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" /> 64 SEMINCI – Crítica película Intemperie de Benito Zambrano | | Revista Atticus

64 SEMINCI – Crítica película Intemperie de Benito Zambrano

Sección Oficial – Intemperie de Benito Zambrano


Ficha

Título original: Intemperie

Dirección: Benito Zambrano

Reparto: Luis Tosar, Luis Callejo, Jaime López, Vicente Romero, Manolo Caro, Kandido Uranga, Mona Martínez, Miguel Flor De Lima, Yoima Valdés, María Alfonsa Rosso, Adriano Carvalho, Juanan Lumbreras, Carlos Cabra

Guion: Pablo Remón, Daniel Remón, Benito Zambrano (Novela: Jesús Carrasco)

Música: Mikel Salas

Fotografía: Pau Esteve Birba

Año: 2019

Duración: 103 min.

País: España España

Productora: Morena Films / Movistar+ / Televisión Española (TVE) / Áralan Films / Ukbar Filmes

Género: Drama. Thriller | Amistad

Sinopsis

    Un niño que ha escapado de su pueblo escucha los gritos de los hombres que le buscan. Lo que queda ante él es una llanura infinita y árida que deberá atravesar si quiere alejarse definitivamente del infierno del que huye. Ante el acecho de sus perseguidores al servicio del capataz del pueblo, sus pasos se cruzarán con los de un pastor que le ofrece protección y, a partir de ese momento, ya nada será igual para ninguno de los dos.

Comentario

Pocas, muy pocas veces se ve tan perfectamente reflejada la frase que les decía Otto Preminger a sus guionistas cuando les llevaba una novela para adaptarla: “aquí hay una gran idea, sólo hay que encontrarla”. Pues Benito Zambrano y sus coguionistas, los hermanos Remón, no la encontraron.

            Y no es culpa de Luis Tosar ni de Jaime López, que bordan sus papeles de gente curtida, uno en dos guerras, el otro antes de tiempo y en su propia contienda particular. Tampoco creo que sea culpa del resto del elenco, tan estereotipado que parece, a veces, folletinesco. El malo muy malo, el feo muy feo y el resto dejémoslo ahí, en que son eso, el resto.

            El guion se desvía hacia algo ya visto, Camino a la perdición (Road to Perdition, Sam Mendes, 2002), pero donde Zambrano se salta la máxima de Hitchcock, cosa que no hizo su compatriota Mendes, de que cuanto mejor actor es el malo, mejor es la película. No vemos ni de lejos a Paul Newman ni a Jude Law, ambos en la cinta de comienzos de siglo, y ya no digamos a los extraordinarios James Mason o Anthony Perkins, retornando al mago del suspense. Y Benito nos colma de una sucesión de malos de culebrón, sin matices, sin esos detalles que llenan el cine y, en su ausencia, vacían las salas. A veces parece un spaghetti western, pero no llega ni a la maestría de la luz de Don Siegel, ni a la coreografía de las escenas de Sergio Leone, ni mucho menos a la profundidad poética que alcanza el alumno aventajado de los dos anteriores, Clint Eastwood.

            El abuso de planos, las carencias en algunos que exigían otro tratamiento en el guion técnico y la dirección de fotografía, abusando de la sobreexposición de páramos salpicados por retamas llevan al espectador, y no sólo al aquí firmante, a buscar su reloj como única explicación a tal pérdida de tiempo. Creía, humildemente, que Zambrano nos llenaría de cine de sensibilidades y tonos a los que el cine español no está acostumbrado, lo creía tras ver Solas, su ópera prima de 1999, pero lo perdió en la siguiente y a hora ya ni suena de lejos.

            Y, hablando de sonido, hay que hablar de la maravillosa banda sonora, tan lujosa como las interpretaciones de Tosar y López, y aún más desaprovechada que éstas. Esa joya supeditada a la pancarta de que pena ser pobre en aquella España de posguerra y señoritos. Si yo fuera Mikel Salas, el compositor, estaría bastante enfadado con los hachazos recibidos en la sala de edición.

            Y, siguiendo con el sonido, hay tantos matices que se pierden que me pregunto que si el montador del sonido se sentó en la sala a escuchar. Eso no se hace a ningún actor: robarle sus matices por una malísima sonorización, claro que esto le pasa a Zambrano en todas sus películas. En la gala inaugural de la 64ª SEMINCI al menos contó con los subtítulos en inglés, que, aunque no eran demasiado fieles, conseguían que el personal del patio de butacas pudiésemos captar qué decía cada cual.

            La historia se le va de las manos desde el minuto uno, pero cuando llega a Tosar ya todo está visto y sólo su duelo interpretativo con El Niño, Jaime López, sensacional, nos deja sentados en la butaca a pesar de lo previsible del resto del metraje.

            Para algo con tanta poesía como son esos espacios, esas historias particulares y esa miseria en derredor de todo, Zambrano nos llena de prosa somnolienta y manida como el lenguaje futbolístico o cualquier canción de los egresados de la academia de Operación Triunfo. Me gustaría citar a Petronio criticando a Nerón en Quo Vadis (Mervyn LeRoy, 1951), Zambrano espero que regrese alguna vez a la divinidad que casi mostró en Solas y no a esta quema de Roma con lira incluida que es su particular lectura de Intemperie, del pacense Jesús Carrasco.

            Me hubiese gustado ver la hermosura y agilidad de los diálogos. Hubiese adorado disfrutar de las sombras que tal luz exigía. Hubiese deseado que la música subrayase tantas cosas que desaparecen por los defectos de ambos guiones, literario y técnico. Pero ninguna de éstas ni asoma… Oportunidad perdida, ¡cuánto lo siento!

Os dejo un tráiler:

Buena parte del equipo en la alfombra de la gala inaugural de la 64 SEMINCI.

fotografía: Chuchi Guerra

Carlos Ibañez

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