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Teatro – Esquilo, nacimiento y muerte de la tragedia

Esquilo, nacimiento y muerte de la tragedia

Rafael Álvare «El Brujo» – Teatro Zorrilla

Rafael Álvarez “El Brujo” sábado y domingo en el Teatro Zorrilla con un espectáculo repleto de reflexiones vitales Esquilo, nacimiento y muerte de la tragedia.

Rafael Álvarez introduce su obra con un texto en griego de Esquilo sobre la batalla de los persas. Era la primera exposición acerca del significado de las cosas, que para los griegos era lo que daba realmente sentido a la vida, y un ejemplo de la desmesura, el exceso de arrogancia, el egocentrismo y la ambición, que para Esquilo era la causa de la derrota. Así recuerda la lección del considerado padre de la tragedia griega que venía a decir que las cosas que tenemos se quedan aquí, pero el espíritu es el que va con nosotros.

Rafael Álvarez monta un espectáculo con prólogo, y dos actos donde une la figura de Edipo y la de Prometeo para hacernos un viaje por la cultura griega clásica y la hindú. El juglar no es un filósofo, pero nos transmite la idea de que la belleza, su búsqueda, es lo que debe regir nuestras vidas. Modula su voz, y se sirve de ese instrumento para enamorar al público que sigue embelesado su poesía, que ríe a carcajada limpia sus gracietas, sus comparaciones de Extremadura y Castilla La Mancha con Corinto y Tebas y sus críticas mordaces contra la programación de Telecinco, contra los teatros modernos que separan el arte escénico de los espectadores.

A modo de recital con la música sutil que acompaña la oratoria, la representación se desarrolla sobre los mitos griegos con los que El Brujo hace constantes alusiones a la actualidad. Aparece el mito de Prometeo y el fuego sagrado que robó a los dioses para entregarlo a los hombres, como una historia que de alguna manera se refleja en la cultura de todos los pueblos. Edipo, en su intento de sortear sin éxito al destino, Apolo en su búsqueda del equilibrio, y Dionisio como símbolo del desenfreno también están presentes en su discurso, dedicando además una canción al dios del vino que el público también tarareó. En su búsqueda de la risa del espectador, Rafael Álvarez habla de los mitos griegos trayéndolos al momento presente de forma aparentemente disparatada, pero con una exposición en la que el espectador puede encontrar también el sentido y la razón. A lo largo de su representación cuestiona si los seres humanos estamos predestinados o construimos nuestro propio destino. En una interpretación también muy gestual, El Brujo cambia de registro rápida y fácilmente con esa voz potente para hacer sus paralelismos, es su manera de acercar los clásicos al público y hacernos entender de forma menos densa los textos de los grandes pensadores de la historia. De este modo, la situación de Cataluña y al gobierno de Angela Merkel en Alemania, también le sirven para reinventar los mitos del pasado y hacer su monólogo de humor y reflexión.

Con todo esto, El Brujo volvió a demostrar su gran capacidad para provocar la risa en el patio de butacas sin desviarse de la meditación sobre el ser o no ser, la esclavitud del alma en los barrotes de un cuerpo encadenado a la muerte o el refugio de los hombres en la religión cuando no encuentran respuestas. Y es que para este narrador de la tragedia griega “la filosofía necesita cachondeo”.

Siendo más comedia que tragedia, esta versión de Rafael Álvarez sobre la obra de Esquilo alude también a Pablo Picasso, de quien dice que “pintó el funeral de la tragedia”. Así transcurren a lo largo de la Representación una serie de símbolos, paralelismos y también algunas anécdotas que el actor y director utiliza para describir la tragedia como el despertar de la conciencia en la humanidad.

Vemos a El Brujo más sereno, acumulando sabiduría, más desvergonzado, más inteligente, se enfrenta al público en solitario, sin aderezos, tampoco necesita más. Ante tal vacío, El Brujo llena el espacio con su voz, sus reflexiones y mantiene durante toda la representación un contacto muy estrecho con el público. La música en directo de Javier Alejano, pone el sonido al espectáculo a través del teclado, el violín, el pandero y el sitar hindú. La escenografía es sencilla, en la misma, una tinaja y una mesa con caballetes en la que reposaban los libros El Nacimiento de la tragedia, de Friedrich Nietzsche, Muerte de la tragedia, de George Steiner, y las obras completas de Eurípides, en los que se ha inspirado para este montaje. La iluminación de Miguel Ángel Camacho conforma dos espacios mágicos que llenan de sutileza la interpretación de este maestro que convirtió, el Teatro Zorrilla en un lugar sagrado donde se asistió a una verdadera ceremonia teatral.

El cordobés, Rafael, ha entrado en esa edad en la que sus casi cincuenta años de experiencia teatral le han convertido en un intelectual, en una persona que cuestiona el presente, que opina sobre lo que rodea y que se esfuerza en estudiar el pasado para entender el mundo. Luego viene el humor, esa cucharadita de miel para hacernos digerir ya sea la crítica a una situación política inaguantable o para introducirnos en una conferencia sobre el nacimiento y la muerte de la tragedia griega.

Según las propias palabras de Rafael Álvarez El Brujo, Esquilo, nacimiento y muerte de la tragedia “es la mirada de un cómico español sobre la tragedia griega, un cómico que ha sobrevivido y sobrevive para hacer reír constantemente a su público”. Y es que según sus propias reflexiones: “La obra es clásica cuando nace de un respeto profundo hacia lo que uno hace, más allá del resultado fiel plasmado en un objeto. La vida es el arte y la vida es clásica. El proceso de creación es el juego mismo de la vida en marcha. Esta inocencia es la que percibí en el Prometeo encadenado de Esquilo”.

La tragedia es el despertar de la conciencia en la Humanidad.

Rafael Álvarez «El Brujo»

Luisa Valares

Revista Atticus

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