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Crítica En realidad, nunca estuviste aquí de Lynne Ramsay

Crítica película En realidad, nunca estuviste aquí

Áspera y desasosegante realidad

Ficha

Título: En realidad, nunca estuviste aquí (You Were Never Really Here)

Director: Lynne Ramsay

Guión y obra original: Lynne Ramsay

Basada en una novela de Jonathan Ames

Intérpretes:

Joaquin Phoenix (Joe), Ekaterina Samsonov (Nina), Alessandro Nivola (Senador Williams), Alex Manette (Senador Votto), John Doman (John McCleary), Judith Roberts (Madre de Joe)

Fotografía: Thomas Townend

Montaje: Joe Bini

 

Sinopsis

Una adolescente desaparecida. Un ejecutor brutal y atormentado en una misión de rescate. La corrupción y la violencia hacen despertar a la bestia que lleva dentro y la venganza se convertirá en su motivación.

Comentario

Suscita controversia En realidad, nunca estuviste aquí. A la salida del cine, tras ver la nueva propuesta de Lynne Ramsay (Tenemos que hablar de Kevin, 2011) el grupo de amigos no llegamos a un acuerdo en calificar lo que acabábamos de ver. Yo tenía bien claro que era una propuesta que tenía dos componentes bien diferenciados. Por un lado, la puesta en escena con una poderosa estética. Creada sobre unos primeros, primerísimos planos, planos de detalle, colores potentes y reforzados con una banda sonora en la órbita de Blade Runner, con una música inquietante. El otro componente es la propia línea argumental, lo que nos cuenta y, sobre todo, cómo lo cuenta. La clave radica en un montaje que te mantiene en vilo. Fogonazos que nos dan pistas para que cada uno de nosotros imagine su propio relato.

En realidad, nunca estuviste aquí es una adaptación de la novela homónima de Jonathan Ames (You Were Never Really Here), un film de historias de contrastes que giran alrededor de una muchacha desaparecida y de una persona que se encarga de su búsqueda, un exmarine. Tiene como ingredientes la brutalidad, la violencia, la corrupción y la venganza como motivación. Viene avalada por el premio al mejor actor para Joaquin Phoenix, en el pasado Festival de Cannes y al mejor guion otorgado a la propia directora (es la primera vez que lo gana una mujer -¿todavía andamos así?-) lo cual añade un plus por si mostramos reticencias a la hora de verla.

Un papel diseñado para el lucimiento de Joaquin Phoneix. Un hombre trastornado que se empeña en salvar a esos pequeños que sufren los abusos, con una voluntad encomiable a base de martillazos, pero que es incapaz de sacar la cabeza del fango. Phoneix está en la pantalla, prácticamente durante todo el metraje. Ha tenido que engordar, desarrollar músculo y hasta dejarse barba, aspectos que suman a un personaje bien construido desde el papel.

Los aspectos técnicos están más que cuidados. La música a cargo de Jony Greenwood (trabajos sobresalientes con Paul Thomas Anderson en The Master, 2012 y Puro vicio, 2014) ayuda a la recreación de una atmósfera inquietante. La fotografía de la mano de Thomas Townend subraya esta circunstancia. Magníficas esas imágenes, a modos de flashes, de los recuerdos infantiles como si de fantasmas se tratara. A esto le unimos el montaje fragmentado (Joe Bini). Todo ello convierte a En realidad… en una experiencia fílmica potente, exigente y dura, de áspero realismo, no apta para todos los paladares.

Una de las claves de la razón de la cinta nos las desvela la directora al final. Nos propone dos finales claramente diferentes. Uno arriesgado y el otro convencional. Uno lleno de fuerza y el otro más anodino. Uno reflexivo y el otro no tanto. Me quedo con el primero. Poético, visual, brutal con un mensaje implícito que no te deja indiferente. Nos transmite la idea de que en esta sociedad que vivimos nos hemos acostumbrado tanto a la violencia que podemos convivir con ella como si tal cosa. Estamos habituados tanto a los desmanees que no somos capaces de responder. Asistimos impávidos a lo que sucede a nuestro alrededor cómo esa cámara fija que se queda al final mientras vemos los títulos de crédito. Terrible. Incómoda de ver, pero que, si somos capaces de aguantar la propuesta llena de violencia y angustias, que calla tanto como muestra, podremos encontrar una propuesta inteligente que nos invita a la reflexión. No es de extrañar que salgamos de la sala preguntándonos qué es lo que acabamos de ver. Hemos visto películas mucho más amables, «mejores», que apenas nos suscitan un comentario y se van de nuestra mente sin pena ni gloria. Pero En realidad, nunca estuviste aquí se ha instalado en nuestras cabezas como la violencia en nuestras vidas.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

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