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63 SEMINCI Crítica The Miseducation of Cameron Post

63 SEMINCI Crítica The Miseducation of Cameron Post

Las espinas del iceberg

 

Cree sin querer, por hábito, por tradición. Y lo que hace falta es no despertarle. Y que viva en su pobreza de sentimientos para que no adquiera torturas de lujo. ¡Bienaventurados los pobres de espíritu!

          San Manuel Bueno, mártir, Miguel de Unamuno

 

The Miseducation of Cameron Post es el segundo largometraje de la cineasta neoyorquina de ascendencia iraní Desiree Akhavan. Su primera película es Appropriate Behavior, estrenada en 2014. Coescrita por Akhavan y su  también compañera de redacción de Behavior Cecilia Frugiuele, se basa en los últimos capítulos de la novela homónima de Emily M. Danforth, publicada en 2014.

Bien ambientada en la década de los noventa, es una inquietante, amable y cuidada película sobre Cameron Post, una adolescente obligada a ingresar en un campo cristiano de reconversión para ‘curarse’ de su lesbianismo.

La historia comienza en 1993 con la protagonista (Chloë Grace Moretz) y su compañera de instituto a la que conoció en la catequesis dominical, Coley, teniendo una relación sexual secreta. Ambas tienen novio, pero cuando están solas ven películas como el romance lésbico Desert Hearts (1985, basado en la novela de Jane Rule, Desert of the Heart) en VHS y tienen relaciones cálidas e intensas como son las del primer amor, dando rienda suelta a su sexualidad. Cameron es huérfana y vive con su tía Ruth, creyente evangélica. Por desgracia, son descubiertas infraganti en la parte trasera de un coche durante un baile del instituto. Su tía Ruth lleva a Cameron a un internado cristiano privado en el campo llamado la Promesa de Dios, un campamento-hospital-casa de retiro que se especializa en ‘curar’ gais mediante una terapia de conversión. Dirige la  institución la siniestra Dra. Lydia Marsh, a la manera de enfermera Radchet, con técnicas pasivo agresivas que incluyen obligar a los estudiantes a escribir en el dibujo de un iceberg, en la zona sumergida, todas las espinosas experiencias que les han conducido al pecado. Calificada por una de las estudiantes como «una villana de Disney o la madre de Carrie», la fanática psicóloga utiliza sus conocimientos terapéuticos colmados de dogmas cristianos para desgastar y convencer a los residentes de que su atracción por el mismo sexo es el resultado de un trauma, una mala paternidad… además de aprovechar que son repudiados sociales para hacerles sentir culpables. La figura de refuerzo del tratamiento es el reverendo Rick, hermano de Lydia, quien una vez fue ‘perdido’.

Tímida y callada, Cameron no muestra en principio una postura desafiante pero tampoco se rinde al lavado de cerebro. Analiza el amplio abanico de adolescentes del centro buscando encajar. Algunos chicos, como su compañera de cuarto Erin, están desesperados por curar su ‘SSA’ (atracción por el mismo sexo) y ser heterosexuales. Otros, como la chica hippie criada en una comuna, Jane (Sasha Lane) y el joven nativo Adam (Forrest Goodluck) saben que la terapia curativa de Lydia y Rick es absurda y disparatada, pero fingen seguirla. Tras la carta de despedida de su novia, que se retracta de su relación, Cameron encuentra en Jane y Adam una familia de rebeldes inadaptados con los que identificarse, apoyarse y afirmarse.

Llama la atención una escena particularmente desoladora, un adolescente llamado Mark, ejemplo de que la terapia del centro funciona y a punto de salir, es rechazado por su padre por seguir siendo demasiado amanerado. Al sentirse despreciado a pesar de sus esfuerzos por ser ‘normal’ decide autolesionarse amputando sus partes masculinas con una cuchilla. Abrumado, el reverendo se derrumba. Cameron le interpela y le acusa de que tanto él como su hermana están dirigiendo a los jóvenes a ciegas: No comprendo cómo se puede pretender ayudar a alguien cuando lo primero que nos enseñáis es a odiarnos a nosotros mismos.

Cameron, Jane y Adam, ante la deriva de los últimos acontecimientos deciden escaparse juntos. Una pincelada de humor es la pegatina de Clinton-Gore que muestra en el cristal la camioneta que les ha recogido y en la que van sentados al aire los tres juntos dejando atrás su pasado.

Determinados recursos cinematográficos contribuyen a dar cuerpo y ritmo a la historia, como las salpicadas analepsis que giran sobre todo en torno a la protagonista y nos muestran los cálidos recuerdos de sus encuentros íntimos con Coley, reforzados con sus sueños. La utilización de la saturación del color es muy adecuada a los años en los que se desarrolla la historia, aunque la atmósfera se vuelve más densa y oscura en las escenas en las que está presente la doctora…

Destacable el papel de la música, bastante inquietante en general y en particular en los momentos en los que algunos chicos se entusiasman con una mezcla imposible como son los grupos de rock cristiano. En una ocasión memorable y significativa de la película escuchamos al grupo 4 Non Blondes y su canción Watt’s Up, cantada con entusiasmo por Cameron y sus compañeros… La turbadora y original banda sonora es de Julian Wass.

Se observan claras influencias de John Hughes en cuanto a las comedias jóvenes románticas con toques humorísticos; de Lynne Ramsay en sus filmes de jóvenes cargados de penas y culpa; y sobre todo de Todd Haynes, como cineasta independiente y representante del New Queer Cinema y sus películas que muestran facetas menos amables o románticas de la homosexualidad, como la reciente Carol.

En cuanto a los toques humorísticos que dan aire a la película y aligeran la historia nos recuerdan al irónico humor de Woody Allen, el inteligente y melancólico humor de Noah Baumbach, y especialmente al sombrío e introspectivo sarcasmo de Tood Solondz.

La tonalidad generalizada de la película es amable, para todos los públicos. Tampoco trata a los villanos como tales, sino como seres humanos perdidos y sepultados bajo sus creencias. Es, no cabe duda, una crítica contra la sociedad en general, por apartar y torturar a los diferentes, a los que no siguen el ideal modelo impuesto, los homosexuales en este caso; y contra la arbitrariedad de los padres que rechazan a sus hijos caprichosa y egoístamente; y contra el fanatismo religioso o dogmático de cualquier tipo. Es un canto a la adolescencia como el despertar a la sexualidad, al amor, a la camaradería y a la autoafirmación. En resumen, a la vida.

Podéis leer otra crítica de The Miseducation of Cameron Post de nuestro colaborador asíduo Carlos Ibañez.

Pilar Cañibano

Revista Atticus

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