Raúl Arévalo, Tarde para la ira y Revista Atticus

Entrevista

Con motivo de la 61 edición de la SEMINCI, Revista Atticus se acercó hasta el actor/director Raúl Arévalo. Arévalo fue nombrado padrino de la pasada edición. Nuestro equipo acababa de ver Tarde para la ira y todavía bajo el influjo de su magistral ópera prima le realizamos una jugosa entrevista. A la cita acudieron nuestros colaboradores Carlos Ibañez y Pilar Cañibano, nuestro editor Luisjo Cuadrado y Chuchi Guerra como fotógrafo. La conversación que mantuvimos con el gran triunfador de la gala de los Goya 2017 (además de su galardón como director novel ha obtenido otros 3 premios Goya: Mejor Película, Mejor Actor de reparto -Manolo Solo- y Mejor Guion original -David Pulido y Raúl Arévalo-).  La entrevista se ha publicado en neustra edición impresa Revista Atticus Siete que ya está a la venta.  Ofrecemos la introducción y las primeras custiones planteadas.

Luisjo Cuadrado, Pilar Cañibano, Raúl Arévalo y Carlos Ibañez

Sólo el director con inequívocos visos de grandeza, el guionista con precisión de maestro flamenco y el actor capaz de helar la sangre por su sed de mal y ambición o plagar una platea de sonrisas y ternura por su amistad juvenil con un alcohólico cinéfilo que regresa a su pueblo con sus primos se ve superado por la persona y su personalidad, Raúl Arévalo nos regaló sus impresiones y conocimientos, sus vivencias y una sincera sonrisa en esta entrevista para la Revista Atticus realizada durante la última SEMINCI, de la que fue padrino. Con nosotros se encontró a gusto, cercano, y con ese poso de autor seguro de su obra tras ser ofrecida al público.

El cine español está en buenas manos. Nos reveló, sin intención, el futuro de un gran director que ya es un gran presente. Conocimiento y modestia. Personalidad, compostura y carácter que nace de la observación y la reflexión. Nos sentimos afortunados por poder verlo y disfrutar un más que agradable rato entrevistando a este grande de nuestro cine (tal y como acaba de corroborar la Academia, en el momento de maquetar esta entrevista) con once nominaciones a los Goya por su ópera prima.

Raúl Arévalo es como un junco: alto, delgado, con aire juvenil, que probablemente conserve siempre, pero con una madurez y seguridad que desarman. Manos finas, delicadas como sus ademanes, aunque firmes. Mirada inteligente, intuitiva, sincera, cordial. Atento a la conversación, no aparta la vista en ningún momento. Nota nuestra curiosidad y también nos observa. Sonrisa sincera, cálida. Claramente, le gustan las personas.

Se nos reveló el niño de Móstoles que quería ser director de cine y también el adolescente que hizo un curso de teatro, pero además la esponja cultural que debe ser todo creador que se precie de serlo. Aquí os dejamos la entrevista de un fumador que no vende humo.

 

Revista Atticus: ¿Dónde se encuentra Raúl Arévalo más cómodo dentro de sus facetas artísticas?

Raúl Arévalo: Pues no lo sé. Tanto como actor como director. Me divierten mucho los dos oficios. Lo que sí es cierto es que siempre he querido dirigir antes que actuar, y hacer Tarde Para La Ira ha sido cumplir mi sueño, por fin. Pero como actor disfruto muchísimo también. Son dos facetas diferentes que tienen que ver con el oficio del cine, que es lo que más me apasiona.

AT: ¿La comodidad emana de la experiencia o de la ilusión?  

RA: De las dos. Aunque yo siempre he querido dirigir, estos últimos doce años en los que he tenido la suerte de trabajar con muchos de los grandes de nuestra cinematografía actual española han sido mi gran escuela. Y esa experiencia me ha servido, ha sido fundamental para poder ahora dirigir y afrontar la película. Pero… Tanto en el rodaje como en todo. La experiencia, la ilusión y la pasión son fundamentales para llevar a cabo una empresa así.

AT: ¿De qué fuentes bebe el actor, de cuáles el director y el guionista?

RA: De muchísimas, e incluso inconscientemente de todo, tanto bueno como malo.

Lo bonito de todas esas fuentes, esas inspiraciones, es cómo surgen luego, cuando te pones a trabajar en algo y una vez que lo  empiezas a compartir con el equipo con el que trabajas. El cine es un trabajo en equipo y todo va cobrando su propia personalidad y su propio carácter.

