo que hablan. Lee está hablando con un matrimonio amigo sobre el futuro de su sobrino. No sabemos lo que acuerdan, pero más tarde, minutos después nos enteramos. Lo muestra, lo enseña, pero no lo explica. Es el espectador el que lo monta en su mente. La película está narrada de forma magistral, con un montaje inteligente en el que se nos cuenta la historia de forma no lineal, a saltos en el tiempo. Manchester frente al mar, surcando las mareas de la pena, nos transmite emoción con un resultado desgarrador para nuestra alma.

Os dejo un tráiler:

 

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

Éxito presentación Revista Atticus Siete

Palacio Real, Valladolid

Podría decirse que deambulamos sin rumbo fijo por el gran continente de la casualidad. Del mismo modo que las semillas aladas de ciertas plantas son transportadas por una caprichosa ráfaga de viento.

No obstante, también podría decirse que la casualidad nunca ha existido. Lo que ha ocurrido, ha ocurrido de manera inequívoca, y lo que todavía no ha ocurrido, no ha ocurrido también de manera inequívoca. Es decir, que somos seres efímeros atrapados entre el «todo» a nuestras espaldas y el «nada» ante nuestros ojos, y ahí no hay lugar a casualidades o probabilidades.

Haruki Murakami

La caza del carnero salvaje

 

Con gran afluencia de público (el Salón del Trono abarrotado) se presentó ayer el número Siete de Revista Atticus, en el Palacio Real de Valladolid.

Contó con la bienvenida del coronel José Falcó Masot, el apoyo institucional representado en la concejala de Cultura y Turismo, Ana Redondo García, la presencia del «pintor de batallas» Augusto Ferrer-Dalmau y la intervención de nuestro editor, Luis José Cuadrado Gutiérrez.

Estamos abrumados por la cantidad de mensajes tanto pesonales, como a través de las redes sociales (donde se han compartido las fotografías de Chuchi Guerra), así como de decenas de asistentes al acto. Gracias a todos por la enorme acogida y cariño que dispensáis a nuestro proyecto. Gracias a todos: instituciones y patrocinadores, colaboradores, amigos y público asistente. Y gracias también al coro AUDÍNOS que amenizó la velada. Gracias.

Os dejamos un buen resumen gráfico de la presentación.

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Augusto, Ana, Luisjo y Paco

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Aspecto que ofrecía el Salón del Trono, del Palacio Real

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Carlos

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Julio

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Mariché

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Pilar, M Rosa e Inés

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Ismael y Juan

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José Miguel, Luisjo, Ismael y Donato

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«Las chicas del coro»

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Luisjo, Ismael y Ana

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Jorge y Augusto

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Luisjo y Augusto

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Mikel

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¡¡¡¡GRACIAS!!!!!

 

 

Revista Atticus

fotografías: Chuchi Guerra

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