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Falete y el apóstol Cifuentes

Falete y el apóstol Cifuentes

Había run-run el otro día en el Teatro Zorrilla para ver a Rafael Ojeda Ramos,  Falete. Falete, ese crack. Un artista de los pies a la cabeza. Será, como dice Nabokov que la música vulgar es la primera que llega al corazón y puede que tenga razón. Pero los que estábamos en el teatro disfrutamos de lo lindo, habíamos dejado los prejuicios en un lugar de cuyo sitio no quiero acordarme. Se veía en la cara de los espectadores que venían con las manos llenas de aplausos que habían venido a pasarlo bien. Desgranó lo mejor de su repertorio durante dos horas y nadie se fue a casa insatisfecho. Sabía a lo que venía. Porque Falete, como Padilla o los Celtas Cortos tiene su público. Canciones como: Que sabe nadie, lo que me gusta o no me gusta de este mundo; Se nos rompió el amor de tanto usarlo, de tanto loco abrazo, sin medidas…; La bien paga…ná te pido. Ná te debo. Me voy de tu vera, olvídame ya, que he pagado con oro… fueron cantadas por el respetable a su libre albedrío sin tener que rendir cuentas a nadie ni a nada.

En el descanso, salió un bailaor que hizo las delicias del público. Desde el minuto uno se hizo con las riendas  haciendo bien el refrán que dice que es mejor llegar a tiempo que rondar cien años. La mayoría no sabíamos cómo se llamaba pero eso daba igual. El caso es que se llevó una ración de aplausos generosa y verdadera y eso no se lo quita nadie.

Falete domina el escenario de manera natural, se encuentra cómodo, a gusto y se nota. Tiene pinta de que lleva cantando desde la cuna y ha estado rodeado de bailaores, cantantes y otros artistas desde que iba a primaria. Por algo nació en Sevilla, algo que no todo el mundo puede decir.

Bueno, pero a lo que iba, después de aplaudir y pedir ¡otra, otra! Falete, a palo seco, se cantó una bulería preciosa… Qué es lo quieres de mí, si hasta el agua que yo bebo te lo tengo que pedir…  que al personal le puso “la gallina de piel” que diría Cruyff. Pues eso, que ya a la salida, en los soportales de la Plaza Mayor se oía como desde el escenario,  el líder de uno de los grupos de Valladolid más subvencionados por la autoridad competente  despotricaba contra el poder, el cambio climático, la subida del IPC, la bajada de las pensiones, las bombas trampas, la leche desnatada, el cambio de hora, el cambio de gobierno, el cambio del cambio, la lucha de clases, las clases de lucha, la monarquía…Mientras Falete se hacía fotos con una sonrisa en los labios. Es lo que tienen los artistas que no necesitan la actualidad mitinera: el Raca-Raca para pagar hacerse los guays y aprovechar que está a tope la Plaza Mayor para soltar el sermón del domingo. El personal ya está harto de sermones. ¡Qué suene la música!

A.M.L.

Revista Atticus

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