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Crítica teatro – Mariana Pineda de Javier Hernández

Teatro Zorrilla – Mariana Pineda, director Javier Hernández-Simón

El teatro para Lorca – dice Lluís Pascual– fue siempre “la máscara”, el yo que adoptamos para relacionarnos con los demás que se convierte en arte. Porque el teatro siempre es un espacio para compartir con “otro”, con el público, actores, amigos, etc.

Y muchos amigos había esta noche en el Teatro Zorrilla para ver Mariana Pineda. La amistad, ya se sabe ensancha la vida y ahuyenta la soledad. Todos los personajes lorquianos están solos y necesitan del público como si un juego de espejos se tratara para atemperar la que cada uno lleva dentro. Sí, es una forma de alivio que forma parte intrínseca de su teatro. 

Estampa primera. Casa de Mariana. Paredes blancas. Sobre una mesa, un frutero de cristal lleno de membrillos. Todo el techo estará lleno de la misma fruta, colgada. Encima de la cómoda, grandes ramos de rosas de seda. Tarde de otoño.

Todo está preparado en el Teatro Zorrilla para que el público se conmueva, sorprenda y se ilumine al mismo tiempo. Evidentemente no se lo van a dar todo “mascado”, tiene que dejar volar su imaginación -como si oyera llover las palabras- para ponerse en la piel de Mariana, Isabel, Doña Angustias, Don Pedro Sotomayor, etc.

A cinco minutos de que comience la función, las pulsaciones de Laia Marull (Mariana Pineda) superan los noventa latidos por minuto. Está nerviosa,  un poco acelerada. Respira profundo. Los demás intérpretes se mueven nerviosos entre bambalinas. Han venido a verles amigos, familia y público y eso hace que las piernas flojeen, quieras o no; les pasa a los más grandes también. El público van llegando… yo soy primo de Sara Cifuentes… yo amiga de Silvana Navas. Yo…

Ya saben la historia de Mariana Pineda. La fuerza de esta obra de teatro, como todo el teatro de Lorca está en la fuerza de las palabras. ¡Oh, qué día tan triste en Granada, / que a las piedras hacía llorar, / al ver que Marianita se muere/ en cadalso, por no declarar!

Lo que más me gustó de Laia Marull es su lado amargo, brutal, de aceptar el destino de su personaje  a toda costa. Todo por amor. De Alex Gadea es la paleta de matices con la que dota a su personaje Pedro Sotomayor. De Aurora Herrero su sobria y creíble interpretación. De Fernando Huesca la fuerza de su rostro y sus palabras. Marta Gómez calca su personaje de Clavela de manera rotunda. Silvana Navas y Sara Cifuentes tiene fuerza y razones suficientes para seguir creciendo en este oficio tan duro y tan reconfortante a la vez. Oscar Zafra y José Fernández dotan de intensidad y sutileza a sus personajes. Qué placer escucharles y que talento tiene todo el reparto. Agradecidos.

Marcos Pérez

Revista Atticus

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