AT: ¿Fagocitas a tus fuentes, tal y cómo has dicho en alguna entrevista como director, o también lo haces como actor y guionista?

 RA: Sí, sí. Yo veo mucho cine y hay películas que rápidamente me impresionan… A veces es una cuestión de intuición. –De repente veo algo que me sirve, concuerda y que va acorde con la historia, o el tipo de historia que quiero contar…

AT: ¿Te fijas en las fuentes de las que tus directores y guionistas, al ejercer de actor, se alimentan?

RA: Sí… mucho cine francés actual: Jacques Audiearn, Un Profeta, De Óxido y Hueso. El Hijo, de los hermanos Dardenne, belgas. Una película italiana, Gomorra, de Garrone. Cine de los setenta y los ochenta en España, Saura o producido por Querejeta, eran fuentes inspiradoras para mí.

Toda mi experiencia acumulada de los treinta y seis años que tengo y lo que he visto.  Tomo un poco de todo aquello que me va sirviendo… como persona y para el cine…

AT: Hemos visto en tu película similitudes con otros directores, como por ejemplo, Antoine Fuqua, a través del montaje y Calparsoro… Pero muy tuyo, muy cañí.

RA: No. Ni siquiera lo había pensado… Aunque, puede que sí… Me he visto todo de él y me ha gustado mucho, salvo la última, Los Siete Magníficos Son esas inspiraciones, como  decía al principio, en las que no reparas, pero que a lo mejor de una forma inconsciente…Es el poso… Lo que queda después de dormirlo

AT: ¿Tomas sólo las referencias del cine, o también de la novela, escultura, pintura, música, literatura… en general?

RA: Un poco de todo y nada en concreto. Dentro de mí edad, mi experiencia, todo lo que he leído y visto…Es como si en mi cabeza… cada vez que pienso en historias,… a veces, la idea me puede surgir de una conversación que escucho en un bar, o de cuadros que vi, o  libros de fotografía o algo que he visto en internet… y, de repente me inspira para una escena. O para mostrar al director artístico de la película… Nada en concreto.

AT: Tenemos claro que vas a ganar el Goya al mejor director novel…

RA: ¡Bueno! Ya veremos… Ya os lo diré si volvemos a coincidir. Ya veremos…

Hasta aquí podemos ofrecer. Puedes disfrutar de la entrevista completa, realizada el 28 de octubre de 2016, en nuestro ejemplar impreso Revista Atticus Siete, en nuestros puntos de venta habituales y solicitando un ejemplar a admin@revistaatticus.es

Raúl Arévalo, Carlos Ibañez y Pilar Cañibano

Tarde para la ira

Ficha

Director: Raúl Arévalo

Guión: Raúl Arévalo y David Pulido

Intérpretes: Antonio de la Torre (Jose), Luís Callejo (Curro), Ruth Díaz (Ana)

Productora: Beatriz Bodegas

Música Original: Lucio Godoy y Vanessa Garde

Montaje: Ángel Hernández Zoido

Director de Fotografía: Arnau Valls Colomer A.E.C.

Diseño de Producción: Antón Laguna

Montaje de Sonido: Pelayo Gutiérrez y Alberto Ovejero

Sonido Directo: Tamara Arévalo

Maquillaje y peluquería: Piluca Guillem y Esther Guillem

Vestuario: Cristina Rodríguez y Alberto Valcárcel

Director de Producción: Sergio Díaz Bermejo

Ayudante de dirección: José Ramón Otegui

Foto fija: Ramón Palacios Pelletier

 

Sinopsis

Madrid, Agosto de 2007. Curro, es el único detenido en el atraco a una joyería. Ocho años después, Ana, su novia, espera, junto al hijo de ambos, que Curro salga en libertad. Jose, es un hombre solitario y reservado, que no parece encajar en ninguna parte. Una mañana, entra a tomar un café al bar dónde Ana trabaja con su hermano. Ese invierno, su vida se entremezcla con las de la gente del bar, que adoptan al desconocido como uno de los suyos y, sobre todo, con la de Ana, quien verá en el extraño una vía de escape a una vida que le angustia. Tras cumplir su condena, Curro sale de la cárcel con la ilusión de empezar una nueva vida junto a Ana. Pero todo ha cambiado en muy poco tiempo. Curro se encontrará con una mujer confundida, y con un hombre que le romperá todos los esquemas. No puede imaginarse hasta que punto Jose va a cambiar sus planes. El desconocido le obligará a enfrentarse a viejos fantasmas del pasado. Los dos hombres emprenderán un extraño y trepidante viaje de tres días; una ruta de violencia que les obligará a convivir, a jugar una partida en constante confrontación, que les hará entenderse inevitablemente. Una historia sobre la naturaleza violenta del ser humano y el espejismo de la redención.

