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Exposición en Londres, Russian Art 1917-1932

Revolution: Russian Art 1917-1932

 

«El arte no es un espejo para reflejar el mundo, sino un martillo con el que golpearlo».

Vladimir Maiakovski      

 

Desde el pasado 11 de febrero, y hasta el 17 de abril de 2017, se puede disfrutar en la Royal Academy of Arts de Londres de la exposición Revolution: Russian Art 1917-1932, comisariada por Ann Dumas, curadora de la Royal Academy of Arts, junto con John Milner, profesor de Historia del Arte Ruso en el Instituto Courtauld de Arte y Natalia Murray, curadora y profesora de Arte Ruso en el Instituto Courtauld de Arte de Londres. La exposición cuenta con más de 200 obras con préstamos del Museo Estatal Ruso de San Petersburgo y la Galería Estatal Tratiakov de Moscú, además de aportaciones de diferentes colecciones privadas.

 

Sin duda alguna, la Revolución de Octubre del año 1917 fue un acontecimiento histórico fundamental para el devenir de la humanidad en los años posteriores, una revolución que lo cambió todo.

 

Era el 25 de octubre (7 de noviembre en el calendario gregoriano) cuando los bolcheviques, encabezados por Vladimir Lenin y con el II Congreso de los Sóviets en marcha, tomaron el poder a través del asalto al Palacio de Invierno. Es a partir de este momento cuando se empieza a poner en marcha el primer Estado Socialista de la historia.

 

Para conmemorar el 100 aniversario de este importante momento, la Royal Academy of Arts de Londres presenta esta exposición, centrándose en los primeros años post-revolucionarios: desde que estallara la Revolución en octubre de 1917, hasta el año 1932, momento en el que Stalin aboga por suprimir la Avant-Garde de artistas como Kandinsky, Malevich o Chagall y triunfa el realismo socialista con Tatlin, Deineka y Brodsky a la cabeza.

 

Con el triunfo de la revolución la libertad creativa de las artes empezó a prosperar enfrascada en el mismo debate que el resto de la sociedad: qué forma iba a tener, cómo se debía hacer y a quién debía servir.

Es durante la Revolución Rusa cuando se inicia la Proletkult, un movimiento de los artistas para poner todo tipo de arte al servicio de la dictadura del proletariado, cuyo uno de sus máximos teóricos será Aleksandr Bogdánov. Las ideas de este movimiento abrieron grandes posibilidades para los vanguardistas rusos, que buscaban liberarse de las normas del “arte burgués”, siendo uno de los artistas más destacados Kazimir Malévich.

 

A pesar de la buena acogida que tuvo Prolektult en un primer momento y ser vista la vanguardia rusa como un complemento a las políticas revolucionarias, comenzarán a generarse críticas por los principios individualistas que representaban el dadaísmo, el surrealismo, el impresionismo o el cubismo, propias de la burguesía. Así, empezará a surgir un nuevo tipo de arte, el constructivismo.

La cuña roja o Golpead a los blancos con la cuña roja, 1919. Colección Van Abbemuseum, Eindhoven, Países Bajos. El Lissitzky

 

Con ello, llegará el realismo socialista, corriente artística que quiere expandir la conciencia de clase y dar a conocer las vivencias de las personas y los problemas sociales. En 1932, se promulgará la reconstrucción de las organizaciones literarias y artísticas por Stalin, decretando el fin de los estilos burgueses anteriores a la revolución.

 

En Revolution: Russian Art 1917-1932, podemos recorrer a través de diferentes secciones temáticas la interacción entre la política y el arte en la dinámica etapa posrevolucionaria.

 

Desde el primer momento, podemos seguir la historia de los primeros quince años de la gran revolución de octubre, empezando por la primera sección, titulada «Saluda al Líder», donde se muestra el ascenso de Lenin al poder y el culto que se le ha hecho después de su muerte. Ejemplo de ello, lo podremos ver en la obra de Isaak Brodsky, miembro muy destacado de la Asociación de Artistas de la Rusia Revolucionaria, conocido sobre todo por sus retratos de Lenin.

Lenin y una manifestación, 1919. Óleo sobre lienzo. Museo Histórico del Estado, Moscú. Isaak Brodsky

 

 

 

 

Muy interesante es la sección «El hombre y la máquina», donde se muestran a los héroes proletarios, tanto hombres como mujeres, de los que sin su gran esfuerzo físico, no hubiera sido posible el éxito de la industria y la tecnología. Uno de los mayores exponentes que se verán en esta sección será Aleksandr Deineka, donde en sus primeras obras, canta las excelencias del trabajo que guiaron la Revolución de Octubre.

Trabajadores textiles, 1927. Óleo sobre lienzo. Museo Estatal Ruso, San Peterburgo. Aleksandr Deineka

 

 

 

En la exposición, destaca la parte dedicada a Kazimir Malévich, con más de 30 obras y arquitecturas que se ven juntas por primera vez desde el año 1932, emulando el orden exacto diseñado por el propio artista para la Exposición de Leningrado.

Malévich, el creador del suprematismo, centra gran parte de la exposición, donde puede verse una evolución en esos quince años que muestra la exposición, desde sus representaciones de campesinos hasta sus obras puramente suprematistas.

Campesinos, 1930. Óleo sobre lienzo. Museo Estatal Ruso, San Petersburgo. Kazimir Malévich

 

 

 

 

 

 

Entre las diferentes obras que podemos ver a lo largo del recorrido, encontramos algunas de Marc Chagall, de Boris Mikailovich Kustodiev o de Wassily Kandinsky. La exposición, tomando como punto de partida la exhibición de 1932 en el Museo Estatal Ruso en Leningrado, nos enseña la evolución artística de un periodo vertiginoso en todos los aspectos.

 

Además de obras pictóricas, también se puede disfrutar de diferentes fotografías y vídeos de algunos de los pioneros del cine soviético como Serguéi Eisenstein, cuya innovadora técnica de montaje en sus trabajos, sirvió de total inspiración para el cine de los años posteriores.

 

La Revolución de Octubre no solo fue el modelo para otras insurrecciones como la Revolución Cubana o la Revolución China, sino que manifestó la división del mundo en dos bloques bien diferenciados, acrecentado tras la Segunda Guerra Mundial: el bloque capitalista y el bloque comunista.

«Cada periodo de la cultura produce un arte propio que no puede repetirse. Intentar revivir principios artísticos pasados puede producir, a lo sumo, obras de arte que son como un niño muerto antes de nacer». Wassily Kandinsky

 

Revolution: Russian Art 1917-1932 nos presenta este episodio de la historia crucial para nuestros tiempos, nos indica de una manera magistral como la dicotomía política-arte o sociedad-arte es fundamental para entender nuestro pasado, presente y futuro.

 

Cristina González Vítores

Revista Atticus

 

 

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