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Teatro – Crítica Una gran emoción política

Sala Concha Velasco – LAVA

La propuesta que presenta esta noche La Phármaco en el LAVA es una invocación a lo imposible, a lo etéreo, a lo misterioso. Su grandeza reside en el silencio. En el gran silencio. Hay momentos que te sientes fuera de hora y de lugar cuando te encuentras cara a cara con el movimiento y el espacio que te lleva a un lugar que no conoces.

Una gran emoción política es un encuentro para poner en contacto al espectador con el dolor, la soledad y la muerte. Poner al espectador en contacto con lo transcendente. Y la  mirada, lo que el ojo ve dicta el pensamiento profundo.

La ignorancia del espectador siempre es un enigma. El enigma de cualquier cuadro de Goya no se acaba de descifrar nunca. Ni el placer. ¿Se puede descifrar el enigma de Una gran emoción política? No lo sé; lo que sí sé es que se puede disfrutar viéndola. Esa es su recompensa.

La música y el movimiento  es el territorio propicio para que el espectador utilice la memoria  en su propio beneficio y pueda relajarse y disfrutar de lo que está viendo, de lo que está pasando. Aquí, el texto es el cuerpo. Cada sonido lleva implícito un movimiento, aunque a veces da la impresión de que hay demasiado movimiento que no conduce a nada, que no tiene sentido y que es innecesario.

Cuando se va al LAVA lo que intenta el espectador es descubrir algún tipo de verdad. Da igual el formato y el argumento. De lo que se trata, en definitiva, es que los personajes que se interpreten invadan de manera consciente al espectador, que le inquieten y pueda surgir una relación donde la belleza sea primordial.

Aunque al fin y al cabo interpretar todo lo que está pasando en el escenario es subjetivo, como no podría ser de otra forma. Cuando vemos como sufren los intérpretes – porque sufren un montón- en el escenario se activan en el espectador la memoria, las emociones, los miedos, la curiosidad, el rechazo…

Y hay veces que todo ese cóctel –curiosamente- produce placer en el espectador porque está disfrutando de la función. 

La historia que cuenta La Phármaco es una herramienta para interpretar la vida. Ya se sabe que ninguna historia es neutra. Aquí lo que está pasando está destruyendo a la sociedad  y hace retroceder al género humano. Lo importante, es que no se repita.

Marcos Pérez

fotografía: Nacho Carretero

Revista Atticus

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