Comentario

Ocho años ha tardado Raúl Arévalo en ver en su ópera prima, como director, en las grandes pantallas de nuestros cines. Lo hace en un género que se está convirtiendo en habitual en nuestro cine: el thriller. Un thriller sí, pero que, a veces, parece un western. Tarde para la ira es la historia de una venganza pergeñada a lo largo del tiempo, es decir, servida en plato frío y narrada desde las entrañas. Su director no rehúye a mostrar la violencia seca y descarnada.

La potente historia tiene tres pilares fundamentales y muy sólidos. Por un lado está el plantel de actores. El drama se concreta en tres personajes sabiamente delineados: Antonio de la Torre (Jose), impagable regalo que le hace su amigo Arévalo. De la Torre realiza uno de los trabajos más rotundos de los últimos tiempos. Ruth Díaz (Ana) es el lado femenino de la cinta, es la novia, la esposa y la madre. Es la esperanza de aquel que ha pasado una década en la cárcel. Su trabajo está a la altura del personaje. Luis Callejo (Curro), soberbio, supone un gran contrapunto a De la Torre. Uno misterioso, el otro un canalla. Uno atormentado y el otro tan leal a sus amigos, que le ha llevado a la cárcel. De los secundarios destacaría la gran actuación (otra vez estamos ante un buen personaje creado en el papel) de Manolo Solo. Su caracterización podía caer en lo ridículo, pero lo salva con un notable. Lo hace muy creíble. Suma en vez de restar. Brillante. El segundo pilar es el sólido guion. Escrito por el mismo Raúl Arévalo y un debutante David Pulido. Algún despiste hay, pero nada grave. Habrá que estar muy atentos a las próximas propuestas de este dúo para ver su evolucionan y consiguen la cuadratura del círculo. Y el tercer apoyo es la labor de dirección. Qué un debutante ponga el listón tan alto no es lo habitual. Arévalo se ha tomado su tiempo. A buen seguro que también su enorme bagaje como actor tiene su reflejo en Tarde para la ira. Su currículo nos deja sin aliento. En su primer trabajo lo hizo de la mano de un novel, Daniel Sánchez Arévalo, en Azuloscurocasinegro (2006). Después ha estado bajo las órdenes de Antonio Banderas, Gracia Querejeta, José Luis Cuerda, Álex de la Iglesia, Icíar Bollaín, Alberto Rodríguez (inolvidable La Isla mínima) o Daniel Calparsoro. Raúl Arévalo está en la línea (por su triunfo en su ópera prima) de directores como Quentin Tarantino o, por poner un ejemplo más cercano, Cesc Gay. Arévalo ha sabido asumir todas esas influencias (junto a otros directores con los que no ha trabajado –ver entrevista-) y realizar un relato con voz propia.

Raúl Arévalo demuestra que sabe del oficio y cómo plasmarlo. Conoce a los actores, de ahí que se rodee de un buen trío de protagonistas, sin olvidar a los secundarios. Conoce la calle, el barrio, los gimnasios, los garitos oscuros, los bares y lo plasma en la gran pantalla. Y hasta conoce bien sus raíces y nos lleva, como si fuera una road movie, en esos exteriores casi más propios de otra época anterior. Y no descuida los apartados técnicos, como por ejemplo la música, apenas perceptible, se nota lo justo y nos subraya esos pasajes de realismo sucio con la recreación de una atmósfera propia.

En definitiva, estamos ante una gran película que tiene el mérito de ser una ópera prima y que constituye una esperanza en la realización de nuevas propuestas de la mano de uno de los grandes actores españoles del momento: Raúl Arévalo.

Os dejo un tráiler:

Entrevista: Carlos Ibañez y Pilar Cañibano

Comentario Tarde para la ira: Luisjo Cuadrado

Fotografías: Chuchi Guerra

 

 

 

Fichero archivado: Cine

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