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Crítica película Manchester frente al mar de Kenneth Lonergan

Surcando las mareas de la pena

Ficha

Título original: Manchester by the Sea

Año: 2016

Duración: 135 min.

País: Estados Unidos

Director: Kenneth Lonergan

Guion: Kenneth Lonergan

Música: Lesley Barber

Fotografía: Jody Lee Lipes

Reparto: Casey Affleck, Michelle Williams, Kyle Chandler, Lucas Hedges, Tate Donovan, Erica McDermott, Matthew Broderick, Gretchen Mol, Susan Pourfar, Christian J. Mallen, Frankie Imbergamo, Shawn Fitzgibbon, Richard Donelly, Mark Burzenski, Mary Mallen

Productora: Amazon Studios / K Period Media / B Story / CMP / Pearl Street Films

Género: Drama | Familia. Cine independiente USA

 

Sinopsis

Sinopsis: ’Manchester frente al mar’ cuenta la historia de los Chandler, una familia de la clase obrera afincada en Massachusetts. Después del fallecimiento repentino de Joe, el hermano mayor de Lee, este se convierte en el tutor legal de su sobrino. De pronto, Lee se ve obligado a enfrentarse a un pasado trágico que le llevó a separarse de su esposa Randi y de la comunidad en la que nació y creció.

 

Comentario

Durante los primeros minutos de Manchester frente al mar, el director nos muestra a un personaje, Lee Chandler (Casey Affleck) en su cotidianeidad. Trabaja de «manitas», de «arreglalotodo», en una comunidad de cuatro bloques de vecinos. Acude lo mismo a reparar una avería eléctrica que un desatranque. Es un hombre apuesto que suscita las fantasías sexuales de las mujeres por aquello del fontanero que acude a tu casa. Pero él no está por la labor. Se le ve correcto, pero con mucha desgana. Funcional. Se diría que estamos ante un hombre al que le pasa algo con las relaciones humanas. No demuestra empatía con sus congéneres. No se encuentra a gusto. ¿Qué le pasa a Lee? ¿Cuál es la razón de su comportamiento huraño?

Una terrible noticia va a cambiar su rutinaria vida: Joe, su hermano, ha muerto y tiene que acudir al hospital a la ciudad de Mancheter-by-the-Sea, un pueblecito situado en el condado de Essex en el estado de Massachusetts. En su última voluntad, Joe ha nombrado a su hermano como tutor de su sobrino Patrick, un joven de 16 años. Lee, en su pueblo natal, se tendrá que reencontrar con una vida que dejó atrás hace mucho tiempo por decisión propia.

La información sobre su pasado y el cómo se va a ir desarrollando la relación con su sobrino, nos la irán suministrando el director a través de un hábil montaje. Por medio de saltos en el tiempo iremos conociendo la vida de Lee, el porqué todo el pueblo murmura a sus espaldas y las razones por la que no es bien recibido. Su historia nos irá atrapando.

Como siempre, pero en alguna películas más que en otras (y Manchester frente al mar es de esas) debemos de ir al cine con la mínima información posible acerca de la línea argumental. A esto le añadimos (por lo menos a mí me gusta así) estar muy cerca de la pantalla, si es posible que haya poquita gente delante, la pera limonera sería que no hubiera gente detrás de mí comiendo palomitas, y así me creo un ambiente en el cual parezca que el director me está contando a mí la historia. Una historia intimista, solo para mí (eso no quita que me guste compartir con mis amigos la experiencia). Es la grandeza que tiene la gran pantalla, la sala a oscuras y la buena disposición a disfrutar de la magia del cine. ¿Por qué llegamos a llorar con una historia que no es la nuestra y sin tan siquiera es verdad? Me emocioné al saber la triste historia que hay detrás de la vida de Lee. Su director nos la cuenta, de forma gradual, magistralmente, y la sabe interpretar un genial Casey Affleck. Nos muestra esa cosa que esta difícil que es la introspección del personaje. El cómo sufre en su interior, cómo lo transmite al espectador y cómo busca la violencia para dar desenfreno a toda la ira que lleva encima, a ese afán autodestructivo.

