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Crítica película The Rider de Chloé Zhao 62 SEMINCI

The Rider de Chloé Zhao 62 SEMINCI

Cabalgando sobre su propia tormenta, con el permiso de Jim Morrison

Invadidos por la rutina de la derrota, sin concesiones al espectador. Desde la primera escena sabes que vas a ver el día a día de la frustración, de la opacidad de una persona que lo tenía todo y que se había esfumado, todo, en una sola caída.

 

La belleza de las texturas, tan sumamente bien elegidas, la elección de la luz para acariciar o golpear a los personajes, la poesía del jinete que sólo es capaz de desnudar su alma ante su hermana discapacitada mental o ante los caballos, tan sabiamente seleccionados dotando de una belleza estética, a la par que dramática, a la cinta; nos conduce al eje de la trama: saber vencer al pasado y saber que el éxito, a veces, es la supervivencia.

 

Los escenarios de la pradera y los cañones del vasto estado de Dakota del Sur, la petición de trabajo en una oficina de la reserva sioux, cartel en lakota a su espalda incluido; conducen a saber que los protagonistas, los habitantes de esas tierras, son duros y agrestes como el suelo que pisan, como lo fueron sus pobladores originales y los exploradores españoles que llevaron por primera vez a tan bellos parajes los caballos. En determinados momentos se puede sentir el espíritu de Caballo Loco, Toro Sentado o Coronado y Cabeza de Vaca hollando esas praderas inteligentemente retratadas.

La herencia de lo trágico, porque de ahí emana la gloria para los montadores de broncos, esos caballos de rodeo, vista a través del mejor amigo del protagonista, jinete de toros, convertido en parapléjico por uno de éstos.

 

Todo es belleza más allá de la ética del perdedor, porque sobrevivir es siempre ganar.

Os dejo un tráiler:

Carlos Ibañez

Revista Atticus

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