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Teatro Dublineses de Ados Teatro

Dublineses de Ados Teatro

Teatro Zorrilla, Valladolid

Zorril“Gabriel, apoyado en un codo, miró por un rato y sin resentimiento su pelo revuelto y su boca entreabierta, oyendo su respiración profunda. De manera que ella tuvo un amor así en la vida: un hombre había muerto por su causa. Apenas le dolía ahora pensar en la pobre parte que él, su marido, había jugado en su vida” James Joyce. Dublineses.

¿Quién no recuerda a Michael Furey, a Miss Kate y Miss Julia, a Lily, a Gabriel y Gretta,  Malins, etc.? Todavía recuerdo, como si fuera ayer, el impacto que me produjo la película Dublineses (adaptación del relato Los muertos) de John Huston. Originó en mí una adicción por las películas de Huston (la última que he visto ayer La Jungla de asfalto) que se mantiene viva tanto como afición por seguir al Pucela.

¿Qué harías y qué no harías si volvieras a empezar de nuevo?  Le preguntaron a Huston. Pasaría más tiempo con mis hijos. Ganaría el dinero antes de gastármelo. Aprendería los placeres del vino en lugar de las bebidas fuertes. No fumaría cuando tuviera pulmonía. No me casaría por quinta vez. Lo cuenta en sus Memorias, editadas por Espasa Biografía y hay que reconocer que no tienen desperdicio.

A lo que vamos. Ados Teatro nos ofreció un Dublineses, para decirlo corto: bien estructurado, interpretado y dirigido. ¿Qué más se puede decir? Se puede decir que a esa hora del domingo, las siete de la tarde, tenía la sensación de estar en un teatro inglés. Con los actores muy cerca del público y la cercanía que la obra de teatro requiere honra a quien dirige este teatro. Honra a D. Enrique Cornejo. Honra a los intérpretes y a los espectadores. Honra la hospitalidad irlandesa que propone el texto de Joyce y la que propone siempre el Teatro Zorrilla.

El teatro nos dice Toni Servillo es una aventura que consiste en perderse y en volverse a encontrar. Es el arte de la contradicción y del abandono de uno mismo. Ados Teatro, estoy seguro que está de acuerdo con Servillo. Porque desde el minuto uno tomaron el escenario del Teatro Zorrilla y demostraron lo buenos actores y actrices que son. Y la primera ronda corrió de su cuenta. La primera invitación proponía que intentásemos razonar  individualmente al margen de lo que decía cada personaje, a la manera de lo que escribe Fukuyama. Fukuyama propone el reconocimiento de que el hombre moderno en las sociedades contemporáneas no posee una sino múltiples identidades y es necesario aglutinarlas.

Concluida la obra se hizo un gran silencio en el Teatro Zorrilla. Lo habíamos pasado estupendamente. El teatro había demostrado, una vez más, que es el mejor alivio para nuestro pesar. Los actores bajaron al patio de butacas, hicieron pasillo y estrecharon saludos con el respetable. La obra había sido balsámica, consoladora, para qué queríamos más.

Marcos Pérez

Revista Atticus

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