Casey Affleck es el hermano de Ben. Esto parece haber condicionado su carrera como actor. Pero con sus últimos trabajos parece ir quitándose esa pesada carga. Lo vimos en El asesinato de Jesse James por el Robert Ford (Andrew Dominik, 2007) y más recientemente Interstellar (Christopher Nolan, 2014). A las órdenes de su hermano trabajó en una meritoria Adiós pequeña, adiós (Ben Affleck, 2007). Con su trabajo en Manchester disipa todo tipo de dudas. Hace una interpretación contenida que resulta muy sólida. Es un claro favorito a ganar el Oscar a la interpretación masculina. Y algo raro tendría que pasar para que no se alzara con el preciado galardón. Con un corto pero intenso papel, a su lado está Michelle Williams, como Randi. Saltó a la fama a finales de los 90 en la serie Dawson Crece y de ahí su carrera es vertiginosa. Algunas de sus películas: Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005) donde conoció a su ex pareja y padre de su hija, el fallecido actor Heath Ledger; Blue Valentine (Derek Cianfrance, 2010); Mi semana con Marilyn (Simon Curtis, 2011) o Suite francesa (Saul Dibb, 2015). Con este trabajo ha conseguido su tercera nominación al Oscar. Papel fundamental es el que representa el joven Lucas Hedges dando vida al sobrino de Lee. Ambos desprenden una buena sintonía y se comunican con la mirada de forma espléndida. Por este papel ha sido nominado al Oscar como Actor Secundario (con apenas 20 años). Debutó con Moonrise Kingdom (Wes Anderson, 2012) y participó, también con Anderson, en El Gran Hotel Budapest, 2014.

 

Esta es la tercera entrega del director neoyorquino Kenneth Lonergan tras Puedes contar conmigo (2000) y una azarosa Margaret (2011) donde el drama es uno de los protagonistas. Con esta nueva entrega, logra un producto redondo. Pero no nos engañemos, si no es por el buen número de premios y nominaciones que ha obtenido pasaría desapercibida para la gran mayoría del público. La cinta fue estrenada en el Festival de Cine de Sundance y está producida por Matt Damon que en un principio era el encargado de dirigirla y hasta de protagonizarla, pero debido a sus compromiso no pudo llevar a cabo el proyecto, eligiendo él mismo al director neoyorquino. Allí recibió el apoyo de Amazon Studios logrando la distribución en los Estados Unidos.

A las grandes interpretaciones hay que unir un sólido guion y la música a cargo de Lesley Barber, con pasajes de música clásica a cargo de la Filarmónica de Londres que subrayan el drama.

Manchester frente al mar nos habla del dolor, de la dificultad de perdonar y, sobre todo, de saber perdonarse llegado el momento. La tristeza es la moneda común en esta historia. Pero también con una gran dosis de humor para sobrellevar la desventurada vida de nuestros protagonistas. Lo mejor de la película y lo que le hace especial es, por un lado, la gran interpretación de Casey Affleck, y por otro lado, la puesta en escena y la forma narrativa, naturalista, sin grandes alaracas, intimista, con un ritmo pausado, lento y constante. Hay una pequeña escena que resume la forma de narrar de Loregan. Vemos la acción, pero no oímos lo que hablan. Lee está hablando con un matrimonio amigo sobre el futuro de su sobrino. No sabemos lo que acuerdan, pero más tarde, minutos después nos enteramos. Lo muestra, lo enseña, pero no lo explica. Es el espectador el que lo monta en su mente. La película está narrada de forma magistral, con un montaje inteligente en el que se nos cuenta la historia de forma no lineal, a saltos en el tiempo. Manchester frente al mar, surcando las mareas de la pena, nos transmite emoción con un resultado desgarrador para nuestra alma.

Os dejo un tráiler:

 

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

Éxito presentación Revista Atticus Siete

Palacio Real, Valladolid

Podría decirse que deambulamos sin rumbo fijo por el gran continente de la casualidad. Del mismo modo que las semillas aladas de ciertas plantas son transportadas por una caprichosa ráfaga de viento.

No obstante, también podría decirse que la casualidad nunca ha existido. Lo que ha ocurrido, ha ocurrido de manera inequívoca, y lo que todavía no ha ocurrido, no ha ocurrido también de manera inequívoca. Es decir, que somos seres efímeros atrapados entre el «todo» a nuestras espaldas y el «nada» ante nuestros ojos, y ahí no hay lugar a casualidades o probabilidades.

Haruki Murakami

La caza del carnero salvaje

 

Con gran afluencia de público (el Salón del Trono abarrotado) se presentó ayer el número Siete de Revista Atticus, en el Palacio Real de Valladolid.

Contó con la bienvenida del coronel José Falcó Masot, el apoyo institucional representado en la concejala de Cultura y Turismo, Ana Redondo García, la presencia del «pintor de batallas» Augusto Ferrer-Dalmau y la intervención de nuestro editor, Luis José Cuadrado Gutiérrez.

Estamos abrumados por la cantidad de mensajes tanto pesonales, como a través de las redes sociales (donde se han compartido las fotografías de Chuchi Guerra), así como de decenas de asistentes al acto. Gracias a todos por la enorme acogida y cariño que dispensáis a nuestro proyecto. Gracias a todos: instituciones y patrocinadores, colaboradores, amigos y público asistente. Y gracias también al coro AUDÍNOS que amenizó la velada. Gracias.

Os dejamos un buen resumen gráfico de la presentación.

