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Crítica película Kurst de Thomas Vinterberg

Kurst, la película

Lamentablemente basada en un hecho real

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Ficha

Título original: Kursk

Director: Thomas Vinterberg

Guión: Robert Rodat, basado en el best seller de Robert Moore

Intérpretes: Matthias Schoenaerts, Colin Firth, Léa Seydoux, Max von Sydow.

Nacionalidad: Francia / Bélgica / Luxemburgo

Género: Drama

Año: 2018

 

Sinopsis

Kursk se inspira en la inolvidable y verídica historia del K 141 Kursk, un emblemático buque ruso, el submarino de propulsión nuclear que se hundió en el mar de Barents en agosto de 2000. Mientras 23 marinos luchaban por su supervivencia a bordo del submarino averiado, sus familias lucharon desesperadamente contra obstáculos burocráticos, a sabiendas de que tenían escasas probabilidades de encontrar respuestas y de conseguir salvarlos.

El Kursk era un submarino del tamaño de dos Jumbos, con una longitud superior a dos campos de fútbol: era el “inhundible” orgullo y estandarte de la Flota del Norte de la marina rusa. El 10 de agosto de 2000 emprendió un ejercicio naval. Era su primer ejercicio en una década y las maniobras contaban con la participación de 30 barcos y tres submarinos. Dos días más tarde, dos explosiones internas, lo suficientemente potentes para ser detectadas por los sismógrafos en lugares tan remotos como Alaska, enviaron el barco al fondo de las árticas aguas del mar de Barents.

Por lo menos 23 de los 118 tripulantes que iban a bordo sobrevivieron a las explosiones. A lo largo de los siguientes nueve días todo el mundo estuvo en vilo, a medida que las operaciones de rescate no daban resultados y que se rechazaba la ayuda exterior. El destino de los hombre a bordo pendía de un hilo. El libro del periodista Robert Moore, A time to Die: The Untold Story of the Kursk Tragedy, disecciona minuciosamente todas las pruebas y cada  momento de las horas finales de las vidas de los desdichados marineros.

Comentario

El principal punto de vista es el del pequeño Misha, hijo de Tanya y de Mikhail. Con él iniciamos y finalizamos el relato (lógicamente «principal» pues el pequeño no estuvo en ningún momento en el interior del submarino). Funciona como una especie de testigo y el gesto final de rebeldía contra los gerifaltes de las cosa militar es sobrecogedor por la entereza que demuestra. No deja de ser una promesa, un joven, un modelo de la generación siguiente que tiene que modificar su relación, no solo con los militares sino con los políticos. No puede ser gobernar para el pueblo sin el pueblo. Es una clara denuncia. La desgracia, el hecho de explotar un torpedo dentro del submarino, difícilmente se podría haber evitado (solo con la renuncia a seguir utilizando un material que se había quedado obsoleto y era altamente peligroso), pero la cadena de despropósitos siguientes sí que se pudo y debió de evitar, primero tragándose el orgullo y admitir lo sucedido y segundo aceptando la ayuda internacional para salvar a esos pocos marineros que habían conseguido salvarse. Seguían la vieja costumbre imperante desde la Guerra Fría de proteger más los secretos que a las propias personas. El Kurst era el submarino de mayor tamaño y constituía la joya de la corona de la armada rusa. Se consideró prácticamente indestructible, el Titanic ruso, una fortaleza submarina. Si no es por la presión de los familiares, la tragedia hubiera quedado en secreto gracias a las artimañas de la armada rusa (Putin ni tan siquiera fue capaz de suspender sus vacaciones hasta cinco días después).

El director Thomas Vinterberg es el cofundador del movimiento Dogma 95 (junto con Lars von Triers) y ha realizado interesantes propuestas como Celebración (1998), La caza (2013) o Lejos del mundanal ruido (2015). En esta ocasión hace un trabajo muy sólido. No centra tanto la acción en la claustrofóbica lucha sino en mostrarnos un ambiente de camaradería que arranca con la boda de uno de los protagonistas. Todos forman un uno. Todos se ayudan y todos no dudaran en vender sus relojes para que su amigo pueda tener la mejor boda posible en un lugar alejado de los lujos, privados casi de las necesidades más básicas. Ese sentimiento de solidaridad impera dentro del submarino y a su vez se proyecta en sus familias.

En esta producción participan un elenco de actores de gran nivel. De los primeros que se subió al proyecto es uno de los actores que más presencia está teniendo en los últimos años en la gran pantalla: Matthias Schoenaerts (coincidió con el director en Lejos del mundanal ruido). A su lado brillan Colin Firth (El discruso del rey, 2011 –por nombrar alguna de sus múltiples interpretaciones) y Léa Seydoux (chica Bond y una conmovedora chica de pelo verde –La vida de Adéle, 2013) y un pequeño papel a cargo de Max von Sydow.

 

La película está basada en un hecho real (circunstancia que parece que da a las cintas un plus de interés conmovedor). Además en este caso, prácticamente todo el mundo estaba en vilo, pendiente de la resolución, pendiente de ver si había supervivientes y la angustia que conlleva la incertidumbre de si estaban vivos o no. Recientemente también lo hemos estado con un submarino argentino con fatal desenlace. Kurst narra la dramática lucha de un grupo de marineros por sobrevivir. Pero también la lucha se proyecta en la superficie. Es la indignación de las familias ante la poca o nula disposición de los altos mandos militares (incluso al presidente de la Federación Rusa). Gracias a la recuperación de los restos se ha podido reconstruir la historia con bastante fidelidad, aunque, lógicamente, no deja de ser una ficción.

Bien planteada, mejor resuelta en sus aspectos técnicos, entretenida y con un punto de denuncia. Años después el gobierno ruso se gastó un dineral en recuperar el barco. Un gesto loable (recuperación de la casi totalidad de los cadáveres y así las familias poder honrar a sus muertos) pero quizás se pudiera haber evitado si se hubiera dejado a un lado el mal llamado «orgullo patrio» y admitir la ayuda internacional, y, de esta manera, salvar la vida de 23 marinero. Vayan al cine.

Os dejo un tráiler

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

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