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Crítica teatro – Juana de Chevi Muraday

Teatro Calderón, Valladolid

Aitana Sánchez-Gijón y Chevi Muraday hacen que todo parezca fácil en el escenario. Esa es la sensación que transmiten al patio de butacas que los mira como embebidos. Están tocados por esas “bolitas mágicas que nos echan al nacer” que decía el maestro Paula. Nada en Juana está dejado al azar, a la improvisación, todo está ensayado y requeteensayado. Una de las cosas más difíciles que logran es que crean intimidad gracias a que dan con el tono adecuado. Escuchando la voz de Aitana se escuchan ecos de la Espert, Asquerino, Rivelles…

En el teatro todo se comparte, como ha dejado dicho el maestro Marcos Ordoñez. La dirección artística y la coreografía están a cargo de Chevi Muraday, su talento y su encanto radican en su honradez y su respeto al contar y danzar con pulcritud todas las vidas de Juana.

Juana (Aitana) se enfrenta a la soledad, a la angustia, al poder, a todo. Le interesa descifrar el mundo en el que vive, para ello, como ha dejado escrito la escritora mexicana Margo Glantz – no te pierdas su libro Y por mirarlo todo, nada veía- es fundamental no supeditarse y entender las cosas, no aceptar las versiones de los demás. Por eso se enfrenta a una sociedad que no quiere que la mujer piense.

Juana expande sobre el patio de butacas del Teatro Calderón llamaradas de vida que nos recuerdan que nada en este mundo el lineal, ni permanente, ni sencillo. La dramaturgia de Juan Carlos Rubio tiene la cualidad de hablarnos de la vida y de lo que está pasando ahora mismo, lo que le pasa a Juana puede que al salir a la calle de las Angustias le está pasando a cualquier joven de Valladolid.

Alberto Velasco, Carlos Beluga, Maximiliano Sandorf acompañan, y vaya si acompañan a Sánchez-Gijón y a Muraday y se convierten en traductores precisos de forma visual y demuestran a las claras que en estos tiempos inocuos el teatro, la danza, la interpretación sigue siendo una forma de esperanza y coraje, de grupo, de empeño colectivo. Hombres y mujeres respirando juntos en una sala a oscuras compartiendo alegrías y pesadumbres. ¡Qué mejor enseñanza! 

Marcos Pérez

Revista Atticus

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