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Augusto, Ana, Luisjo y Paco

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Aspecto que ofrecía el Salón del Trono, del Palacio Real

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Carlos

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Julio

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Mariché

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Pilar, M Rosa e Inés

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Ismael y Juan

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José Miguel, Luisjo, Ismael y Donato

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«Las chicas del coro»

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Luisjo, Ismael y Ana

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Jorge y Augusto

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Luisjo y Augusto

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Mikel

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¡¡¡¡GRACIAS!!!!!

 

 

Revista Atticus

fotografías: Chuchi Guerra

11 DE ENERO DE 1601: VALLADOLID, CAPITAL DE ESPAÑA

 

Monumento a Felipe II en la plaza de san Pablo. Foto LJC

Monumento a Felipe II en la plaza de san Pablo. Foto LJC

Valladolid, en contra de algunas ideas que aún circulan entre gentes con escaso interés por conocer la verdad sobre hechos pretéritos, no fue capital de España por casualidad y la elección de trasladar la corte a esta ciudad tiene sobrados motivos históricos y culturales.

Para no caer en una mera relación histórica, citaremos sólo algunas pinceladas importantes y significativas:

En el siglo X, liberada del dominio musulmán, pasa a formar parte del Condado de Castilla.

En el siglo XI, Alfonso VI otorga el señorío de la ciudad a su valido, el conde de Saldaña y Carrión, Pedro Ansúrez. Éste edifica un palacio para él y su esposa, doña Eylo Alfonso, que no se conserva. También construyen la Colegiata de Santamaría y la iglesia de la Antigua, lo que otorga a la ciudad el rango de villa. Deja así de ser un asentamiento rural y conoce su primer crecimiento económico importante.

En el siglo XIII, el rey Alfonso VIII la nombra ciudad cortesana, Fernando III es coronado rey en la Plaza Mayor y Alfonso X le otorga el Fuero Real. La ciudad sigue prosperando gracias a ferias y privilegios económicos. Además se convierte en sede eventual de las cortes y residencia real. Se funda la Universidad, tercera más antigua de España.

En el siglo XV, Juan II de Castilla establece su residencia real y permanente en Valladolid. Su hijo, Enrique IV, nació en la ignominiosamente desaparecida por codicia, Casa de las Aldabas, llamada así por poseer derecho de asilo, concedido por Carlos I. Dos siglos después la habitará don Rodrigo Calderón, al que no sirvió la inmunidad del edificio.

Ayuntamiento de Valladolid en la plaza Mayor. Foto: LJC

Ayuntamiento de Valladolid en la plaza Mayor. Foto: LJC

Isabel de Castilla y Fernando de Aragón se casan en secreto en el Palacio de los Vivero, más tarde Audiencia Real y Chancillería. Se instala la primera imprenta en el Monasterio del Prado. El impulso económico y cultural es enorme con el florecimiento de la universidad y la creación de los colegios mayores de Santa Cruz y San Gregorio.

Siglo XVI: en 1500 se establece definitivamente el tribunal de la Inquisición.

En 1518 las Cortes de Castilla juran como rey a Carlos I. Tras la Guerra de las Comunidades, Valladolid destaca por su importancia económica, judicial y política, convirtiéndose en una de las capitales más señaladas y la preferida del Rey, que se instala en un principio en el Palacio de los Vivero.

Debido a las numerosas estancias de Carlos I en Valladolid, su secretario y hombre de confianza, don Francisco de los Cobos se casa con doña María de Mendoza y elige edificar una residencia propia en el entorno cortesano frente a la Iglesia Convento de San Pablo. Con la idea de acondicionar su casa como futuro aposentamiento real, contrata al arquitecto Luis de Vega. El proyecto va creciendo y al final se hace construir un palacio con aire regio, que parece augurar futuros acontecimientos y moradores…

En 1527 nace el futuro Felipe II. Aquí vivió su primer matrimonio con su prima María Manuela de Portugal y el nacimiento de su primer hijo, Carlos. Durante las numerosas campañas en las que se ausentó de España, sus hermanas ejercían la regencia desde Valladolid.

En 1550 tuvo lugar en el Colegio de San Gregorio la Controversia de Valladolid, sobre los derechos de los indígenas del Nuevo Mundo, que presagia futuras declaraciones sobre los derechos humanos.

Palacio de los Condes de Ribadavia, en la calle Angustias. Foto: Haciendo Clack

Palacio de los Condes de Ribadavia, en la calle Angustias. Foto: Haciendo Clack

En 1559, en mayo y octubre, se celebraron los autos de fe contra herejes más famosos por su severidad. Agustín de Cazalla, antiguo Capellán de Carlos I, adoptó y expandió ideas luteranas, lo que le condujo a la hoguera junto a su familia, un nutrido grupo de monjas y seguidores, entre los que se encontraban fray Domingo de Rojas o el arzobispo Bartolomé de Carranza. Felipe II, temeroso de las consecuencias que la expansión de las ideas protestantes pudiera provocar, decide aniquilarlas sin miramientos con un castigo ejemplar.

