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Controversia en torno al Museo Patio Herreriano

Controversia en torno al Museo Patio Herreriano

Nota del editor

Como editor de Revista Atticus me veo obligado a escribir esta pequeña nota. En la pasada semana hemos creado una nueva sección, en nuestra plataforma, que lleva por título Sesión Continua. En ella se recoge, con espíritu crítico, las opiniones de uno de nuestros colaboradores, de reciente incorporación a nuestro nutrido grupo. Sus trabajos, pinceladas cercanas a las cuatrocientas palabras, versan sobre el mundo de la cultura: teatro, espectáculos diversos, cine, exposiciones, etc.

 

Uno de estos escritos lleva por título «El hundimiento del Museo Patio Herreriano» (14 septiembre 2018). En él se recoge las opiniones sobre una muestra que lleva por título «Valladolid con carácter. Letras que cuentan». Este trabajo ha creado algunas dudas y controversia en algunos de nuestros lectores, seguidores e incluso colaboradores.

 

Llegado a este punto conviene aclarar dos cuestiones. La primera de ellas, nada ha cambiado en la línea editorial de Revista Atticus. Somos una publicación independiente que trata de autofinanciarse (a duras penas). Seguimos propugnando, como uno de los grandes valores fundacionales, la libertad de expresión. Y la segunda cabe aquí recordar aquella coletilla que era muy habitual de ver en los medios de comunicación escritos: «Revista Atticus no se hace responsable de las opiniones vertidas por sus colaboradores, que las expresan en todo momento de manera individual y, en modo alguno, pueda ser representativo de la opinión de Revista Atticus. La opinión de Revista Atticus, como cualquier otro medio, solo se refleja en el editorial». Quiere decir esto que, si uno de nuestros colaboradores critica un aspecto de tal o cual exposición o acto cultural, no necesariamente Revista Atticus tiene que estar de acuerdo con esa opinión expresada.

 

Por si quedara alguna duda al respecto, Valladolid juega en la División de Honor de la Liga de la Cultura, muy cercana a la Champions League. Como bien saben muchos de mis seguidores, lectores, colaboradores, soy salmantino (lo llevo en el ADN) pero por muchas razones me siento orgulloso de ser vallisoletano de adopción. Valladolid tiene una programación cultural que es la envidia de muchas de las grandes capitales. Estamos aún lejos de Madrid o Barcelona, pero ellos manejan otros presupuestos y juegan en esa otra liga de distintos intereses. Tenemos una serie de salas municipales que, a lo largo del año, y de forma constante en los últimos, digamos, diez años vienen ofreciendo un programa de una calidad muy elevada y sin coste directo alguno, tanto ciudadano como curioso viajero. El Ayuntamiento de Valladolid viene realizando una labor muy encomiable desde la propia Fundación Municipal de Cultura. Instituciones tanto públicas como privadas como puedan ser el Museo Nacional de Escultura, Museo de Valladolid, Museo Colección de Arte Africano Arellano Alonso, Museo de la Ciencia, el Centro Cultural Miguel Delibes, LAVA, Teatro Calderón, Teatro Zorrilla, Teatro Carrión, Casa Museo Cervantes, Casa Museo Zorrilla, Casa Museo Colón, Casa de la India o la propia entidad Museo Patio Herreriano ofrecen un programa expositivo y de actuaciones de un gran nivel. Las citas anuales (internacionales no hay que olvidarse de ello) del Teatro de Calle o la SEMINCI sitúa a nuestra ciudad en lo más alto del panorama. Y unas cuantas propuestas más que dejo por no abrumar al lector.

 

Respecto al Museo Patio Herreriano, ¿qué les puedo contar? He visto nacer ese museo. Y, si me lo permiten, haré una confesión pública: me presenté a la primera convocatoria para su dirección que se llevó Cristina Fontaneda (era un poco incauto, atrevido y temerario). El Museo Patio Herreriano nos acogió en nuestra puesta de largo casi va a hacer ahora nueve años. Y volvimos a presentarnos hasta en otras cuatro ocasiones en cada cita anual. No hemos repetido en los últimos números porque la sala (con capacidad para unas 120/140 personas) se nos había quedado pequeña gracias al éxito de nuestro proyecto único. Por otro lado, es evidente que la entidad museística atraviesa un momento difícil. A la ausencia del director se le suma la dificultad de conseguir permanentes patrocinadores en un mundo cultural que todos sabemos que no atraviesa por un momento boyante. Pero ahí está su trayectoria. Esperamos que una vez solventadas esas circunstancias recupere el rumbo que ha tenido siempre. Pero la salud del MPH no es cuestión de esta intervención.

 

La versión de unos de nuestros colaboradores ha suscitado una pequeña controversia que quiero dar por zanjada. No ha cambiado en nada la línea editorial de Revista Atticus. La publicación de distintos colaboradores constituye un mecanismo excelente para dar a conocer la opinión de la realidad de la forma más plural posible, sin censuras. Esto debería de generar un debate, cada vez más necesario, en nuestra sociedad. Queremos divulgar información de la mejor forma y, en la medida que sea posible, formar una opinión pública.

Me viene a la mente una frase que se atribuye a Voltaire que resume muy bien mi sentir: «Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo». Nada más. Gracias.

Luisjo Cuadrado Gutiérrez

Revista Atticus

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