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64 SEMINCI – Crítica El joven Ahmed de Jean-Pierre y Luc Dardenne

Sección Oficial – 64 SEMINCI Crítica El joven Ahmed

Ficha

Título original: Le Jeune Ahmed

Dirección: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne

Reparto: Idir Ben Addi, Olivier Bonnaud, Myriem Akheddiou, Victoria Bluck, Claire Bodson, Othmane Moumen

Guion: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne

Fotografía: Benoît Dervaux

Año: 2019

Duración: 84 min.

País: Bélgica Bélgica

Productora: Centre du Cinéma et de l’Audiovisuel de la Fédération Wallonie-Bruxelles / Les Films Du Fleuve

Género: Drama | Religión. Adolescencia

Sinopsis

    En la Bélgica actual, el destino del joven Ahmed, de apenas 13 años, se ha quedado atrapado entre los ideales de pureza del que le habla su imán y las pasiones de la vida.

Comentario

Decía Alfred Hitchcock que el estilo es la forma de antropofagia más voraz que existe porque te devoras a ti mismo, pues a los Dardenne, Luc y Jean-Pierre, ya se cenaron hace tiempo y ahora sólo se dedican a ir a festivales a que les den premios, no sé hasta qué punto merecidos (no asistimos a todos en los que compiten con lo cual opinar sería arrogante), pero lo que sí que se puede decir es que con esta oda al buenismo sin fronteras los hermanos valones aburren a la concurrencia y ofenden a colectivos tales como los educadores sociales, los maestros y los psicólogos, reflejados como meros carceleros los primeros, gente sin astucia ni conocimiento de su realidad los segundos y funcionarios decimonónicos, eso sí disfrazados o travestidos de guay porque las charlas con el interno las hacen en el patio, los terceros.

            Vuelven, como en El niño (2005), al tema de los centros de reeducación y resocialización a partir de terapias ocupacionales donde siempre desaparece el trabajo cognitivo conductual, con lo cual sus protagonistas jóvenes parecen cojear en la historia sempiternamente. Pero ahora tratan un tema muy belga como es el yihadismo en el corazón de Europa. Ni una referencia a que han creado guetos de emigración musulmana que les venían muy bien porque eran mano de obra barata y se limpiaban la conciencia de lo hecho por Alberto en África, pero esa es otra historia, que diría Moustache.

Un adolescente recién captado por un imán desvergonzado y el héroe familiar que es un primo inmolado en la guerra por el califato del DAESH. Y su batalla interior por la pureza del islam, por una idea de Dios y de la fe verdadera que arremete contra el hombre, y el eterno dolor de que una idea particular, no hay más que acudir a la etimología de la palabra religión y hereje para comprobarlo, trata de imponerse a sangre y fuego a algo tan hermoso como es la vida. En este caso la obsesión de Ahmed es la profesora que tanto le ayudó a aprender a leer cuando éste tenía dislexia, pero que ahora trata de enseñar árabe moderno y alejado de los suras del Corán y que, para colmo, comentan que se ha echado un novio judío. Y su obsesión es criminal, porque durante más de media película sólo quiere matarla, como dice la canción de Loquillo que algunas personas de mente estrecha desean prohibir. Y nos muestran las realidades sesgadas de su familia monoparental, del sucio trabajo del religioso yihadista y su mezquita como excusa, del centro de internamiento cerrado y de una granja en la que deciden que debe ocupar su tiempo de reclusión. La cárcel de menores, la labor que allí se realiza y los profesionales sólo son, para que reincidir, colectivos que deberían sentirse ofendidos ante la manera de ser mostrados por este par de hermanos francófonos. Y los granjeros, con hija adolescente incluida que se enamora de Ahmed para ser su gran tentación, tan sumamente amables que asustan al protagonista.

Siguen, los Dardenne, con una visión mesiánica que satura. Además, el guion es repetitivo, aburrido y con más rezos que movimiento. Pero el cine es para gustos y seguramente lean por ahí que es maravillosa y que los belgas han vuelto a dar en el blanco… Opinar a favor de obra, ellos están entre los consagrados, siempre es fácil. No se dejen engañar el cine social es otra cosa y este intento de rehacer el free cinema al estilo valón no deja de ser eso, un mero intento.

Carlos Ibañez

Se esperaba mucho de esta sesión matinal de la 64 SEMINCI. A primera hora Goran Paskaljevic y después los hermanos Dardenne. Sus propuestas siempre han tenido el aplauso del público, algunas de las cuales se han alzado con el galardón de la Espiga de Oro. Tres veces el primero y una los hermanos belgas.

Pero ya se sabe que las expectaciones no siempre se cumplen.

Como la propuesta anterior de A pesar de la niebla, hay que agradecer a los hermanos Dardene la valentía de afrontar un proyecto que tiene como protagonismo la radicalización islamista. Es un acierto hacerlo desde el punto de vista de un adolescente de apenas trece años y que vive su iniciación al islamismo de la mano de un imán desalmado que manipula al joven a su antojo. El imán señala a la mujer como un ser impuro al no abrazar su fe. No duda en señalar a su propia hermana por la vestimenta; a su madre por su afición a tomarse una copita al término de su jornada; y a su profesora (que tanto hizo por el joven en su infancia) por enseñar el árabe de una forma moderna, con canciones, (lo que constituye una herejía y encima se ha echado un novio judío).

El joven Ahmed atrapa nuestra atención desde el comienzo. Pero la reiteración en los rezos y la repetición abusiva de los rituales de la limpieza (manos, boca, nariz, cara, brazos…) hace que nos removamos en nuestra butaca más de lo deseado, alejándonos del relato.

Ahmed es un joven belga, sin padre y con un primo que murió en la causa yihadista y que es su héroe. Ahmed se ha marcado un objetivo claro. Se muestra muy torpe en su cumplimiento por la inexperiencia, pero su fe es inquebrantable y no se alejará de su objetivo pase lo que pase, interceda los abogados, educadores, profesores a la joven hija del granjero. Esta supone una debilidad para el joven que se muestra muy confundido de lo que siente y representa la joven. La debilidad de la carne. No se lo puede permitir. Es de lo mejor de la cinta.

La propuesta de los hermanos Dardenne tiene un final que es indigno en su filmografía y hasta diría que lo es para un festival y no solo el de Valladolid (recordar que se presentó en el festival de Cannes). Recurre al perdón de manera casi «milagrosa». Incomprensible en unos directores que han dado muestras de su buen hacer a lo largo de su extensa filmografía (y numerosos premios entre ellos la Palma de Oro de Cannes por El niño, 2005).  

Luisjo Cuadrado

Os dejamos un tráiler:

Revista Atticus

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