El Rey Prudente se disgusta muchísimo por el nido de herejes en la ciudad que le vio nacer y parece ser éste uno de los motivos que ocasionan la elección de la villa de Madrid como sede central de la corte ese mismo año.

 

Un año y unos meses más tarde, Juan de Granada, en la calle de la Costanilla, no pudo sofocar el fuego de su taller de platero una madrugada del día de san Mateo de 1561 y dos días después habían ardido por ello 440 casas de todo el centro de la ciudad. Hacía  poco tiempo que Felipe II se había trasladado a Madrid, dejando a su patria chica en franca depresión, pero no por ello abandonada, como probó tras recibir cartas de Luis de Ossorio, corregidor mayor de la ciudad, ante un incendio de tales dimensiones.

Felipe II encargó la realización del nuevo trazado urbanístico a Francisco de Salamanca ordenando que las calles fuesen rectilíneas y diferenciadas por gremios. De aquí nació una nueva forma de ver y hacer las ciudades: Se creó una gran plaza Mayor de proporción sesquilátera, luego adoptada, sin rubor, por Herrera en su proyecto de la plaza del Arrabal, rebautizada plaza Mayor, de Madrid o por Churriguera en la de Salamanca, más de un siglo después. También se colocaron aristas en las casas, con ladrillo o piedra de Campaspero a modo de cortafuegos.

El Rey concedió a su villa natal el título de ciudad y consiguió del papa Clemente VIII la creación de una diócesis en 1595.

Sobre todo, se procuró proyectar una impresión de ciudad fuerte y de futuro. Valladolid siempre fue tierra de buena acogida, aunque fría por principios y sus habitantes, nacidos o afincados, demostraron una capacidad de adaptación y una vocación de crecimiento que persuadió, cuarenta años más tarde a Felipe III.

El Rey Piadoso, hijo del anterior monarca, a través de su valido, Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, I duque de Lerma, se convenció de que aquel lugar era el idóneo para establecer una nueva capital. Huían de las escasas y sucias aguas de Madrid, o esa fue la excusa principal del primer ministro.

Además Valladolid era el centro de un  nuevo movimiento artístico: el barroco, que tanto gustaba a un esteta como aquel gobernante de tan escasa catadura moral y tanta visión diplomática. Gracias a sus paces y tratados España poseyó más territorios que nunca y sin apenas derramamientos de sangre.

Vista aérea de Valladolid. Foto: Jason Hawkes

Vista aérea de Valladolid. Foto: Jason Hawkes

Con estas premisas nació la idea de una ciudad moderna, bella y adaptable, de habitantes duros y recios, como eran las Españas entonces. Y con la singularidad de un río, la Esgueva, que se dividía en dos al entrar en la ciudad y desembocaba en dos ramales en el caudaloso y limpio Pisuerga. Este río abundante fue testigo de fiestas veraniegas del tercero de los Felipes, en ocasiones con corridas de toros fluviales. También asistió a prodigios tales como inmersiones subacuáticas o maravillas de ingeniería como las creadas por Juan de Nates para subir agua a la huerta, primero del duque y después del Rey. Era entonces la única de España con sello real para cultivar garbanzos, y regar los bellos jardines de su residencia veraniega, el Palacio de la Ribera, hoy inexistente gracias al expolio llevado a cabo por el conde duque de Olivares y su amigo Velázquez y terminado de destruir por el penoso Carlos III, comienzo de la gran ruina de España debido a su abandono del imperio para centrarse únicamente en hacer de Madrid algo más que un poblachón manchego.

Pero lo importante de esto es que Valladolid demostró a España y al mundo la capacidad de renacer de sus cenizas y crear sobre ellas un sitio bello, fuerte y digno de todo un reino que abarcaba territorios en los cuatro continentes entonces conocidos y todo ello concluyó con el decreto de capitalidad de España del 11 de enero de 1601.

 

Pilar Cañibano Gago

Carlos Ibañez Giralda

Revista Atticus

 

Tras el cercado. Dibujos y poemas.

 

“Tras el cercado. Dibujos y poemas”, de José Carlos Sanz y Javier Dámaso. Publicado por Páramo Editorial, Valladolid, 2016.
Ya puede comprarse en Valladolid, en las librerías “A Pie de Página”, “El Árbol de las Letras”, “Maxtor” y “Sandoval” de Valladolid.

Dos grandes colaboradores se han unido para presentar este trabajado del que publicamos un avance en Revista Atticus Seis.

Enhorabuen por la edición de lujo.

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Revista Atticus

fotografía: Chuchi Guerra

Revista Atticus 34

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